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14 diciembre, 2024

English gingerbread bundt cake o bizcochón de pan de jengibre inglés para sobrevivir al diciembre prenavideño

 

¡Mi querido otoño tiene los días contados! No me pilla exactamente de sorpresa porque ya me conozco bien el percal, noviembre vuela y diciembre más de lo mismo, y eso que son mis semanas de más estrés y trabajo en el curro. Pero se lleva mil veces mejor que en verano, por supuesto. Que no se te pegue el culo a la silla mientras se te derriten los sesos ayuda bastante.

Este año el no-puente de la Constitución/Inmaculada/Purísima ha sido un poco estafa en Madrid, solo con un viernes festivo, pero lo hemos agradecido un montón. Esa semana se hizo eterna, teniendo solo cuatro días, tanto para mí como para el elfo, que también ha acabado hasta las narices de trabajo. Él ya está de vacaciones, a mí me quedan un par de días y, con suerte, podré dedicarme el resto del mes a la NADA. Bueno, no exactamente, que quiero hacer muchas cosas en fiestas con la familia, pero ya me entendéis.

 

Lo que sí hice en cuanto arrancó diciembre fue sacar mi querido molde de bundt cake de Nordic Ware modelo pine forest, bosque de pinos, que ya es tradición usar cuando asoman las fiestas. El cuerpo me pedía un bizcocho o pastel o algo con muchas especias, miel o melaza, y aproveché para recuperar una receta que tenía fichada de Edd Kimber, alias The boy who bakes, que me cae genial y tiene recetas estupendas y muy tentadoras. Además es una receta de su abuela, y eso suma puntos.

Yo he adaptado la receta reduciendo la cantidad de azúcar y eliminando el stem ginger, que es una conserva de jengibre en sirope típica británica pero que aquí no encuentro, y no tenía tiempo de hacer casera. Además, al elfo no le hubiera hecho mucha gracia tantísimo jengibre, que le conozco. Tampoco tenía mermelada de naranja así que añadí vino dulce y algo de ralladura.


 

Se puede hacer perfectamente en un molde que no sea de Nordic Ware o estrictamente de bundt, pero es importante que sí tenga un agujero en medio y sea grande; un molde redondo o de plum cake dará resultados diferentes; probablemente ricos, pero con una miga de estructura distinta. El golden syrup se puede cambiar por miel de caña -melaza- o miel al gusto; no quedará igual de sabor, pero saldrá buenísimo también. Tengo otra receta de gingerbread bundt cake, versión estadounidense, que recuerdo más húmedo pero muy bueno también. Y como no hay dos sin tres, el bundt cake de cacao y lebkuchen es otro ganador.


Receta de gingerbreaad bundt cake
Inspiración: diciembre y esta receta de Edd Kimber
Ingredientes para un molde de bundt grande, de al menos 9 tazas

- 170 g de mantequilla sin sal
- 340 g de Golden syrup o miel de caña
- 50 g de azúcar
- 340 g de harina de trigo de todo uso
- 3 cucharaditas de jengibre molido
- 2 cucharaditas de de mezcla de especias para pan de especias
- 1 cucharadita de bicarbonato sódico
- 1 pizca de pimienta negra o cayena
- 1/2 cucharadita de sal
- 2 huevos L a temperatura ambiente
- 1 cucharada de vino dulce o zumo de naranja y/o ralladura
- 210 ml de leche o bebida vegetal, a temperatura ambiente
- mantequilla y harina para el molde
- azúcar glasé para decorar

Precalentar el horno a 180ºC con calor arriba y abajo, sin aire. Engrasar bien el molde de bundt con mantequilla, por todos los recovecos, y añadir harina tamizada. Poner bocabajo y dar golpecitos para sacudir el exceso de harina.

Derretir a fuego suave la mantequilla con el Golden syrup o melaza y el azúcar. Cuando esté todo bien homogéneo, añadir las especias y retirar del fuego -así son más aromáticas-. Añadir el vino o zumo, la leche y los huevos cando se haya enfriado un poco, mezclando con varillas. Tamizar la harina en un recipiente grande con el bicarbonato y la sal y añadir la mezcla de ingredientes húmedos.

