30 diciembre, 2018

Porque nunca hay suficientes recetas de Lebkuchen: nueva versión mini con chocolate para despedir el año

Los más viejos del lugar quizá recordéis mi aventura personal con los caminos insondables de Lebkuchen. Un término que se traduce por pan de especias pero que, realmente, es muy complicado de traducir. Básicamente porque existen millones de versiones distintas, no solo en los países germanos. Las galletas gingerbread men son una variante, también la casita típica de Navidad, o figuras para regalar, o el pain d'épice francés, o el ontbijtkoek holandés... en Suiza también hay variantes, además del propio Lebkuchen más genérico. Mi adorado Basler Läckerli, o el Luzerner Lebkuchen, o el Appenzeller Biberli relleno de mazapán... ¡Para volverse locos!



Locos de subidón de azúcar, claro, porque yo necesito probar todas las variantes que existen. Es mi debilidad. Ya he horneado muchas recetas distintas y sigo acumulando en el tintero unas cuantas pendientes de experimentar, y eso que aún no me he animado con la versión más mundialmente cononocida: el Nürnberger Lebkuchen, también llamado el Elisenlebkuchen. En realidad hay diferentes variaciones también de este -algo lógico, como ocurre con tantas recetas centenarias-; pero se distingue por la base de oblea, la forma redondeada planita, la cantidad de frutos secos y un opcional glaseado, que puede ser de azúcar o chocolate. Algunos llevan también mazapán, otros miel, otros solo azúcar.



En fin, que me pierdo otra vez en el universo del Lebkuchen y me temo que no viviré lo suficiente para probar todas las posibles recetas que existen. Sobre todo porque me empeño en modificarlas a mi gusto, claro. Este año quería usar POR FIN los paquetitos de obleas que me traje de Suiza la última vez, así que me lancé con esta receta algo más "rústica" para traer desde Madrid. He reducido el azúcar y aún así quedan dulzones, pero sin empalagar gracias a los demás ingredientes. Y he prescindido de glaseados, ni falta que le hace.

Me han gustado mucho, y a mi familia también les han encantado. Salen muchísimas unidades de tamaño mini -cuidado, "mini" considerando que el Lebkuchen original puede medir hasta 10 cm de diámetro-, y aguantan perfectamente hasta tres o cuatro semanas, bien guardados. El secreto está en la combinación de especias, frutos secos y frutas confitadas, que con el toque de chocolate negro nos regalan una masa crujiente por fuera, tierna por dentro, tremendamente aromática.



Receta de mini Lebkuchen rústico con chocolate
Inspiración: receta adaptada de Bald ist Weihnachten
Ingredientes para MUCHAS unidades de unos 4 cm de diámetro

- 4 huevos de gallinas felices
- 300 g de azúcar moreno
- 250 g de avellana molida
- 250 g de almendra molida
- 50 g de chocolate muy negro picado fino
- 1/2 cucharadita de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 1 y 1/2 cucharadas de mezcla de especias para pan de especias
- ralladura de 1/2 limón
- 120 g de naranja confitada picada
- obleas redondas para hornear de tamaño mini

Precalentar el horno a 160ºC y preparar bandejas con papel sulfurizado o lámina antiadherente apropiada. Disponer las obleas para ir montando las galletas cuando tengamos la masa. Picar el chocolate y la naranja confitada en piezas pequeñitas.

Batir los huevos con el azúcar usando una batidora de varillas hasta tener una masa esponjosa, durante unos 3-5 minutos. Agregar los frutos secos molidos y el chocolate, mezclando un poco. Incorporar todos los demás ingredientes y mezclar con movimientos suaves, hasta tener una masa homogénea.

Repartir en porciones con una cucharilla sobre las obleas, sin llegar a los bordes. Lo más fácil es ir depositando la misma cantidad aproximada de masa con la cucharita, y luego darles forma con las manos humedecidas para aplanarlos. No tienen que quedar perfectos.

Hornear durante unos 20 minutos, aproximadamente. Deben coger algo de colorcito, pero sin tostarse mucho. Se endurecerán al enfriar. Dejar sobre una rejilla para que se enfríen completamente antes de guardar en un recipiente hermético.

