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08 febrero, 2026

Receta de palets bretons, una de las mejores galletas del mundo (y de las más simples)

 

Primera publicación de 2026. No tengo vergüenza ninguna. En 2025 solo publiqué una receta, y aún tendré que dar gracias a que saqué ganas de hacerlo. Y eso que saqué fotos de otras elaboraciones que tenía pensado y requetepensado publicar, pero ahí se han quedado, en el limbo digital. Espero recuperarlas, pero ya no me engaño a mí misma y menos a quien aún me lea por aquí. 

No tengo muchas ganas ni ánimos de reflexionar sobre cómo está el mundo ahora mismo, porque menudo añito hemos tenido, y menuda manera de empezar 2026. Me quedo con que he pasado unas navidades estupendas con la familia en Murcia, que también tenía ganas de volver a Madrid con el elfo, mi gato y mi gente de aquí, y que, a grandes rasgos, no nos podemos quejar. 


Vuelvo a tener ganas de cocinar cosas nuevas y probar recetas, y de hacer dulces en casa sin pensar en si no son sanos ni en hacerlos por obligación o para publicarlos en algún sitio. Solo porque me apetece y ya está. Y he recordado 
 y la repostería y por qué empecé en este mundillo hace ya demasiados años. Compartir los resultados es una parte importante de por qué me gusta tanto —hacer feliz a la gente que quieres con algo que has cocinado es maravilloso—, y ahora también he recuperado la ilusión por compartirlo en redes. No tanto en Instagram, que cada vez está peor, y mucho menos en ese pozo infecto de X, sino con la gente maja que hay en Blueskytambién hay palurdos por allí, faltaría más, pero a esos no les dedico más de dos segundos de mi atención. Y me pidieron por favor la receta de estas deliciosísimas galletas, así que me dieron el empujoncito que necesitaba para volver a quitar las telarañas del blog.


Los palets bretons son una de las mejores galletas del mundo porque son pura simplicidad: unas señoras galletas de mantequilla francesa. Típicas de la Bretaña francesa, lo suyo es hacerlas con la mejor mantequilla posible, aunque con una decente del súper ya quedan fabulosas. Deben ser gordotas y ligeramente doradas, sin dejar que se torren demasiado; quedan más crujientes y firmes que el shortbread escocés, pero más suaves que las galletas danesas. No sé cuáles me gustan más.

La receta es de la newsletter Life's a Feast de Jamie Schler, muuuy recomendable, y ya la he repetido más de una vez. Son súper fáciles de hacer, y con el truco de usar un molde rígido de muffins/magdalenas, salen perfectas y no te tienes que complicar para darles forma. Schler dice que con unos de silicona también quedarían bien, o podrían usarse aros metálicos aptos para el horno. Me tienta la versión de chocolate pero es que la mantequilla con su toque de vainilla ya es pura perfección galletil.


Receta de palets bretons
Inspiración: receta de Jamie Schler
Ingredientes para unas 12-18 galletas (depende del tamaño y grosor)

- 2 yemas de huevo grandes
- 80 g de azúcar
- 80 g de mantequilla con sal (de la mejor calidad posible) atemperada
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla de buena calidad
- 150 g de harina de repostería (de todo uso)
- 1 cucharadita de levadura química (impulsor)

Disponer las yemas con el azúcar en un cuenco hondo y batir con batidora de varillas hasta que el azúcar se haya disuelto e integrado bien con las yemas, creando una masa algo esponjosa. Habrá que parar de vez en cuando para rascar las paredes y aglutinar la mezcla de nuevo. Se tardará al menos dos o tres minutos.

Añadir la mantequilla troceada en varias tandas, batiendo cada vez para ir integrándola. Echar también la vainilla y seguir batiendo hasta tener una mezcla homogénea suave y cremosa. Tamizar aparte la harina con la levadura o mezclar bien con unas varillas y la sal, e ir echando la mezcla a la masa en varias tandas, batiendo a velocidad baja cada vez.

Una vez esté todo integrado, aglutinar con las manos. Debe quedar una masa húmeda pero no pegajosa, maleable y suave, que no se desmigaje. Se puede corregir la textura con un poco de harina o de agua o leche fría si diera problemas. Formar un cilindro compacto de unos 20-25 cm de largo, según el tamaño y número de galletas que se quieran obtener. Envolver bien en film y refrigerar 30-45 minutos.

Precalentar el horno a 170ºC sin aire, con calor arriba y abajo, y preparar unos moldes de muffins o magdalenas, mejor si es una bandeja metálica antiadherente, o usar moldes firmes desechables engrasados. El diámetro ideal es de unos 5 cm; mi bandeja de muffins no es necesario engrasarla para esta masa.

Cortar discos de 1 cm de grosor; no importa mucho si no quedan redondos porque la idea es que la masa se expanda en el horno y cojan la forma del molde, pero deben ser del grosor lo más parecido posible, para que se hagan al mismo tiempo. Queremos galletas gorditas.

Poner cada unidad en una cavidad de los moldes y hornear hasta que estén doradas, solo empezando a oscurecerse por los bordes. El tiempo depende mucho del horno, molde y tamaño; entre 10 y 20 minutos. Esperar un poco fuera del horno y desmoldar usando una rejilla, poniendo los moldes boca abajo sobre ella y dando unos golpes secos.

Guardadas en una caja metálica o recipiente hermético, en un lugar fresco y seco, aguantan bien varios días ahora que no hace calor. Lo difícil es que no sean devoradas misteriosamente antes.


06 abril, 2025

Shortbread de coco y violetas (o lavanda). Una delicia caída del cielito azul

 


El shortbread es esa absoluta maravilla repostera cumbre de la gastronomía británica, más concretamente escocesa. Y son una delicia porque tienen una grandiosa cantidad de mantequilla, poco azúcar y no demasiada harina. Su textura es crujiente pero muy ligera, escamosa (flaky), como le corresponde a las masas con su buena cantidad de grasa. Son galletas de las llamadas biscuits, término puramente británico que causa confusión a los estadounidenses, cuyas biscuits son otra cosa, aunque comparten, curiosamente, una similar textura con el shortbread, debido a las capas de mantequilla o manteca. Es como una pasta de mantequilla, pero mucho más delicada que las pastas de té o las galletas danesas, se desmigaja con facilidad y, en su engañosa ligereza, reside su peligro. Te zampas una caja sin darte cuenta

 



Yo me autoconvencí, o autoengañé más bien, a finales de 2024 en que había retomado un buen ritmo de publicación en el blog. El otoño y la Navidad, estar en casa con la familia y las vacaciones fomentaron esa ilusión. Pero llegó 2025 y la vuelta a la realidad de la adultez, obligaciones, trabajo y un enero eterno que duró cincuenta mil días. Febrero fue más ameno pero ajetreado, y marzo ha volado en un suspiro entre borrascas, con una agenda más ajetreada de lo normal. Y se me quedaba el blog en barbecho otra vez, esperando, sin quejarse, pobretico mío.

 Hoy vuelvo con una receta que tenía pendiente desde ese enero interminable, pero que horneé más tarde, cuando encontré tiempo para dedicarle. Porque surge de la inspiración que me regaló mi Amigo Invisible, amiga más bien, del fabuloso evento que surgió del cielito azul en Navidad. Bluesky es la red social que más uso desde que X es un pozo de inmundicia manipulado por ese sociópata de inteligencia justa que todos conocemos y me niego a nombrar, donde me he reencontrado con muchos viejos contactos y he conocido a mucha más gente fabulosa que han creado una comunidad en la que da gustico estar. Sin dejar de tener sus problemas y polémicas, claro. Que al final las redes las hacemos los humanos, y ya sabemos cómo somos de idiotas.