Combinar todo mezclando suavemente hasta que no haya grumos secos, pero sin mezclar o batir en exceso para que la masa no salga muy apelmazada. Algún grumo puede quedar, pero no restos secos de harina. Verter en el molde, procurando que se llenen todos los recovecos, dar unos golpecitos para romper las posibles burbujas que salgan y hornear durante 45-50 minutos.

Esperar fuera del horno 10 minutos y desmoldar rezando a los dioses. Yo suelo separar la parte de la masa más visible con ayuda de una espátula o cuchillo redondo fino, pongo una rejilla y giro el molde con un movimiento rápido. Suele desmoldarse bien, pero si se rompe algo de masa que no haya drama, intenta colocar el trozo roto y se pegará un poco con el calor residual.

Decorar solo cuando esté totalmente frío, con azúcar glasé tamizado o un glaseado al gusto.


30 noviembre, 2024

Mini cakes de pistacho sin gluten para endulzar el café de tardes hogareñas

 


Llego a tiempo de publicar una recetica dulce caprichosa antes de despedir el mes de noviembre, el cual no tengo claro si se me ha hecho largo o se me ha pasado volando. Un poco ambas cosas, supongo, sensación que termina dejándome más agotada por dentro.

La recta final de año siempre viene cargadísima de trabajo y, cuando se junta con imprevistos tantos laborales como personales, llega el caos. Bueno, tampoco voy a ponerme dramática en exceso que no ha sido para tanto, pero sí que he terminado muchos días agotada, sobre todo de la cabeza. Por suerte, el tiempo otoñal -aunque menos frío de lo que me gustaría- y las ganas de celebrar las fiestas en casa con unas pequeñas vacaciones hacen todo más llevadero. Y que tengo la suerte de estar rodeada de gente estupenda, que siempre facilita la existencia.


Este mes hemos tenido follón gatuno en casa. Nuestro gatete Lito, un buen día, no se terminó la comida que normalmente engulle como si se la fueran a robar. Al día siguiente fue a comerse el pienso que le quedaba y lo vomitó de golpe. Ya no quiso comer más pienso ni tampoco al día siguiente, y apenas comía un poco de otras cosas (fiambre de pavo, que le encanta, pollo, comida húmeda...), que tampoco pedía con especial entusiasmo. Nos preocupamos así que fuimos al veterinario, con el consiguiente drama que el señorito monta en cuanto ve el transportín. Pues le tocó volver al día siguiente, y una semana después otra vez.

Exploración, ecografía, analítica y análisis de orina después, teníamos diagnóstico: tiene riñones poliquísticos. Es una enfermedad congénita sin cura que hará que los riñones funcionen cada vez peor con la edad hasta fallar, pero por el momento parece que siguen relativamente bien. Toca, eso sí, cambio de dieta, vigilar que beba mucha agua y controles más periódicos. Además tenía una bacteria, colestasis y gastroenteritis, probablemente por eso no comía bien. Tras un finde de medicación y caprichitos ya vuelve a comer como una lima y parece que el pienso nuevo renal le gusta tanto o más que el anterior, así que estamos contentos con eso :). Esperamos que pueda seguir bien y feliz muchos años más con una vida relativamente normal.


Y tras la chapa gatuna, recetica dulce. Me apunté estos mini cakes de pistachos en cuanto vi la receta en The Guardian, firmada por Ravneet Gill, y me di el capricho de hornearlos el finde que el elfo estaba, como cada año, en un concurso de pintura de miniaturas en Monte San Savino. Mi receta está algo modificada, no puse frambuesas -porque no tenía, básicamente- y usé moldes normales de muffins, de tamaño mediano, pero en formato más mini deben ser peligrosos porque no podrás comerte solo uno. Muy fáciles de preparar y riquísimos, con esa miga esponjosa y suave, algo húmeda y muy aromática, que los frutos secos consiguen en este tipo de masas.


