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25 febrero, 2020

En Carnaval, dulces de sartén: receta de Krapfen o berlinesas con mermelada


Escribo esto con la imprescindible melodía del gran Professor Longhair en la cabeza: ¡es Mardi Gras! Algún día podré vivirlo en vivo y directo, o al menos podré visitar Luisiana y Nueva Orleans, cuya historia y cultura me fascinan, más aún desde que disfruté y sufrí con la serie Treme. Su cocina es completamente única y, para qué engañarnos, no del todo ligera.

Pero vuelvo a Europa, porque también me muero de ganas de vivir los carnavales suizos en algún momento de mi vida. Son también muy especiales y me generan una extraña nostalgia, como si ya los hubiera experimentado alguna vez. Será por las historias que me han contado mis padres, las fotos que conservan de entonces y mis indagaciones al respecto por una parte de mi cultura heredada que no he vivido, pero que me atrae poderosamente.

Quizá es la magia del carnaval, la fiesta cristiana más pagana de todas, que imagino solo logró sobrevivir a la severidad de la Iglesia (católica, protestante, o la que se pusiera por delante) porque anticipa la Cuaresma.



"Que bailen, beban, coman y rían todo lo que quieran, a partir de mañana, semanas de ayuno y abstinencia". Sé que todavía hay quien respeta, más o menos, la norma cuaresmal, pero poco tiene que ver con la rigidez de antaño. Claro que para entregarnos al goce sin medida sí que respetamos bien las tradiciones, y los carnavales desatan uno de los capítulos más calóricos y disfrutables de nuestros recetarios tradicionales.



Mantengo mi regla de solo preparar dulces fritos en estas fechas, y no me he podido resistir este año. Lo necesitaba, por extraño que parezca, ya que me producen pereza infinita, y encima tenemos roto el extractor. Algún día me acordaré de llamar para que lo arreglen. Más pereza.

Pero los delicosos Faschingskrapfen lo merecen. La última vez que comí uno fue en Viena, hace casi dos años, en aquel viaje con mis padres y el elfo, cuando pude saciar mi capricho. Estos bollitos fritos son una de tantas variantes que hay por el mundo: Berliner Pfannkuchen o berlinesas, bomboloni, Kreppel, bola de Fraile, bola de Berlim... Básicamente son un dónut sin agujero, que en Austria y gran parte de Alemania y Suiza se rellenan con mermelada, y se cubren con azúcar glasé.



He probado dos variantes a la hora de formar las porciones: haciendo bolitas y estirando la masa para recortar círculos, como si fueran muffins ingleses. Me quedo sin duda con la segunda opción, ya que así adquieren el aspecto tan característico de esos bollos, algo aplastados, con su línea más blanquita en medio. Podéis usar cualquier cortador redondo o un aro de emplatar, aunque recomiendo hacerlos pequeños para manerjarlos mejor -y comer más-.



Receta de Krapfen o berlinesas de Carnaval
Inspiración: los carnavales suizos, Treme, recuerdos de Viena y esta receta
Ingredientes para unas 15-20 unidades, según tamaño

- 180 g de leche o bebida vegetal (usé soja)
- 40 g de mantequilla
- 3 yemas de huevo a temperatura ambiente
- 370 g de harina de fuerza (usé zamorana)
- 1 sobre de azúcar vainillado
- 20 g de azúcar
- 1 buena pizca de sal
- 4 g de levadura seca de panadería o 10-15 g fresca
- Aceite abundante para freír, de girasol o de oliva (yo usé virgen extra porque tengo muchísimo y me va de perlas)
- Mermelada para rellenar (de albaricoque, a ser posible)
- Azúcar glasé

Trocear la mantequilla y poner a calentar en un cazo con la leche, a fuego suave, hasta que se derrita. Dejar enfriar ligeramente.

Combinar en un recipiente la harina con los azúcares, la sal y la levadura. Formar un volcán y echar las yemas batidas ligeramente, y la mezcla de leche y mantequilla.

Trabajar todo hasta tener una masa homogénea y amasar unos 20 minutos hasta que quede lisa y elástica. Yo usé una amasadora porque me era más cómodo estar a otras cosas, pero no es una masa difícil de manejar.

Formar una bola, engrasar un recipiente con mantequilla o aceite, colocar la masa dentro dándole unas vueltas, tapar y dejar que doble su tamaño. Preparar dos bandejas grandes con papel antiadherente o engrasándolas.

Deshinchar y volver a amasar un poco. Estirar muy bien con un rodillo, dejando un grosor de 0,5 cm como máximo. Recortar porciones con un cortador redondo e ir colocándolas en las bandejas, algo separadas. Repetir hasta terminar con la masa y taparlas con un paño limpio. Dejar que crezcan hasta 3/4 de su tamaño.

Calentar un cazo o sartén profunda con abundante aceite, procurando que alcance los 170ºC-175ºC. No debe humear ni pasarse de temperatura, o podrían quemarse por fuera y quedarse crudas por dentro. Preparar una fuente con papel absorbente y una espumadera.

Freír en tandas de unas tres o cuatro unidades, dándoles la vuelta cuando estén doradas por cada cara. Retirar con la espumadera e ir depositando sobre el papel. Continuar hasta terminar con todas.

Unas vez frías, rellenar con mermelada usando una manga pastelera de boquilla pequeña. o con una jeringuilla. Espolvorear con una capa generosa de azúcar glasé, y a disfrutar.

Nota. Esta vez no me he molestado en dividir cantidades así que el elfo y yo hemos desayunado y merendado de maravilla en los últimos días. Si se guardan en un recipiente hermético cubierto de papel de cocina aguantan bien varios días en la nevera, aunque el azúcar glasé se derretirá: entonces quedarán como glaseados con almíbar. Calentarlas 30 segundos en microondas a potencia mínima y comer inmediatamente.



Daos un capricho carnavalero hoy, aunque no sea tradición en vuestra tierra; hay costumbres que merecen ser respetadas. Del Miércoles de Ceniza, ya hablaremos en otra ocasión.
02 febrero, 2020

Galettes de trigo sarraceno (o crêpes sin gluten aprovechando La Candelaria)

¡He vuelto!

Bueno, en realidad nunca me fui realmente, pero 2020 se ha estrenado con un mes de enero tan pesado como veloz, si es que eso tiene algún sentido. Ya sabéis, el tiempo es relativo, y llega una edad en la que parece que se estira y se estira como un chicle, y cuando te das cuenta ha volado.


Ya no tiene sentido repasar nada de las navidades, porque en realidad tampoco tengo mucho que destacar; y eso es bueno. Solo diré que me traje de Murcia algún dulce para superar la morriña, y que guardo como oro en paño la última torta de Pascua. Ardo en deseos de devorarla pero al mismo tiempo me da pena que se termine. Y ya veis qué tontería, si tanto me gusta, ¿por qué no hago más? ¡No! Son exclusivamente navideñas. El multiverso implosionaría si horneara tortas fuera de su época.