Se les puede dar un glaseado de azúcar glasé ligero o un baño de chocolate negro o con leche, pero así ya están muy ricos y se conservan mucho mejor. Están más buenos con el paso de los días, y ya digo que aguantan en un recipiente hermético, en un lugar fresco, durante muchos, muchos, muchos días.



Bueno, mañana ya es Nochevieja y apenas he contado nada de mi Navidad, que siempre es tan especial para mí. Si enero no llega a lo loco intentaré dar la brasa un año más haciendo algo de balance personal, más que nada para poner en orden mis ideas.

Solo adelanto que volveré mañana a correr la San Silvestre -¡por supuesto!-, y que lo haré además acompañada con una amiga del instituto. Luego pasaremos, por primera vez, la noche en el campo, huyendo de la macrofiesta-discoteca que han montado en la plaza de toros. Ya veremos qué tal se nos da la celebración allí 😄.

¡Disfrutad mucho del fin de año!
20 diciembre, 2018

Pan de especias, frutas y té : receta de Navidad para reconfortar las mañanas y tardes más frías


Poco misterio tiene la receta de Navidad de hoy: muchas frutas secas, especias, algo de licor y té, ingredientes básicos para las fiestas y que podremos seguir disfrutando todo el invierno, pues es un "pan" que se aprecia mucho mejor en los días más fríos. Así que guardad la receta para cuando hayamos pasado la resaca de las Pascuas.

He conseguido esquivar la huelga de Renfe y ya he vuelto a casa por Navidad, como el turrón -ese que para mucho volvió hace semanas, pero bueno-; aunque aún no tengo mucho espíritu de fiestas. La casa está todavía sin decorar por circunstancias que no vienen al caso, mi hermano está fuera y, ay, es la primera vez en muchos años que no me esperaba mi gato.



Sus pelos siguen en mi ropa del armario, pero él ya no está. Con el follón de estos días no me había parado a pensar en su ausencia, ni esperaba que volviera a golpearme con esta fuerza. Esta situación es nueva para mí, yo no estaba aquí cuando nos dejó y seguía con el recuerdo de asociar la casa de mis padres con nuestro gato. Van a ser unas navidades extrañas, pero, aunque no me guste la expresión, la vida es así. Querer congelar el tiempo es absurdo, y precisamente por eso deberíamos saber apreciar mucho más cada instante que tenemos.

Cuando eres niño no te das cuenta y tienes la sensación de que todas las navidades son iguales, porque así es como son. Esas tradiciones que se nos marcan como ley de vida, hasta que un día somos conscientes del paso del tiempo y de que todo cambia. Peor aún: todo cambia y lo hace cada vez más rápido. Los abuelos son los que normalmente se van primero, y ya no "toca" ir a comer a su casa por Navidad. Los primos se hacen mayores con sus propias vidas y de pronto hace meses que no los ves. Familiares que se separan, amigos que se van lejos. También hay cambios que no tienen por qué ser malos, pero a veces el propio cambio lo percibimos como algo negativo. Y solo es natural.



Asumir todo esto a mí me cuesta mucho, soy una persona profundamente nostálgica y caigo en la melancolía demasiado a menudo, pero he aprendido a apreciar también esos sentimientos. Más triste sería no sentir nada y pasar por esta vida como si todo te resbalase. Pero claro, llegan las fiestas y me obsesiono con querer hacer TODO, cocinar todas nuestras galletas y dulces favoritos, probar recetas nuevas, preparar un montón de regalos maravillosos, currarme detalles caseros muy bien envueltos, planificar menús chulos, quedar con mil personas, ver cientos de películas, visitar museos, hacer excursiones, leer libros, hacer ruta de belenes; pero no llego a tiempo a casi nada y me torturo a mí misma.



Encontrarme ayer con mi padre, estresadísimo porque se va a jubilar y se le han juntado mil cosas en esta recta final del año, a punto de estallar porque las obligaciones no le dejan dedicar el tiempo que le gustaría a su familia, me devolvió los pies al suelo. Basta de agobios estúpidos. Obligaciones, las justas, torturarse con tontunas, ni hablar.