El caso es que una persona maravillosa organizó un Amigo Invisible a finales de año, y mi AI me regaló un reto culinario proponiéndome elaborar algo que combinara dos aromas complementarios, coco y violetas, dándome además un pequeño estudio sobre el perfil aromático de ambos. Me ha dejado un montón de ideas para usar leche de coco en lata -también saladas-, pero lo primero que tenía que probar era una receta dulce, y con las ganas que tenía de galletas... me puse a jugar con varias recetas de shortbread y el resultado ha sido fabuloso. Ahora que se aproxima el calorcito -cero ganas-, probaré otra idea de postre fresco, tipo mousse, crema o helado, añadiendo maracuyá, que también marida muy bien con el coco y seguro que es un puente de unión fantástico con las violetas.

Las violetas son, obviamente, una flor del color que lleva su nombre, pero con el mismo nombre genérico se identifica a los famosos caramelos de Madrid, de cuya existencia no supe hasta que, efectivamente, exploré Madrid por primera vez siguiendo al elfo. De hecho, juraría que él ni sabía que son tipiquísimos de su ciudad natal, lo que demuestra, una vez más, que lo que parece famoso y súper conocido para unos, no existe para otros. Y que por ser de un lugar no te conviertes en eminencia y fuente inapelable sobre conocimientos del mismo.


  Tenía dos opciones, ir a comprar caramelos, cosa que pensaba hacer en un primer momento, pero me terminó por dar pereza, o comprar la esencia de violeta. Triturar los caramelos para usarlos en recetas es algo que se ve mucho por redes, pero no me convencía; mejor ir directamente a la fuente del mismo aroma que se emplea en la elaboración de los caramelos duros. En cualquier tienda especializada en productos de repostería o química de uso alimentario se encuentra sin dificultad. Eso sí, comprobad bien las instrucciones del fabricante sobre la dosis recomendada. En cuanto al coco, que sea muy fresco o no sabrá a nada. 

 Duraron tan poco que tuve que repetir para comprobar que salían bien 😝 y de paso probé a usar lavanda, esta vez "real", las flores secas. También salieron riquísimos, más sutiles, para quien no le guste mucho el olor a flor. Y además es más fotogénica que el botecito de aroma concentrado.

 


Receta de shortbread de coco y violetas o lavanda
Inspiración: mi Amigo Invisible del cielito azul
Ingredientes para

- 175 g de harina de todo uso de trigo
- 1/4 cucharadita de esencia/aroma de violetas (o según fabricante/gusto) o 5 g de lavanda seca
- 70 g de coco rallado
- 30 g de harina de maíz fina (no maizena, de grano fino, amarilla, no precocida)
- 70 g de azúcar
- 175 g de mantequilla de buena calidad a temperatura ambiente, y más para engrasar
- 1/4 cucharadita de sal si la mantequilla no es salada

Precalentar el horno a 160ºC sin aire, calor arriba y abajo. Forrar el fondo de un molde redondo de unos 20 cm de diámetro con papel de hornear, y engrasar bien los laterales con mantequilla y harina tamizada, sacudiendo el exceso. Reservar en la nevera.

Procesar todos los ingredientes en un robot, procesador de alimentos/picadora o a mano. Yo uso lo segundo, es facilísimo trabajar con él este tipo de masas. Debe quedar un poco como migas, pero que al estrujarlas forman una masa compacta. Si se desmigaja, añadir pequeñísimas cantidades de agua muy fría. Es blanda, pero no pegajosa.

Llevar todo al molde sin formar y aplastar con las manos y con ayuda de una espátula esquinera o un cucharón para extender la masa por toda la base, homogeneizanado la superficie. Pinchar con un tenedor y marcar líneas en todo el perímetro del borde con los dientes de este.

Hornear en el centro del horno durante 55-70 minutos, o hasta que la masa esté dorada, sin dejar que se tueste. Mejor quedarse cortos que pasarse demasiado. Esperar fuera del horno unos 10 minutos antes de retirar el anillo del molde y cortar en 12 porciones, sin separarlas. Llevar a una rejilla usando el papel del molde y esperar a que enfríe por completo.

 



Aguantan muy bien en una caja metálica hermética durante muchos días, en un lugar fresco y seco. Nada mejor para el té, café o infusión de sobremesa o media tarde.

30 diciembre, 2024

Pastelillos murcianos convertidos en galletas para Navidad o cuando apriete la morriña - Feliz 2025

 

El 2024 está a puntico de caducar y casi no me da tiempo a dejar por aquí otra receta navideña, felicitar las fiestas y desearos a todos un 2025 fabuloso o, al menos, tranquilo y sin sobresaltos. Con buena salud, claro, pero también con algo de buena fortuna económica, alguna que otra alegría y un buen puñado de momentos felices para recordar en los años venideros. Igual es ser demasiado optimista tal y como pintan las cosas en todo el mundo, pero al menos hay que ser positivas y arrancar con fuerza. Que nunca sabemos cuándo nos van a invadir extraterrestres ni qué intenciones tendrán, por ejemplo.

 

Yo llevo casi dos semanas de vacaciones en Murcia con la familia sin hacer grandes planes pero tampoco sin que me sobre el tiempo. Además de hornear dulces, ayudar con los preparativos de Nochebuena, Navidad y demás, y preparar muchos regalos, he estado haciendo lo que quería: básicamente ocuparme en no hacer nada. Improvisando un poco sobre la marcha, leyendo, viendo alguna serie en familia, paseando, tomando cafés con viejos conocidos, cocinando y horneando, reenganchándome a los videojuegos. O disfrutando del placer de no hacer nada, que también requiere su tiempo. Qué lujo.

Estoy contenta porque Papá Noel se ha portado bien y yo he comprado muchos regalos en comercios locales de gente maravillosa, hemos hecho algo de turismo cercano y están siendo días apacibles, aunque se me acaba la fiesta pasado Año Nuevo. Ya que el 2025 viene con rima predecible, a ver si se porta bien con todos los que se lo merecen, que ya va siendo hora.  


Estos pastelilllos murcianos los horneé por primera vez en 2023 pero se me quedaron en el tintero, así que los traigo hoy, ya que he repetido la receta estas navidades y van a quedarse en el repertorio fijo de dulces para hacer cada vez que llegue diciembre. Los pastelillos son un dulce originalmente más ligado a la Navidad, pero que yo recuerdo desde pequeña presente en las panaderías y obradores casi todo el año, pues mi madre compraba de vez en cuando, especialmente al panadero que pasaba por el campo en su furgoneta. Mi problema con ellos es que me encantaba la masa, pero no me gustaba nada el relleno.

Sí, me apasiona la calabaza pero aborrezco el cabello de ángel. Jamás me ha gustado, ni de niña ni de mayor, menos aún ahora que tolero menos los dulces muy dulces. Así que yo mordisqueaba los pastelillos por todo su perímetro como un ratoncito, dejando el corazón con su relleno intacto. Ahora que he podido recrear la masa en casa los he convertido en pastas o galletas sin más, sin rellenar, y por fin puedo disfrutarlos a mi gusto. He rebajado un poco la cantidad de azúcar de la masa, así que si estáis acostumbrados a los dulces típicos tal cual, aumentad la cantidad unos 50 g más.



