18 agosto, 2019

Tarta de queso a mi estilo con base almendrada (que casi acaba en desastre) para cumpleaños calurosos


Agosto está entrando en su tramo final, o de eso me quiero convencer a mí misma. El caso es que hemos pasado ya el ecuador del gran mes de las vacaciones en España y se me está poniendo el cuerpo en modo "vuelta al cole". Pero todavía nos quedan muchos días de verano.

La primera semana en mi campo de Murcia ha sido asfixiante. Mi hemano pasó unos días con nosotros en Madrid, bien aderezados de calor, y llegamos a nuestra tierra levantina en plena fase de horno asfixiante. Qué maravilla fue poner el pie fuera del tren con las temperaturas en todo su esplendor, en plena hora de la siesta; podías sentir la piel luchando por no derretirse y los pulmones buscando aire fresco en ese ambiente pesado y húmedo. Vale, me gusta dramatizar.



En el campo la cosa no estaba mucho mejor y nos duraría varios días, sin demasiado descanso tampoco por la noche. Al menos la visión de la naturaleza -algo desértica, pero naturaleza al fin y al cabo- lo hacía más llevadero. Lo malo es que el cumpleaños de mi padre coincidió con esta semana infernal y hubo que desechar por completo cualquier plan de hacer barbacoa fuera de casa.

Pero bueno, el calor murciano no nos pilla sorpresa y sabemos adaptarnos, así que comimos a base de tapeo marinero bien a salvo del exterior, y yo preparé un postre para disfrutar fresquito. Ahora que es fácil encontrar queso crema sin lactosa no me lo pienso dos veces, y así puedo hacer una tarta de queso a mi estilo, huyendo de las modas de cheesecakes y tartas medio crudas que se ven tanto hoy en día. Cada uno con sus gustos.



Además no me gusta demasiado la típica base de galletas trituradas con mantequilla. Así que empecé haciendo una especie de pâte sucrée no muy dulce y aumentando la proporción de almendra molida, que me pirra. Claro que el calor se ve que me atonta las neuronas y casi me la cargo.

Estaba yo tan feliz en pleno proceso tartil escuchando música y charlando con mi madre, cuando no se me ocurrió otra cosa que voltear la masa recién horneada en blanco para quitar unos granos de arroz que se habían salido del papel de hornear -utilicé arroz crudo como peso al no tener legumbres secas-. Y claro: desastre. La masa se suicidó rompiéndose en trozos y yo empecé a soltar culebras por la boca, frustada conmigo misma por la inutilidad. Intenté recomponer los pedazos, pero no había manera. Entonces me cabreé tanto que empecé a estrujarla a lo bruto, y casi la tiro a la basura. Pero me di cuenta de que se podía amalgamar...



Así que, echando mano de un poco de nata líquida sin lactosa que tenía abierta, forré el molde de nuevo con la masa desmigada, efectivamente, como si fuera la típica base de galletas. Pero sin serlo. Se humedeció un poco con el horneado del relleno, pero quedó bien rica. En fin, fue un momento de crisis tonto que por suerte terminó bien.

En cuanto al relleno, he adoptado la costumbre alemana de agregar a los rellenos de tartas de queso un sobre de "pudding", que en España sustituyo por el típico de "flanín". No es más que almidón de maíz con algo de azúcar y aroma, pero queda estupendo si se busca una buena consistencia. Se puede omitir y usar solo maizena, añadiendo más vainilla y/o azúcar a la mezcla. Ahora no recuerdo la marca que yo usé, es la única que había en la tienda del pueblo más cercano; sí sé que me dejó un colorcillo rojizo en el relleno. Detalles insignificantes.

