Primera publicación de 2026. No tengo vergüenza ninguna. En 2025 solo publiqué una receta, y aún tendré que dar gracias a que saqué ganas de hacerlo. Y eso que saqué fotos de otras elaboraciones que tenía pensado y requetepensado publicar, pero ahí se han quedado, en el limbo digital. Espero recuperarlas, pero ya no me engaño a mí misma y menos a quien aún me lea por aquí.
No tengo muchas ganas ni ánimos de reflexionar sobre cómo está el mundo ahora mismo, porque menudo añito hemos tenido, y menuda manera de empezar 2026. Me quedo con que he pasado unas navidades estupendas con la familia en Murcia, que también tenía ganas de volver a Madrid con el elfo, mi gato y mi gente de aquí, y que, a grandes rasgos, no nos podemos quejar.
Vuelvo a tener ganas de cocinar cosas nuevas y probar recetas, y de hacer dulces en casa sin pensar en si no son sanos ni en hacerlos por obligación o para publicarlos en algún sitio. Solo porque me apetece y ya está. Y he recordado
y la repostería y por qué empecé en este mundillo hace ya demasiados años. Compartir los resultados es una parte importante de por qué me gusta tanto —hacer feliz a la gente que quieres con algo que has cocinado es maravilloso—, y ahora también he recuperado la ilusión por compartirlo en redes. No tanto en Instagram, que cada vez está peor, y mucho menos en ese pozo infecto de X, sino con la gente maja que hay en Bluesky; también hay palurdos por allí, faltaría más, pero a esos no les dedico más de dos segundos de mi atención. Y me pidieron por favor la receta de estas deliciosísimas galletas, así que me dieron el empujoncito que necesitaba para volver a quitar las telarañas del blog.
Los palets bretons son una de las mejores galletas del mundo porque son pura simplicidad: unas señoras galletas de mantequilla francesa. Típicas de la Bretaña francesa, lo suyo es hacerlas con la mejor mantequilla posible, aunque con una decente del súper ya quedan fabulosas. Deben ser gordotas y ligeramente doradas, sin dejar que se torren demasiado; quedan más crujientes y firmes que el shortbread escocés, pero más suaves que las galletas danesas. No sé cuáles me gustan más.
La receta es de la newsletter Life's a Feast de Jamie Schler, muuuy recomendable, y ya la he repetido más de una vez. Son súper fáciles de hacer, y con el truco de usar un molde rígido de muffins/magdalenas, salen perfectas y no te tienes que complicar para darles forma. Schler dice que con unos de silicona también quedarían bien, o podrían usarse aros metálicos aptos para el horno. Me tienta la versión de chocolate pero es que la mantequilla con su toque de vainilla ya es pura perfección galletil.
Inspiración: receta de Jamie Schler
Ingredientes para unas 12-18 galletas (depende del tamaño y grosor)
- 2 yemas de huevo grandes
- 80 g de azúcar
- 80 g de mantequilla con sal (de la mejor calidad posible) atemperada
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla de buena calidad
- 150 g de harina de repostería (de todo uso)
- 1 cucharadita de levadura química (impulsor)
Disponer las yemas con el azúcar en un cuenco hondo y batir con batidora de varillas hasta que el azúcar se haya disuelto e integrado bien con las yemas, creando una masa algo esponjosa. Habrá que parar de vez en cuando para rascar las paredes y aglutinar la mezcla de nuevo. Se tardará al menos dos o tres minutos.
Añadir la mantequilla troceada en varias tandas, batiendo cada vez para ir integrándola. Echar también la vainilla y seguir batiendo hasta tener una mezcla homogénea suave y cremosa. Tamizar aparte la harina con la levadura o mezclar bien con unas varillas y la sal, e ir echando la mezcla a la masa en varias tandas, batiendo a velocidad baja cada vez.
Una vez esté todo integrado, aglutinar con las manos. Debe quedar una masa húmeda pero no pegajosa, maleable y suave, que no se desmigaje. Se puede corregir la textura con un poco de harina o de agua o leche fría si diera problemas. Formar un cilindro compacto de unos 20-25 cm de largo, según el tamaño y número de galletas que se quieran obtener. Envolver bien en film y refrigerar 30-45 minutos.
Precalentar el horno a 170ºC sin aire, con calor arriba y abajo, y preparar unos moldes de muffins o magdalenas, mejor si es una bandeja metálica antiadherente, o usar moldes firmes desechables engrasados. El diámetro ideal es de unos 5 cm; mi bandeja de muffins no es necesario engrasarla para esta masa.
Cortar discos de 1 cm de grosor; no importa mucho si no quedan redondos porque la idea es que la masa se expanda en el horno y cojan la forma del molde, pero deben ser del grosor lo más parecido posible, para que se hagan al mismo tiempo. Queremos galletas gorditas.
Poner cada unidad en una cavidad de los moldes y hornear hasta que estén doradas, solo empezando a oscurecerse por los bordes. El tiempo depende mucho del horno, molde y tamaño; entre 10 y 20 minutos. Esperar un poco fuera del horno y desmoldar usando una rejilla, poniendo los moldes boca abajo sobre ella y dando unos golpes secos.
Guardadas en una caja metálica o recipiente hermético, en un lugar fresco y seco, aguantan bien varios días ahora que no hace calor. Lo difícil es que no sean devoradas misteriosamente antes.





















