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30 diciembre, 2024

Pastelillos murcianos convertidos en galletas para Navidad o cuando apriete la morriña - Feliz 2025

 

El 2024 está a puntico de caducar y casi no me da tiempo a dejar por aquí otra receta navideña, felicitar las fiestas y desearos a todos un 2025 fabuloso o, al menos, tranquilo y sin sobresaltos. Con buena salud, claro, pero también con algo de buena fortuna económica, alguna que otra alegría y un buen puñado de momentos felices para recordar en los años venideros. Igual es ser demasiado optimista tal y como pintan las cosas en todo el mundo, pero al menos hay que ser positivas y arrancar con fuerza. Que nunca sabemos cuándo nos van a invadir extraterrestres ni qué intenciones tendrán, por ejemplo.

 

Yo llevo casi dos semanas de vacaciones en Murcia con la familia sin hacer grandes planes pero tampoco sin que me sobre el tiempo. Además de hornear dulces, ayudar con los preparativos de Nochebuena, Navidad y demás, y preparar muchos regalos, he estado haciendo lo que quería: básicamente ocuparme en no hacer nada. Improvisando un poco sobre la marcha, leyendo, viendo alguna serie en familia, paseando, tomando cafés con viejos conocidos, cocinando y horneando, reenganchándome a los videojuegos. O disfrutando del placer de no hacer nada, que también requiere su tiempo. Qué lujo.

Estoy contenta porque Papá Noel se ha portado bien y yo he comprado muchos regalos en comercios locales de gente maravillosa, hemos hecho algo de turismo cercano y están siendo días apacibles, aunque se me acaba la fiesta pasado Año Nuevo. Ya que el 2025 viene con rima predecible, a ver si se porta bien con todos los que se lo merecen, que ya va siendo hora.  


Estos pastelilllos murcianos los horneé por primera vez en 2023 pero se me quedaron en el tintero, así que los traigo hoy, ya que he repetido la receta estas navidades y van a quedarse en el repertorio fijo de dulces para hacer cada vez que llegue diciembre. Los pastelillos son un dulce originalmente más ligado a la Navidad, pero que yo recuerdo desde pequeña presente en las panaderías y obradores casi todo el año, pues mi madre compraba de vez en cuando, especialmente al panadero que pasaba por el campo en su furgoneta. Mi problema con ellos es que me encantaba la masa, pero no me gustaba nada el relleno.

Sí, me apasiona la calabaza pero aborrezco el cabello de ángel. Jamás me ha gustado, ni de niña ni de mayor, menos aún ahora que tolero menos los dulces muy dulces. Así que yo mordisqueaba los pastelillos por todo su perímetro como un ratoncito, dejando el corazón con su relleno intacto. Ahora que he podido recrear la masa en casa los he convertido en pastas o galletas sin más, sin rellenar, y por fin puedo disfrutarlos a mi gusto. He rebajado un poco la cantidad de azúcar de la masa, así que si estáis acostumbrados a los dulces típicos tal cual, aumentad la cantidad unos 50 g más.



Receta de galletas de pastelillos murcianos
Inspiración: la morriña navideña, Teresa Vivancos y mi animadversión hacia el cabello de ángel
Ingredientes aproximados para unas 30 unidades

- 250 g de manteca de cerdo ibérico atemperada
- 200 g de azúcar
- 3 huevos M de gallinas felices atemperados
- 1 vaso de mistela o vino dulce similar (unos 200 ml)
- ralladura de 1 limón murciano
- 500 g de harina de trigo de todo uso (quizá un poco más)
- 10 g de bicarbonato sódico
- 1 cucharadita de canela molida
- 1 huevo batido para pintar

Mezclar en un recipiente amplio la manteca de cerdo con el azúcar, batiendo con unas varillas manuales hasta incorporar bien. Echar los huevos, uno a uno, batiendo tras cada adición ligeramente.

Añadir el vaso de mistela y la ralladura fina del limón lavado, sin parte blanca, remover con las varillas y echar finalmente la harina con el bicarbonato y la canela.

Una vez todo incorporado, amasar a mano mejor sobre una superficie limpia enharinada, echando poco a poco algo más de harina si hiciera falta, hasta obtener una masa maleable, húmeda pero que no sea pegajosa. Tapar y dejar reposar 30 minutos.

Precalentar el horno a 180 ºC sin aire y estirar la masa dejando un grosor de 1 cm, aproximadamente. Recortar las galletas con un cortador redondo o tipo flor, no muy grande, y distribuir en unas bandejas de horno con papel sulfurizado, ligeramente separadas.

Pintar con huevo batido y hornear una bandeja cada vez hasta que estén bien doraditas, entre 20 y 25 minutos, pero vigilando que no se torren en exceso. Esperar un poco antes de trasladar a una rejilla y dejar enfriar por completo.



 

¡Que tengáis un fantástico final de año y mucho mejor 2025! Pasadlo bien y nada de sustos, que la Nochevieja puede ser muy traicionera. Y además parece que vendrá con frío.

14 diciembre, 2024

English gingerbread bundt cake o bizcochón de pan de jengibre inglés para sobrevivir al diciembre prenavideño

 

¡Mi querido otoño tiene los días contados! No me pilla exactamente de sorpresa porque ya me conozco bien el percal, noviembre vuela y diciembre más de lo mismo, y eso que son mis semanas de más estrés y trabajo en el curro. Pero se lleva mil veces mejor que en verano, por supuesto. Que no se te pegue el culo a la silla mientras se te derriten los sesos ayuda bastante.

Este año el no-puente de la Constitución/Inmaculada/Purísima ha sido un poco estafa en Madrid, solo con un viernes festivo, pero lo hemos agradecido un montón. Esa semana se hizo eterna, teniendo solo cuatro días, tanto para mí como para el elfo, que también ha acabado hasta las narices de trabajo. Él ya está de vacaciones, a mí me quedan un par de días y, con suerte, podré dedicarme el resto del mes a la NADA. Bueno, no exactamente, que quiero hacer muchas cosas en fiestas con la familia, pero ya me entendéis.

 

Lo que sí hice en cuanto arrancó diciembre fue sacar mi querido molde de bundt cake de Nordic Ware modelo pine forest, bosque de pinos, que ya es tradición usar cuando asoman las fiestas. El cuerpo me pedía un bizcocho o pastel o algo con muchas especias, miel o melaza, y aproveché para recuperar una receta que tenía fichada de Edd Kimber, alias The boy who bakes, que me cae genial y tiene recetas estupendas y muy tentadoras. Además es una receta de su abuela, y eso suma puntos.

Yo he adaptado la receta reduciendo la cantidad de azúcar y eliminando el stem ginger, que es una conserva de jengibre en sirope típica británica pero que aquí no encuentro, y no tenía tiempo de hacer casera. Además, al elfo no le hubiera hecho mucha gracia tantísimo jengibre, que le conozco. Tampoco tenía mermelada de naranja así que añadí vino dulce y algo de ralladura.


 

Se puede hacer perfectamente en un molde que no sea de Nordic Ware o estrictamente de bundt, pero es importante que sí tenga un agujero en medio y sea grande; un molde redondo o de plum cake dará resultados diferentes; probablemente ricos, pero con una miga de estructura distinta. El golden syrup se puede cambiar por miel de caña -melaza- o miel al gusto; no quedará igual de sabor, pero saldrá buenísimo también. Tengo otra receta de gingerbread bundt cake, versión estadounidense, que recuerdo más húmedo pero muy bueno también. Y como no hay dos sin tres, el bundt cake de cacao y lebkuchen es otro ganador.