Receta de mini cakes de pistacho sin gluten
Inspiración: receta ligeramente modificada de Ravneet Gill
Ingredientes aproximados para 5-6 cakes tamaño magdalena mediana o 9-10 minis

- 70 g de pistachos triturados finos (molidos)
- 60 g de almendra molida
- 90 g de azúcar glasé
- 50 g de harina de trigo sarraceno o teff
- 1 pizca de sal
- 1/4 cucharadita de levadura química (impulsor)
- 1/4 cucharadita de cardamomo molido (opcional)
- 80 g de mantequilla sin sal derretida
- 120 g de claras de huevo

Precalentar el horno a 180ºC con calor arriba y abajo. Engrasar los moldes o usar cápsulas de papel o moldes de silicona.

Tamizar todos los ingredientes secos en un recipiente mediano y mezclar con unas varillas finas. Añadir la mantequilla derretida, no muy caliente, y mezclar bien. Montar las claras aparte casi a punto de nieve e incorporar a la masa con movimientos envolventes, aunque no será una masa muy aireada en apariencia, más bien algo basta.

Repartir la masa en los moldes y hornear hasta que estén dorados y al pinchar el centro con un palillo salga prácticamente limpio y seco; será en torno a 18-30 minutos, según el tamaño del molde y tipo de horno. Esperar un poco antes de desmoldar y enfriar sobre una rejilla.


 
10 noviembre, 2024

Pumpkin pie cremosa o vuelta a los clásicos reconfortantes con una nueva tarta de calabaza

 

Estas últimas semanas están siendo un mazazo emocional tras otro. La cosa empezó más o menos bien, considerando que el horror en Oriente Próximo sigue día sí y día también sin que al resto de "líderes" (ejem) del mundo parezca importarle mucho. Pude escaparme a mi Murcia unos pocos días aprovechando un evento de trabajo, y poder estar con la familia siempre renueva los ánimos. Además tuve la oportunidad de disfrutar de una cena increíble en un lugar de ensueño, en mi propio barrio de toda la vida -quién me lo iba a mí a decir-, y pude aprovechar incluso para volver al campo y hacer un poco de turismo local, pese a no estar de vacaciones.

Pero claro, llega la realidad del mundo y te pega un guantazo en la cara, y otro más fuerte después, y otros más de propina. Soy incapaz de comentar nada sobre el horror a todos los niveles de la DANA, esa gota fría terrible que ha dejado la mayor catástrofe que se recuerda en tantas comarcas, pueblos y campos de Valencia, Albacete, Andalucía y más. Pasando "de puntillas" esta vez por Murcia pero recordándonos a todos los que hemos crecido entre gotas frías la destrucción que puede traer este fenómeno meteorológico. Particularmente cuando nos rodea la incompetencia política. Pero no quiero entrar ahí que me enciendo, y tampoco iba a decir nada nuevo. 

 


Ánimo a todos los que han sufrido y siguen sufriendo las consecuencias de esta catástrofe. Ojalá, ojalá de verdad que no se vuelva a repetir, pero no soy nada optimista al respecto. Digamos que las recientes elecciones en EEUU tampoco me han dejado con el ánimo especialmente positivo respecto a la fe en el ser humano.

Ante la desesperanza y el hastío con el mundo, me refugio en las pequeñas cosas cotidianas. Que al menos el otoño en mi barrio está en su esplendor, y es el ambiente perfecto para hornear. Pasó Halloween, pasó Todos los Santos y el Día de Difuntos, y yo recuperé mi tradición de hacer una tarta de calabaza o pumpkin pie. Haciendo lo que más me gusta, complicándome probando cosas nuevas en lugar de repetir las recetas del pasado que sé que funcionan.

Basándome un poco en las explicaciones y recetas de The Flavour Bender y Joy of Baking, quise hacer una masa de las tipo flaky, como ya hice hace tiempo, pero algo más suave y no tan quebradiza, y un relleno que fuera muy cremoso. No tengo nada en contra de las tartas de calabaza más sólidas y algo granulosas, pero mi reto esta vez era un relleno bien cremoso, con un toque caramelizado donde resaltara el sabor de la calabaza y las especias. Objetivo conseguido. Solo me queda tener más maña dando forma al borde y dar con el tiempo de horneado perfecto.


