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02 febrero, 2020

Galettes de trigo sarraceno (o crêpes sin gluten aprovechando La Candelaria)

¡He vuelto!

Bueno, en realidad nunca me fui realmente, pero 2020 se ha estrenado con un mes de enero tan pesado como veloz, si es que eso tiene algún sentido. Ya sabéis, el tiempo es relativo, y llega una edad en la que parece que se estira y se estira como un chicle, y cuando te das cuenta ha volado.


Ya no tiene sentido repasar nada de las navidades, porque en realidad tampoco tengo mucho que destacar; y eso es bueno. Solo diré que me traje de Murcia algún dulce para superar la morriña, y que guardo como oro en paño la última torta de Pascua. Ardo en deseos de devorarla pero al mismo tiempo me da pena que se termine. Y ya veis qué tontería, si tanto me gusta, ¿por qué no hago más? ¡No! Son exclusivamente navideñas. El multiverso implosionaría si horneara tortas fuera de su época.

La excusa para volver y estrenar -ejem- el año en el blog es que hoy se celebra La Candelaria. Y como no puedo hacerlo a la murciana, en mi barrio de Santa Eulalia, pues me paso al país vecino con La Chandeleur. A estas alturas ya sabréis que allí es típico preparar y comer crêpes, con su ritual para que aporte suerte, así que me ahorraré más explicaciones.

Tenía ganas de hacer una de las versiones más humildes de esta masa plana, conocidas normalmente como galettes. Solo con harina de trigo sarraceno (alforfón), huevo, agua y mantequilla, que en mi caso he usado el famoso sustituto sin lactosa, pero simplemente porque tenía una tarrina abierta. Sí son naturalmente sin gluten, por lo que la masa es más quebradiza y tienen una textura más rústica, pero eso es lo que más me gusta.


Se supone que deben quedar más finitas pero a mí me gustan un poco más gruesas, supongo que inconscientemente busco la forma que le da mi padre a las Omeletten suizas. Preparadlas como prefiráis; es una masa versátil para rellenar con dulce o salado. Doy fe de que están muy ricas con pisto y queso, tal y como probé hace unos años en Toulouse, un tórrido día de agosto.

Receta de galettes de trigo sarraceno
Inspiración: La Candelaria y esta receta
Ingredientes para unas 5-8 unidades

- 15 g de mantequilla derretida (y un poco más para cocinar)
- 125 g de harina de trigo sarraceno (alforfón)
- 1 huevo L
- 250 ml de agua
- 1 pizquita de sal

Derretir la mantequilla y dejar que se atempere un poco para que no esté muy caliente.

Mezclar ligeramente en un cuenco la harina con el huevo, añadir la mantequilla, remover y echar el agua y la sal. Mezclar bien con las varillas hasta que no haya grumos secos.

Tapar y dejar reposar 20-30 minutos, en la nevera si hiciera calor o pasara más tiempo.

Calentar una buena sartén de unos 20-22 cm de diámetro, engrasar ligeramente con mantequilla y cocinar las crêpes repartiendo la masa bien por toda la superficie.

Yo echo la masa usando una jarra, vertiendo las porciones directamente en el centro y girando la sartén con la mano, levantándola antes de dejar que cuajen.

Dar la vuelta cuando se despeguen los bordes, dorar un poco por el otro lado, retirar a una fuente y mantener tapados con plástico film mientras se termina con la masa.



¡Feliz Candelaria! Cualquier excusa es buena para preparar crêpes, filloas, frixuelos, crepas, galettes  Omeletten un domingo.
04 diciembre, 2018

¿Por qué salgo a correr? No es sufrimiento ni obligación: simplemente me hace sentir bien

El otro día un familiar me dejó un comentario en las redes preguntándome que quién se comía todas las cosas que preparo, y respondí que en broma que luego hay que quemarlo todo y ya está; pero no es del todo cierto. En primer lugar, no hago tantos dulces como podría parecer -y además son mucho menos, digamos, dulces, a como los hacía hace años- ni los comemos a diario en casa. Pero si salgo a correr no es por quemar calorías o por compensar unas galletas o un bizcocho: corro sencillamente porque me encanta, me da vitalidad, me hace sentir bien.


Hace tiempo que no reflexiono un poco en voz alta -escrita- sobre mis salidas de running, quizá porque ya es tan parte de mi rutina que ni me parece algo reseñable. Sin embargo, cuando se comentó en la presentación del II Estudio de Vitalidad Zespri que practicar ejercicio es un motor clave de vitalidad, me di cuenta de lo importante que es para mí, para no volverme loca. Los comienzos pueden ser duros, pero en cuanto coges cierto hábito el ejercicio te engancha, y de buena manera.