Receta de gingerbreaad bundt cake
Inspiración: diciembre y esta receta de Edd Kimber
Ingredientes para un molde de bundt grande, de al menos 9 tazas

- 170 g de mantequilla sin sal
- 340 g de Golden syrup o miel de caña
- 50 g de azúcar
- 340 g de harina de trigo de todo uso
- 3 cucharaditas de jengibre molido
- 2 cucharaditas de de mezcla de especias para pan de especias
- 1 cucharadita de bicarbonato sódico
- 1 pizca de pimienta negra o cayena
- 1/2 cucharadita de sal
- 2 huevos L a temperatura ambiente
- 1 cucharada de vino dulce o zumo de naranja y/o ralladura
- 210 ml de leche o bebida vegetal, a temperatura ambiente
- mantequilla y harina para el molde
- azúcar glasé para decorar

Precalentar el horno a 180ºC con calor arriba y abajo, sin aire. Engrasar bien el molde de bundt con mantequilla, por todos los recovecos, y añadir harina tamizada. Poner bocabajo y dar golpecitos para sacudir el exceso de harina.

Derretir a fuego suave la mantequilla con el Golden syrup o melaza y el azúcar. Cuando esté todo bien homogéneo, añadir las especias y retirar del fuego -así son más aromáticas-. Añadir el vino o zumo, la leche y los huevos cando se haya enfriado un poco, mezclando con varillas. Tamizar la harina en un recipiente grande con el bicarbonato y la sal y añadir la mezcla de ingredientes húmedos.

Combinar todo mezclando suavemente hasta que no haya grumos secos, pero sin mezclar o batir en exceso para que la masa no salga muy apelmazada. Algún grumo puede quedar, pero no restos secos de harina. Verter en el molde, procurando que se llenen todos los recovecos, dar unos golpecitos para romper las posibles burbujas que salgan y hornear durante 45-50 minutos.

Esperar fuera del horno 10 minutos y desmoldar rezando a los dioses. Yo suelo separar la parte de la masa más visible con ayuda de una espátula o cuchillo redondo fino, pongo una rejilla y giro el molde con un movimiento rápido. Suele desmoldarse bien, pero si se rompe algo de masa que no haya drama, intenta colocar el trozo roto y se pegará un poco con el calor residual.

Decorar solo cuando esté totalmente frío, con azúcar glasé tamizado o un glaseado al gusto.


29 diciembre, 2023

Corazones de miel y especias de Lebkuchen para endulzar el fin de año

¡Feliz Navidad y felices últimos días del año!

Llego un poco tarde para felicitar las fiestas pero ya que, milagrosamente, estoy actualizando de nuevo el blog, me apetecía retomar viejas -viejísimas- costumbres 😊. Espero que estéis pasando estos días lo mejor posible, disfrutando como os venga en gana, con la familia sanguínea o elegida que os haga sentir bien y, sobre todo, con buena salud y sin estrés, agobios o ansiedad. Que al final es lo más importante. Yo he tardado en aprenderlo, pero cuando te das cuenta de lo que realmente merece la pena, estas fiestas o cualquier momento del año se gozan el cuádruple.

Bizcochitos con formas de corazones de miel sobre una bandeja navideña


Porque desafortunadamente hemos tenido este año otra problemas de salud en la familia y es inevitable acordarse de quienes ya no están con nosotros; es parte de esa nostalgia triste pero extrañamente reconfortante y agridulce que tienen las fiestas. Se sufre, pero al mismo tiempo creo que es bonito rememorar esos tiempos pasados, acordarte solo de los momentos felices que pasaste en otra época, casi olvidando que también se discutía o había quejas en la mesa por cualquier tontuna. Recordar puede doler mucho, pero yo no querría olvidar esos recuerdos solo por no sufrir, aunque sea para estar más presente en el ahora y ser consciente de que lo que vivimos hoy también lo echaremos de menos algún día.


Habrá excepciones, por supuesto. Soy consciente de que hablo desde mi propio privilegio y que muchos tendrán unas navidades muy duras. Tampoco quiero lanzar mensajes baratos de taza de Mr.Wonderful -argh-; la vida es cruel y muy puñetera. Ánimo y abrazos para todo el que lo necesite, tenéis el derecho de pasar de las fiestas y sus tradiciones y hacer lo que os venga en gana si toda esta parafernalia os trae sin cuidado. Yo vivo la Navidad como a mí me gusta y jamás se me ocurriría tildar de aguafiestas a quien le resulte absurda.

Dejo ya de divagar mientras intento ignorar los ruidos infernales de la obra del edificio en construcción que tenemos justo pegado al de mis padres -a las 8.00 en puntico arrancan cada mañana- y recupero esta receta que horneé en Madrid pocos días antes de hacer la maleta. Unos corazones de miel y especias de Lebkuchen que se suman al interminable catálogo de este tipo de dulces navideños-invernales que ya han desfilado por aquí. Y los que quedan.

Como me gustan todas las versiones de galletas, panecillos, bizcochitos, pasteles, pastas y demás variantes de pan de especias que he probado, suelo probar nuevas cada año. Receta que veo con buena pinta, receta que apunto y que luego tuneo un poco a mi gusto. En este caso tenemos el típico formato de corazones de miga tierna, sin más grasa que la yema de huevo, endulzados con mucha miel y con su potente aroma de Lebkuchen. Hoy es fácil encontrar esta mezcla en tiendas especializadas, pero podéis hacerla también casera.

La receta utiliza como agente levante la antigua combinación de bicarbonato de amonio y bicarbonato potásico, que sigue usándose en países centroeuropeos. Aquí es complicado encontrarlos, así que se puede sustituir por bicarbonato sódico corriente. Como ya he explicado en alguna ocasión (aquí cuento más detalles), el resultado es distinto y difícil de explicar, pero cuando lo pruebas ves claramente la diferencia en la textura; además los dulces se mantienen tiernos y esponjosos muchísimo más tiempo con los primeros.


Es importante dejar reposar la masa al menos de un día para otro para que se desarrollen bien los sabores y aromas; se podría omitir ese paso si tenemos mucha prisa, pero la diferencia es notable. Por supuesto, cuanto mejor sea la calidad de la miel que uséis, más ricos y aromáticos saldrán, y así además se puede jugar con el aroma según el tipo de miel que elijamos. La mía era una miel de la sierra de Madrid que regalan a mis suegros, de color claro y un precioso dorado brillante, con toques de monte y flores de montaña. Si usamos una miel más oscura los corazones saldrán, obviamente, más oscuritos y tostados. Nada que objetar al respecto. 

Supongo que podrían hacerse con un sirope vegetal para una variante vegana, sustituyendo las yemas por algún equivalente, como sirope de arce, de dátil o de ágave. Quizá la textura final sea distinta, pero quedarán ricos también.

Estos corazones se suelen decorar con almendras y guindas u otros frutos secos, a veces se bañan en chocolate negro o blanco o se pintan con glasa real -azúcar glasé+clara de huevo pasteurizada- como las galletas de jengibre. En mi caso simplemente usé almendras laminadas y trocitos de orejones de albaricoque para darles un toque sencillo, porque son ya suficientemente dulces como para agregar mucho más. Aguantan perfectamente durante semanas si se guardan en un recipiente hermético en un lugar fresco y seco, sin mezclar con otros dulces.

Receta de corazones de miel y especias de Lebkuchen
Inspiración: una receta que tenía apuntada desde hace años y no recuerdo de dónde saqué
Ingredientes para muchos corazones, según tamaño

- 500 g de miel de buena calidad
- 4,5 cucharaditas de mezcla de pan de especias*
- ralladura de 1 naranja pequeña o mandarina
- 3 yemas de huevo de gallinas felices
- 200 ml de buttermilk o leche mezclada con 1 cucharadita de zumo de limón
- 500 g de harina de todo uso
- 100 g de harina integral de centeno
- 1 cucharadita de bicarbonato de amonio**
- 2 cucharaditas de bicarbonato potásico**
- 1 clara de huevo para pintar
- frutos secos y/o guindas al gusto

Calentar la miel en un cazo a fuego muy suave para que se ponga muy líquida. Retirar del fuego, añadir las especias y la ralladura y dejar enfriar ligeramente hasta que no queme al tacto. Combinar aparte las harinas con los bicarbonatos en un recipiente grande.