Unos consejicos previos. 

Si usas puré de calabaza casero, procura exprimir muy, muy, muy, muy bien el agua que suelta, dejándola al menos toda la noche escurriendo, o más. Si puedes, compra un bote comercial, es mucho más cómodo. Respecto a la masa, este tipo de pies quedan de fábula con la masa quebradiza rica en mantequilla que no se funde con la harina, y es mejor hacerla el día antes para que se enfríe toda la noche antes de hornear; el reposo en frío antes de entrar al horno también es casi imprescindible, diría yo. Y al hornear en blanco, mucho mejor usar papel de aluminio para cubrirla con azúcar de peso, nada de legumbres ni pesos comerciales. Comodísimo. 

Ah, quizá le habría dado algo más de temperatura al horno o más tiempo de horneado, visto el resultado. Quedó estupenda, pero no del todo perfecta. Qué pena, tendré que repetir hasta dar con el punto. Y si tenéis gatos en casa, procurad que no tengan acceso a la tarta mientras se enfría o podéis encontrar huellas de patitas sobre ella, como puede atestiguar la nuestra. Los lametones que le habrá dado Lito a la corteza no se ven, pero no dudo que fueron producidos.



Receta de pumpkin pie o tarta de calabaza americana
Inspiración: el otoño, la nostalgia y The Flavour Bender
Ingredientes para 1 molde de 23 cm de diámetro (este en concreto)

- 150 g de mantequilla sin sal muy fría
- 100-120 ml de agua muy fría
- 200 g de harina de todo uso (repostería)
- 10 g de panela
- 1 pizca de sal

- 2 huevos L y 1 yema L, a temperatura ambiente
- 425-430 g de puré de calabaza (de bote o casero, muy bien escurrido)
- 200 ml de nata líquida para montar (sin lactosa en mi caso) a temperatura ambiente
- 50 g de leche (sin lactosa en mi caso) a temperatura ambiente
- 10 g de maizena (opcional)
- 30 g de sirope de arce o miel
- 70 g de azúcar moreno 
- 1 cucharadita de canela molida
- 3/4 cucharadita de jengibre molido
- 1/4 cucharadita de clavo molido
- 1/4 cucharadita de allspice (pimienta de Jamaica, opcional)
- 1/4 cucharadita de cardamomo molido
- 1 buena pizca de nuez moscada recién rallada
- 1/2 cucharadita de sal

Preparar la masa varias horas antes o, mejor, el día anterior. Cortar la mantequilla en cubos y llevar al congelador unos minutos. Mezclar la harina con la panela y la sal en un recipiente o el vaso de un robot o procesador de alimentos. Añadir la mantequilla y aplastar y frotar todo con las manos hasta tener una textura de migas gruesas. Añadir casi toda el agua y seguir frotando; debe quedar una textura de arena, pero que al apretar la masa se quede cohesionada. Añadir más agua si hiciera falta. Es más fácil hacer esto con el robot, triturando todo en tandas cortas.

Volcar sobre una superficie de trabajo limpiar y cohesionar la masa. Dividir en dos, poner uno sobre el otro y aplastar formando un disco. Deberían verse pegotitos de mantequilla por la masa. Envolver en film y refrigerar al menos dos horas, o hasta el día siguiente.

Engrasar el molde. Estirar la masa dejando un grosor de unos 3-4 mm y trasladar al molde. Apretar con el dorso de los dedos -enharinados si hace falta-, pero NO estirar la masa. Cortar el exceso de los bordes, dejando que sobresalga un poco. Pellizcar el borde para darle forma rizada o dejar tal cal. Refrigerar entre 30 y 60 minutos. Precalentar el horno a 175ºC mientras tanto, calor arriba y abajo.