Es curioso cómo, aunque esté cansada o lleve días durmiendo poco, salir a correr me despeja, me despierta y me estimula. La fatiga después de practicar ejercicio es diferente al agotamiento por llevar horas sentada delante del ordenador, o de pasarme la mañana cocinando y limpiando; es un cansancio positivo, revitalizante, por así decirlo.


No hace falta machacarse ni mucho menos, y de hecho no recomiendo llevarse hasta el límite ni obsesionarse con tiempos, marcas o pautas, salvo que nos dediquemos a competir. Yo corro ya sin metas, me dejo llevar, escucho música o podcasts y disfruto de mi barrio, del paisaje, de las calles, del campo o del espacio que sea donde me pille. Me llevo las zapatillas en la maleta por si saco tiempo cuando estoy de viaje para correr un poco -el amanecer de Viena el pasado mes de septiembre fue especialmente mágico-, y siempre merece la pena madrugar más para correr a primera hora si luego no voy a tener tiempo.

El ejercicio moderado es muy sano y básico para mantenerse bien, puede prevenir enfermedades y es una manera de llegar a la vejez en mejor forma. Pero también relaja, quita estrés, hace ver las cosas con otra perspectiva y te permite desconectar.

Yo recomiendo hacer deporte o salir a caminar al aire libre, porque es más barato que un gimnasio y porque necesito el contacto con el exterior. El aire, la luz, ver cómo cambia la naturaleza con el paso de las estaciones, encontrarme con los mismos vecinos, descubrir nuevas tiendas o caminos... Si trabajáis desde casa o encerrados en un cubículo, estirar los músculos en el exterior siempre es muy recomendable. ¡Mejor si hay un buen parque o entorno natural cerca, claro! Y, siempre que sea posible, aprovechando la vitamina D que nos da el sol.


No siempre se disfruta igual pero tampoco pasa nada, unas veces se rinde mejor que otras. Lo importante es saber escuchar al propio cuerpo, y mimarlo, que para eso es nuestro y el único que tenemos. Como señalan en el estudio, la vitalidad es una suma de muchos factores, alimentación, salud física, bienestar familiar, ocio, trabajo, relaciones de pareja... Para mí, salir a correr es ya algo básico para sentirme bien, y además me gusta hacerlo sola, es mi momento.

Si hacéis el test de vitalidad y os sale un índice bajito, quizá os falta encontrar ese deporte o actividad física que os enganche y os haga sentir bien. En la web tenemos ideas para empezar a practicar poco a poco nuevos hábitos, que sé que mucha gente necesita inspiración o un empujoncito para animarse. Y no hay que esperar a los "buenos propósitos" de año nuevo para arrancar, cualquier día es bueno para empezar a entrenar ;).

¿Vosotros sois deportistas? ¿Vais al gimnasio para "compensar" excesos o porque os gusta? ¿Sois constantes practicando ejercicio o más bien os movéis por rachas? Tengo curiosidad :).


Imágenes | Unsplash


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21 noviembre, 2018

Sin fruta no soy persona: el vicio confesable que me da vitalidad

Creo que ya habré comentado muchas veces que soy de esas personas que necesitan desayunar, sea la hora que sea. Me encanta el café, claro, pero no es una "necesidad". Ahora bien, si me salto mi ración de fruta fresca mañanera, sencillamente no soy persona. Literalmente me pongo de muy mal humor y noto que me falta algo; es mi vicio confesable y que me hace sentir bien y con ganas de arrancar el día.



Por eso no me dejan de llamar la atención las conclusiones de informes como el II Estudio de Vitalidad Zespri que se presentó el mes pasado. La dietista nutricionista Mireia Porta, experta en nutrición deportiva, señaló que en España el 80% de la población considera que la fruta fresca es lo más saludable para el desayuno, pero solo la consume un 8%. ¡Un mísero 8%! Si encima añadimos el dato de que casi la mitad de los españoles no desayunan regularmente, y que º de cada 4 no toma nada sólido desde que se levanta hasta que come al día siguiente, son datos para mí inconcebibles.

Photo by Monika Grabkowska on Unsplash

Siendo España uno de los grandes productores de vegetales  de toda Europa me parece muy preocupante leer noticias como que el consumo de frutas y hortalizas "es una asignatura pendiente", o que "somos vagos" para comer fruta. Desayunar no es imprescindible, cierto, pero para muchos es un hábito clave para tener vitalidad y rendir bien el resto del día. Considerando que encima se suele comer tardísimo -doy gracias por ser autónoma y poder comer a mi ritmo-, no me extraña que tanta gente caiga en las máquinas de golosinas o comprando cualquier producto ultraprocesado de mala calidad cuando el estómago ruge.