Receta de galletas de pastelillos murcianos
Inspiración: la morriña navideña, Teresa Vivancos y mi animadversión hacia el cabello de ángel
Ingredientes aproximados para unas 30 unidades

- 250 g de manteca de cerdo ibérico atemperada
- 200 g de azúcar
- 3 huevos M de gallinas felices atemperados
- 1 vaso de mistela o vino dulce similar (unos 200 ml)
- ralladura de 1 limón murciano
- 500 g de harina de trigo de todo uso (quizá un poco más)
- 10 g de bicarbonato sódico
- 1 cucharadita de canela molida
- 1 huevo batido para pintar

Mezclar en un recipiente amplio la manteca de cerdo con el azúcar, batiendo con unas varillas manuales hasta incorporar bien. Echar los huevos, uno a uno, batiendo tras cada adición ligeramente.

Añadir el vaso de mistela y la ralladura fina del limón lavado, sin parte blanca, remover con las varillas y echar finalmente la harina con el bicarbonato y la canela.

Una vez todo incorporado, amasar a mano mejor sobre una superficie limpia enharinada, echando poco a poco algo más de harina si hiciera falta, hasta obtener una masa maleable, húmeda pero que no sea pegajosa. Tapar y dejar reposar 30 minutos.

Precalentar el horno a 180 ºC sin aire y estirar la masa dejando un grosor de 1 cm, aproximadamente. Recortar las galletas con un cortador redondo o tipo flor, no muy grande, y distribuir en unas bandejas de horno con papel sulfurizado, ligeramente separadas.

Pintar con huevo batido y hornear una bandeja cada vez hasta que estén bien doraditas, entre 20 y 25 minutos, pero vigilando que no se torren en exceso. Esperar un poco antes de trasladar a una rejilla y dejar enfriar por completo.



 

¡Que tengáis un fantástico final de año y mucho mejor 2025! Pasadlo bien y nada de sustos, que la Nochevieja puede ser muy traicionera. Y además parece que vendrá con frío.

29 diciembre, 2023

Corazones de miel y especias de Lebkuchen para endulzar el fin de año

¡Feliz Navidad y felices últimos días del año!

Llego un poco tarde para felicitar las fiestas pero ya que, milagrosamente, estoy actualizando de nuevo el blog, me apetecía retomar viejas -viejísimas- costumbres 😊. Espero que estéis pasando estos días lo mejor posible, disfrutando como os venga en gana, con la familia sanguínea o elegida que os haga sentir bien y, sobre todo, con buena salud y sin estrés, agobios o ansiedad. Que al final es lo más importante. Yo he tardado en aprenderlo, pero cuando te das cuenta de lo que realmente merece la pena, estas fiestas o cualquier momento del año se gozan el cuádruple.

Bizcochitos con formas de corazones de miel sobre una bandeja navideña


Porque desafortunadamente hemos tenido este año otra problemas de salud en la familia y es inevitable acordarse de quienes ya no están con nosotros; es parte de esa nostalgia triste pero extrañamente reconfortante y agridulce que tienen las fiestas. Se sufre, pero al mismo tiempo creo que es bonito rememorar esos tiempos pasados, acordarte solo de los momentos felices que pasaste en otra época, casi olvidando que también se discutía o había quejas en la mesa por cualquier tontuna. Recordar puede doler mucho, pero yo no querría olvidar esos recuerdos solo por no sufrir, aunque sea para estar más presente en el ahora y ser consciente de que lo que vivimos hoy también lo echaremos de menos algún día.


Habrá excepciones, por supuesto. Soy consciente de que hablo desde mi propio privilegio y que muchos tendrán unas navidades muy duras. Tampoco quiero lanzar mensajes baratos de taza de Mr.Wonderful -argh-; la vida es cruel y muy puñetera. Ánimo y abrazos para todo el que lo necesite, tenéis el derecho de pasar de las fiestas y sus tradiciones y hacer lo que os venga en gana si toda esta parafernalia os trae sin cuidado. Yo vivo la Navidad como a mí me gusta y jamás se me ocurriría tildar de aguafiestas a quien le resulte absurda.

Dejo ya de divagar mientras intento ignorar los ruidos infernales de la obra del edificio en construcción que tenemos justo pegado al de mis padres -a las 8.00 en puntico arrancan cada mañana- y recupero esta receta que horneé en Madrid pocos días antes de hacer la maleta. Unos corazones de miel y especias de Lebkuchen que se suman al interminable catálogo de este tipo de dulces navideños-invernales que ya han desfilado por aquí. Y los que quedan.

Como me gustan todas las versiones de galletas, panecillos, bizcochitos, pasteles, pastas y demás variantes de pan de especias que he probado, suelo probar nuevas cada año. Receta que veo con buena pinta, receta que apunto y que luego tuneo un poco a mi gusto. En este caso tenemos el típico formato de corazones de miga tierna, sin más grasa que la yema de huevo, endulzados con mucha miel y con su potente aroma de Lebkuchen. Hoy es fácil encontrar esta mezcla en tiendas especializadas, pero podéis hacerla también casera.

La receta utiliza como agente levante la antigua combinación de bicarbonato de amonio y bicarbonato potásico, que sigue usándose en países centroeuropeos. Aquí es complicado encontrarlos, así que se puede sustituir por bicarbonato sódico corriente. Como ya he explicado en alguna ocasión (aquí cuento más detalles), el resultado es distinto y difícil de explicar, pero cuando lo pruebas ves claramente la diferencia en la textura; además los dulces se mantienen tiernos y esponjosos muchísimo más tiempo con los primeros.


Es importante dejar reposar la masa al menos de un día para otro para que se desarrollen bien los sabores y aromas; se podría omitir ese paso si tenemos mucha prisa, pero la diferencia es notable. Por supuesto, cuanto mejor sea la calidad de la miel que uséis, más ricos y aromáticos saldrán, y así además se puede jugar con el aroma según el tipo de miel que elijamos. La mía era una miel de la sierra de Madrid que regalan a mis suegros, de color claro y un precioso dorado brillante, con toques de monte y flores de montaña. Si usamos una miel más oscura los corazones saldrán, obviamente, más oscuritos y tostados. Nada que objetar al respecto. 

Supongo que podrían hacerse con un sirope vegetal para una variante vegana, sustituyendo las yemas por algún equivalente, como sirope de arce, de dátil o de ágave. Quizá la textura final sea distinta, pero quedarán ricos también.

Estos corazones se suelen decorar con almendras y guindas u otros frutos secos, a veces se bañan en chocolate negro o blanco o se pintan con glasa real -azúcar glasé+clara de huevo pasteurizada- como las galletas de jengibre. En mi caso simplemente usé almendras laminadas y trocitos de orejones de albaricoque para darles un toque sencillo, porque son ya suficientemente dulces como para agregar mucho más. Aguantan perfectamente durante semanas si se guardan en un recipiente hermético en un lugar fresco y seco, sin mezclar con otros dulces.