Agregar las yemas y el buttermilk, mezclando con unas varillas manuales. Echar sobre la mezcla seca y trabajar la masa hasta incorporar, terminado de amasar sobre una superficie limpia. Envolver en film y dejar reposar en la parte menos más fría de la nevera durante 24 horas o toda la noche.

Precalentar el horno a 170 ºC sin aire. Estirar la masa entre hojas de papel de horno dejando un grosor de 1 cm. Recortar los corazones con moldes adecuados, distribuir en bandejas de horno con papel sulfurizado, dejando espacio entre ellos, y pintar con la clara de huevo batida. Decorar al gusto si se desea con frutos secos.

Hornear una bandeja cada vez durante unos 12-15 minutos, vigilando que no se tuesten, solo tienen que dorarse. Dejar enfriar un poco antes de trasladar a una rejilla y guardar en un recipiente hermético cuando estén totalmente fríos.

* Una mezcla casera puede ser 1 cucharadita de canela, 1 cucharadita de jengibre, 1/2 cucharadita de clavo, 1/2 cucharadita de cardamomo, 1/2 cucharadita de anís estrellado, 1/2 cucharadita de cilantro/coriandro, 1/4 cucharadita de pimienta de Jamaica, 1/4 cucharadita de nuez moscada (todo molido).

** Sustituir por 2 cucharaditas de levadura química -impulsor- y 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico si no se encuentran.


¡Feliz Año Nuevo! Ojalá el 2024 sea, al menos, tranquilo y con buena salud para todos.
16 diciembre, 2023

Roscos de vino, primera versión con una receta sencilla. A punto de hacer las maletas

¡Mis primeros roscos de vino, chispas!

 

No sé por qué nunca me había animado a hacerlos. Este año tenía ganas de hornear algún dulce típico español navideño que no hubiera hecho antes, y me di cuenta de que hacía años que no probaba un rosco de vino, pues no recuerdo haberlos comprado a propósito jamás. Como solemos recibir en casa de mis padres un surtido de la maravillosa La Despensa de Palacio, casi no compramos nada más aparte de turrón de Alicante, mazapán de Moratalla, panettone, pan de higo y algunos bombones. Lo demás sale todo de mis manos 😁.

Pero los roscos de vino que lleva la mencionada caja son de otro tipo a los que yo recuerdo de pequeña; en la casa sevillana los preparan con vino de pasas y van bañados en chocolate blanco. Para mí un rosco de vino tiene esa masa casi hojaldrada y crujiente, con su anís y toque de sésamo, bien rebozados en azúcar glasé para ponerte perdida al devorar uno. Y se hacen con mistela.



Así que me acordé hace unas semanas de que tenía una botella fabulosa de Mistela Moscatel Turís esperando desde el verano pasado a que le diera uso. A mis suegros les regalan mucho alcohol de tipos diversos y los pobres apenas beben nada, así que cuando pueden me endilgan botellas de cualquier cosa 😅. Yo solo bebo cerveza y ocasionalmente vino moderadamente los fines de semana, el elfo nada de nada más allá de mixtas, así que básicamente uso lo que me dan para la cocina. Y la mistela pide Navidad.

Indagando un poco por las redes he visto infinitas versiones de los roscos de vino. Me encanta. Es el típico dulce tradicional de pocos y humildes ingredientes (no tan humildes hace décadas) sin un origen específico pero del que cada pueblo, y casi cada casa, tiene su versión. Ni mejor ni peor, muy similares, pero distintas. Y dan ganas de probarlas todas.

 

Con manteca, con aceite, con mezcla de aceite y manteca, con harina de trigo duro, con harina normal, con mezcla de almendra o con avellana, con más azúcar en la masa o casi nada, con naranja o limón, con canela... Al final fui picoteando de diferentes versiones dando forma a mi propia receta, y he decidido probar a hacerlos solo con manteca primero, para, si tengo tiempo, intentar otra variante vegetariana de aceite. 

Eso tendrá que ser ya en Murcia, pues el lunes, si los astros no se rebelan, saldré rumbo a mi tierra, por fin, pues me come la morriña ya a estas alturas. Veremos cómo se presentan estas fiestas, espero que tranquilas. Este finde tengo tres masas de galletas aún por hornear en Madrid, con la celebración del cumple del elfo esta noche y varias tareas pendientes. ¿Estrés? Un poquico. Pero sarna con gusto no pica. Creo.



Receta de roscos de vino con manteca
Inspiración: las ganas de probar nuevas recetas de Navidad de toda la vida
Ingredientes para unos 20 roscos

- 300 g de harina de fuerza
- 150 g de harina de todo uso
- 150 g de manteca de cerdo ibérico a temperatura ambiente
- 80 g de azúcar glasé para la masa
- ralladura de 1 limón pequeño lavado
- 180 ml de vino dulce mistela o similar
- 1/2 cucharada de ajonjolí (sésamo tostado)
- 1/2 cucharada de matalahúva (anís en grano)
- azúcar glasé extra abundante para rebozar

Precalentar el horno a 150ºC, mezclar las harinas y extender en una bandeja amplia. Tostar en el horno hasta que empiece a coger color sin quemarse, removiendo de vez en cuando y vigilando muy bien. Dejar enfriar por completo y subir la temperatura del horno a 160ºC con aire.

Batir con batidora de varillas o varillas manuales la manteca para que se ponga cremosa, ligeramente. Añadir el azúcar glasé de la masa, tamizándolo previamente si estuviera lleno de grumos, y la ralladura fina del limón, sin parte blanca. Batir un poco hasta cremar homogéneamente.

Añadir el vino, batir un poco más y echar los dos tipos de semillas y la mezcla de harina tostada en dos o tres tandas, mezclando bien. Terminar de incorporar amasando a mano sobre una mesa limpia o encimera hasta formar una masa compacta no pegajosa. Tapar con film y dejar reposar 30 minutos.

Extender la masa con rodillo, con un grosor de 1 cm aproximadamente, y sacar los roscos con un molde de galletas de anillo o con un aro y otro más pequeño, añadiendo un poco de harina si estuviera muy pegajoso. Repartir los roscos en una o dos bandejas de horno con papel sulfurizado sin necesidad de separarlos mucho.

Hornear durante unos 20 minutos, hasta que se doren ligeramente y estén firmes al tacto. Mientras se hornean, preparar un recipiente mediano con abundante azúcar glasé y una rejilla al lado. Con los roscos recién horneados y calientes, ir cogiendo cada uno y rebozar bien en el azúcar, presionando ligeramente para crear una primera capa. Dejar enfriar sobre la rejilla.

Cuando estén totalmente fríos se pueden espolvorear con más azúcar glasé tamizado, dándoles así otro acabado con el azúcar seco. Y para que manchen bien de ese dulce polvillo blanco a todo el que ose coger uno, como manda la tradición.



24 diciembre, 2021

Navidades aún más diferentes - Biberli, otro pan de especias suizo

Pocas y muchas cosas han pasado desde mi última publicación, y es que el tiempo vuela a un ritmo muy particular, lento y rápido a la vez, pero siempre hacia delante, aunque a veces parece que vivamos en un bucle infinito. No quiero sin embargo detenerme demasiado a reflexionar sobre el estado de la pandemia o en qué situación volvemos a enfrentarnos en este país -y el mundo- a las navidades, pues seguro que estáis tan hastiados como yo. Me está afectando más de lo que esperaba, sinceramente, y creo que de cara al nuevo año tendré que pararme a respirar o me acabará explotando la cabeza.

Pero ese es un tema para otro momento.