De verdad, comer fruta a lo largo del día no es tan difícil. Yo me alegro mucho cuando mi madre me cuenta que desde pequeñitos mi hermano y yo siempre hemos comido fruta sin problemas, quizá es algo que aprendimos ya en casa como algo habitual. Lo curioso es que en los desayunos de los hoteles, cuando está bien preparada y preciosísimamente expuesta, siempre es un éxito; me temo que sí, somos vagos.



Con lo fácil que es comerse una manzana a bocados -y bueno para la dentadura-, partir un kiwi por la mitad o pelar un plátano. Salvo que se tenga alguna minusvalía, no hay excusa para no consumir fruta fresca habitualmente. Claro que el mundo en general no lo pone fácil con la escasa oferta o los precios absurdos -¡fuera del hogar solo se consumen 0,6 kg de fruta por persona al año! Pero eso tiene fácil solución llevándote tu propia fruta donde toque; anda que no han viajado conmigo piezas de todas las formas y colores en el bolso o la mochila.

Si hacéis el test de vitalidad y os dais cuenta de que tomáis menos fruta al día de lo que sería recomendable, probad a salir de la rutina incorporando fruta fresca a todo tipo de platos. En la web Espacio Vitalidad podéis encontrar inspiración para cocinar recetas para todos los gustos, desde el desayuno hasta la cena, además de otras formas de entrenar la vitalidad y adquirir hábitos saludables.



Porque sí, las frutas como el kiwi son estupendas para desayunar, merendar y también son el postre más saludable, pero eso no quiere decir que no podamos hacer platos salados con ellas. De verdad que el ceviche con aguacate y kiwi que tomamos en la Morning Party de El Huerto de Lucas era una absoluta delicia, por poner un ejemplo fácil.

Ahora que ya estamos todos pensando en los menús de Navidad -¿o me equivoco?-, no viene mal recordar que la fruta también tiene cabida en todos los platos. Y los invitados además nos lo agradecerán, por algo siempre triunfan los canapés y aperitivos a base de fruta fresca.
¿Vosotros sois más de tomar fruta tal cual o preferís preparar platos con ella? ¿Cocináis recetas saladas con fruta fresca?



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29 junio, 2018

Crêpes de avena y centeno con compota de fresas y chía - Ay, el verano...

No voy a decir que el tiempo pasa en un suspiro, porque todas estas semanas en las que he dejado mi pobre blog en barbecho han dado para mucho. Tampoco es que haya emprendido grandes proyectos y aventuras, pero tampoco tengo la sensación de que hayan volado. Vino mi madre en su visita de final de primavera habitual y luego disfrutamos de días de lluvia y fresco casi hasta rozar el verano, y yo quise disfrutarlos. Pero el estío llegó y ya entro en modo zombie; me cuesta horrores hacer cualquier cosa y me pongo de mal humor a la mínima. Por suerte preparar unos crêpes de avena y centeno como estos no requiere grandes esfuerzos, ni arriesgarse a morir de asfixia por encender el horno.


Me resulta extraño pensar que hace ya un año que estamos viviendo en nuestra casita, que en estas fechas vivía entre cajas haciéndome al nuevo barrio y recibiendo cada día a un obrero, carpintero, fontanero o electricista. Y con un gatito muy pillín que no paraba de hacer trastadas mientras crecía a la velocidad del rayo. Las trastadas las sigue haciendo, pero ahora es un tigre enorme y tampoco lleva muy bien el calor, así que se pasa el día tirado buscando los rincones más frescos de la casa.



Estos crêpes llevan ya su tiempo esperando a ver la luz y hoy no tenía ningunas, ningunas ganas de ponerme a escribir un rato más después de una sesión intensa de trabajos domésticos. Pero me daba pena tener mi querido blog como mi última prioridad en la vida, cuando hace años tenía que contenerme por publicar a diario. Al menos no quiero dejar pasar un mes entero sin publicar, y esta receta va para cumplir con el mes de junio. Que, a pesar de todo, no está siendo el infierno caluroso de los últimos veranos.


Porque recordemos que hace dos o tres años tuvimos la primera ola de calor bien pronto, pero olaza de esas de 40 grados a diario y sin bajar de 27 de madrugada. Lo peor fue que se encadenaba una con otra, y encima el elfo y yo tuvimos dos bodas que fueron, digamos, ardientes. Y el año pasado precisamente llegó el calorazo muy pronto, justo en plena mudanza. Porque empaquetar tu vida, transportar muebles y montar tu nuevo hogar no era ya un trabajo lo suficientemente agotador.