La excusa para volver y estrenar -ejem- el año en el blog es que hoy se celebra La Candelaria. Y como no puedo hacerlo a la murciana, en mi barrio de Santa Eulalia, pues me paso al país vecino con La Chandeleur. A estas alturas ya sabréis que allí es típico preparar y comer crêpes, con su ritual para que aporte suerte, así que me ahorraré más explicaciones.

Tenía ganas de hacer una de las versiones más humildes de esta masa plana, conocidas normalmente como galettes. Solo con harina de trigo sarraceno (alforfón), huevo, agua y mantequilla, que en mi caso he usado el famoso sustituto sin lactosa, pero simplemente porque tenía una tarrina abierta. Sí son naturalmente sin gluten, por lo que la masa es más quebradiza y tienen una textura más rústica, pero eso es lo que más me gusta.


Se supone que deben quedar más finitas pero a mí me gustan un poco más gruesas, supongo que inconscientemente busco la forma que le da mi padre a las Omeletten suizas. Preparadlas como prefiráis; es una masa versátil para rellenar con dulce o salado. Doy fe de que están muy ricas con pisto y queso, tal y como probé hace unos años en Toulouse, un tórrido día de agosto.

Receta de galettes de trigo sarraceno
Inspiración: La Candelaria y esta receta
Ingredientes para unas 5-8 unidades

- 15 g de mantequilla derretida (y un poco más para cocinar)
- 125 g de harina de trigo sarraceno (alforfón)
- 1 huevo L
- 250 ml de agua
- 1 pizquita de sal

Derretir la mantequilla y dejar que se atempere un poco para que no esté muy caliente.

Mezclar ligeramente en un cuenco la harina con el huevo, añadir la mantequilla, remover y echar el agua y la sal. Mezclar bien con las varillas hasta que no haya grumos secos.

Tapar y dejar reposar 20-30 minutos, en la nevera si hiciera calor o pasara más tiempo.

Calentar una buena sartén de unos 20-22 cm de diámetro, engrasar ligeramente con mantequilla y cocinar las crêpes repartiendo la masa bien por toda la superficie.

Yo echo la masa usando una jarra, vertiendo las porciones directamente en el centro y girando la sartén con la mano, levantándola antes de dejar que cuajen.

Dar la vuelta cuando se despeguen los bordes, dorar un poco por el otro lado, retirar a una fuente y mantener tapados con plástico film mientras se termina con la masa.



¡Feliz Candelaria! Cualquier excusa es buena para preparar crêpes, filloas, frixuelos, crepas, galettes  Omeletten un domingo.
30 diciembre, 2018

Porque nunca hay suficientes recetas de Lebkuchen: nueva versión mini con chocolate para despedir el año

Los más viejos del lugar quizá recordéis mi aventura personal con los caminos insondables de Lebkuchen. Un término que se traduce por pan de especias pero que, realmente, es muy complicado de traducir. Básicamente porque existen millones de versiones distintas, no solo en los países germanos. Las galletas gingerbread men son una variante, también la casita típica de Navidad, o figuras para regalar, o el pain d'épice francés, o el ontbijtkoek holandés... en Suiza también hay variantes, además del propio Lebkuchen más genérico. Mi adorado Basler Läckerli, o el Luzerner Lebkuchen, o el Appenzeller Biberli relleno de mazapán... ¡Para volverse locos!



Locos de subidón de azúcar, claro, porque yo necesito probar todas las variantes que existen. Es mi debilidad. Ya he horneado muchas recetas distintas y sigo acumulando en el tintero unas cuantas pendientes de experimentar, y eso que aún no me he animado con la versión más mundialmente cononocida: el Nürnberger Lebkuchen, también llamado el Elisenlebkuchen. En realidad hay diferentes variaciones también de este -algo lógico, como ocurre con tantas recetas centenarias-; pero se distingue por la base de oblea, la forma redondeada planita, la cantidad de frutos secos y un opcional glaseado, que puede ser de azúcar o chocolate. Algunos llevan también mazapán, otros miel, otros solo azúcar.



En fin, que me pierdo otra vez en el universo del Lebkuchen y me temo que no viviré lo suficiente para probar todas las posibles recetas que existen. Sobre todo porque me empeño en modificarlas a mi gusto, claro. Este año quería usar POR FIN los paquetitos de obleas que me traje de Suiza la última vez, así que me lancé con esta receta algo más "rústica" para traer desde Madrid. He reducido el azúcar y aún así quedan dulzones, pero sin empalagar gracias a los demás ingredientes. Y he prescindido de glaseados, ni falta que le hace.

Me han gustado mucho, y a mi familia también les han encantado. Salen muchísimas unidades de tamaño mini -cuidado, "mini" considerando que el Lebkuchen original puede medir hasta 10 cm de diámetro-, y aguantan perfectamente hasta tres o cuatro semanas, bien guardados. El secreto está en la combinación de especias, frutos secos y frutas confitadas, que con el toque de chocolate negro nos regalan una masa crujiente por fuera, tierna por dentro, tremendamente aromática.



Receta de mini Lebkuchen rústico con chocolate
Inspiración: receta adaptada de Bald ist Weihnachten
Ingredientes para MUCHAS unidades de unos 4 cm de diámetro

- 4 huevos de gallinas felices
- 300 g de azúcar moreno
- 250 g de avellana molida
- 250 g de almendra molida
- 50 g de chocolate muy negro picado fino
- 1/2 cucharadita de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 1 y 1/2 cucharadas de mezcla de especias para pan de especias
- ralladura de 1/2 limón
- 120 g de naranja confitada picada
- obleas redondas para hornear de tamaño mini

Precalentar el horno a 160ºC y preparar bandejas con papel sulfurizado o lámina antiadherente apropiada. Disponer las obleas para ir montando las galletas cuando tengamos la masa. Picar el chocolate y la naranja confitada en piezas pequeñitas.

Batir los huevos con el azúcar usando una batidora de varillas hasta tener una masa esponjosa, durante unos 3-5 minutos. Agregar los frutos secos molidos y el chocolate, mezclando un poco. Incorporar todos los demás ingredientes y mezclar con movimientos suaves, hasta tener una masa homogénea.

Repartir en porciones con una cucharilla sobre las obleas, sin llegar a los bordes. Lo más fácil es ir depositando la misma cantidad aproximada de masa con la cucharita, y luego darles forma con las manos humedecidas para aplanarlos. No tienen que quedar perfectos.

Hornear durante unos 20 minutos, aproximadamente. Deben coger algo de colorcito, pero sin tostarse mucho. Se endurecerán al enfriar. Dejar sobre una rejilla para que se enfríen completamente antes de guardar en un recipiente hermético.