Yo vengo hoy, día de Nochebuena, a tratar de recuperar ese espíritu navideño del que siempre he presumido con ingenuidad, y del que he dado buena cuenta a lo largo de tantos años en este blog. Puesto que suelo repetir mis recetas favoritas de dulces festivos -y son muchísimas-, además de lo nuevo que comparto en Directo al Paladar, no me queda mucho espacio para traer recetas nuevas aquí. Sin embargo, no me puedo resistir a probar cosas diferentes, y este año he vuelto al recetario suizo gracias al libro 'Schweizer Guetzli' de Andie Pilot cuyo blog, en inglés, os recomiendo encarecidamente.

Imagen de Adrian Michaels - Wikimmedia Commons

He probado alguna recetilla más pero hoy vengo con mi adaptación de un dulce suizo que me encanta, el Appenzeller Biberli (o Biber), originario de dicha región y hoy vendido y consumido por todo el país. Son unos dulces a medio camino entre bizcocho y galleta tierna, de distintos tamaños, muy especiados y endulzados con miel, habitualmente rellenos de mazapán o mezclas de frutos secos. Los originales van adornados con formas tradicionales, pero nos podemos apañar con cortadores corrientes al gusto. 

Antes de dejaros la receta solo quería dar las gracias al mundo en general, y a la sanidad pública en particular, que mi madre pueda celebrar la Nochebuena con nosotros en casa. Cuando bajé del tren la semana pasada mi padre me recibió con una noticia que me dejó un poco en shock en aquel momento: una mamografía rutinaria había desvelado un nódulo feo que un análisis posterior confirmó como masa tumoral. En apenas dos semanas ya tenía fecha para la operación, y el miércoles pasado, mientras se celebraba el sorteo del Gordo, la operaron. Todo salió muy bien y ayer mismo le dieron el alta; ahora está en casa recuperándose pero animada y con ánimo de superar lo que venga por delante.

 

Cuidemos y apoyemos a nuestros sanitarios, no bajemos la guardia con los controles que nos toquen y mimemos y disfrutemos mucho de cada segundo con nuestra familia y amigos. Eso es lo que realmente importa.

Y que no falten los dulces caseros para celebrar en -reducida- compañía de esos momentos. Feliz Navidad a todos.

Receta de Biberli suizo
Inspiración: Suiza, Navidad y Andie Pilot
Ingredientes aproximados para 15 unidades rellenas o 30 sin relleno

- 100 g de miel fluida aromática
- 80 g de azúcar de grano fino (tipo caster) o normal
- 150 ml de leche sin lactosa
- 1 yema de huevo L
- 200 g de harina de repostería
- 125 g de harina de espelta integral
- 10 g de levadura química
- 3 cucharaditas de mezcla de especias Lebkuchen
- 4 g de sal
- masa de mazapán crudo (o pasta de almendras)
- leche para pincelar

Calentar primero la miel si no estuviera muy fluida, sin dejar que hierva, y combinar con el azúcar, mezclando con unas varillas hasta que este casi se funda. Dejar templar un poco y añadir las especias.

Aparte batir la yema con la leche en un cuenco. En otro recipiente más grande, mezclar las harinas, la levadura y la sal, hacer un hueco y verter las otras dos preparaciones. Combinar y trabajar hasta tener una masa homogénea. Dividir en dos, envolver en plástico film y dejar reposar en la nevera unos 30-60 minutos.

Precalentar el horno a 180ºC. Sacar una porción de masa y estirar con el rodillo hasta dejar un grosor de unos 4-5 mm. Cortar círculos de unos 8 cm de diámetro y, si se van a rellenar, colocar en la mitad una porción de masa de mazapán, sin llegar a los bordes. Tapar con la otra mitad , presionado suavemente los bordes para sellarlos.

Distribuir en bandejas de horno cubiertas con papel sulfurizado ligeramente separados; pitar con más leche y hornear durante unos 12 minutos, hasta que estén bien doraditos. Dejar enfriar sobre una rejilla y guardar en un recipiente hermético.



23 diciembre, 2020

Cocadas, coquitos o Kokos-Makrönli, una receta fácil de dulce de Navidad (que falta nos hace)

 

Cocadas

Es inevitable echar la vista atrás en Navidad. Cuanto más mayor eres, cuantos más años cumples, más pesan las fiestas pasadas, los recuerdos adquieren otros matices en la memoria, rememoras sensaciones en las que antes no te fijabas. Y te acuerdas mucho de la gente que ya no está, claro. Eso es lo peor de las fiestas. Unas celebraciones tan profundamente familiares (entiéndase por familia el concepto que cada cual tenga de ella, lazos sanguíneos o no) están condenadas a tener siempre un poso nostálgico y amargo. Es parte de su encanto, supongo. Son agridulces. Y quizá por eso necesitamos a veces endulzarlas mucho más.

Desde luego, si hay un año para llenar las navidades de caprichos golosos que reconforten y nos trasladen a esa infancia en la que éramos (los afortunados que pudimos) felices e inocentes, es este aciago 2020. Qué más queda por comentar ya, a estas alturas. Va a ser un año para recordar en muchos, muchísimos aspectos. A nivel personal, pandemia aparte, también nos ha trastocado bastante y aún nos tenía reservadas algunas malas noticias que, en fin, intentamos que no nos terminen de estropear las fiestas.

 

Cocadas
 

Porque quiero centrarme en lo positivo y dar gracias por las cosas que sí merece la pena celebrar. Ya suelto bilis y doy la tabarra en las redes sociales sobre lo que me indigna y me entristece la falta de responsabilidad, empatía, conciencia social y solidaridad que imperan estos días. Así que me refugio un poco en mi pobre blog, que tan abandonadico tengo, pero al que vuelvo a menudo a recordar tiempos pasados y recetas favoritas.

Mi madre me comentó este verano pasado lo mucho que recordaba unos dulces de coco que mi abuela compraba en cierta pastelería cuando bajaba a Murcia. Tiene ese recuerdo fuertemente grabado en la memoria, de sus días de infancia en la casa de la huerta de mis abuelos, que aún conservamos pero que ya nadie de la familia habita entre sus paredes. Una casa humilde pero que también yo tengo asociada a fuertes recuerdos, y muchos navideños. 

Se me está formando un nudo en la garganta al invadirme sensaciones de golpe inesperadas, y me desvío del tema. Si es que no se me puede dejar escribir.

Cocadas
 

En fin, que yo venía a hablar de estos simples dulces de coco. De cómo me acordé de la ilusión con la que mi madre me describía ese recuerdo infantil de mi abuela volviendo de "la ciudad" con un capricho para sus hijos, cuando los dulces se comían en ocasiones muy contadas. Y como mi elfo aborrece el coco, pero a mi familia murciano-suiza nos encanta, pensé en hacer algo en su honor en cuanto pude volver a mi tierra para las fiestas. Con muchas medidas de seguridad, eso por descontado.

Hay muchas variantes de este dulce en recetarios de toda Europa; en España se conocen como cocadas, coquitos o sultanas de coco, y en Suiza y Alemania se preparan también pastas similares. Supongo que el coco se consideraba un ingrediente muy exótico y excepcional, festivo, hace décadas, y por eso muchos lo siguen asociando a la Navidad.

Receta de cocadas, coquitos o Kokos-Makrönli
Inspiración: los recuerdos de mi madre y la Navidad
Ingredientes aproximados para 25-30 unidades

- 3 claras de huevo L
- 140 g de azúcar
- 1 sobre de azúcar vainillado
- 1 pizca de sal
- 1 limón
- 200 g de coco rallado (aproximadamente)
- 80 g de almendra molida
- Obleas (opcional)

Precalentar el horno a 160ºC y preparr una bandeja con papel antiadherente.