Definitivamente, todavía no ha pasado el tiempo suficiente de la mudanza como para recordarla con cierto cariño y nostalgia. Solo cruzo los dedos para no tener que repetir en muuuucho tiempo, y si llega el día ya procuraré que caiga en la fresca primavera o el suave otoño.

Ya he comentado alguna vez que me gustan muchísimo los crêpes y que no sé por qué no hago más a menudo. Tengo mi versión de la receta más clásica con chocolate y plátano, la ligera variante "a la suiza", aprendida de mi padre, y también hice hace un tiempo una opción rústica con centeno para rellenar setas. Esta vez improvisé un poco sobre la marcha una tarde que no había pan para cenar -¡drama!-. El elfo se los tomó con relleno salado pero yo me di el capricho de hacer una compota rápida de fresas maduras con chía, que estaba deliciosa con yogur griego natural.



Crêpes de avena y centeno con compota de fresas y chía
Inspiración: la falta de pan y las ganas de liarme a cocinar
Ingredientes para 2 personas

- 2 huevos L de gallinas felices (tamaño aproximado)
- 250 ml de bebida vegetal o leche sin lactosa (o la leche que tengáis)
- 50 g de harina de avena (copos triturados en casa)
- 10 g de harina de centeno integral (o espelta)
- 1 chorrico de agua (aproximadamente 20 g)
- 1 pizca de sal
- ralladura de limón
- gotas de esencia de vainilla
- mantequilla para engrasar

- fresas maduras u otra fruta aromática
- zumo de limón o naranja
- vainilla o canela (opcional)
- semillas de chía

Tan sencillo como batir los huevos un poco antes de añadir todos los demás ingredientes, dejando una textura semilíquida sin grumos secos. Se puede hacer a mano con varillas, con batidora de varillas, con robot de cocina, con batidora de vaso o con batidora de brazo de inmersión (minipimer).

Tapar y dejar reposar mínimo 20 minutos. Si hace calorazo, casi mejor que en la nevera, sobre todo si va a pasar más de media hora.

Calentar una buena plancha o sartén antiadherente, engrasar con una nuez de mantequilla (o aceite de girasol) y cocinar los crêpes procurando que no salgan muy gruesos. Yo hago la masa en una jarra, así es más fácil de verter directamente. Ya tanteo a ojo la cantidad necesaria, al principio usaba un medidor para no pasarme.

Ya sabéis, hay que girar la sartén para que se extienda toda la masa bien y dejar cocinar un par de minutos hasta que se puedan levantar los bordes y el centro esté cuajado. Yo despego un poco con una espátula y les doy la vuelta con las manos.

Mantener en caliente apilándolos mientras terminamos con toda la masa. Se pueden calentar un poco en el microondas si hiciera falta, pero hay que guardarlos bien tapados para que no se resequen.

Para la compota de fresas solo hay que trocear setas maduras bien lavadas, cocerlas con un poco de limón o naranja y una vaina de vainilla, y chafarlas a lo bruto con un tenedor. Añadir una cucharada bien colmada de semillas de chía y dejar que espese en frío.




¿Cómo os gustan a vosotros los crêpes? ¿Sois más de salado o de dulce? ¿Enrollados o en triángulos? ¿Filloas, frixuelos, galettes...? ¡Hay tanta variedad y tantos rellenos posibles! En serio, ¿por qué no hago más a menudo?

¡Buen fin de semana!
25 enero, 2018

Pasando página: ahora sí, adiós 2017

Me ha costado un poco desprenderme de la morriña de las fiestas. No tanto por la Navidad en sí misma, más bien por lo que de verdad hace que me encanten las navidades. Porque no tendrían esa magia y encanto si no fuera por la gente con la que las compartimos. Estoy segura de que los que volvemos a casa por Navidad -¿os he metido en la cabeza ya la musiquilla de aquel anuncio?- la disfrutamos mucho más, salvo que realmente nos llevemos a matar con la familia. No es mi caso, aunque eso no quita que haya discusiones y algún enfado tonto; pero desde que vivo lejos de Murcia veo con otros ojos la oportunidad de pasar días especiales en casa con mi gente.

En Nochebuena por fin sacamos el arsenal de dulces, salvo el mazapán, ¡todo casero!
El problema de pasar tantos días allí durante las fiestas es que rápidamente vuelvo a crear mi rutina allí, y supone otro choque al volver a la que he construido en Madrid. Quizá el hecho de que todavía estamos convirtiendo la casa nueva en un verdadero hogar ha hecho más complejo el regreso, y me costaba un poco repasar los recuerdos finales del 2017 que ya se nos queda tan atrás.