Se les puede dar un glaseado de azúcar glasé ligero o un baño de chocolate negro o con leche, pero así ya están muy ricos y se conservan mucho mejor. Están más buenos con el paso de los días, y ya digo que aguantan en un recipiente hermético, en un lugar fresco, durante muchos, muchos, muchos días.



Bueno, mañana ya es Nochevieja y apenas he contado nada de mi Navidad, que siempre es tan especial para mí. Si enero no llega a lo loco intentaré dar la brasa un año más haciendo algo de balance personal, más que nada para poner en orden mis ideas.

Solo adelanto que volveré mañana a correr la San Silvestre -¡por supuesto!-, y que lo haré además acompañada con una amiga del instituto. Luego pasaremos, por primera vez, la noche en el campo, huyendo de la macrofiesta-discoteca que han montado en la plaza de toros. Ya veremos qué tal se nos da la celebración allí 😄.

¡Disfrutad mucho del fin de año!
15 noviembre, 2018

Bundt cake jugoso de manzana con un toque de avellana y limón

¡Feliz Día Internacional del Bundt Cake! Que sí, yo también estoy harta de que cada jornada del calendario esté dedicada a una o varias cosas, a cada cual más absurda, pero los más veteranos sabréis que no me suelo perder esta cita. Básicamente porque es una excusa estupenda para hornear un bizcochón-pastel de los que me gustan, sacar mi precioso molde de Nordic Ware e ir poniendo el cuerpo en modo navideño. Esta año toca un jugosísimo bundt cake de manzana con un toque de avellana y limón, y ha entrado en mi top personal.



Los bundt cakes son uno de los dulces americanos que más me gustan, básicamente porque no van recargadísimos y porque enlazan directamente con la repostería centroeuropea. No se deben confundir con el Kugelhopf de panadería -una delicia-, aunque sí se relacionan con él; los germanoparlantes llaman a este tipo de bizcochos Gugelhupf, Guglhupf o Gugelhopf, y ya comprobé el pasado mes de septiembre en Viena que siguen siendo de los favoritos en Austria.

Estoy contenta con este otoño. A nivel personal, al menos -la actualidad mundial y nacional la dejamos para otro día-; a pesar de que mi estado anímico es una montaña rusa llena de loops y tirabuzones, el ambiente otoñal me reconforta y me reconcilia conmigo misma. ¡Cómo echaba de menos pasar frío! Y Madrid en otoño está tan bonito... tengo debilidad por el colorido de la naturaleza, esos árboles que se visten de rojo, amarillo y naranja, y van cubriendo el suelo con camas de hojas secas. 


Además el elfo y yo pudimos escaparnos a mi querida Murcia aprovechando el puente de noviembre; tenía muchas ganas de disfrutar de mi campo sin los 40ºC de verano, con fresquito, disfrutando del solecico, los campos ahora verdes y húmedos después de las lluvias, asando castañas en la chimenea... Incluso disfrutamos de un poco de turismo y relax en Lorca, que tenía pendiente de visitar. Y me ha enamorado la ciudad, para qué negarlo, ¡visita recomendadísima! 

Tengo que saldar todas las cuentas pendientes que arrastro con mi propia tierra. ¿Cuántas veces nos perdemos lo que ofrece nuestra ciudad o región mientras nos obsesionamos por viajar lejísimos? Ahora que vivo fuera, me apetece más que nunca recorrer Murcia de arriba a abajo y verla con otros ojos. Poco a poco :).


De vuelta a Madrid seguimos con días irregulares, de sol, nubes, vientos, frío, de nuevo sol, lluvia, tormentas, nubarrones... ¡me encanta! Ya ni le pregunto a Siri por la previsión metereológica, es más emocionante no saber qué te espera por delante -aunque poco práctico para hacer la colada-. Ayer por la tarde salí a correr pensando que estaba despejado y resulta que en 20 minutos se instalaron nubarrones justo encima del barrio y empezó a llover. Y yo encantada, claro. Qué bien huele el campo con esa humedad de la lluvia.


En cuanto a la receta del bundt cake de este año, estuve dudando si hacerlo más navideño, si retomar la calabaza o hacerlo puramente otoñal. Al final me apetecía volver a la rica manzana, también tan de esta época, que enlaza un poco con la repostería navideña pero que sirve para todo el año. El puré de manzana o compota se puede hacer casero o usar una buena marca comercial, preferiblemente sin endulzar. Con este ingrediente conseguimos una masa jugosa, sabrosa, menos grasa pero con una gran profundidad aromática, tierna y reconfortante. 

Si el elfo no fuera tan tiquismiquis con los tropezones le habría añadido manzana troceada a la masa, o más arándanos frescos, o uvas maceradas junto con algunas nueces o avellanas picadas. ¡No dudéis en hacerlo vosotros si os apetece! Lo genial de estas recetas es que se pueden personalizar y variar de mil formas, así que ya sabéis, a jugar un poco 😏.  El glaseado es muy sencillito y simplemente buscaba el delicioso toque fresco del limón, para redondear el conjunto.



Receta de bundt cake jugoso de manzana con avellana y limón
Inspiración: el National Bundt Cake Day, el otoño y esta receta
Ingredientes para 1 molde grande

- 180 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente (yo esta vez he usado I cant' believe it's not butter)
- 150 g de azúcar muscovado fino o panela
- ralladura de limón
- 3 huevos L (de gallinas felices, a poder ser)
- 140 g de queso fresco batido desnatado o yogur natural
- 400 g de puré de manzana
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- 150 g de harina de espelta integral
- 100 g de harina de repostería
- 100 g de harina de avena
- 50 g de avellana molida (o almendra)
- 1 sobre de levadura química de repostería
- 1/2 cucharadita de sal
- 1 cucharadita de canela molida
- 1 cucharadita de jengibre molido
- 1 buena pizca de nuez moscada recién rallada
- 1 buena pizca de clavo recién rallado o de pimienta de Jamaica
- azúcar glasé tamizado  (opcional)
- zumo de limón (opcional)
- arándanos frescos (opcional)

Precalentar el horno a 180ºC y preparar el molde de tipo bundt engrasándolo bien con mantequilla, y espolvoreando harina de avena o de otro tipo tamizada. Sacudir el exceso y reservar.

Trocear la mantequilla y batir con el azúcar y ralladura de limón durante unos 5 minutos, removiendo de vez en cuando con una espátula, hasta conseguir una mezcla ligeramente esponjosa. Añadir los huevos uno a uno, batiendo después de cada adición. Incorporar el puré de manzana y el queso o yogur con la vainilla y batir un poco más.

Agregar los ingredientes secos tamizados (más o menos, las harinas integrales y la avellana no son fáciles de tamizar) y batir lo justo para incorporar todo. Cuando tengamos una masa homogénea, verter en el molde con cuidado hasta repartirla bien.