Receta de tarta de queso a mi estilo con mase almendrada
Inspiración: las tartas de queso al estilo alemán/suizo
Ingredientes para un molde de unos 22 cm de diámetro

- 80 g de harina
- 75 g de almendra molida
- 1 buena pizca de sal
- 30 g de azúcar
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla
- 80 g de mantequilla sin sal fría y más para el molde
- 1 huevo

- 100 g de azúcar
- 600 g de queso crema atemperado
- ralladura de limón
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla
- 1 pizca de sal
- 3 huevos atemperados
- 1 sobre de pudding de vainilla/flanín/natillas (o 2 cucharadas de maizena)
- 100 ml de nata de cocina
- mermelada/compota de arándanos de calidad (mejor si es casera)

Es recomendable preparar la masa con antelación, mejor la víspera.
Colocar la harina, la almendra, la sal y el azúcar en un cuenco, mezclar con unas varillas y formar un pequeño hueco. Echar la mantequilla cortada en cubos pequeños y la vainilla, y trabajar hasta tener una textura de migas. Agregar el huevo y batir o mezclar lo justo hasta que se pueda amalgamar la masa. Formar un disco, envolver en plástico film y dejar en la nevera como mínimo 1 hora, o toda la noche.

Precalentar el horno a 200ºC y engrasar con mantequilla y harina tamizada un molde redondo, mejor si es de fondo desmontable. Estirar la masa y forrar el molde. Cubrir con papel de hornear, agregar peso -legumbres, arroz...- y hornear en blanco 10-12 minutos. Sacar con cuidado, quitar el papel y dejar enfriar.

Preparar el relleno batiendo el queso con el azúcar, el limón y la vainilla; añadir la sal y los huevos uno a uno, incorporar el sobre o la maizena y la nata, y batir ligeramente hasta tener una textura homogénea sin grumos. Llenar el molde con la masa ya fría y hornear a 180ºC unos 40 minutos, o hasta que esté cuajada al gusto.

Dejar enfriar antes de cubrir con mermelada o compota de arándanos al gusto, y reservar en frío en la nevera antes de servir. Está más rica pasadas unas cuantas horas, pero conviene no degustarla recién salida de la nevera, mejor dejar que se atempere un poco.



01 agosto, 2019

Spätzli o Knöpfli, pasta suiza para celebrar el 1 de agosto

Allá por los inicios del blog (año 2006, casi nada) compartía una primitiva receta de Spätzli, aunque tenía cierta trampa. Las cantidades eran muy vagas porque usé un viejo chisme que heredó mi padre de mis abuelos, el típico aparato con las medidas marcadas para ir añadiendo ingredientes para no tener que medir o pesar nada.



Pero ese aparatejo está en Murcia y yo llevo mucho tiempo con morriña de Spätzli, así que aproveché que mis padres estuvieron por la patria helvética en primavera y les encargué -además de toneladas algo de chocolate- otro chisme más tradicional, que al parecer no es tan fácil de encontrar, si me fío de mi padre. El caso es que por fin he sacado tiempo y excusas para ponerlo a prueba; qué mejor que el día 1 de agosto, la Fiesta Nacional suiza, para traerlos por aquí. Mi tradicional Zopf de cada verano lo reservo para cuando me escape al campo murciano la semana que viene, para compartirlo en familia 😄.

Yo era aún una criaja la última vez que pudimos organizar un viaje a Suiza coincidiendo con el Nationalfeiertag. Hay que admitir que el primer día de agosto no es muy propicio para viajar y tampoco práctico para organizar las vacaciones laborales de mi padre. Así que soy consciente de que tengo recuerdos muy idealizados de aquellas fiestas, cuando todo era una mezcla de magia, diversión y alegría sin preocupaciones a la vista. 



El 1 de agosto acabábamos de llegar y todo era ilusión y nervios, y el país parecía que nos recibía engalanado y listo para pasarlo bien. Siempre suele haber banderitas suizas -del país y de los cantones- en jardines, casas y comercios, pero cuando se acerca la fiesta nacional todo se multiplica. En pleno verano, además, Suiza está preciosa, verde y reluciente, llena de flores de colores y con parques y jardines en todo su esplendor. 

Lo habitual es organizar comidas-cenas al aire libre, en familia o reuniendo amigos y vecinos, y también se hacen muchas comidas comunales en barrios y pueblos. Hay barbacoas -por supuesto-, música, bailes, trajes y juegos tradicionales, y fuegos artificiales para culminar la fiesta. Cada cantón y cada ciudad tiene sus costumbres o festejos propios, pero lo que no falta es la buena comida al aire libre, y es muy típico decorar los platos, panes y dulces con banderitas o cruces que la recrean.