Receta de corazones de miel y especias de Lebkuchen
Inspiración: una receta que tenía apuntada desde hace años y no recuerdo de dónde saqué
Ingredientes para muchos corazones, según tamaño

- 500 g de miel de buena calidad
- 4,5 cucharaditas de mezcla de pan de especias*
- ralladura de 1 naranja pequeña o mandarina
- 3 yemas de huevo de gallinas felices
- 200 ml de buttermilk o leche mezclada con 1 cucharadita de zumo de limón
- 500 g de harina de todo uso
- 100 g de harina integral de centeno
- 1 cucharadita de bicarbonato de amonio**
- 2 cucharaditas de bicarbonato potásico**
- 1 clara de huevo para pintar
- frutos secos y/o guindas al gusto

Calentar la miel en un cazo a fuego muy suave para que se ponga muy líquida. Retirar del fuego, añadir las especias y la ralladura y dejar enfriar ligeramente hasta que no queme al tacto. Combinar aparte las harinas con los bicarbonatos en un recipiente grande.

Agregar las yemas y el buttermilk, mezclando con unas varillas manuales. Echar sobre la mezcla seca y trabajar la masa hasta incorporar, terminado de amasar sobre una superficie limpia. Envolver en film y dejar reposar en la parte menos más fría de la nevera durante 24 horas o toda la noche.

Precalentar el horno a 170 ºC sin aire. Estirar la masa entre hojas de papel de horno dejando un grosor de 1 cm. Recortar los corazones con moldes adecuados, distribuir en bandejas de horno con papel sulfurizado, dejando espacio entre ellos, y pintar con la clara de huevo batida. Decorar al gusto si se desea con frutos secos.

Hornear una bandeja cada vez durante unos 12-15 minutos, vigilando que no se tuesten, solo tienen que dorarse. Dejar enfriar un poco antes de trasladar a una rejilla y guardar en un recipiente hermético cuando estén totalmente fríos.

* Una mezcla casera puede ser 1 cucharadita de canela, 1 cucharadita de jengibre, 1/2 cucharadita de clavo, 1/2 cucharadita de cardamomo, 1/2 cucharadita de anís estrellado, 1/2 cucharadita de cilantro/coriandro, 1/4 cucharadita de pimienta de Jamaica, 1/4 cucharadita de nuez moscada (todo molido).

** Sustituir por 2 cucharaditas de levadura química -impulsor- y 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico si no se encuentran.


¡Feliz Año Nuevo! Ojalá el 2024 sea, al menos, tranquilo y con buena salud para todos.
24 diciembre, 2021

Navidades aún más diferentes - Biberli, otro pan de especias suizo

Pocas y muchas cosas han pasado desde mi última publicación, y es que el tiempo vuela a un ritmo muy particular, lento y rápido a la vez, pero siempre hacia delante, aunque a veces parece que vivamos en un bucle infinito. No quiero sin embargo detenerme demasiado a reflexionar sobre el estado de la pandemia o en qué situación volvemos a enfrentarnos en este país -y el mundo- a las navidades, pues seguro que estáis tan hastiados como yo. Me está afectando más de lo que esperaba, sinceramente, y creo que de cara al nuevo año tendré que pararme a respirar o me acabará explotando la cabeza.

Pero ese es un tema para otro momento.

Yo vengo hoy, día de Nochebuena, a tratar de recuperar ese espíritu navideño del que siempre he presumido con ingenuidad, y del que he dado buena cuenta a lo largo de tantos años en este blog. Puesto que suelo repetir mis recetas favoritas de dulces festivos -y son muchísimas-, además de lo nuevo que comparto en Directo al Paladar, no me queda mucho espacio para traer recetas nuevas aquí. Sin embargo, no me puedo resistir a probar cosas diferentes, y este año he vuelto al recetario suizo gracias al libro 'Schweizer Guetzli' de Andie Pilot cuyo blog, en inglés, os recomiendo encarecidamente.

Imagen de Adrian Michaels - Wikimmedia Commons

He probado alguna recetilla más pero hoy vengo con mi adaptación de un dulce suizo que me encanta, el Appenzeller Biberli (o Biber), originario de dicha región y hoy vendido y consumido por todo el país. Son unos dulces a medio camino entre bizcocho y galleta tierna, de distintos tamaños, muy especiados y endulzados con miel, habitualmente rellenos de mazapán o mezclas de frutos secos. Los originales van adornados con formas tradicionales, pero nos podemos apañar con cortadores corrientes al gusto. 

Antes de dejaros la receta solo quería dar las gracias al mundo en general, y a la sanidad pública en particular, que mi madre pueda celebrar la Nochebuena con nosotros en casa. Cuando bajé del tren la semana pasada mi padre me recibió con una noticia que me dejó un poco en shock en aquel momento: una mamografía rutinaria había desvelado un nódulo feo que un análisis posterior confirmó como masa tumoral. En apenas dos semanas ya tenía fecha para la operación, y el miércoles pasado, mientras se celebraba el sorteo del Gordo, la operaron. Todo salió muy bien y ayer mismo le dieron el alta; ahora está en casa recuperándose pero animada y con ánimo de superar lo que venga por delante.

 

Cuidemos y apoyemos a nuestros sanitarios, no bajemos la guardia con los controles que nos toquen y mimemos y disfrutemos mucho de cada segundo con nuestra familia y amigos. Eso es lo que realmente importa.

Y que no falten los dulces caseros para celebrar en -reducida- compañía de esos momentos. Feliz Navidad a todos.

Receta de Biberli suizo
Inspiración: Suiza, Navidad y Andie Pilot
Ingredientes aproximados para 15 unidades rellenas o 30 sin relleno

- 100 g de miel fluida aromática
- 80 g de azúcar de grano fino (tipo caster) o normal
- 150 ml de leche sin lactosa
- 1 yema de huevo L
- 200 g de harina de repostería
- 125 g de harina de espelta integral
- 10 g de levadura química
- 3 cucharaditas de mezcla de especias Lebkuchen
- 4 g de sal
- masa de mazapán crudo (o pasta de almendras)
- leche para pincelar

Calentar primero la miel si no estuviera muy fluida, sin dejar que hierva, y combinar con el azúcar, mezclando con unas varillas hasta que este casi se funda. Dejar templar un poco y añadir las especias.

Aparte batir la yema con la leche en un cuenco. En otro recipiente más grande, mezclar las harinas, la levadura y la sal, hacer un hueco y verter las otras dos preparaciones. Combinar y trabajar hasta tener una masa homogénea. Dividir en dos, envolver en plástico film y dejar reposar en la nevera unos 30-60 minutos.

Precalentar el horno a 180ºC. Sacar una porción de masa y estirar con el rodillo hasta dejar un grosor de unos 4-5 mm. Cortar círculos de unos 8 cm de diámetro y, si se van a rellenar, colocar en la mitad una porción de masa de mazapán, sin llegar a los bordes. Tapar con la otra mitad , presionado suavemente los bordes para sellarlos.

Distribuir en bandejas de horno cubiertas con papel sulfurizado ligeramente separados; pitar con más leche y hornear durante unos 12 minutos, hasta que estén bien doraditos. Dejar enfriar sobre una rejilla y guardar en un recipiente hermético.



23 diciembre, 2019

Makrönli de avellana y almendra al cardamomo: receta de galletas suizas navideñas (sin gluten y sin lactosa)

Tengo un problema: de todas las canciones navideñas que me gusta escuchar, la que se me queda metida en la cabeza todo el día es Let it snow!, que, a ver, me encanta -transmite muy buen rollo-, pero en Murcia ahora mismo, más bien tenemos primavera. Se agradece el solecito del recién estrenado invierno y no tener que salir con miles de capas de abrigo pero... Jo, yo quiero noches de sofá, manta y tazas humeantes, pijamas calentitos y calcetines gordos.