Empezar a batir las claras de huevo con una pizca de sal, con batidora de varillas, hasta que empiecen a montarse. Añadir el azúcar poco a poco a medida que se sigue batiendo. Añadir el azúcar vainillado y seguir batiendo hasta tener una especie de merengue fluido, brillante, con el azúcar completamente disuelto.

Agregar ralladura fina de limón y 15 ml (1 cucharada) del zumo. Incorporar la almendra molida y el coco, y mezclar bien con movimientos envolventes, hasta tener una masa húmeda pero maleable, que se pueda compactar. Es mejor echar el coco poco a poco porque igual no necesitamos todo, o quizás necesitemos más. Depende del tamaño de las claras y cómo se hayan montado.

Repartir la masa en las obleas con una cucharadita, compactándola, dándole forma más o menos redondeada. Disponerlas en las bandeja preparada y hornear durante unos 15-18 minutos, hasta que se hayan dorado un poquito por fuera.

Consejo: están deliciosas si se cubren con chocolate negro fundido una vez frías; también se puede prescindir de la oblea, formar bolitas sobre la bandeja con papel, y sumergir la base en el chocolate después de hornearlas.

Cocadas

 

Siempre he dicho que la víspera de la víspera, el día anterior a Nochebuena, era de mis favoritos. Sigue siéndolo, a pesar de todo. Hoy hemos podido hacer la compra especial para la "gran" celebración (siempre hemos sido cuatro personas, y este año seguiremos siéndolo, más que nunca) y he dado un paseo precioso con mi madre al atardecer, siguiendo el río, con nuestras mascarillas, pero sin dejar de hablar de nuestras cosas. Y bien acompañadas de patos y tortugas.

Disfrutad mucho, todo lo que buenamente podáis, de estas navidades, con responsabilidad y mucha energía positiva. Cuidáos y cuidad a los demás, ahora y siempre. A pesar de todo, ¡felices fiestas!

30 diciembre, 2019

Mousse de chocolate, yogur griego y naranja para despedir el año



¿Listos para despedir el año? Que no la década, por mucho que estemos viendo infinidad de listas y recopilatorios de lo mejor/más significativo obviando que aún queda un año más para empezar la segunda del milenio. En realidad cada uno es libre de considerar las décadas como quiera, pero que no vengan la Navidad que viene otra vez dando la turra con nuevas listas, por favor. Se me aturullan.

Por suerte yo no tengo que hacer listados de ningún tipo y ni voy a seleccionar mis recetas favoritas de 2019. Cada año las fronteras temporales se me relativizan y confunden más y más, volviéndose difusas y permeables. Si no fuera por el punto de inflexión que sigue marcando el verano, y la ilusión que aún me despiertan las navidades, perdería totalmente la cuenta de los años que pasan.



De nuevo no tengo nada planeado especial para despedir el año ya viejo, y mucho menos para recibir al inminente 2020. Correré la San Silvestre de Murcia disfrutando todo lo que pueda -siempre es divertida a pesar de la marabunta-, y, por segundo año, nos iremos al campo a montar allí la cena. Esperemos que esta vez no nos quedemos sin luz y me vuelva a perder las campanadas; además me he propuesto por todos los medios evitar al máximo cualquier discusión absurda familiar.

No sé qué nos deparará el año nuevo, si es que nos traerá algo interesante. De hecho, casi prefiero que no destaque demasiado, visto lo visto. Ojalá las cosas mejoren un poquito en general para todos, en muchos aspectos. Y para invocar las buenas energías, me despido con chocolate.



Me gustan mucho los postres frescos en vasitos, más ligeros que pasteles o tartas y mucho más fáciles de preparar y servir. Esta receta es una "mousse" falsa, porque no lleva aire de clara de huevo ni de nata batida; da igual. Al combinar el chocolate con yogur griego, pero griego de verdad, 100% natural, obtenemos una crema melosa pero algo esponjosa, suave y muy rica, deliciosa con el toque de naranja. Y, como siempre en estas cosas, permite personalizarla y tunearla de mil formas diferentes.


Receta de mousse de chocolate, yogur griego y naranja
Inspiración: esta receta y porque el chocolate es lo mejor para empezar el año con buen pie
Ingredientes aproximados para 6 vasitos

- 170 g de chocolate negro de buena calidad
- 100 g de leche o bebida vegetal
- 1/4 cucharadita de vainilla o 1/2 vaina
- 250 g de yogur griego natural de buena calidad
- 1 pizca de sal
- 20 ml de licor de naranja o zumo
- nata montada, crema o más yogur para servir
- mermelada de naranja amarga o normal para servir
- ralladura de naranja para servir
- frutos secos crujientes para servir

Picar a cuchillo a lo bruto (pero con cuidado) el chocolate; cuanto más pequeñas sean las piezas, mejor. Hay que usar un buen cuchillo, grande, en una buena tabla. Reservar.

Calentar la leche a fuego suave con la vainilla. Cuando entre en ebullición, apagar el fuego y echar el chocolate. Se suele recomendar tener el chocolate en un recipiente y verter encima la leche, pero yo me ahorro manchar otro cacharro.

Remover con suavidad hasta que el chocolate se funda por completo y se forme una crema homogénea. Agregar una pizca de sal y reservar, dejando que se enfríe un poco.

Batir aparte con unas varillas el yogur griego, bien escurrido de su líquido, para montarlo un poco. Añadir en dos o tres tandas el chocolate, mezclando cada vez con movimientos envolventes. Incorporar el licor o zumo y mezclar.

Repartir en vasitos o cuencos y dejar enfriar en la nevera como mínimo una hora. Servir con una cucharada de nata, crema o yogur, un poco de mermelada, ralladura fina de naranja y frutos secos o crocanti crujiente al gusto. También se puede depositar una cucharada de mermelada en el fondo de los vasos antes de llenar con el chocolate.



Sin más, nos seguiremos leyendo un año más en 2020, sin propósitos ni retos. Con seguir teniendo pequeñas ilusiones cada día ya me voy contenta.

¡Feliz Año Nuevo!
23 diciembre, 2019

Makrönli de avellana y almendra al cardamomo: receta de galletas suizas navideñas (sin gluten y sin lactosa)

Tengo un problema: de todas las canciones navideñas que me gusta escuchar, la que se me queda metida en la cabeza todo el día es Let it snow!, que, a ver, me encanta -transmite muy buen rollo-, pero en Murcia ahora mismo, más bien tenemos primavera. Se agradece el solecito del recién estrenado invierno y no tener que salir con miles de capas de abrigo pero... Jo, yo quiero noches de sofá, manta y tazas humeantes, pijamas calentitos y calcetines gordos.


Hasta aquí mis quejas, que estoy en mi tierra, el árbol luce precioso, toda la familia está sana y el horno nuevo de mis padres va de maravilla. La maldita carpa que han instalado en la Plaza de Toros con actuaciones todos los viernes y sábados es, por ahora, tolerable, y he horneado tortas de Pascua y galletas suizas para abastecer a tres familias. A ver si consigo que ninguna tontería me estropee las fiestas. Ni los 24 grados de temperatura.

Para variar, no he podido hacer todas las recetas navideñas que me hubiera gustado, aunque sí tengo aún alguna cosilla esperando para ver la luz estos días de celebraciones. Hoy os dejo una variante de una de mis favoritas del -enorme- recetario suizo navideño: Makrönli o Makrönchen, que además son geniales para aprovechar restos de frutos secos o de clara de huevo.

No necesitan complicaciones con el rodillo, ni cortadores ni moldes de ningún tipo. Su acabado rústico es parte de su encanto y permiten hacer variaciones con los frutos secos que nos apetezcan, o ser más o menos finos en la decoración. En este caso he combinado avellana en la masa con una almendra como coronación, y un toque de cardamomo. Si no fuera por la cantidad de azúcar, serían unas galletas fit :P. Eso sí, sin gluten y sin lactosa.