Los Spätzli no son precisamente comida de verano, aunque también admiten recetas más ligeras. Mi padre los relaciona con el otoño y el invierno porque están deliciosos acompañando una salsa o guiso bien contundente, especialmente con carne. Pero también son muy ricos bien pasados por la sartén con mantequilla o aceite, aderezados con especias o hierbas y, eso sí, con mucho queso. Realmente es como la pasta italiana, con poco sabor por sí sola y que admite multitud de acompañamientos.


En Alemania los llaman Spätzle, pero es que en Suiza son muy de meter 'ies' por todas partes. Está la variante Knöpfli, que realmente solo se diferencia en la forma, más pequeñitos y gorditos. Los Spätzli deberían ser más alargados, aunque son tan rústicos que hay muchas variantes y formas de hacerlos. Esta es la primera vez que los hago y me han salido algo mutantes, combinando ambos tipos.

En este vídeo de abajo se ve muy bien la diferencia entre ambos. Además se muestra otra forma de hacerlos, sin el colador este que uso yo, cortándolos a cuchillo desde una tabla de madera. La masa es mucho más viscosa que la pasta italiana y sale un poco a su bola; en el carácter rústico aleatorio está gran parte de su encanto. Si tenéis un colador de agujeros gordos, también valdría.





Receta de Spätzli o Knöpfli, a la suiza
Inspiración: Betty Bossi, la morriña helvética y el 1 de agosto
Ingredientes para 4-6 raciones

- 300 g de harina floja (de repostería o de todo uso)
- 3/4 cucharadita de sal y más para el agua
- 75 ml de leche sin lactosa (o vegetal, o normal y corrtiente)
- 75 ml de agua (quizá un poco más)
- 3 huevos de gallinas felices
- mantequilla suiza o aceite para cocinar
- pimienta negra recién molida
- 1 pizca de nuez moscada
- hierbas al gusto (tomillo, romero, orégano, salvia...)
- abundante queso para rallar (el gruyére o emmental suizo van genial, parmesano o grana padano también)

Mezclar en un recipiente la harina con la sal y formar un hueco. En otro cuenco, romper los huevos y batir ligeramente. Echarlos en el hueco de la harina y agregar los líquidos. Empezar a mezclar y amasar con una cuchara grande o una espátula hasta tener una masa húmeda y pegajosa. Si estuviera demasiado dura, añadir un poco de agua. Tiene que quedar elástica. Tapar y dejar reposar 30 minutos.

Poner a hervir abundante agua con sal en una olla o cazuela ancha. Tener listo un recipiente grande frío al lado, o un colador, y una espumadera. Cuando el agua esté hierviendo, pero tampoco a lo loco, empezar a echar la masa usando el colador o extendiendo porciones en una tabla de madera y cortando tiras finas. 

La masa debe ir cayendo en porciones pequeñas en el agua. Se cuecen en 1-2 minutos, cuando flotan ya están listos. Ir sacándolos con la espumadera al colador o recipiente frío. Continuar hasta terminar con toda la masa.

Saltear los Spätzli en una sartén grande con mantequilla derretida o aceite, añadiendo pimienta negra, especias y hierbas al gusto. Si no se van a servir con salsas, conviene que se doren y cojan buen color. Agregar queso recién rallado, mezclar y saltear un poco más, y servir con más queso. También se pueden gratinar en el horno con, efectivamente, mucho queso.





¡Feliz 1 de agosto! Tenéis permiso para celebrarlo con chocolate suizo ;).



28 julio, 2019

Bizcochón de espelta integral y aceite de oliva para desayunos en familia (y calmar cabreos)


Julio se me ha hecho muy cuesta arriba por un montón de motivos que no voy a contar para no aburrir a nadie -y porque quiero pasar página de una vez-, aunque aclaro que no ha sido negativo, solo agotador. Y, por supuesto, el calor no lo ha hecho más fácil. Pero ayer tuvimos fresquito y además he seguido horneando a pesar de todo, así que la receta del mes es un señor bizcochón integral perfecto para desayunos compartidos y sin prisas. Que yo espero poder disfrutarlos en agosto en cuanto vaya a Murcia.