Cubrir la masa con papel de aluminio -no recomiendo usar papel de horno-. Llenar con azúcar generosamente para que haga de peso y hornear durante 40 minutos, poniendo el molde en un nivel por debajo de la mitad del horno. Sacar y retirar con mucho cuidado el papel de aluminio con el azúcar. Pinchar el fondo de la masa con un tenedor y tapar el borde de la masa con más papel de aluminio. Volver a hornear unos 10-15 minutos, hasta que el fondo esté ligeramente dorado, no crudo. Sacar y dejar enfriar mientras se hace el relleno.

Mezclar todos los ingredientes en un recipiente con unas varillas o triturar con una batidora de brazo, de vaso o con un robot, sin batir demasiado. Dejar reposar unos minutos, dando golpecitos para que salgan las burbujas de aire y romperlas con una espátula. Verter la masa en el molde, dar de nuevo golpecitos y romper las burbujas. Hornear a 180 ºC durante unos 50 minutos, comprobando que la masa no se tueste demasiado -proteger con papel de aluminio si hiciera falta-.

Dejar enfriar a temperatura ambiente y refrigerar al menos una hora antes de servir. Está más rica pasadas varias horas, pero procurar que no esté muy fría al servir. Cuidado si tienes gatos, el olorcito de la tarta recién hecha suele atraer el interés de sus patitas.

Cuidáos mucho y cuidad a los demás. De verdad.

06 octubre, 2024

Coca de zanahoria y nuez para volver al hogar invocando al otoño

 Vuelvo, como ya viene siendo habitual en mí, a quitar las telarañas del blog en octubre, mi mes favorito en la fantasía de mi mente. Me he convencido de que es mi mes favorito porque lo tengo idealizado en cómo me gustaría que fuera, totalmente otoñal, con el nórdico puesto en la cama, la casa puesta totalmente a unto tras esas tareas pendientes que nos propusimos terminar en verano, con una rutina establecida, tardes de sofá, tazas humeantes y mantitas, paseos por parques vestidos de hojas y teñidos de rojo, amarillo y naranja.

Pero la realidad es que a día 6 todavía no he guardado toda la ropa de verano, me siguen apeteciendo más helados y tés fríos que cosas calientes y la lista de tareas sigue ahí, esperando a que nos dignemos a hacerle caso de una vez. En fin, casi que esta es la rutina real y no la que me monto en mi cabeza.

 Pero sí que se va notando el cambio al menos por donde nosotros vivimos y los parques van dejándose abrazar, tímidamente, por el otoño. Y al menos ya puedo hornear sin morir en el intento, las masas de pan no se descontrolan tanto con los calores y, aunque sin nórdico, puedo dormir tapada y descansar mejor. Y estamos en la spooky season, que siempre le da más encanto a este mes con su ambiente de brujas, fantasmas, gatos, calabazas, espíritus, leyendas, fantasmas y vampiros. 

 Sabéis que me encanta la Navidad pero a su debido tiempo, y toda la parafernalia de Halloween, la Noche de Brujas, el Día de los Muertos y Todos los Santos también me fascina. Porque además va de la mano del mercado otoñal, con sus calabazas, castañas, nueces, mandarinas, naranjas, setas, caquis, granadas, boniatos y muchas más cosas deliciosas.


 Tenía fichada desde hace tiempo una receta de coca de zanahoria de Santi en Una receta, un recuerdo, un bizcocho de esos tan típicos en tierras valencianas horneados en llandas y bandejas amplias que tanto me gustan para hacerlos más planitos y darle variedad al repertorio dulce. Y la semana pasada me ardía la vena repostera, tenía zanahorias que pedían un uso urgente y un paquete de nueces peladas que compré cuando vino mi hermano de visita en verano -es un señorito comodón que prefiere evitar tener que abrirlas él a mano-. Como al elfo no le gustan los tropezones de frutos secos en las masas, la receta era perfecta, pues Santi propone triturarlas para usarlas casi como una harina.

El resultado es fabuloso, un bizcocho con textura rústica pero jugosísimo, de esos que saben a hogar, a tazas humeantes con una chimenea tras un paseo por el bosque. Si le ponéis azúcar por encima para que haga costra, tened en cuenta que con el paso de las horas es más que probable que se humedezca; perderéis el toque crujiente pero quedará como una cobertura más golosa y caramelizada -salvo que echéis MUCHO azúcar-. 