Ahora que ha pasado San Antón, que se acercan San Blas y Santa Eulalia, y sobre todo, que llegan los carnavales, me siento preparada para pasar página definitivamente. No quería hacer un post de imágenes de mis navidades como obligación, la idea es disfrutarlo y rememorar esos instantes con cariño :). No traigo nada nuevo o especialmente relevante, al fin y al cabo es un post que hago para mí misma, y para el que le apetezca curiosear ;P.

Al otro lado del valle donde está la ciudad, sierra y monte; más allá el campo de Cartagena y "mi" campo


Algo sí ha cambiado, ahora cada vez más gente acude a la Cresta del Gallo a practicar escalada

Mi querida Murcia desde lo alto la sierra

El tradicional belén de los montañeros que cada año montan en la Cresta del Gallo

Este año volvieron a ser navidades algo cálidas, nada de olas polares asolando la Región. Sí refrescaba por las noches, pero alcanzando los 20 grados durante el día, o más, no podemos decir que fueran unas fiestas heladas. Lo cierto es que pasamos más frío dentro de casa que fuera, ya que no encendíamos mucho la calefacción -y estaba en parte estropeada, pero ese es otro tema-.

Hay que reconocer que hay vistas preciosas de Murcia cuando cae la noche.


Clásica imagen de las luces de la Gran Vía. Me gusta recordar la de años pasados y discutir en casa cuáles han sido las mejores.

Además de reencontrarme con la familia y el gato me encanta volver a pasear por las calles de Murcia, a esos rincones de siempre y también para descubrir todo lo que está cambiando. Esencialmente, locales y tiendas nuevas que se traspasan y cambian y recambian, mientras otras sobreviven generación tras generación. Es reconfortante ver que el típico bar o pastelería que recuerdo de niña sigue ahí, exactamente igual que hace 20 años.

Me enamoran los detalles cotidianos de los belenes huertanos de Murcia. ¡Están llenos de detalles!

Mi madre recuerda a un panadero igualito cuando era pequeña. El olorcico de los dulces avisaban de la llegada a los niños antes de que se pudiera escuchar el ruido de su bicicleta.



El paso del tiempo implica perder a familiares y amigos por el camino, pero llegan personitas nuevas y todos vamos cambiando. Es algo de lo que también eres más consciente cuando vives fuera, y hace que disfrutes y aprecies más cada instante. Al menos en mi caso.

Tampoco hace falta buscar experiencias increíbles o súper originales, a mí me basta con volver a mi casa, a mi barrio, a mis calles, y pasear sin prisa o tomar un café con mi padre antes de terminar las últimas compras para la cena. Es salir a correr sin pensar en el tiempo por la mota del río, ver una serie en familia, subir a la Cresta del Gallo, callejear sin rumbo o ir a ver el mismo belén de cada año, que parece igual pero no lo es. Y no complicarnos la vida con tonterías, que ya se encarga ella sola de hacerlo.


Maldita sea. Dije que ya había superado la morriña pero me he autoengañado. Al final me ha salido un nudo en la garganta... Si es que en el fondo no cambiamos tanto, por muchos años que pasen.

Y ya. Pronto, nueva receta :).
11 noviembre, 2017

Falsa pizza o flatbread crujiente de garbanzos con calabaza y brócoli. Receta vegetariana sin gluten

Me encantan las legumbres, y además me fascina cada vez más la cantidad de variedades que hay por el mundo. Y en nuestro propio país; ¿cuántos tipos distintos de garbanzos, alubias o lentejas sois capaces de nombrar? ¡Hay muchísimas! Es fantástico. Ojalá no se pierdan nunca las variedades regionales, ni sus platos típicos.

Socca - chickpea flatbread with pumpkin and broccoli

El caso es que últimamente me organizo fatal y cuando me apetece comer legumbres me olvidé de ponerlas a remojo, o simplemente ya no me quedan en la despensa. Menos mal que además de en seco siempre tengo algunos tarros de calidad -las pochas sabréis que me pirran-, y que las lentejas rojas o coral se cocinan en un suspiro. Pero cuando tengo aún menos tiempo para liarme en la cocina... ¡la harina de garbanzos acude en mi ayuda! Y esta falsa pizza, coca, tarta salada o flatbread es de mis recursos favoritos para improvisaciones saludables.