Hornear durante unos 55-60 minutos, bajando la temperatura a 170ºC pasados los primeros 20 minutos. Comprobar el punto vigilando que no se queme por fuera, pinchando con una brocheta fina. Debería salir con pequeñas miguitas adheridas.

Esperar fuera del horno unos 10 minutos antes de desmoldar sobre una rejilla, con mucho cuidado. Dejar enfriar completamente. Decorar con un glaseado sencillo combinando un chorrito de zumo de limón y azúcar glasé necesario, añadiendo arándanos frescos si se desea.



¡Que disfrutéis de las tardes otoñales de horno! Pronto comenzará la vorágine navideña y no sé si estoy aún preparada, pero lo cierto es que tengo muchas, muchas ganas del ambiente familiar y nostálgico de las fiestas. Como siempre, a mi ritmo y a mi estilo, que para eso están.
24 octubre, 2018

Receta de oatcakes o galletas de avena y semillas (sin azúcar, sin trigo, sin huevo, con opción vegana)


Esta receta de galletas de avena y semillas podría parecer la versión "sin" definitiva, pero mi intención no era subirme esta vez al carro de la moda saludable -o de lo pretendidamente saludable-. Es que, sencillamente, las oatcakes son muy simples porque tienen un origen humilde. Y nos demuestra una vez más que de la necesidad han salido cosas fantásticas que hoy podemos recuperar, y reinterpretar un poco.

Porque está muy bien eso de defender LA receta tradicional, genuina y auténtica, "como debe ser", de cualquier elaboración. Pero se nos olvida muchas veces que no existe una única versión válida, inmutable o universal. Que platos antiguos que recordamos de nuestras abuelas a veces salieron del paquete de arroz de aquella época, o vienen de unos años en los que se cocina así porque no había otra cosa. La nostalgia es válida y creo firmemente en la necesidad de investigar e indagar en nuestro pasado gastronómico, siempre que no sea para ofendernos con las propuestas del presente.



Estoy soltando reflexiones sobre la marcha; disculpadme por divagar. Pero llevo rumiando cierto malestar con algunos temas desde hace ya tiempo, y las redes no me lo ponen fácil. Por desgracia todo el mundo se vuelve opinador profesional detrás de una pantalla, y se ve que ahora solo interesa ofenderse, atacar y enfrascarse en un cerramiento mental que impide ver más allá del ombligo de uno mismo. Con lo bonito que es el diálogo, conocer otras propuestas, puntos de vista y culturas, intercambiar experiencias y conocimientos, abrirse a nuevas ideas... En fin, seré yo la ingenua.

Vuelvo a las galletas. Se llaman oatcakes, sí, pero no tienen nada de tarta o pastel. Ya sabemos que el vocabulario gastronómico es confuso y el mundo anglosajón muy amplio y variado. Hay pancakes que parecen crêpes, no todos los muffins son dulces y esponjosos y una biscuit de Londres no tiene nada que ver con otra de Kentucky.

Estas galletas proceden de la tradición escocesa, de cuya cocina yo diría que todo el mundo conoce, básicamente, la avena. Lleva ya años de "moda" o totalmente normalizada en nuestro país, reconvertida a ingrediente supersónico y favorito entre deportistas, gente fit y dietas varias. Pero sobre todo, es un cereal muy humilde que ha salvado la vida a muchas personas en tiempos de carestía.



En Gran Bretaña hay todo un mundo de variedades de avena -yo lo he comprobado en supermercados destinados a turistas británicos en Murcia-, con copos de diferente grosor, el cereal entero, machacado, molido a la piedra, más grueso o más fino, de cocción rápida, instantánea, en harina... Lo maravilloso que tiene es su versatilidad, y que puede ser un alimento de larga conservación muy fácilmente transportable, pues se convierte en comestible con muy poca cosa. Y está muy rica.

Mi receta está ligeramente modificada de este blog, guardada hace mil años, esperando a que por fin me acordara de probarla. Me ha encantado y pienso repetirla con mucha frecuencia, pues es sencillísima, rápida y admite muchas modificaciones. Son galletas sin azúcar ni edulcorantes, más crujientes si las dejas más finitas, que se pueden aderezar con especias o enriquecer con semillas y frutos secos. Yo he añadido semillas de alcaravea, Kümmel en alemán, muy típicas en la panadería centroeuropea y que combinan de miedo con quesos, una forma deliciosa de disfrutar de estas pastas. Pero tiene un sabor fuerte que no gusta a todo el mundo, así que las podéis omitir. Obviamente, el bote de semillas que veis en la foto tenía que comprarlo cuando lo vi en Alemania el año pasado.



Oatcakes o galletas de avena y semillas
Receta adaptada de Traficantes de sabores
Ingredientes para unas 30-45 unidades (dependiendo del tamaño y grosor)

- 140 g de copos de avena finos
- 140 g de harina de avena (o copos molidos caseros, mejor si queda algo gruesa)
- una pizca de sal
- un golpe de pimienta negra recién molida
- semillas de alcaravea (NO es comino, pero el comino común también sirve, si nos gusta)
- semillas de chía
- semillas de lino/amapola/sésamo...
- 30 g de "mantequilla" vegetal atemperada (he usado I cant't believe it's not butter, pero se puede usar cualquier equivalente o mantequilla normal) o unos 60-65 g de aceite (el aceite no tiene agua)
- 280 g de agua hirviendo

Precalentar el horno a 180ºC y preparar un par de bandejas con papel sulfurizado, lámina de silicona o, sencillamente, engrasarlas con aceite o mantequilla.

Combinar en un recipiente la avena con la sal, las especias y todas las semillas que nos apetezcan al gusto. Agregar la grasa elegida y mezclar groseramente.

Poner el agua a calentar y, cuando rompa a hervir, echar sobre la masa. Mezclar con un cucharón grande al principio y después amasar a mano. Debería quedar una masa húmeda pero maleable, nada pegajosa. Ajustar la cantidad de líquidos/secos si fuera necesario.

Estirar con ayuda de un rodillo, sobre papel sulfurizado de horno si se nos pega un poco. A mí me quedó perfecta, pero os puede ayudar usar otra hoja de papel encima para evitar que se adhiera al rodillo.

Dejar el grosor que se prefiera, entre 2 y 6 mm; cuanto más finas, más crujientes (y más unidades). Recortar galletas redondas o cuadradas y repartir en las bandejas. No crecen, se pueden arrejuntar (sin tocarse).

Terminar la masa y hornear hasta que estén doraditas. Yo he probado varios tiempos y grosores; tostaditas quedan muy ricas pero es fácil pasarse y que se churrusquen. Cuando empiezan a coger color, si no son muy gruesas, ya quedarán crujientes.

Dejar enfriar completamente sobre una rejilla antes de guardarlas en un recipiente hermético.