Hace varios siglos, en mis primeros pinitos en la cocina, compartí una versión primitiva con nueces y también las makrönchen más originales. Aguantan de maravilla muchos días si se conservan en un recipiente hermético, sin mezclarse con dulces de otras texturas.


Receta de makrönli de avellana y almendra al cardamomo 
Inspiración: mis tradiciones navideñas y esta receta
Ingredientes aproximados para 30 unidades

- 200 g de avellana molida
- 2 claras de huevo
- 1 buena pizca de sal
- 5 ml de esencia de vainilla
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido
- 130 g de azúcar
- almendras o avellanas crudas

Batir las claras de huevo con el azúcar con batidora de varillas hasta que se espese, unos pocos minutos. Agregar la sal y la vainilla, y batir un minuto más.

Incorporar la avellana molida y mezclar con movimientos envolventes hasta tener una masa homogénea, húmeda, sin restos secos ni grumos gordos.

Cubrir con una hoja de papel sulfurizado o similar una bandeja grande de hornear. Con ayuda de una o dos cucharillas, tomar pequeñas porciones de masa y formar montoncitos, del tamaño de una nuez, distribuyéndolos en la bandeja.

Se pueden redondear o perfilar un poco con las manos humedecidas, si preferimos un acabado más fino. Coronar cada bolita con una almendra o avellana cruda. Dejar a temperatura ambiente durante, al menos seis horas.

Si hace calor en la cocina, introducir en la nevera. Si hay gatos por la casa que meten las narices (y sus pelos) en todo, tapar bien con un paño limpio.

Precalentar el horno a 175º C y hornear durante unos 10 minutos, hasta que empiecen a dorarse. Esperar un par de minutos fuera del horno y dejar enfriar completamente sobre una rejilla.




15 diciembre, 2019

Mantecaos murcianos a mi manera: con un toque de aceite y buen limón y canela


Por mucho que el elfo me mire raro cuando le corrijo en su pronunciación, estos dulces seguirán llamándose mantecaos en esta casa, aunque me destierren de Madrid. A ver por qué el laísmo está perfectamente permitido y yo tengo que renunciar a mis raíces huertanas.

Y no me refiero a "hablar mal" porque sí. Soy consciente de que en Murcia tenemos un acento peculiar que se ha convertido en protagonista de chistes, mofas, memes y cachondeo general en los últimos años; de lo que no me quejo, ojo. Me encanta que haya especialistas que se esfuerzan en mantener el auténtico panocho vivo, y que en el habla cotidiana se conserven muchos localismos, términos y expresiones que no existen en otras regiones. También me parece fascinante compartir características y palabras con gente de otras tierras, que tanto dice de nuestra historia, y que dentro de la propia Murcia haya acentos y vocabularios muy diferentes.

Ahora bien, eso no quiere decir que no se nos entienda al hablar ignorando por completo la vocalización básica o reglas de concordancia elementales. Una cosa es la pronunciación particualar que tenemos de la S, y otra tener un felpudo por lengua.

En fin, que me voy por las ramas cuando tengo solo un ratico para dejar por aquí estos mantecaos de limón y canela. Mantecaos murcianos, huertanos o, a partir de este año, de mi casa. Porque sí, es la primera vez que los hago, y no será la última.




La historia detrás es simple: tenía manteca de cerdo en la nevera que había que gastar, y me apetecía probar de nuevo un dulce navideño murciano. Cuanto más se acercan las fiestas, más se me dispara la morriña, es inevitable.

Charlando con mi madre por teléfono me contó hace poco las delicias que recordaba tomar de niña en su casa, con los mantecados del pueblo como imprescindibles en aquella época. ¿Y qué tienen de diferente frente a los que se preparan en otros sitios? Pues no demasiado, la verdad; yo diría que su aspecto más rústico y una textura menos pastosa y desmenuzable. O así los recuerdo yo.

Probablemente los mantecados llegaron a Murcia cuando el territorio aún abarcaba zonas de la actual Andalucía -hola, primos almerienses-; se cree que fue a mediados del XIX cuando salieron de Estepa a conquistar España. Está claro que la manteca no era un ingrediente usado por los árabes, pero estos dulces tienen parte de esa esencia tradicional de la repostería antigua, humilde, sencilla, deliciosa, y en este caso ligados también a la cultura de la matanza.

Yo no suelo usar manteca para nada, pero como tenía que preparar mantecados de chocolate, aproveché las sobras para instruir un poco más a mi familia navideña en la dulcería murciana. Eso sí, a mi manera: añadiendo un poco de aceite de oliva para no dar tanto protagonismo a la grasa de cerdo. Por lo demás me he guiado con la receta de mi adorada Lola, que de repostería tradicional sabe un rato, y sus indicaciones no fallan.


Para hacer mantecaos murcianos no se tuesta la harina, llevan yema de huevo y se aromatizan con limón y canela, que está presente también en el azúcar con el que se rebozan después. El azúcar glasé es menos habitual por estos lares, aunque, como siempre, va al gusto.

Receta de mantecaos o mantecados murcianos de limón y canela (a mi manera)
Inspiración: la estupenda receta de Lola en la Cocina
Ingredientes para unas 30 unidades

- 150 g de manteca de cerdo
- 50 g de aceite de oliva virgen extra
- 2 yemas grandes
- ralladura de 1 limón
- 5 ml de zumo del limón
- 30 ml de agua (para corregir la textura, ya que el aceite es más seco que la manteca)
- canela molida
- 130 g de azúcar
- 1 buena pizca de sal
- 500 g de harina de repostería
- azúcar con canela para rebozar

Precalentar el horno a 175º C y preparar un par de bandejas con papel sulfurizado. Disponer la manteca en un recipiente amplio y trabajar un poco para dejar una textura más suave.

Añadir el azúcar, el aceite, las yemas, la ralladura y zumo de limón y canela molida al gusto. Batir un poco con unas varillas eléctricas o mezclar con una lengüeta para dejarlo cremoso. Añadir la harina y la sal y trabajar muy bien hasta obtener una masa homogénea. Si estuviera muy seca, añadir un poco más de aceite o agua, poquita.

Tomando pequeñas porciones de masa cada vez, aplanar con rodillo o las manos sobre una superficie limpia para dejar un grosor de un dedo. Recortar dos o tres porciones con un cortador redondo o con formas al gusto, y llevar con cuidado a las bandejas.

Continuar hasta terminar con toda la masa. Como se desmenuza, es más fácil compactar porciones pequeñas con las manos y apretarlas sin usar mucho el rodillo, o enharinando este para que no se pegue y deforme la masa.

Hornear a media altura una bandeja cada vez durante unos 18-20 minutos, vigilando muy bien que solo se tuesten ligeramente. Dejar enfriar sobre la bandeja fuera del horno para que no se rompan al levantarlos aún calientes. Llevar a una rejilla para que se enfríen por completo.

Espolvorear o rebozar en una mezcla de azúcar con canela al gusto y guardar en un recipiente hermético. Aguantan de maravilla durante muchos días, si es que duran.


30 diciembre, 2018

Porque nunca hay suficientes recetas de Lebkuchen: nueva versión mini con chocolate para despedir el año

Los más viejos del lugar quizá recordéis mi aventura personal con los caminos insondables de Lebkuchen. Un término que se traduce por pan de especias pero que, realmente, es muy complicado de traducir. Básicamente porque existen millones de versiones distintas, no solo en los países germanos. Las galletas gingerbread men son una variante, también la casita típica de Navidad, o figuras para regalar, o el pain d'épice francés, o el ontbijtkoek holandés... en Suiza también hay variantes, además del propio Lebkuchen más genérico. Mi adorado Basler Läckerli, o el Luzerner Lebkuchen, o el Appenzeller Biberli relleno de mazapán... ¡Para volverse locos!



