Nada como el evento panarra por excelencia para obligarme animarme a retomar el blog. Además, tenía una espinita clavada porque falté a la cita el año pasado, y eso que sí que había horneado algo. Pero ah, la vida...
[Pausa para dar de merendar al gato]
No quiero explayarme demasiado ni ponerme a comentar cómo está la actualidad, porque lo sabemos muy bien todas y bastante tenemos ya con soportar el día a día. Solo diré que por fin conseguí empadronarme en Madrid a principios de septiembre, algo que tendría que haber hecho antes, y que por menos de dos meses no llego a mis primeras votaciones aquí. Así que nada, a votar por última vez -espero- por correo. Porque por supuestísimo que voy a votar. Eso siempre, y ahora más que nunca.
Una borrasca hace unas semanas nos trajo un atisbo de otoño real -que duró poco-, y me animé a darle caña al horno. Reanimé a mi masa madre y me puse a ordenar la despensa gastando harinas que tenía abiertas. Y de pasó aproveché para hacer galletas con masa madre sobrante y crackers de semillas, que no falten. Las galletas quedaron muy ricas y, si puedo, las repetiré cuando se acerque más la Navidad, a ver si las publico por aquí. A este pan le falta práctica y atinar los tiempos de fermentación, pero salió muy rico, con una miga jugosa y tierna que aguantó muy bien casi una semana. Así que es mi aportación al World Bread Day que organiza zorra de nuevo y que cumple nada menos que 21 ediciones. Mil gracias por seguir con tantas ganas todos estos años y mantenernos el gusanillo panarra vivo.
Y esta vez, milagro, fui apuntando los ingredientes y las cantidades que echaba en un bloc de notas. Me gusta mucho escribir a mano, que no se me olvide jamás. Y apuntar en papel las recetas. Por mucho que me empeñe, siempre se me olvidan las recetas que no anoto, o tengo lagunas y luego no hay manera de recrear ese pan tan estupendo o esas galletas tan ricas, o esa sopa improvisada que salió tan buena. Por cierto, si seguís recetas de internet, procedan de donde procedan, no os fiéis: apuntadlas en un medio físico. Lo que está en las redes hoy podría desaparecer mañana. Lo digo por malas experiencias.
Inspiración: el Día Mundial del Pan
Ingredientes para 1 pan hermoso
- 200 g de harina panadera
- 200 g de harina Ruchmehl (farina bigia, tipo 1050)
- 100 g de harina de centeno integral
- 380-400 g de agua
- 1 cucharada de malta
- 2 cucharaditas de mezcla de especias para pan (anís, coriandro, alcaravea e hinojo)
- 200 mm de masa madre activa
- tomillo
- 10 g de sal
Según el tiempo que haya pasado desde la última vez que hice pan, refresco la masa madre un par de días antes. Procuro calcular tener los 200 g que necesito con el último refresco antes de hacer la masa, dejando siempre extra para guardar. Mi método descuidado para hacer pan es sencillo y lleno de defectos, pero es el que me vale para mi rutina caótica.
Mezclar las harinas, la malta y las especias, añadir el agua e incorporar bien. Tapar y dejar reposar unos 30 minutos. Añadir la masa madre y trabajar un poco. Tapar y hacer autólisis 30 minutos. Añadir finalmente la sal y amasar un poco.
Continuar amasando de corrido o aplicar amasados y reposos cortos. Se irá haciendo más manejable. Fermentar en bloque unas 4 horas, haciendo un par de pliegues en ese tiempo.
Hacer un último plegado tipo francés antes de llevar a fermentar en frío toda la noche, o preparar para el baneton. Preformar y reposar unos minutos, enharinar un baneton adecuado y dar la forma final a la masa. Llevar al baneton, tapar y refrigerar toda la noche.
Precalentar el horno 250ºC. Volcar el pan con cuidado en una bandeja, hacer cortes para greñar -a mí me salen fatal- y llevar al horno. Con aire y vapor 20 minutos; quitar el vapor y bajar la temperatura a 240-220ºC. Continuar el horneado hasta los 50-55 minutos en total, o según nos guste el nivel de tostado. Enfriar por completo en una rejilla.