Hasta aquí mis quejas, que estoy en mi tierra, el árbol luce precioso, toda la familia está sana y el horno nuevo de mis padres va de maravilla. La maldita carpa que han instalado en la Plaza de Toros con actuaciones todos los viernes y sábados es, por ahora, tolerable, y he horneado tortas de Pascua y galletas suizas para abastecer a tres familias. A ver si consigo que ninguna tontería me estropee las fiestas. Ni los 24 grados de temperatura.

Para variar, no he podido hacer todas las recetas navideñas que me hubiera gustado, aunque sí tengo aún alguna cosilla esperando para ver la luz estos días de celebraciones. Hoy os dejo una variante de una de mis favoritas del -enorme- recetario suizo navideño: Makrönli o Makrönchen, que además son geniales para aprovechar restos de frutos secos o de clara de huevo.

No necesitan complicaciones con el rodillo, ni cortadores ni moldes de ningún tipo. Su acabado rústico es parte de su encanto y permiten hacer variaciones con los frutos secos que nos apetezcan, o ser más o menos finos en la decoración. En este caso he combinado avellana en la masa con una almendra como coronación, y un toque de cardamomo. Si no fuera por la cantidad de azúcar, serían unas galletas fit :P. Eso sí, sin gluten y sin lactosa.



Hace varios siglos, en mis primeros pinitos en la cocina, compartí una versión primitiva con nueces y también las makrönchen más originales. Aguantan de maravilla muchos días si se conservan en un recipiente hermético, sin mezclarse con dulces de otras texturas.


Receta de makrönli de avellana y almendra al cardamomo 
Inspiración: mis tradiciones navideñas y esta receta
Ingredientes aproximados para 30 unidades

- 200 g de avellana molida
- 2 claras de huevo
- 1 buena pizca de sal
- 5 ml de esencia de vainilla
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido
- 130 g de azúcar
- almendras o avellanas crudas

Batir las claras de huevo con el azúcar con batidora de varillas hasta que se espese, unos pocos minutos. Agregar la sal y la vainilla, y batir un minuto más.

Incorporar la avellana molida y mezclar con movimientos envolventes hasta tener una masa homogénea, húmeda, sin restos secos ni grumos gordos.

Cubrir con una hoja de papel sulfurizado o similar una bandeja grande de hornear. Con ayuda de una o dos cucharillas, tomar pequeñas porciones de masa y formar montoncitos, del tamaño de una nuez, distribuyéndolos en la bandeja.

Se pueden redondear o perfilar un poco con las manos humedecidas, si preferimos un acabado más fino. Coronar cada bolita con una almendra o avellana cruda. Dejar a temperatura ambiente durante, al menos seis horas.

Si hace calor en la cocina, introducir en la nevera. Si hay gatos por la casa que meten las narices (y sus pelos) en todo, tapar bien con un paño limpio.

Precalentar el horno a 175º C y hornear durante unos 10 minutos, hasta que empiecen a dorarse. Esperar un par de minutos fuera del horno y dejar enfriar completamente sobre una rejilla.




21 abril, 2019

Galletas de zanahoria y miel - ¡Feliz Pascua!


Llego in extremis este año, pero no podía dejar de pasar una de mis festividades favoritas sin traer alguna receta relacionada en su honor. Ya he explicado en otras ocasiones que en mi infancia la Semana Santa era sinónimo de vacaciones en el campo con los abuelos que venían de Suiza cargados de toda la parafernalia pascual de allí. Por eso me trae más nostalgia la Pascua europea en la que las zanahorias, el conejo y los huevos decorados y de chocolate juegan un papel protagonista. Así que hoy traigo unas sencillas galletas de zanahoria, para repetir durante todo el año.

Confieso estar algo desanimada porque me había hecho unas mínimas ilusiones de vacaciones que no se están cumpliendo. De hecho, diversos incidentes imprevistos han ido ennegreciendo un poquitín más cada día de las fiestas. Tonterías, realmente, pero que me han pillado en horas bajas y que, sumando, sumando, han terminado por explotar. Especialmente porque ayer fue mi cumpleaños y ese día tengo el nivel de melancolía por las nubes, con la sensibilidad interna a flor de piel.


Vamos, que no ha sido el mejor cumpleaños de mi vida, para resumirlo. Planes que se van al garete, regalos que se rompen y no tienen solución por pura torpeza, desastres culinarios, familiares lejanos, un horno que decidió jubilarse por anticipado sin avisar... Pero bueno, sé que si no estuviera ahora mismo en un estado emocional irregular -influenciado, me temo, por el descontrol hormonal que tengo, qué divertidas las hormonas, ¿verdad?- no me habría tomado las cosas tan a la tremenda.

¿Por qué nos empeñamos a veces en hundirnos en nuestra propia miseria cuando son muchas más las cosas positivas que nos rodean? La complejidad humana no sé si es fascinante o, simplemente, un incordio contradictorio destinado a extinguirse por sí mismo.

En fin, que me voy por las ramas y no quería traer negatividad a este post. Que yo hoy pretendía centrarme en esos bonitos recuerdos alegres de Semana Santa, con la búsqueda de chocolates por el jardín del campo, pintando huevos, disfrutando de un pan especial el domingo de Pascua, preparando las Fiestas de Primavera, organizando excursiones y pequeños viajes en familia. Y compartiendo postre de cumpleaños, que este año he tenido que improvisar tras la debacle del horno.


Al final mi pastel-sin-horno de cumple quedó rico y me quitó el mal sabor de boca que tenía ayer; anoté bien la receta para compartirla por aquí pronto. Y para guardarla, porque se va a quedar como un nuevo clásico en mi recetario personal; ¡hay que sacar cosas positivas de todo! Y cuando vuelva a prepararla dentro de muchos años, recordaré este día ya con una sonrisa nostálgica. "¿Recuerdas cuando se calcinaron las galletas de Pascua aquel año y nos quedamos sin tarta?".

Las galletas las horneé en Madrid para dejar algo dulce al elfo, y que probablemente nuestro gato Lito estaría encantado de compartir. Ahora no recuerdo de dónde me vino la inspiración exactamente, pero hay miles de versiones de carrot cake cookies por las redes. La versión original sí sé que incorporaba pasas y nueces, pero el elfo está en contra de cualquier tropezón que no sea chocolate. Yo os recomiendo añadir todos los frutos secos que os apetezcan. Y si estáis muy golosos, un glaseado de azúcar glasé y limón, o una crema de queso sencilla, le irían de muerte.

Receta de galletas de zanahoria y miel
Inspiración: recuerdos de Pascua y recetarios anglosajones
Ingredientes para unas 25-30 unidades

- 100-110 g de zanahoria rallada (aproximadamente)
- ralladura de naranja o limón (al gusto)
- 125 g de mantequilla sin sal atemperada
- 100 g de azúcar moreno
- 60 ml de miel
- 2 huevos a temperatura ambiente
- 125 g de harina de repostería
- 125 g de harina de espelta integral (o trigo)
- 1 cucharadita de levadura química (impulsor)
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- 1 cucharadita de canela molida
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido (opcional)
- 1 pizca de nuez moscada recién rallada
- 1/2 cucharadita de sal
- pasas de corinto, sultanas o/y nueces picadas al gusto

Precalentar el horno a 180ºC y preparar un par de bandejas con papel sulfurizado, láminas antiadherentes, o lo que uséis normalmente. Procurar que la mantequilla y los huevos estén atemperados.