Y como una magnífica terapia para ahuyentar el estrés y recuperar la cordura -además del espíritu navideño- es hornear, en cuanto termine con mis obligaciones del día me iré a la cocina. Mi madre probó y se maravillo con los aguardentaos cuando estuvo en Madrid el mes pasado, así que los voy a repetir para toda la familia. Vosotros podéis animaros con ellos también -¡facilísimos y deliciosos!-, o con esta receta de pan/bizcocho de frutas. También lo horneé para ella, y también le encantó. Te reconcilia con el mundo.



Receta de pan de especias, frutas y té
Inspiración: las miles de recetas similares que han inundado las redes estas semanas
Ingredientes para 1 molde tipo plum cake de 20-22 cm

- 225 g de mezcla de frutas secas (dátiles medjool,ciruelas pasas, pasas de corinto, naranja confitada, orejones, fresas, arándanos rojos, mango...)
- 100 g de azúcar moreno oscuro
- 225 ml de té negro o al gusto, fuerte
- 1 buen chorro de ron, oporto o brandy
- ralladura de limón
- 1 huevo batido grande de gallinas felices
- 150 g de harina de repostería
- 50 g de harina de centeno integral
- 50 g de harina de avena
- 2 cucharaditas de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 1/2 cucharadita de canela molida
- 1 cucharadita de mezcla de especias (canela, cardamomo, nuez moscada, jengibre)
- almendras para decorar

Picar a cuchillo y a lo bruto (pero con cuidado) las frutas, dejando trozos irregulares, siempre sin huesos y sin semillas. Disponerlas en un recipiente adecuado y mezclar con el azúcar moreno y la ralladura de limón. Preparar el té bien cargado y cubrir las frutas, añadiendo el chorro de licor, mezclando muy bien. Cuando se enfríe, tapar y dejar reposar toda la noche.

Al día siguiente, precalentar el horno a 160ºC y preparar un molde rectangular. Si lo usamos más pequeño, el pan quedará más alto, y viceversa. Mezclar en un recipiente las harinas con la levadura, la sal y las especias, y formar un pequeño hueco. Echar el huevo, batir ligeramente y añadir las frutas, que habrán absorbido prácticamente todo el líquido. Escurrir lo que sobre, si fuera el caso.

Combinar todos los ingredientes con suavidad, lo justo hasta tener una masa homogénea sin grumos secos. Llenar el molde y cubrir con almendras crudas al gusto, presionando un poco. También podemos espolvorear con más azúcar moreno, si estamos generosos.

Hornear durante unos 60-70 minutos, o quizá algo menos, depende del molde y del horno. Comprobar que el interior está listo pinchando con un palillo; debe salir con algunas miguitas o manchas, pero no con masa cruda. Esperar unos minutos antes de desmoldar y dejar enfriar por completo sobre una rejilla.



Esta tarde ¡por fin! ponemos el árbol :).
13 diciembre, 2018

Muffins integrales de puré de manzana y melaza con avena (desayunos con aromas navideños)


Mi casa hace semanas que huele a Navidad pero vuelvo a tener el problema de cada año: me saturo con todo lo que me gustaría hacer y sufro un bloqueo general del sistema. Ayer tenía la intención de adelantar la masa de mis galletas de jengibre habituales, y ya de paso aprovechar para hornear algo más. Pues estuve como una hora repasando libros, pines, enlaces y notas de recetas "para hacer".

Creo que por mi salud mental debería centrarme en mis dulces navideños favoritos habituales y dejar los experimentos para épocas menos estresantes. Aunque siempre hay sitio para unos sencillos muffins integrales de manzana especiados; es tan terapéutico prepararlos como devorarlos.



Cuando empecé a ver películas de cine clásico me hacía gracia eso de que los matrimonios durmieran en camas separadas. Yo era una niña que realmente no era consciente de que estaba viendo "historia", para mí solo eran películas, pero poco a poco aprendí a ver las cosas en su contexto. Recuerdo con mucho cariño 'Los perros de mi mujer', una película ñoña familiar de Disney pero llena de perros y gags simplones que funcionan en su falta de pretensiones. Mi madre siempre comentaba que eso de dormir en camas separadas tenía que ser maravilloso, sin nadie moviéndose sin parar, robándote la sábana o arrinconándote en el borde. Bromeaba, claro, pero a veces la entiendo.