Tengo que decir que estas galletas de avena están buenísimas con queso y fruta fresca, mermelada o paté, aunque la mayoría las estoy devorando por sí solas con un té a media tarde, o después de cenar viendo alguna serie en el sofá. Con una chimenea y lluvia por la ventana seguro que saben aún mejor.
29 octubre, 2017

Fave dei morti - Receta de galletas italianas para Todos los Santos

Dormir una hora más, ja. Yo siempre duermo menos cuando hay cambio de hora, porque claro, mi reloj interno está fijo y ya no admite modificaciones. Además tengo un gato que pasa totalmente de cualquier imposición de horario -como todos los gatos, vaya-, por lo que llevo un domingo ya movidito. Y va a ser largo, que hoy toca planes con la familia política. Pero si saco tiempo esta tarde, para "celebrar" que estará oscuro bien pronto, igual vuelvo a preparar una hornada de fave dei morti, unas galletas italianas muy sencillas y riquísimas ideales para Halloween o Todos los Santos.

Fave dei morti

Tenía estas galletas fichadas desde hace mucho tiempo. No he investigado mucho, pero parece que las fave dei morti son unas galletas típicas de muchas regiones italianas, especialmente en Roma y alrededores. Se llaman así porque recuerdan a un haba, que tiene una simbología muy antigua con todo el mundo de los difuntos y la otra vida. Hay varias versiones según la región o la localidad, aunque todas tienen en común la sencillez y el uso de la almendra. Realmente, bajo el nombre dolci dei morti, hay muchas especialidades italianas distintas que espero ir probando poco a poco.

Fave dei morti

Fave dei morti

Es curioso cómo en eso se parecen tanto a nuestros huesos de santo y panellets, también típicos y tradicionales en la festividad de Todos los Santos. Es una forma de conmemorar y honrar a los muertos, recordando a los seres queridos que ya no están.  La almendra molida es un ingrediente fabuloso para preparar dulces sencillos y rústicos como estos, con mucha tradición en todos los pueblos mediterráneos, y también ligada a la repostería árabe.

Fave dei morti

Yo las preparé aprovechando que venían mis padres hace unas semanas, porque sé que a ellos les iban a gustar muchísimo. Yo diría que son geniales también para Navidad, con la almendra, el potente aroma a canela... les iría estupendamente un chorrito de algún licor dulce o un rebozado en más frutos secos, incluso un glaseado de limón. Nosotros las tomamos con una copita de Oporto, ligando culturas gastronómicas en una pareja deliciosa.

Fave dei morti

Receta de Fave dei morti
Inspiración: adaptada de Café Fernando
Ingredientes para unas 30-35 unidades

- 125 g de almendra molida
- 100 g de azúcar caster o normal
- 100 g de harina de repostería
- 2 cucharaditas de canela molida
- 1 buena pizca de sal
- 30 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- 1 huevo L a temperatura ambiente

Precalentar el horno a 175ºC y preparar una bandeja con papel sulfurizado o engrasándola con mantequilla o aceite.

Mezclar con unas varillas en un recipiente la almendra molida, el azúcar, la harina, la canela y la sal. Añadir la mantequilla y el huevo ligeramente batido, y mezclar todo bien. Se debe obtener una masa homogénea, maleable, ligeramente húmeda.

Si estuviera muy pegajosa, añadir un poco más de harina, o mejor, llevar a la nevera media hora. Es preferible no echar demasiada harina de más.

Dividir en dos partes. Formar un cilindro con una de ellas, de aproximadamente 2 centímetros de grosor. Cortar porciones de unos 2,5 centímetros y llevar a la bandeja con el corte hacia arriba. Repetir con la otra porción.

Presionar con un dedo en el centro de cada galleta para marcar la forma de haba y dejar una forma redondeada. Hornear durante unos 23-15 minutos, hasta que se hayan dorado muy ligeramente. Dejar enfriar sobre una rejilla.


Fave dei morti

He escrito esta entrada en dos partes porque a mitad de la redacción me ha llamado mi suegra para ir al mercadillo. Esta vez un poco más tarde de lo habitual y ya estaba llenísimo de gente, se nota que casi todo el mundo sí ha podido dormir más. Después una visita a un gran centro comercial de las afueras para unas cosillas que nos hacían falta... y ay, ya está la Navidad por todas partes. Dulces, decoración, ropa, juguetes, perfumes... ¡pero al lado de las calabazas, esqueletos y panellets! No me gusta que se solapen las festividades, al menos podrían esperar al día 2 de noviembre. Cada cosa a su tiempo, jo, que le quitan la ilusión y la magia a todo.

Sea como sea, ¡que paséis un buen Halloween y mejor Día de Todos los Santos! Yo soñaré con el arrope y calabazate murciano que seguro que mis familia disfrutará en el campo.
29 junio, 2017

Ensalada turca de berenjena asada y yogur (Patlıcan Salatası) - Crónica de una mudanza

¡He vuelto! Y he logrado hacerlo antes de que terminara el mes, aunque un poco in extremis. Junio ha sido intenso en muchos sentidos, pero se despide con unos días de frío -¡¡frío!!- inauditos y eso me ha reconciliado con él. Porque la olaza de calor anticipada con la que se despidió la primavera me dejó para el arrastre, y más al coincidir con nuestra mudanza. Pero como volverán a subir las temperaturas en breve, hoy vengo con una ensalada turca de berenjena asada y yogur, simple y deliciosa.

No quiero aburriros mucho con los detalles, pero mudarse es un coñazo muy grande. Sobre todo cuando lo haces a otra vivienda en la que te has metido a hacer una obra completa y empiezan a surgir problemas por todos lados hacia el final.

 Berenjena

Claro que una mudanza viene bien para replantearte la cantidad de tonterías que acumulas en casa, aunque pensaras, en tu ilusia irrealidad, que no eras de esa gente. Yo sabía que nos tocaba cambiar de aires desde hace tiempo y procuraba no comprar tontunas, ni más ropa de la necesaria, ni libros, pero claro... La gente seguía regalándonos cosas, y aún así, os imaginaréis que tenía piezas de vajilla y accesorios de cocina para llenar varias cajas. Tiramos, regalamos y donamos un montón de cosas, y aún así no parábamos de llenar cajas y cajas. ¡Viviendo en un mini apartamento! Menos mal que mis padres vinieron ese fin de semana largo a ayudar a empacar y empezar a trasladar, y los suegros también ayudaron. Bendita familia.