Lavar, secar y pelar ligeramente las zanahorias. Rallar finas hasta tener unos 100-110 g y mezclar con la ralladura de naranja o limón. Reservar aparte, tapándolas.

Batir la mantequilla cortada en cubos con una batidora de varillas hasta dejarla un poco cremosa. Agregar el azúcar moreno y batir un par de minutos para que quede esponjoso. Incorporar la miel, batir más, y echar los huevos de uno en uno, batiendo un poco en cada adición.

Agregar todos los ingredientes secos y batir a velocidad baja hasta tenerlos bien incorporados. Rebañar las varillas y echar la zanahoria, mezclando una espátula o lengüeta. Añadir también las pasas o frutos secos que se deseen, en su caso.

Una vez tengamos una masa homogénea, tomar porciones del tamaño de una nuez con una cucharilla y repartir porciones redondeadas en las bandejas. Podemos darles forma de bolita con las manos humedecidas, y luego aplastarlas un poco con un tenedor.

Hornear una bandeja cada vez durante unos 12-15 minutos, vigilándolas porque dependerán del tamaño y del tipo del horno. Cuando empiecen a dorarse de más los bordes, estarán más que listas. Dejar enfriar completamente sobre una rejilla antes de servir, guardar o decorar al gusto.


¡Frohe Ostern! Que disfrutéis del lunes de Pascua los afortunados que tengáis festivo; y de Sant Jordi, en su caso. En Murcia ya sabéis que tenemos otra semana de fiestas por delante.
¿Saldrá el sol?
16 marzo, 2019

Biscotti de avellanas y naranja confitada o la galleta infalible


Mis padres están en Suiza -bueno, creo que justo ahora mismo estarán en Alemania en casa de unos amigos-, donde hace frío, llueve y, en algunas zonas, incluso ha nevado estos días. Me dan mucha envidia por varias razones, aunque la principal es la nostalgia. ¿Nostálgica, yo? ¡Inaudito! Escribir a rienda suelta es una gran terapia, así que hago una pausa en mi lista de mil tareas para rescatar estos biscotti de avellanas y naranja confitada. Y porque las galletas también curan. A su manera.

Suiza siempre me trae nostalgia porque me lleva a grandísimos recuerdos de la infancia, porque es un país precioso -al que tengo idealizado, lo sé-, y porque allí sigue parte de mi familia. Mi abuelastra es la única abuela que me queda y me da mucha pena pensar en que apenas me queda tiempo para verla; se encuentra bien pero la mujer está muy mayor, y la vida es la que es. Y si algo tengo cada vez más claro es que se pasa volando y tiene la manía de sorprender sin que te lo esperes, para bien o para mal.


Con lo tarde que cae la Semana Santa este año llevo ya tiempo sin pasar tampoco por Murcia, y eso se va notando. Aquí ya ha llegado la primavera adelantada y no estaba preparada para despedirme del invierno, sobre todo porque ha sido absurdamente corto y cálido. ¡No me ha dado tiempo a ponerme mis botas más calentitas! ¡Hay jerséis de los gordos que se han quedado en el armario! El nórdico gordo está muriéndose de risa y los pijamas calentitos-confortables solo me han dado muchísimo calor las pocas noches que me he atrevido a llevarlos.


No tengo ningunas ganas de verano pero admito que la primavera sí es agradable. Al salir a correr hoy ya se notan los brotes verdes y las florecitas por los campos, parques y jardines, a pesar de que apenas ha llovido. Ese despertar de la naturaleza me anima a activar el "modo Pascua", y tengo ganas de pintar huevos y llenar la casa de conejitos, pollitos y preparar dulces para la época.

Ya veremos si me da tiempo; aún faltan muchos días para la Semana Santa y habrá que organizarse. Por el momento, os dejo mi última combinación ganadora en materia biscottil, cambiando mis queridas almendras por las también deliciosas avellanas, combinadas con trocitos de naranja confitada. Si sois muy chocolateros, un baño de chocolate negro les iría también de perlas.


Biscotti de avellanas y naranja confitada
Inspiración: mejunje de muchas recetas previas de estas galletas
Ingredientes para unas 30 unidades

- 2 huevos y 1 yema de gallinas felices
- 180 g de azúcar
- 5 ml de esencia de vainilla
- ralladura de 1/2 naranja
- 30 g de mantequilla atemperada sin sal
- 1 buena pizca de sal
- 280 g de harina de repostería
- 1 y 1/2 cucharaditas de levadura química
- 200 g de avellanas
-  80 g de naranja confitada picada

Precalentar el horno a 200º C y preparar una bandeja o fuente con papel sulfurizado.

Batir los huevos y la yema con el azúcar durante unos 3-5 minutos, hasta que esté muy espeso. Añadir la vainilla y la ralladura, y batir un poco más. Incorporar la mantequilla, batir un poco y echar todos los demás ingredientes, salvo los dos últimos.

Incorporar finalmente las avellanas, crudas y partidas un poco a cuchillo, y la naranja confitada. La proporción puede ser variable al gusto. Mezclar bien para repartirlos de forma homogénea.

Dividir en dos rectángulos o formar uno más largo en la bandeja, dejando un grosor de un dedo. Hornear durante 20-25 minutos, bajando la temperatura a 180ºC una vez pasados los primeros dos minutos. Esperar un poco fuera del horno y trasladar con cuidado a una rejilla.

Cuando no quemen, cortar los biscotti con un buen cuchillo de sierra sacando unidades de forma paralela, poniendo la hoja ligeramente en diagonal. Distribuir los biscotti boca arriba en la bandeja fría y volver a hornear unos 10-12 minutos.

Dar la vuelta con cuidado a cada unidad, bajar la temperatura a 160ºC y hornear unos pocos minutos más, hasta que estén dorados. Dejar enfriar por completo en una rejilla.


¿Hay ganas de Semana Santa? ¿Ya estáis inaugurando la temporada de torrijas y monas?
30 diciembre, 2018

Porque nunca hay suficientes recetas de Lebkuchen: nueva versión mini con chocolate para despedir el año

Los más viejos del lugar quizá recordéis mi aventura personal con los caminos insondables de Lebkuchen. Un término que se traduce por pan de especias pero que, realmente, es muy complicado de traducir. Básicamente porque existen millones de versiones distintas, no solo en los países germanos. Las galletas gingerbread men son una variante, también la casita típica de Navidad, o figuras para regalar, o el pain d'épice francés, o el ontbijtkoek holandés... en Suiza también hay variantes, además del propio Lebkuchen más genérico. Mi adorado Basler Läckerli, o el Luzerner Lebkuchen, o el Appenzeller Biberli relleno de mazapán... ¡Para volverse locos!



Locos de subidón de azúcar, claro, porque yo necesito probar todas las variantes que existen. Es mi debilidad. Ya he horneado muchas recetas distintas y sigo acumulando en el tintero unas cuantas pendientes de experimentar, y eso que aún no me he animado con la versión más mundialmente cononocida: el Nürnberger Lebkuchen, también llamado el Elisenlebkuchen. En realidad hay diferentes variaciones también de este -algo lógico, como ocurre con tantas recetas centenarias-; pero se distingue por la base de oblea, la forma redondeada planita, la cantidad de frutos secos y un opcional glaseado, que puede ser de azúcar o chocolate. Algunos llevan también mazapán, otros miel, otros solo azúcar.