Socca - chickpea flatbread with pumpkin and broccoli

Llamada también besan, la harina de garbanzos ya no falta en mi cocina, junto al centeno, la espelta integral o el trigo sarraceno. Muchas veces añado un poco a mis bizcochos y galletas solo para enriquecerlos, y también la uso en algunas recetas especiales que quiero que sean más nutritivas. Es un ingrediente indispensable, en mi opinión, en una despensa vegetariana o vegana, y además da mucho juego.

Socca - chickpea flatbread with pumpkin and broccoli

En Francia y en Italia hacen una especie de pastel salado muy apañado con ella, la socca o la farinata, con otras variedades en otros sitios del mundo. ¿Comida de pobres? Quizá en origen, pero me parecen una delicia y desde que descubrí estas preparaciones las hago mucho a ojo en casa. Estas quedan realmente más esponjositas y suaves, y se suelen cocinar en el horno o en sartén con aceite muy caliente. Reduciendo la humedad obtenemos una masa más sólida, estirable, que se convierte en una especie de coca crujiente o pizza.

Socca - chickpea flatbread with pumpkin and broccoli

Socca - chickpea flatbread with pumpkin and broccoli

Las raciones que doy son para una persona, sin pasarnos de tamaño, pero se pueden doblar sin problemas. Mejor hacer tamaños medianos en lugar de una "pizza" grande, pues al fin y al cabo es una masa sin gluten que se resquebraja fácilmente. Esta vez, como toppings, he usado puré de calabaza, brócoli al vapor en su punto y queso de cabra. Si hubiera tenido Gruyère a mano hubiera rallado una buena capa para gratinarlo por encima.

Socca - chickpea flatbread with pumpkin and broccoli

Falsa pizza o flatbread crujiente de garbanzos con calabaza y brócoli
Inspiración: mis trasteos con la harina de garbanzos
Ingredientes para 1 persona

- 80 g de harina de garbanzos
- 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
- 1/2 cucharadita de levadura química
- 1 pizca de sal
- 1 pizca de cúrcuma
- 1/2 cucharadita de levadura de cerveza o nutricional (opcional)
- 70-100 ml de agua (a ojo)
- puré de calabaza espeso al gusto
- brócoli cocido al microondas o vapor dejándolo al dente
- queso de cabra
- hierbas provenzales
- aceite de oliva virgen extra
- sal

Mezclar con unas varillas todos los ingredientes secos en un cuenco e ir añadiendo el agua poco a poco. Esto no es una socca, queremos que quede sólido, húmedo pero que pueda formar una bola algo pegajosa. Tapar y dejar reposar 15 minutos.

Precalentar el horno a 200ºC y engrasar una sartén tipo skillet, o una bandeja o bolde que se pueda llevar al horno. Estirar la masa dejándola bien finita y poner en la skillet. Calentar a fuego medio hasta que empiece a quedarse sólida. Llevar al horno 15 minutos.

Cubrir con la calabaza, añadir el resto de ingredientes y dar otro golpe de horno si fuera necesario. Es buena idea añadir queso para gratinar.
Socca - chickpea flatbread with pumpkin and broccoli

La misma masa, más o menos, la uso para hacer crackers o galletitas, añadiendo muchas especias a la mezcla y cortándola en porciones a medio horneado. Son un picoteo proteico vegano estupendo para tener a mano cuando te ataca el hambre :).

¿Habéis trasteado ya con la harina de garbanzos?

12 octubre, 2017

En la presentación del 'I Estudio sobre la Vitalidad en España' | ¡con recetas incluidas!

Espero que estéis disfrutando del puente/festivo; yo para variar tengo una semana muy ajetreada, pero ya sabéis que sarna con gusto no pica ;). Se me han juntado compromisos y asuntos varios con una visita de mis padres, así que estoy que no paro. Y encima llegaron a mi casa justo cuando yo salía de un evento en el centro de Madrid, la presentación del 'I Estudio sobre la Vitalidad en España' de la mano de Zespri. La verdad es que me picaba la curiosidad saber exactamente de qué iba el tema y salí contenta de la experiencia. Nos contaron cosas interesantes y encima había cositas ricas para comer :D. ¡Al final os dejo las recetas!

Smoothie de kiwi y mango

No creo que Zespri necesite ninguna presentación, sus kiwis verdes de Nueva Zelanda y la  variedad Sungold llevan muchos años en nuestro país y por medio mundo. He visto a personajes de muchas series con kiwis Zespri en sus fruteros -me fijo constantemente en lo que comen en la televisión- y en la vieja nevera de mis padres teníamos muchas pegatinas de la compañía -llené el frigorífico de pegatinas de fruta, cuando era pequeña, acabó siendo un caos-.