Locos de subidón de azúcar, claro, porque yo necesito probar todas las variantes que existen. Es mi debilidad. Ya he horneado muchas recetas distintas y sigo acumulando en el tintero unas cuantas pendientes de experimentar, y eso que aún no me he animado con la versión más mundialmente cononocida: el Nürnberger Lebkuchen, también llamado el Elisenlebkuchen. En realidad hay diferentes variaciones también de este -algo lógico, como ocurre con tantas recetas centenarias-; pero se distingue por la base de oblea, la forma redondeada planita, la cantidad de frutos secos y un opcional glaseado, que puede ser de azúcar o chocolate. Algunos llevan también mazapán, otros miel, otros solo azúcar.



En fin, que me pierdo otra vez en el universo del Lebkuchen y me temo que no viviré lo suficiente para probar todas las posibles recetas que existen. Sobre todo porque me empeño en modificarlas a mi gusto, claro. Este año quería usar POR FIN los paquetitos de obleas que me traje de Suiza la última vez, así que me lancé con esta receta algo más "rústica" para traer desde Madrid. He reducido el azúcar y aún así quedan dulzones, pero sin empalagar gracias a los demás ingredientes. Y he prescindido de glaseados, ni falta que le hace.

Me han gustado mucho, y a mi familia también les han encantado. Salen muchísimas unidades de tamaño mini -cuidado, "mini" considerando que el Lebkuchen original puede medir hasta 10 cm de diámetro-, y aguantan perfectamente hasta tres o cuatro semanas, bien guardados. El secreto está en la combinación de especias, frutos secos y frutas confitadas, que con el toque de chocolate negro nos regalan una masa crujiente por fuera, tierna por dentro, tremendamente aromática.



Receta de mini Lebkuchen rústico con chocolate
Inspiración: receta adaptada de Bald ist Weihnachten
Ingredientes para MUCHAS unidades de unos 4 cm de diámetro

- 4 huevos de gallinas felices
- 300 g de azúcar moreno
- 250 g de avellana molida
- 250 g de almendra molida
- 50 g de chocolate muy negro picado fino
- 1/2 cucharadita de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 1 y 1/2 cucharadas de mezcla de especias para pan de especias
- ralladura de 1/2 limón
- 120 g de naranja confitada picada
- obleas redondas para hornear de tamaño mini

Precalentar el horno a 160ºC y preparar bandejas con papel sulfurizado o lámina antiadherente apropiada. Disponer las obleas para ir montando las galletas cuando tengamos la masa. Picar el chocolate y la naranja confitada en piezas pequeñitas.

Batir los huevos con el azúcar usando una batidora de varillas hasta tener una masa esponjosa, durante unos 3-5 minutos. Agregar los frutos secos molidos y el chocolate, mezclando un poco. Incorporar todos los demás ingredientes y mezclar con movimientos suaves, hasta tener una masa homogénea.

Repartir en porciones con una cucharilla sobre las obleas, sin llegar a los bordes. Lo más fácil es ir depositando la misma cantidad aproximada de masa con la cucharita, y luego darles forma con las manos humedecidas para aplanarlos. No tienen que quedar perfectos.

Hornear durante unos 20 minutos, aproximadamente. Deben coger algo de colorcito, pero sin tostarse mucho. Se endurecerán al enfriar. Dejar sobre una rejilla para que se enfríen completamente antes de guardar en un recipiente hermético.

Se les puede dar un glaseado de azúcar glasé ligero o un baño de chocolate negro o con leche, pero así ya están muy ricos y se conservan mucho mejor. Están más buenos con el paso de los días, y ya digo que aguantan en un recipiente hermético, en un lugar fresco, durante muchos, muchos, muchos días.



Bueno, mañana ya es Nochevieja y apenas he contado nada de mi Navidad, que siempre es tan especial para mí. Si enero no llega a lo loco intentaré dar la brasa un año más haciendo algo de balance personal, más que nada para poner en orden mis ideas.

Solo adelanto que volveré mañana a correr la San Silvestre -¡por supuesto!-, y que lo haré además acompañada con una amiga del instituto. Luego pasaremos, por primera vez, la noche en el campo, huyendo de la macrofiesta-discoteca que han montado en la plaza de toros. Ya veremos qué tal se nos da la celebración allí 😄.

¡Disfrutad mucho del fin de año!
20 diciembre, 2018

Pan de especias, frutas y té : receta de Navidad para reconfortar las mañanas y tardes más frías


Poco misterio tiene la receta de Navidad de hoy: muchas frutas secas, especias, algo de licor y té, ingredientes básicos para las fiestas y que podremos seguir disfrutando todo el invierno, pues es un "pan" que se aprecia mucho mejor en los días más fríos. Así que guardad la receta para cuando hayamos pasado la resaca de las Pascuas.

He conseguido esquivar la huelga de Renfe y ya he vuelto a casa por Navidad, como el turrón -ese que para mucho volvió hace semanas, pero bueno-; aunque aún no tengo mucho espíritu de fiestas. La casa está todavía sin decorar por circunstancias que no vienen al caso, mi hermano está fuera y, ay, es la primera vez en muchos años que no me esperaba mi gato.



Sus pelos siguen en mi ropa del armario, pero él ya no está. Con el follón de estos días no me había parado a pensar en su ausencia, ni esperaba que volviera a golpearme con esta fuerza. Esta situación es nueva para mí, yo no estaba aquí cuando nos dejó y seguía con el recuerdo de asociar la casa de mis padres con nuestro gato. Van a ser unas navidades extrañas, pero, aunque no me guste la expresión, la vida es así. Querer congelar el tiempo es absurdo, y precisamente por eso deberíamos saber apreciar mucho más cada instante que tenemos.

Cuando eres niño no te das cuenta y tienes la sensación de que todas las navidades son iguales, porque así es como son. Esas tradiciones que se nos marcan como ley de vida, hasta que un día somos conscientes del paso del tiempo y de que todo cambia. Peor aún: todo cambia y lo hace cada vez más rápido. Los abuelos son los que normalmente se van primero, y ya no "toca" ir a comer a su casa por Navidad. Los primos se hacen mayores con sus propias vidas y de pronto hace meses que no los ves. Familiares que se separan, amigos que se van lejos. También hay cambios que no tienen por qué ser malos, pero a veces el propio cambio lo percibimos como algo negativo. Y solo es natural.



Asumir todo esto a mí me cuesta mucho, soy una persona profundamente nostálgica y caigo en la melancolía demasiado a menudo, pero he aprendido a apreciar también esos sentimientos. Más triste sería no sentir nada y pasar por esta vida como si todo te resbalase. Pero claro, llegan las fiestas y me obsesiono con querer hacer TODO, cocinar todas nuestras galletas y dulces favoritos, probar recetas nuevas, preparar un montón de regalos maravillosos, currarme detalles caseros muy bien envueltos, planificar menús chulos, quedar con mil personas, ver cientos de películas, visitar museos, hacer excursiones, leer libros, hacer ruta de belenes; pero no llego a tiempo a casi nada y me torturo a mí misma.



Encontrarme ayer con mi padre, estresadísimo porque se va a jubilar y se le han juntado mil cosas en esta recta final del año, a punto de estallar porque las obligaciones no le dejan dedicar el tiempo que le gustaría a su familia, me devolvió los pies al suelo. Basta de agobios estúpidos. Obligaciones, las justas, torturarse con tontunas, ni hablar.

Y como una magnífica terapia para ahuyentar el estrés y recuperar la cordura -además del espíritu navideño- es hornear, en cuanto termine con mis obligaciones del día me iré a la cocina. Mi madre probó y se maravillo con los aguardentaos cuando estuvo en Madrid el mes pasado, así que los voy a repetir para toda la familia. Vosotros podéis animaros con ellos también -¡facilísimos y deliciosos!-, o con esta receta de pan/bizcocho de frutas. También lo horneé para ella, y también le encantó. Te reconcilia con el mundo.