Dormir en pareja es muy bonito, es pura intimidad cotidiana y siempre reconforta levantarse con alguien que quieres al lado durmiendo plácidamente -y un gato-. Peeero también pone a prueba un poco el amor en ciertas ocasiones.



Y no hablo solo de ronquidos -por el momento la cosa no es grave en esta casa-; el elfo, con sus casi dos metros, provoca un terremoto en la cama cuando se mueve, tiende a ponerse en diagonal -y yo tengo fobia a que me toquen con los pies- y encima habla en sueños. Me pega unos sustos tremendos, porque suelta largas frases completas a voz en grito y yo no tengo muy buen despertar. Y los sonámbulos me dan respeto, para qué engañarnos. Espero que no le dé por levantarse y ponerse a andar, como al parece hacía de niño.

Lo que no entiendo es lo friolero que puede llegar a ser. Con su pijama de invierno (¡y camiseta interior!) duerme bien tapadito y dice que pasa frío. ¡Y yo me levanto sudando! He empezado a dormir como mi padre, solo con una camiseta de tirantes, porque me achicharro debajo del nórdico. No sé si me están activando los genes suizos, o es que la cama nueva crea un microclima a prueba de inviernos suecos, pero empiezo a estar harta. Con lo agustico que se duerme en un pijama largo, calentito, tapándote hasta la nariz... Pues nada. En fin, al menos es bonito ver que él si duerme a pierna suelta.



Receta de muffins integrales de puré de manzana y melaza
Inspiración: la necesidad de dar salida a sobras de puré de manzana y ¡Navidad!
Ingredientes para unos 12 muffins

- 2 huevos de gallinas felices
- 300 g de puré de manzana o compota natural
- 1/2 cucharadita de vainilla
- 80 ml de aceite de girasol
- 70 g de queso fresco batido o yogur natural
- 60 ml de leche de soja o equivalente
- 40 g de melaza (miel de caña)
- 80 g de copos de avena finos
- 80 g de harina de avena
- 25 g de almendra molida
- 65 g de harina de espelta integral (o trigo)
- 1 cucharada colmada de panela o azúcar moreno (opcional)
- 1 cucharadita de bicarbonato sódico
- 1 cucharadita de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 2 y 1/2 cucharaditas de mezcla de especias (canela, jengibre, anís estrellado, clavo, nuez moscada, cardamomo, cilantro molido, pimienta de Jamaica...)
- pistachos o frutos secos para decorar (opcional)

Atemperar fuera de la nevera los huevos, el queso o yogur y la leche. Precalentar el horno a 180ºC y preparar una bandeja con 12 moldes de muffin. Yo preferí hacerlos de tamaño medio y aprovechar para hornear también unos cuantos en formato mini.

Batir con unas varillas los huevos con el puré de manzana, la vainilla, el aceite, el queso o yogur, la leche y la melaza, hasta tener una mezcla homogénea y ligeramente esponjosa.

Aparte combinar con unas varillas limpias todos los demás ingredientes. Formar un hueco central y agregar la mezcla húmeda poco a poco, mezclando suavemente. Combinar todo sin sobremezclar, hasta que no haya grumos secos.

Repartir en los moldes sin llenarlos hasta arriba y decorar con frutos secos al gusto. Hornear durante unos 18-22 minutos, o hasta que se hayan dorado y al pincharlos con un palillo salga limpio. Si son minis, tardarán menos. Esperar un poco fuera del horno antes de desmoldar y dejar enfriar en una rejilla.

Aguantan bien un par de días en un recipiente hermético, en una cocina fresca. Saben mejor pasadas unas horas, cuando se han asentado los sabores de las especias. Yo suelo congelar la mitad porque solo somos dos en casa y tampoco es plan de desayunar o merendar muffins a diario. Si no sois alérgicos a los "tropezones", os recomiendo añadir a la masa unas nueces picadas, arándanos rojos o trocitos de manzana fresca o deshidratada.



PD. ¡Feliz Santa Lucía! ¿Queda alguien por probar los Lussekatter?
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