Berenjena

Fueron días intensos con muchísimo calor; al menos el nuevo hogar está cerca del viejo y los viajes en coche eran cortos. Claro que luego nos tocaba al elfo y a mí otra parte rollo interminable... desembalar, limpiar, ordenar, reorganizar, comprar y montar muebles... ¡No sé la de veces que he cambiado de sitio las cosas de la cocina ya! Y cada día casi tengo a obreros/carpinteros/fontaneros en casa apañando cosas que colean de la obra -tenemos un cabreo con un tema en concreto que os ahorraré-.Sin olvidar que en medio está esta cosita que hemos adoptado, llegado directamente del campo de Murcia:

Lito

Os presento a Lito, va a cumplir tres meses y está hecho un trasto con una energía que no parece tener fin. El día del traslado no lo pasó muy bien pero ya se ha hecho el dueño y señor del nuevo hogar, se lo pasa pipa entre las cajas de la mudanza qu siguen por en medio y todo, absolutamente todo le llama la atención. Y es un amor ^_^.

En fin, aún nos queda trabajo en casa pero ya todo se va viendo mejor :). La ilusión por el futuro es mayor que  cualquier piedra que nos haya salido en el camino. Y ahora, ¡receta!

Berenjena

Mi padre vino cargado de pimientos, berenjenas, limones y naranjas, todo cogido por él de la huerta murciana y había que aprovecharlo. A pesar del calorazo que hacía tenía claro que esas berenjenas tan monas tenía que asarlas, y saqué varios platos diferentes con ellas. Esta ensalada cremosa/dip/mezze está inspirada en la Patlıcan Salatası, un plato turco ideal para el verano.

Receta de Patlıcan Salatası o ensalada turca de berenjena y yogur
Inspiración: Seasonal cook in Turkey y las berenjenas de mi padre
Ingredientes un poco a ojo para 1 persona

- 4 berenjenas pequeñas (unos 250 g de carne asada)
- 1-2 dientes de ajo
- 1/2 limón
- comino molido
- 2-3 cucharadas de yogur natural cremoso
- cebollino
- perejil
- pimienta negra
- sal
- aceitunas negras
- buen aceite de oliva virgen extra

Precalentar el horno a 200ºC, lavar las berenjenas, cortar por la mitad longitudinalmente y asarlas hasta que estén muy tiernas. Dejar enfriar un poco y sacar la carne a un cuenco.

Machacar el ajo sin el nervio central y añadir a la berenjena. Salpimentar ligeramente, agregar el zumo de limón, parte de su ralladura, comino, el yogur y cebollino y perejil picados al gusto.

Mezclar todo muy bien y probar, corrigiendo de sal si fuera necesario, o añadiendo más yogur. Llevar a un cuenco o fuente y decorar con aceitunas negras en rodajas, alguna hojita de perejil y un buen hijo de aceite de oliva virgen extra.

Servir frío o a temperatura ambiente, con crudités de verduras, picos, o regañás para mojar, o devorar directamente con buen pan. Si os gusta el picante, añadid una guindilla y estará buenísimo.

Berenjena

A ver qué nos trae el mes de julio :).
14 abril, 2017

Nueva receta de Hot Cross Buns, para seguir horneando en Semana Santa

¡Dos recetas en apenas unos días, no me reconozco!

Pues sí, he decidido desconectar por completo al menos estos días de Semana Santa, o al menos casi. Que me iba a explotar la cabeza y eso no es nada sano. Me levanté ayer jueves a una hora más o menos normal -las 7 de la mañana en mi rutina habitual es "dormir mucho"- por cortesía de mi gato, que ya sabéis que lo de dejar dormir a los humanos no va con ellos, y salí a correr por el río. Estaba muy animado, con mucha gente disfrutando del calorcico y lo bonito que luce ahora, con muchas flores y mucho verde. Y quise pasar la tarde con mi madre en una de nuestras actividades favoritas: cocinar cosas ricas. Bueno, a mí me gusta más que a ella, pero compatir ese rato juntas es algo distinto 😊. Hicimos mermelada de fresas y yo me lié a amasar una nueva receta de Hot Cross Buns. ¡Qué ricos han salido!

Hot Cross Buns

Hoy en día ya se conocen mucho más que cuando hice mi primera aproximación a ellos, nada más y nada menos que hace siete años. Ya sabéis que son unos bollitos tiernos, algo dulces, con pasas o frutas, especias y una típica cruz encima. Son muy típicos en la cultura anglosajona, no solo en Gran Bretaña, también en Australia, Canadá, Irlanda, Sudáfrica... aunque actualmente se han hecho famosos por todo el mundo. Tradicionalmente se hornean y se toman en Viernes Santo, aunque como ocurre con todos los dulces asociados a fiestas, se pueden ver en todo el tiempo de Semana Santa.

Hot Cross Buns

Dede que los horneé aquella vez solo repetí en una ocasión en casa del elfo, cuando iba en estas fechas de turista a Madrid. Y cada año me encuentro con más recetas por las redes, con diferentes variantes -chocolate es mi próximo objetivo- que me tentaban a recuperarlos. Así que ayer me dije que era hora de catar una receta distinta, aprovechando que a mi familia sí les gustan las masas con pasas y frutas confitadas -el elfo no las aguanta mucho-. Me ha gustado tanto el resultado que creo que se va a convertir en una de mis recetas de cabecera, sea o no Pascua. La cruz no es imprescindible 😉.

Hot Cross Buns
¿Qué nueva receta probar? Ocurre como con el Roscón de Reyes, que en el fondo casi todas se parecen mucho ya que parten de una base parecida. Todavía no me apetecía probar la variante de cacao con chips de chocolate -todo se andará- pero tampoco quería repetir mi misma receta. Al final recordé que tenía guardada en mi carpeta infinita de documentos de cocina un PDF con una receta de Hot Cross Buns firmada por Richard Bertinet; ¡demasiado tentadora! No sé de dónde lo saqué así que no puedo enlazar el documento concreto, y es que acumulo demasiadas recetas en el disco duro "para el futuro"; al final se me olvida de dónde salen. Mil perdones.

Hot Cross Buns

El caso es que la he adaptado ligeramente a mis preferencias y al final salieron unos panecillos deliciosos. La masa se trabaja muy bien, con el calor que hace levaron pronto y su olorcito al hornearse inundó toda la casa. Recién hechos están buenísimos, tiernos y jugosos, muy aromáticos, y al día siguiente siguen ricos. Llevan poco azúcar pero las frutas y las especias los convierten en un bocado que apetece acompañando algo dulce o algo salado, ¿qué elegís vosotros?

Hot Cross Buns

Hot Cross Buns, panecillos de Viernes Santo
Receta adaptada de Richard Bertinet
Ingredientes para 15 panecillos

- 100 g de uvas pasas (cortinto o sultanas)
- 60-80 g de naranja confitada
- 1 cucharada de zumo de naranja o de limón
- 1/2 cucharadita de canela molida
- 1/4 cucharadita de nues moscada molida
- 1/4 cucharadita de jengibre molido
- 1 pizca de clavo molido
- 1 pizca de sal
- 250 ml de leche sin lactosa (o cualquier otra leche o bebida vegetal)
- 20 g de levadura fresca
- 60 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- 1 huevo L
- 2 cucharadas de azúcar
- 1/4 cucharadita de sal
- 500 g de harina de fuerza

Para decorar con la cruz y pincelar:

- 1 huevo L
- 100 g de harina
- 1 cucharadita de aceite de girasol
- 1 pizca de sal
- unas 6 cucharadas de agua
- 100 g de azúcar
- 100 ml de agua
- 30 ml de zumo de naranja o ron

Mezclar las uvas pasas con la naranja confitada en un cuenco, añadir las especias, la pizca de sal y el zumo, y dejar reposar unos minutos. Calentar un poco la leche y comprobar que la mantequilla está a temperatura ambiente.