Receta de pan de especias, frutas y té
Inspiración: las miles de recetas similares que han inundado las redes estas semanas
Ingredientes para 1 molde tipo plum cake de 20-22 cm

- 225 g de mezcla de frutas secas (dátiles medjool,ciruelas pasas, pasas de corinto, naranja confitada, orejones, fresas, arándanos rojos, mango...)
- 100 g de azúcar moreno oscuro
- 225 ml de té negro o al gusto, fuerte
- 1 buen chorro de ron, oporto o brandy
- ralladura de limón
- 1 huevo batido grande de gallinas felices
- 150 g de harina de repostería
- 50 g de harina de centeno integral
- 50 g de harina de avena
- 2 cucharaditas de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 1/2 cucharadita de canela molida
- 1 cucharadita de mezcla de especias (canela, cardamomo, nuez moscada, jengibre)
- almendras para decorar

Picar a cuchillo y a lo bruto (pero con cuidado) las frutas, dejando trozos irregulares, siempre sin huesos y sin semillas. Disponerlas en un recipiente adecuado y mezclar con el azúcar moreno y la ralladura de limón. Preparar el té bien cargado y cubrir las frutas, añadiendo el chorro de licor, mezclando muy bien. Cuando se enfríe, tapar y dejar reposar toda la noche.

Al día siguiente, precalentar el horno a 160ºC y preparar un molde rectangular. Si lo usamos más pequeño, el pan quedará más alto, y viceversa. Mezclar en un recipiente las harinas con la levadura, la sal y las especias, y formar un pequeño hueco. Echar el huevo, batir ligeramente y añadir las frutas, que habrán absorbido prácticamente todo el líquido. Escurrir lo que sobre, si fuera el caso.

Combinar todos los ingredientes con suavidad, lo justo hasta tener una masa homogénea sin grumos secos. Llenar el molde y cubrir con almendras crudas al gusto, presionando un poco. También podemos espolvorear con más azúcar moreno, si estamos generosos.

Hornear durante unos 60-70 minutos, o quizá algo menos, depende del molde y del horno. Comprobar que el interior está listo pinchando con un palillo; debe salir con algunas miguitas o manchas, pero no con masa cruda. Esperar unos minutos antes de desmoldar y dejar enfriar por completo sobre una rejilla.



Esta tarde ¡por fin! ponemos el árbol :).
13 diciembre, 2018

Muffins integrales de puré de manzana y melaza con avena (desayunos con aromas navideños)


Mi casa hace semanas que huele a Navidad pero vuelvo a tener el problema de cada año: me saturo con todo lo que me gustaría hacer y sufro un bloqueo general del sistema. Ayer tenía la intención de adelantar la masa de mis galletas de jengibre habituales, y ya de paso aprovechar para hornear algo más. Pues estuve como una hora repasando libros, pines, enlaces y notas de recetas "para hacer".

Creo que por mi salud mental debería centrarme en mis dulces navideños favoritos habituales y dejar los experimentos para épocas menos estresantes. Aunque siempre hay sitio para unos sencillos muffins integrales de manzana especiados; es tan terapéutico prepararlos como devorarlos.



Cuando empecé a ver películas de cine clásico me hacía gracia eso de que los matrimonios durmieran en camas separadas. Yo era una niña que realmente no era consciente de que estaba viendo "historia", para mí solo eran películas, pero poco a poco aprendí a ver las cosas en su contexto. Recuerdo con mucho cariño 'Los perros de mi mujer', una película ñoña familiar de Disney pero llena de perros y gags simplones que funcionan en su falta de pretensiones. Mi madre siempre comentaba que eso de dormir en camas separadas tenía que ser maravilloso, sin nadie moviéndose sin parar, robándote la sábana o arrinconándote en el borde. Bromeaba, claro, pero a veces la entiendo.

Dormir en pareja es muy bonito, es pura intimidad cotidiana y siempre reconforta levantarse con alguien que quieres al lado durmiendo plácidamente -y un gato-. Peeero también pone a prueba un poco el amor en ciertas ocasiones.



Y no hablo solo de ronquidos -por el momento la cosa no es grave en esta casa-; el elfo, con sus casi dos metros, provoca un terremoto en la cama cuando se mueve, tiende a ponerse en diagonal -y yo tengo fobia a que me toquen con los pies- y encima habla en sueños. Me pega unos sustos tremendos, porque suelta largas frases completas a voz en grito y yo no tengo muy buen despertar. Y los sonámbulos me dan respeto, para qué engañarnos. Espero que no le dé por levantarse y ponerse a andar, como al parece hacía de niño.

Lo que no entiendo es lo friolero que puede llegar a ser. Con su pijama de invierno (¡y camiseta interior!) duerme bien tapadito y dice que pasa frío. ¡Y yo me levanto sudando! He empezado a dormir como mi padre, solo con una camiseta de tirantes, porque me achicharro debajo del nórdico. No sé si me están activando los genes suizos, o es que la cama nueva crea un microclima a prueba de inviernos suecos, pero empiezo a estar harta. Con lo agustico que se duerme en un pijama largo, calentito, tapándote hasta la nariz... Pues nada. En fin, al menos es bonito ver que él si duerme a pierna suelta.



Receta de muffins integrales de puré de manzana y melaza
Inspiración: la necesidad de dar salida a sobras de puré de manzana y ¡Navidad!
Ingredientes para unos 12 muffins

- 2 huevos de gallinas felices
- 300 g de puré de manzana o compota natural
- 1/2 cucharadita de vainilla
- 80 ml de aceite de girasol
- 70 g de queso fresco batido o yogur natural
- 60 ml de leche de soja o equivalente
- 40 g de melaza (miel de caña)
- 80 g de copos de avena finos
- 80 g de harina de avena
- 25 g de almendra molida
- 65 g de harina de espelta integral (o trigo)
- 1 cucharada colmada de panela o azúcar moreno (opcional)
- 1 cucharadita de bicarbonato sódico
- 1 cucharadita de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 2 y 1/2 cucharaditas de mezcla de especias (canela, jengibre, anís estrellado, clavo, nuez moscada, cardamomo, cilantro molido, pimienta de Jamaica...)
- pistachos o frutos secos para decorar (opcional)

Atemperar fuera de la nevera los huevos, el queso o yogur y la leche. Precalentar el horno a 180ºC y preparar una bandeja con 12 moldes de muffin. Yo preferí hacerlos de tamaño medio y aprovechar para hornear también unos cuantos en formato mini.

Batir con unas varillas los huevos con el puré de manzana, la vainilla, el aceite, el queso o yogur, la leche y la melaza, hasta tener una mezcla homogénea y ligeramente esponjosa.

Aparte combinar con unas varillas limpias todos los demás ingredientes. Formar un hueco central y agregar la mezcla húmeda poco a poco, mezclando suavemente. Combinar todo sin sobremezclar, hasta que no haya grumos secos.

Repartir en los moldes sin llenarlos hasta arriba y decorar con frutos secos al gusto. Hornear durante unos 18-22 minutos, o hasta que se hayan dorado y al pincharlos con un palillo salga limpio. Si son minis, tardarán menos. Esperar un poco fuera del horno antes de desmoldar y dejar enfriar en una rejilla.

Aguantan bien un par de días en un recipiente hermético, en una cocina fresca. Saben mejor pasadas unas horas, cuando se han asentado los sabores de las especias. Yo suelo congelar la mitad porque solo somos dos en casa y tampoco es plan de desayunar o merendar muffins a diario. Si no sois alérgicos a los "tropezones", os recomiendo añadir a la masa unas nueces picadas, arándanos rojos o trocitos de manzana fresca o deshidratada.



PD. ¡Feliz Santa Lucía! ¿Queda alguien por probar los Lussekatter?
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