El caso es que han desarrollando una iniciativa para definir y analizar la vitalidad entre la población para profundizar en su significado y conocer cómo andamos de vitalidad los españoles. ¿Se os viene a la mente la canción de El Libro de la Selva? Yo la tenía en la cabeza todo el día, y creo que hubiera sido una buena banda sonora para el evento :).

¿Qué es la vitalidad?


 Tu Receta de Vitalidad

Al ser un término un poco difuso supongo que todos tenemos una idea algo distinta de qué significa tener vitalidad, aunque seguro que visualizamos a alguien alegre, con energía, salud, motivación y muchas ganas de hacer cosas con actitud positiva. ¿La vitalidad nace o se hace? ¿Se puede cultivar o entrenar? Yo estoy segura de que un componente genético tiene, pero está claro que los hábitos de vida y la propia actitud ante nuestra vida son factores determinantes.

En el equipo multidisciplinar del Informe se encontraban Patricia Ramírez, Teresa Baró y Mireia Porta (como profesionales de psicología, comunicación interpersonal y nutrición), que nos presentaron el estudio y sus conclusiones. Primero se estableció una definición de vitalidad, identificando los cinco pilares que la conforman, para después establecer parámetros de medición que permitieran estudiar el grado de vitalidad en España.
“La vitalidad es un estado de energía que nos ayuda a relacionarnos positivamente con nosotros mismos y con nuestro entorno, nos moviliza para conseguir nuestros retos y nos permite llevar una vida plena”.
Sus cinco pilares son:
  1. Actitud positiva.
  2. Capacidad de adaptación y resiliencia.
  3. Motivación y curiosidad.
  4. Sociabilidad y empatía.
  5. Hábitos saludables.

 
La suma de todos determinan el índice de vitalidad o IV , que para ser óptimo debería ser superior a 7,4 en una escala del 1 al 10. El mío está en 7,5, aprobado por los pelos, ¡pero ya sé muy bien qué debería mejorar! ¿Y los españoles en general? Aquí podéis hacer el test para ver cuál es el vuestro y comparar resultados.

Los resultados del estudio y conclusiones


El estudio muestra resultados interesantes si se analizan por grupos de edad y sexo. En general en España los resultados son positivos, pero mejorables. El 50% tiene un IV alto, solo un 5% lo tiene bajo, pero un 45% está en la media y es mejorable. Lo curioso es que los mayores de 65 años tienen una vitalidad más elevada, y los más jóvenes muestran un índice mucho más bajo. Analizando las causas tiene lógica, pero es algo que da que pensar. 

Vitalidad

Si os obsesionan las cifras, datos y estadísiticas como a mí, podéis echar un ojo a los resultados más concretos del estudio (en PDF). Entre hombres y mujeres hay diferencias reseñables... aunque, para ser sinceros, no muy sorprendentes. Seguimos pecando de lo mismo en muchas cosas como sociedad.

Entre algunas de las conclusiones más reseñables del estudio, destacan puntos como que los profesionales por cuenta ajena tienen más vitalidad, que solo un 37% se sienten descansados por las mañanas aunque también es cuando más vitalidad sentimos, que casi todos consideramos que la principal fuente de vitalidad es uno mismo, o que los hombres se sienten más realizados con las obligaciones diarias y la actividad física que las mujeres.

Kiwis

Yo tengo claro que necesito mejorar en mi actitud personal hacia la vida diaria en general, tener una mejor valoración de mí misma y aprender a disfrutar de ratos de ocio, de desconectar y de pasar más tiempo con familiares y amigos. Me estreso yo sola y me preocupo por demasiadas tonterías, y también estoy durmiendo poco. Muchas veces no priorizo las cosas realmente importantes de la vida, y al final todo pasa factura.

Por suerte tengo aprobadísimo el tema de alimentación como receta para mejorar en vitalidad :D. Aquí la “dieta vital” coincide a grandes rasgos con una dieta saludable: muchas frutas, verduras y productos vegetales naturales, destacando las fuentes más ricas de vitaminas y los frutos secos, pero incluyendo también un poco de buen chocolate negro. Eso que no falte :P.

Madrid

Si hacéis el test de vitalidad recibiréis consejos para mejorar los pilares en los que os haga falta -si os hace falta, claro-, pero como sé que al final las cosas entran mejor si van acompañadas de comida rica, os dejo las recetas completas de los “desayunos que aportan vitalidad” que pudimos degustar en el evento. No hace falta preparar el smoothie pedaleando, aunque sienta mejor después de hacer algo de ejercicio ;). Ah, las vistas eran espectaculares, por cierto, seguro que eso también influye en la vitalidad :D.