El otro día, cuando aún estábamos en plena olaza de calor que casi derrite a media Europa, me sentí como un dibujo animado. Noté cómo poco a poco me iba calentando, figurada y literalmente; casi podía ver humo salirme de las orejas.. Porque la incompetencia ajena, la falta de profesionalidad y seriedad, y la poca vergüenza que tienen algunos por tomar por idiota a la gente, saca lo peor de mí.


Era un ejemplo más de cómo una nota de prensa se convertía en titulares clickbait, vendiendo la moto al lector en busca de visitas a pesar de no ofrecer ningún contenido interesante. O de, directamente, inventarse la "no-noticia". Interpretando como les daba la gana la información, sin molestarse en comprobar lo que afirmaban como cierto -yo tardé 5 minutos- y copiándose unos a otros como loros. Pues a mí estas cosas me indignan, porque yo cuando publico algo intento que sea mínimamente interesante, o al menos sin inventarme lo que me da la gana solo por captar la atención. Y también me ofende como lectora, no me gusta que me tomen por idiota, sinceramente.

Por desgracia es solo un ejemplo más de cómo está el panorama periodístico o de medios en general o en día, que no lo tiene nada fácil para destacar y sobrevivir. Hay que ofrecer contenidos nuevos cada hora, llamativos, que destaquen, con titulares que lleven al clic, sin importar ya tanto lo que se cuenta, o si se plagia inspira en la competencia. Y qué más da si en el mundo están ocurriendo tragedias de verdad que merecen muchísima más atención, pero que parece que no interesan tanto.



En fin, aunque aún hay medios que merecen la pena, cada vez leo menos noticias, mucho menos nacionales. Porque el mundo en general tampoco incita mucho a seguirle la pista. Y claro, luego se me ocurre echar un vistazo a ver qué está pasando, y se me quitan las ganas de saber nada. Paso pánico con series de ¿ficción? como 'Years and Years', pero es que la realidad cada vez se aleja menos.

Hagamos bizcochos mientras todavía nos dejen, sobre todo si tenemos cerca a familiares o amigos para compartirlos. Y si el simple aroma que inunda la cocina al salir del horno te traslada a esa infancia feliz e inocente, cuando los veranos eran interminables y estaban llenos de juegos, dibujos matinales, comics, risas en la piscina, partidas a la consola con los primos, merendolas, paseos en bicicleta y escapadas a la playa, mucho mejor.



Receta de bizcochón de espelta integral y aceite de oliva
Inspiración: recuerdos de verano, visitas familiares y este bizcocho
Ingredientes para 1 bizcocho grande

- 2 huevos L
- 120 g de panela o azúcar moreno
- ralladura de 1 naranja pequeña o limón (o mezcla)
- 1 cucharadita de canela molida
- 1/2 cucharadita de sal
- 180 ml de aceite de oliva virgen extra (cornicabra en mi caso)
- 320 ml de leche sin lactosa o alternativa vegetal
- 360 g de harina de espelta integral
- 20 g de levadura química

Precalentar el horno a 180º C y engrasar o forrar con papel sulfurizado un molde rectangular grande de tipo plumcake, o redondo desmontable, de al menos 22 cm de diámetro.

Batir en un recipiente grande los huevos con la panela y la ralladura, mejor si usamos batidora de varillas, durante unos 4-5 minutos. Añadir el aceite y la leche y batir un poco más para incorporar.

Aparte mezclar con unas varillas finas la harina con la levadura, la canela y la sal, para romper los grumos grandes. Echar en la primera preparación y batir a velocidad muy baja, poco a poco, hasta tener una masa homogénea sin grumos secos.

Llenar el molde con cuidado y hornear a media altura durante unos 45-55 minutos, girando el molde pasada la primera media hora para que se hornee de forma más homogénea. Comprobar el punto pinchando con un palillo y dejar enfriar un poco fuera del horno antes de desmoldar.

Enfriar por completo sobre una rejilla y servir tal cual o con azúcar glasé por encima. También estaría muy bueno con una cobertura de nueces picadas o almendras, añadidas antes de hornear, con una costra de azúcar y canela -para los más golosos- o con un glaseado simple de limón.
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