Colocar en un recipiente grande la leche, añadir el huevo y batir. Incorporar la levadura desmigada y esperar unos pocos minutos. Añadir la mantequilla picada, el azúcar y la sal, mezclar un poco y agregar la harina. Mejor no echarla toda de golpe, por si acaso. Trabajar hasta tener una mezcla homogénea, tapar y dejar reposar 10 minutos.

Añadir las frutas y amasar bien hasta tener una masa homogénea, suave y elástica, húmeda pero no pegajosa. Añadir un poco más de harina solo si fuera necesario. Formar una bola, colocar en un recipiente engrasado y tapar. Dejar levar hasta que supere el doble del tamaño.

Precalentar el horno a 200ºC y preparar una bandeja grande. Deshinchar la masa, reamasar un poco y pesar. Dividir el peso total por 15 para sacar el peso que deberá tener cada panecillo, unos 70-73 g. Tomar porciones de la masa con ese peso y formar bolitas. Colocarlas en la bandeja ligeramente separadas; buscamos que al crecer se junten.

Batir el huevo y pintar los bollitos con él. Dejar levar 30 minutos. Mientras tanto, formar la masa de la cruz, mezclando la harina con el aceite, la sal y el agua necesaria hasta tener una pasta que se pueda extender con una manga pastelera. Yo tuve que usar una bolsa de congelación a lo burro porque no tenía otra cosa, también vale.

Volver a pintar los bollitos y dibujar una cruz en cada uno de ellos. Hornear durante unos 18-20 minutos, bajando la temperatura a 180ºC al meterlos dentro. Vigilar que no se quemen, depende de cada horno. Preparar el glaseado mientras tanto, calentando el agua con el azúcar y el zumo o ron, hasta que se disuelva.

Dejar enfriar los panecillos en una rejilla y pintarlos con el glaseado mientras siguen tibios. Se pueden tomar fríos o aún algo calentitos, si no podéis esperar más. Aguantan bien dos o tres días si se guardan a buen recaudo, y en ese caso podemos calentarlos un poco en el microondas o abrirlos y tostarlos. También congelan bien.

Hot Cross Buns

Me parecen unos bollitos perfectos para hacer este fin de semana y montar un buen desayuno-brunch-almuerzo-merienda el domingo, hay que despedir bien la Semana Santa 😀
17 marzo, 2017

Mi receta de dhal de lentejas rojas con espinacas

Los días siguen pasando volando y se me acumulan las cosas que quiero compartir por aquí. Me da penica no poder publicar todo lo que me gustaría y también tener un enorme retraso en visitar muchos de vuestros blogs, que es uno de mis placeres cotidianos que más echo de menos. A ver si este fin de semana largo que tenemos por aquí puedo ponerle un poco de remedio, aunque, para variar, también me va a tocar trabajar en casa. Me parece que volveré a repetir mi receta de dhal de lentejas rojas con espinacas, porque me sienta de maravilla y así voy despidiendo el invierno.

Red lentil dhal

Aunque en realidad yo preparo esta receta y algunas variantes también en verano, porque no es tan plato de cuchara como otros más tradicionales nuestros de legumbres. Con tantas especias y la textura cremosita de las lentejas rojas -o lentejas coral- creo que sabe muy rico si se sirve templado, y a veces lo he dejado tan espeso que se puede usar para untar y rellenar otras cosas. Que nadie se asuste por la lista de ingredientes, la mayoría son especias y ninguna es imprescindible. Con usar las que más os gusten o un preparado ya listo de curry y algo más, es suficiente. Dudo que el dhal verdadero de la India se parezca mucho al mío, pero eso no es lo importante. Es mi versión y me encanta, me reconforta y me da energía sin digestiones pesadas.

Red lentil dhal

Tengo muchas cosas rondando en mi cabeza estos días pero no me quiero extender demasiado hoy, porque soy capaz de divagar y divagar sin rumbo fijo. Llevo una época en la que vivo a base de contrastes; lo mismo me levanto un día súper positiva y llena de energía y motivada por todo, que a la jornada siguiente estoy decaída, veo todo negro y me agobia cualquier cosa. Lo peor es cuando te das cuenta de que tú misma te regodeas en tu propia miseria porque te ha dado por ver el vaso medio vacío -las hormonas a veces influyen, no vamos a negarlo-, y encima lo paga la gente de tu alrededor.

Red lentil dhal

Mis recursos para salir de esas situaciones son básicos: cocinar -hornear, mucho mejor-, chocolate negro, música de la de subidón y correr. Ah claro, y seriear, que la ficción visionada ayuda mucho a despejarse y desconectar un poco de la realidad. La lectura también, por supuesto, y no hay día en el que no lea un poquito; lo malo es que mi hora es la cama y me temo que ya no aguanto demasiado rato sin que se me cierren los ojos. Pero que nadie me quite mi ratico de lectura antes de apagar la luz, sana costumbre que tengo desde que aprendí a leer :). Luego sueño cosas raras, pero ese es otro tema.

Red lentil dhal

Dhal de lentejas rojas con espinacas a mi manera
Inspiración: libros, revistas, redes y experiencia propia
Ingredientes para 2 raciones aproximadas

- 150 g de lentejas rojas (lentejas coral)
- aceite de oliva virgen extra
- 1/2 cucharadita de semillas de mostaza negra
- 1/2 cucharadita de semillas de mostaza amarilla
- 1/2 cucharadita de comino en grano
- 1/2 cucharadita de semillas de hinojo
- 1 trocito de jengibre fresco
- 1-2 hojas de curry secas
- 1 cebolla dulce o cebolleta
- 1 diente de ajo sin el germen
- 1 cucharadita de cúrcuma molida
- 1/2 cucharadita de comino molido
- 1/2 cucharadita de cilantro molido
- 1 pizca de cayena
- 1-2 tomates en conserva (casera) o naturales
- caldo de verduras o agua
- zumo de limón
- leche de coco ligera
- hojas de espinaca fresca
- pimienta negra y sal 
- para servir: sésamo negro, perejil y/o cilantro fresco, yogur o queso fresco

Empezar enjuagando las lentejas con agua fría y dejar que escurran bien. Picar la cebolla, el diente de ajo y el jengibre pelado. Picar los tomates en caso de usarlos naturales (se pueden quitar las semillas y pelar, eso al gusto).