En fin, que me pierdo otra vez en el universo del Lebkuchen y me temo que no viviré lo suficiente para probar todas las posibles recetas que existen. Sobre todo porque me empeño en modificarlas a mi gusto, claro. Este año quería usar POR FIN los paquetitos de obleas que me traje de Suiza la última vez, así que me lancé con esta receta algo más "rústica" para traer desde Madrid. He reducido el azúcar y aún así quedan dulzones, pero sin empalagar gracias a los demás ingredientes. Y he prescindido de glaseados, ni falta que le hace.

Me han gustado mucho, y a mi familia también les han encantado. Salen muchísimas unidades de tamaño mini -cuidado, "mini" considerando que el Lebkuchen original puede medir hasta 10 cm de diámetro-, y aguantan perfectamente hasta tres o cuatro semanas, bien guardados. El secreto está en la combinación de especias, frutos secos y frutas confitadas, que con el toque de chocolate negro nos regalan una masa crujiente por fuera, tierna por dentro, tremendamente aromática.



Receta de mini Lebkuchen rústico con chocolate
Inspiración: receta adaptada de Bald ist Weihnachten
Ingredientes para MUCHAS unidades de unos 4 cm de diámetro

- 4 huevos de gallinas felices
- 300 g de azúcar moreno
- 250 g de avellana molida
- 250 g de almendra molida
- 50 g de chocolate muy negro picado fino
- 1/2 cucharadita de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 1 y 1/2 cucharadas de mezcla de especias para pan de especias
- ralladura de 1/2 limón
- 120 g de naranja confitada picada
- obleas redondas para hornear de tamaño mini

Precalentar el horno a 160ºC y preparar bandejas con papel sulfurizado o lámina antiadherente apropiada. Disponer las obleas para ir montando las galletas cuando tengamos la masa. Picar el chocolate y la naranja confitada en piezas pequeñitas.

Batir los huevos con el azúcar usando una batidora de varillas hasta tener una masa esponjosa, durante unos 3-5 minutos. Agregar los frutos secos molidos y el chocolate, mezclando un poco. Incorporar todos los demás ingredientes y mezclar con movimientos suaves, hasta tener una masa homogénea.

Repartir en porciones con una cucharilla sobre las obleas, sin llegar a los bordes. Lo más fácil es ir depositando la misma cantidad aproximada de masa con la cucharita, y luego darles forma con las manos humedecidas para aplanarlos. No tienen que quedar perfectos.

Hornear durante unos 20 minutos, aproximadamente. Deben coger algo de colorcito, pero sin tostarse mucho. Se endurecerán al enfriar. Dejar sobre una rejilla para que se enfríen completamente antes de guardar en un recipiente hermético.

Se les puede dar un glaseado de azúcar glasé ligero o un baño de chocolate negro o con leche, pero así ya están muy ricos y se conservan mucho mejor. Están más buenos con el paso de los días, y ya digo que aguantan en un recipiente hermético, en un lugar fresco, durante muchos, muchos, muchos días.



Bueno, mañana ya es Nochevieja y apenas he contado nada de mi Navidad, que siempre es tan especial para mí. Si enero no llega a lo loco intentaré dar la brasa un año más haciendo algo de balance personal, más que nada para poner en orden mis ideas.

Solo adelanto que volveré mañana a correr la San Silvestre -¡por supuesto!-, y que lo haré además acompañada con una amiga del instituto. Luego pasaremos, por primera vez, la noche en el campo, huyendo de la macrofiesta-discoteca que han montado en la plaza de toros. Ya veremos qué tal se nos da la celebración allí 😄.

¡Disfrutad mucho del fin de año!
24 octubre, 2018

Receta de oatcakes o galletas de avena y semillas (sin azúcar, sin trigo, sin huevo, con opción vegana)


Esta receta de galletas de avena y semillas podría parecer la versión "sin" definitiva, pero mi intención no era subirme esta vez al carro de la moda saludable -o de lo pretendidamente saludable-. Es que, sencillamente, las oatcakes son muy simples porque tienen un origen humilde. Y nos demuestra una vez más que de la necesidad han salido cosas fantásticas que hoy podemos recuperar, y reinterpretar un poco.

Porque está muy bien eso de defender LA receta tradicional, genuina y auténtica, "como debe ser", de cualquier elaboración. Pero se nos olvida muchas veces que no existe una única versión válida, inmutable o universal. Que platos antiguos que recordamos de nuestras abuelas a veces salieron del paquete de arroz de aquella época, o vienen de unos años en los que se cocina así porque no había otra cosa. La nostalgia es válida y creo firmemente en la necesidad de investigar e indagar en nuestro pasado gastronómico, siempre que no sea para ofendernos con las propuestas del presente.



Estoy soltando reflexiones sobre la marcha; disculpadme por divagar. Pero llevo rumiando cierto malestar con algunos temas desde hace ya tiempo, y las redes no me lo ponen fácil. Por desgracia todo el mundo se vuelve opinador profesional detrás de una pantalla, y se ve que ahora solo interesa ofenderse, atacar y enfrascarse en un cerramiento mental que impide ver más allá del ombligo de uno mismo. Con lo bonito que es el diálogo, conocer otras propuestas, puntos de vista y culturas, intercambiar experiencias y conocimientos, abrirse a nuevas ideas... En fin, seré yo la ingenua.

Vuelvo a las galletas. Se llaman oatcakes, sí, pero no tienen nada de tarta o pastel. Ya sabemos que el vocabulario gastronómico es confuso y el mundo anglosajón muy amplio y variado. Hay pancakes que parecen crêpes, no todos los muffins son dulces y esponjosos y una biscuit de Londres no tiene nada que ver con otra de Kentucky.

Estas galletas proceden de la tradición escocesa, de cuya cocina yo diría que todo el mundo conoce, básicamente, la avena. Lleva ya años de "moda" o totalmente normalizada en nuestro país, reconvertida a ingrediente supersónico y favorito entre deportistas, gente fit y dietas varias. Pero sobre todo, es un cereal muy humilde que ha salvado la vida a muchas personas en tiempos de carestía.



En Gran Bretaña hay todo un mundo de variedades de avena -yo lo he comprobado en supermercados destinados a turistas británicos en Murcia-, con copos de diferente grosor, el cereal entero, machacado, molido a la piedra, más grueso o más fino, de cocción rápida, instantánea, en harina... Lo maravilloso que tiene es su versatilidad, y que puede ser un alimento de larga conservación muy fácilmente transportable, pues se convierte en comestible con muy poca cosa. Y está muy rica.

Mi receta está ligeramente modificada de este blog, guardada hace mil años, esperando a que por fin me acordara de probarla. Me ha encantado y pienso repetirla con mucha frecuencia, pues es sencillísima, rápida y admite muchas modificaciones. Son galletas sin azúcar ni edulcorantes, más crujientes si las dejas más finitas, que se pueden aderezar con especias o enriquecer con semillas y frutos secos. Yo he añadido semillas de alcaravea, Kümmel en alemán, muy típicas en la panadería centroeuropea y que combinan de miedo con quesos, una forma deliciosa de disfrutar de estas pastas. Pero tiene un sabor fuerte que no gusta a todo el mundo, así que las podéis omitir. Obviamente, el bote de semillas que veis en la foto tenía que comprarlo cuando lo vi en Alemania el año pasado.