Yogur natural con kiwi Zespri Green y Zespri Sungold en cubitos y granola
Tiempo de preparación: 10 minutos
Ingredientes para 4 personas

 Yogur con granola y kiwi

- 500 g de yogur natural
- 2 kiwis Zespri Green
- 2 kiwis Zespri SunGold
- 80 g de granola
- 4 cucharadas de miel (opcional)
  1. Pela los kiwis y córtalos en daditos. 
  2. Reparte el yogur en 4 cuencos, cubre con granola y daditos de kiwi.
  3. Termina con hilos de miel.

Pan negro de centeno con salmón ahumado y picadillo de kiwi Zespri Green
Tiempo de preparación: 10 minutos
Ingredientes para 4 personas

Tostas de salmón y kiwi

- 4 rebanadas finas de pan negro de centeno
- 4 lonchas de salmón ahumado
- 1 kiwi Zespri Green
- 1/2 cebolla orada
- 2 cucharadas de zumo de lima
- 1 cucharada de aceite de olvia virgen extra
- 1 cucharadita de perejil y eneldo picados
- pimienta negra
- sal
  1. Pela el kiwi y córtalo en daditos.
  2. Corta la cebolla en brunoise.
  3. Bate el zumo de lima, el aceite, las hierbas y una pizca de sal y pimienta. Añade la cebolla y el kiwi, remueve bien y deja reposar unos minutos.
  4. Cubre el pan con las lonchas de salmón y reparte encima el picadillo.
  5. Corta en trozos.

Pincho de kiwi Zespri Green y Zespri Sungold, bolitas de queso y fruta de temporada
Tiempo de preparación: 10 minutos
Ingredientes para 4 personas

 brochetas de frutas

- 1 kiwi Zespri Green
- 1 kiwi Sungold
- 200 g de queso fresco en bolitas (mozzarella, queso de Burgos, queso de cabra)
- 100 g de granos uva
- 1 manzana
- 2 mandarinas
  1. Pela los kiwis y córtalos en dados del tamaño de la uva.
  2. Lava la manzana, córtala en cuartos y elimina el corazón.
  3. Pela las mandarinas y separa los gajos.
  4. Lava los granos de uva.
  5. Ensarta la fruta en pinchos de madera alternando con las bolitas de queso.
  6. Sirve enseguida o reserva en el frigorífico tapado hasta el momento de servir.

Rebanadas de pan integral con jamón ibérico y ensalada de kiwi Zespri Green
Tiempo de preparación: 15 minutos
Ingredientes para 4 personas

Tostas de jamón y ensalada de kiwi

- 4 rebanadas de pan de pueblo integral
- 4 lonchas de jamón ibérico
- 2 tomates rojos
- 1 pepino
- 2 kiwis Zespri Green
- 1/2 lima
- 1 pizca de guindilla picante (opcional)
- 1/2 diente ajo
- 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- pimienta negra
- sal
  1. Pela el pepino, lava el tomate y córtalos en daditos muy pequeños.
  2. Pela los kiwis y córtalos también en daditos.
  3. Pela el ajo y pícalo.
  4. Mezcla todo en un cuenco y aliña con aceite, pimienta y sal, y remueve. Deja reposar 5 minutos.
  5. Tuesta el pan y coloca sobre una fuente de servir.
  6. Reparte encima el picadillo y termina cada tostada con una loncha de jamón.
  7. Espolvorea con una pizca de guindilla si te gusta.

Smoothie con kiwi Zespri Sungold y mango
Tiempo de preparación: 15 minutos
Ingredientes para 4 batidos

Bicicleta saludable

- 6 kiwis Sungold
- 1 mango (300 g de pulpa)
- 1 trocito de jengibre de 1 cm
- 1 lima
- 300 ml de zumo de manzana
- 6-8 cubitos de hielo
  1. Pela los kiwis y el mango, y trocéalos.
  2. En el vaso de la batidora introduce el kiwi, el mango, el jengibre pelado, el zumo de lima y el zumo de manzana. Tritura bien hasta obtener una mezcla fina.
  3. Agrega los cubitos y vuelve a triturar.
  4. Reparte los vasos y sirve enseguida.

Hacía tiempo que no iba al centro-centro madrileño, y me acordé de lo que te puede enamorar esta ciudad. Echo mucho en falta la lluvia y ya me estoy hartando de sol-sol-sol y más sol, pero ese día se agradeció tener todo el cielo de Madrid a nuestros pies :).
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