Calentar un poco de aceite de oliva en una cazuela y añadir las mostazas, el comino y el hinojo en grano con las hojas de curry machacadas. Dorar hasta que salten y echar la cebolla y el ajo. Saltear hasta que se empiece a transparentar, a fuego suave, salpimentar y añadirlas especias molidas, removiendo bien.

Echar los tomates si son naturales y dejar que se cocinen un poco. Añadir las lentejas, remover y cubrir con caldo o agua al gusto. Bajar el fuego cuando llegue a ebullición y cocinar lentamente unos 25 minutos. Se puede ajustar el tiempo para que se deshagan más. Controlar el nivel de líquido.

Añadir el zumo de limón y leche de coco al gusto, según la consistencia que nos guste. Corregir de sal si fuera necesario. Añadir hojas de espinaca y dejar que se medio cocinen con el calor de la olla. Servir en cuencos con más espinacas frescas, yogur o queso batido, perejil y cilantro fresco y un poco de sésamo negro.

Se puede acompañar de algún pan plano o unos picatostes crujientes (me encantan las regañás, por ejemplo). También se puede hacer más o menos espeso, en plan puré, y acompañarlo con arroz o cuscús. Si hace más fresquete, recomiendo dejarlo en formato más de sopa líquida.

Red lentil dhal

Como véis, es una receta muy tuneable que se adapta a mil variaciones. También se puede triturar parte de la olla para darle otra textura, o añadir alguna verdura a la base de lentejas. En ocasiones echo zumo de naranja, le pongo más picante o cambio las especias según me dé. Lo mejor es lo rápido que se prepara y lo delicioso que está.

¿Tenéis planes para este fin de semana ya primaveral? ¿Quién disfrutará del lunes festivo? ¡Si no es por el elfo yo ni me entero de que aquí es fiesta! La vida del autónomo, ese paraíso.
19 febrero, 2017

Cuando me doy el capricho de dulces fritos - mi versión de Cenci de Carnaval

Cuando era niña pasamos una época en el campo en la que nos dio por las cometas. Nos solía dar por rachas en cuanto a los pasatiempos y juguetes, y le había tocado el turno a los artefactos voladores. Probablemente alguno de mis primos se había hecho con una, o simplemente mi padre decidió comprar una para pasar el rato con nosotros. El caso es que cuando más ganas teníamos de volarla, más calma chicha reinaba esos días. Recuerdo que deseaba con todas mis fuerzas que soplara viento para poder disfrutar del vuelo de las cometas al máximo... y hoy maldigo esta fuerza de la naturaleza. Viento helado, no me gustas. Pero al menos haces que me apetezca más quedarme en casa preparando dulces fritos de Carnaval.

Carnival Cenci

El frío no me importa -lo disfruto mucho y no me canso, que sé lo que viene después-, pero el viento es otro tema. Es incomodísimo y hace que se te congele el alma, los pies, las manos y la nariz. Golpea las ventanas, me despierta de madrugada, llena todo de suciedad y me provoca más migrañas. Correr con viento podría ser un incentivo más y hace que tengas que esforzarte al máximo, pero es muy, muy incómodo. Lo odio, porque no puedo escuchar bien los podcasts que me pongo cuando salgo a quemar zapatillas, me desnivela, me paraliza las manos y está el peligro de que se me meta polvo y partículas de cosas en los ojos, por muchas gafas que lleve.

Esta mañana temprano he abierto la ventana mientras me preparaba el café y estaba contenta porque prometía un bonito domingo de invierno soleado. Un par de horas más tarde empezó a soplar una brisilla que se transformó en viento molesto, y al salir a la calle con mi suegra para el mercadillo ya estaba claro. Viento otra vez, helado y desagradable. Me da especial rabia porque tenía el pelo estupendísimo después de ducharme y secarme con el secador, y ahora los rizos vuelven a ser melena de león o de bruja malvada. Vale, es una queja tonta pero me saca de quicio que se me revuelva el pelo a lo loco, bastante mal lo tengo ya sin ayudas externas. Pero como no quiero ponerme solo negativa, me alegro de que, al menos, el viento evite que se nos vuelva a acumular una cúpula de contaminación. Y me consuela imaginar a niños felices volando cometas.

Carnival Cenci

Este año la Semana Santa cae algo tarde y por eso también se han retrasado los carnavales. De hecho, el Martes de Carnaval lo tenemos ya el último día de febrero, pero eso es positivo porque así no se nos ha juntado tanto con San Valentín. Ya sabéis que yo odio freír y lo evito a toda costa todo el año, pero cuando llegan estas fechas me salto mi norma para disfrutar con los dulces fritos típicos de estas fiestas. ¡Hay muchísimos! Antes de la abstinencia hay que darse el capricho de algunas delicias calóricas, y no me canso de probar todas las que puedo. Este año he tuneado bastante a mi manera una masa frita típica italiana, los cenci, que he visto que pueden adquirir diferentes formas. Tiras alargadas, nidos, especie de buñuelos rectángulos finitos... Yo he jugado creando de todo un poco y no sé cuál me gusta más. Todos salen ricos :).

Carnival Cenci

Receta de Cenci de Carnaval
Inspiración: adaptación libre de aquí y aquí
Ingredientes para compartir entre dos y quedarse a gusto

- 1 huevo L
- 10 g de mantequilla sin sal atemperada
- 10 g de azúcar caster
- 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
- 1 pizca de sal
- ralladura de naranja
- 1 cucharada de ron
- 120 g de harina de repostería
- aceite de oliva virgen extra para freír
- azúcar glasé

Disponer el huevo con la mantequilla y el azúcar en un cuenco. Batir con unas varillas hasta formar una crema homogénea. Añadir el bicarbonato, la sal, la ralladura, el ron y la harina, y mezclar todo bien. Amasar con una espátula y luego a mano hasta tener una masa homogénea. Envolver en plástico film y dejar reposar 30 minutos.

Estirar la masa sobre una superficie antiadherente, ligeramente enharinada si hiciera falta, hasta dejarla muy, muy fina. Cortar tiras, rectángulos, rombos, cuadrados... y poner a calentar un cazo con abundante aceite de oliva. Cuando se alcancen los 175º-180ºC, freír en tandas unos segundos hasta que se doren. Retirar a una fuente con papel de cocina. Servir con azúcar glasé tamizado.

Carnival Cenci
Esta semana tengo mucho lío porque el sábado nos vamos a Sevilla a una boda, y no tengo NADA que ponerme. Qué pereza más tonta me da solo de pensar en tener que ir a mirar ropa, ains. Pero, ¿no quedamos en que la gente ya no se casa? En fin, a ver si me da tiempo a preparar alguna cosilla carnavalera más. ¡Pasadlo bien!
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