Oatcakes o galletas de avena y semillas
Receta adaptada de Traficantes de sabores
Ingredientes para unas 30-45 unidades (dependiendo del tamaño y grosor)

- 140 g de copos de avena finos
- 140 g de harina de avena (o copos molidos caseros, mejor si queda algo gruesa)
- una pizca de sal
- un golpe de pimienta negra recién molida
- semillas de alcaravea (NO es comino, pero el comino común también sirve, si nos gusta)
- semillas de chía
- semillas de lino/amapola/sésamo...
- 30 g de "mantequilla" vegetal atemperada (he usado I cant't believe it's not butter, pero se puede usar cualquier equivalente o mantequilla normal) o unos 60-65 g de aceite (el aceite no tiene agua)
- 280 g de agua hirviendo

Precalentar el horno a 180ºC y preparar un par de bandejas con papel sulfurizado, lámina de silicona o, sencillamente, engrasarlas con aceite o mantequilla.

Combinar en un recipiente la avena con la sal, las especias y todas las semillas que nos apetezcan al gusto. Agregar la grasa elegida y mezclar groseramente.

Poner el agua a calentar y, cuando rompa a hervir, echar sobre la masa. Mezclar con un cucharón grande al principio y después amasar a mano. Debería quedar una masa húmeda pero maleable, nada pegajosa. Ajustar la cantidad de líquidos/secos si fuera necesario.

Estirar con ayuda de un rodillo, sobre papel sulfurizado de horno si se nos pega un poco. A mí me quedó perfecta, pero os puede ayudar usar otra hoja de papel encima para evitar que se adhiera al rodillo.

Dejar el grosor que se prefiera, entre 2 y 6 mm; cuanto más finas, más crujientes (y más unidades). Recortar galletas redondas o cuadradas y repartir en las bandejas. No crecen, se pueden arrejuntar (sin tocarse).

Terminar la masa y hornear hasta que estén doraditas. Yo he probado varios tiempos y grosores; tostaditas quedan muy ricas pero es fácil pasarse y que se churrusquen. Cuando empiezan a coger color, si no son muy gruesas, ya quedarán crujientes.

Dejar enfriar completamente sobre una rejilla antes de guardarlas en un recipiente hermético.

Tengo que decir que estas galletas de avena están buenísimas con queso y fruta fresca, mermelada o paté, aunque la mayoría las estoy devorando por sí solas con un té a media tarde, o después de cenar viendo alguna serie en el sofá. Con una chimenea y lluvia por la ventana seguro que saben aún mejor.
05 enero, 2018

Galletas de estrella rellenas de chocolate (por si faltan ideas para la Navidad que viene)

Hoy es la víspera de Reyes, esa noche mágica para los niños y algo estresante para los padres que tienen que ultimar las compras o pelearse un poco por conseguir sitio en la cabalgata. Es también noche de roscones, de preparar galletas con leche y paja para los camellos y de muchos nervios antes de irse a la cama. Pero yo estoy ahora mismo con niveles mínimos de ilusión o alegría por nada.

Chocolate filled star cookies

Tampoco quiero ponerme trágica; en realidad un paseo matutino con mi padre por la ciudad me ha hecho volver a creer en los Reyes Magos. Por fin he podido ver el Belén de Playmobil y la ciudad estaba llena de niños ya ansiosos, correteando y sin poder parar de hablar de los regalos que iban a recibir. Ay, la inocencia infantil.

Cuando mi hermano y yo todavía conservábamos esa ilusión ingenua sí recibíamos algún regalo la noche de Reyes. ¡Cómo íbamos a quedarnos sin nada! Solían ser cosillas pequeñas que compraba mi madre, y algún regalo que llegaba de Suiza, normalmente con forma de Playmobil -nos encantaban y siempre siempre pedíamos algo "grande" de su catálogo a Papá Noel, pero nos llegaban cosas extra por parte de la familia-. Pero nunca quisimos ir a ver la cabalgata, y una vez dejamos de creer, en Reyes lo único especial era el Roscón.

Chocolate filled star cookies

Pero este año, por comodidad, voy a hacer el roscón mañana para tomarlo en familia el domingo, cuando estaremos todos juntos, justo antes de volverme a Madrid. Así que hoy solo estoy un poco amargada en casa, después de trabajar un poco con un portátil que me está dando sustos, un catarrazo que acaba de arrancar -regalito de fin de fiestas- y una maldita discoteca en la plaza de toros. Porque sí, es súper navideño y muy de Reyes Magos poner una discoteca desde las 16 de la tarde hasta la medianoche, con un sonido infame y música terrible, en pleno centro de una ciudad. Se supone que es "extra" de la Nochevieja, que ya nos echó a los cuatro a dormir al campo, después de las uvas.

Chocolate filled star cookies

¡En fin! Quiero ser positiva -es mi propósito de Año Nuevo, casi el único- y disfrutar de los últimos raticos de Navidad que me quedan en casa. Así que para no ponerme más gruñona he querido venir con las últimas galletas navideñas de esta temporada, mi regalito virtual a sus Majestades de Oriente, y una idea ya para las navidades que vienen. Porque sí, quedan menos de 12 meses para empezar de nuevo con el Adviento, no os quiero agobiar ;).

Es una masa sencilla y simple pero que queda genial para cualquier ocasión. La base es similar a las Spitzbuben, otro clásico suizo, o las más conocidas Linzer, típicas de Austria. En este caso rellenas de ganaché de chocolate casera y solo con forma de estrella, que me parece la forma navideña más universal, simple y bonita, también válida para fuera de temporada. ¿O acaso no hay estrellas todo el año?

Chocolate filled star cookies

Receta de galletas de estrella rellenas de chocolate
Inspiración: un libro alemán de Navidad cuyo nombre no recuerdo
Ingredientes para unas 30 unidades

- 200 g de harina de repostería
- 85 g de almendra molida
- 70 g de azúcar tipo caster o fino (o usar normal)
- 1/4 cucharadita de canela molida
- 1 pizca de cardamomo molido
- 1 pizca de sal
- 80 g de mantequilla fría sin sal
- 1 huevo L
- ganaché de chocolate para rellenar (yo suelo usar 200 g de chocolate muy negro y 200 g de nata para montar sin lactosa, preparada con suficiente antelación para que esté fría)
- azúcar glasé

Mezclar en un recipiente la harina con la almendra molida, el azúcar, la canela, el cardamomo y la sal, usando varillas para quitar los grumos más gordos.

Picar la mantequilla en cubitos pequeños y añadir a los ingredientes secos junto con el huevo. Trabajar con un procesador de alimentos, con una batidora o con las manos a lo bruto, hasta tener una consistencia de migas. 

Continuar ahora amasando para obtener una masa lisa, homogénea y suave. Dividir en dos discos, envolver en plástico film y llevar a la nevera, como mínimo, una hora. Mejor más tiempo.

Precalentar el horno a 180ºC y preparar unas bandejas. Estirar cada porción de masa dejando un grosor de unos 6 mm. Recortar galletas con forma de estrella, procurando emparejar una base completa con una cubierta "agujereada".

Distribuir en las bandejas sin necesidad de dejar demasiada separación y hornear durante unos 8-10 minutos, hasta que se empiecen a dorar. Dejar enfriar en una rejilla completamente, rellenar con la ganaché -sin pasarnos o se desbordará- y decorar con azúcar glasé tamizado al gusto.

Chocolate filled star cookies

¡Que os aproveche el roscón y que los Reyes se porten muy bien, que sé que habéis sido muy buenos!

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