Yo quería una coca bajita, pero si preferís una miga más gordota solo tenéis que usar una fuente más pequeña y de paredes altas. Corté la mitad en porciones y las congelé, porque somos solo dos en casa y hay que tener cierta mesura. Siempre prefiero hacer recetas completas y congelar -o regalar- a dividir cantidades, que no siempre salen bien.

Receta de coca de zanahoria y nuez
Inspiración: el otoño y Santi Hernández
Ingredientes para una bandeja de unos 20x30 cm

- 150 g de nueces molidas
- 150 g de zanahoria rallada fina
- 4 huevos S (o 3 M) de gallinas felices
- 100 g de panela o azúcar moreno
- 100 g de azúcar blanquilla
- ralladura de 1 naranja pequeña
- 250 g de leche sin lactosa o normal
- 60 g de aceite de oliva virgen extra o girasol
- 250 g de harina de todo uso
- 1/2 cucharadita de canela molida
- 3 sobres dobles de gaseosas
- 1 buena pizca de sal

Si no tenemos nueces molidas compradas, partir las nueces o usar nueces ya peladas comerciales. Tostarlas ligeramente en una sartén sin aceite procurando que no se quemen; paso opcional pero muy recomendable, sobre todo si usamos nueces ya peladas. Esperar a que se enfríen y triturar con un robot o picadora hasta tener textura casi de harina; si quedan grumillos no pasa nada, más textura.

Lavar, secar y pelar ligeramente -si es necesario- unas 2-3 zanahorias, según tamaño, y rallarlas finas. Tapar y reservar. Precalentar el horno a 200ºC con calor arriba y abajo y engrasar o forrar una bandeja de horno rectangular.

Batir muy bien los huevos con los dos tipos de azúcar, hasta que espesen un poco. Añadir la leche, el aceite y la ralladura de naranja, y batir un poco más. Añadir las nueces molidas, incorporar sin batir mucho, y tamizar encima la harina con las gaseosillas, la canela y la sal. Echarla en tandas, alternando con la zanahoria, incorporando con movimientos suaves hasta que no queden grumos secos.

Llenar la bandeja con la masa y añadir azúcar por encima si se desea. Hornear durante unos 35-40 minutos, hasta que esté bien dorada y al pincharla en el centro con un palillo salga limpio. Esperar un poco antes de desmoldar sobre una rejilla.

 


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03 diciembre, 2023

Bundt cake de plátano, receta para desayunos de domingo que todavía saben a otoño

 

¡Milagro, vuelvo a publicar! Y no es una receta estrictamente navideña, a pesar de que, dioses, ya estamos a día 3 de diciembre, en pleno Adviento. Ains.

Es ya repetirse mucho, y cada año la sensación se acelera, pero este 2023 realmente se me ha pasado volando. Tengo la sensación de que fue este verano cuando fuimos de vacaciones a Asturias, cosa que hicimos en 2022, mezclándose los recuerdos con el viaje que sí emprendimos, a Cantabria. Dos tierras maravillosas, por cierto. Qué bien se come en el norte.

Quiero creer que si el año se me ha hecho tan ligero es porque me encuentro mucho mejor anímicamente y mentalmente que cuando terminó el verano de 2022, cuando creo que ya comenté que tenía la salud mental pocha y empecé a recurrir a ayuda profesional. Es un proceso de recuperación lento en el que aún me queda mucho por trabajar, pero me encuentro, con gran diferencia, mucho mejor. Y lo noto tanto en mi estado de ánimo como físicamente.

 


La ansiedad, la tristeza que me comía por dentro y la sensación vital de vacío no solo me tenía desanimada y gris, sin ánimos para casi nada, también se manifestaba con síntomas físicos como digestiones terribles, palpitaciones, heridas bucales, síndrome de la boca ardiente -una cosa muy rara y desagradable-, globo faríngeo... en fin no quiero aburriros, pero es, por decirlo de algún modo, fascinante cómo el cuerpo reacciona en tu contra cuando la mente no está bien. Como un grito de ayuda, un "amiga, date cuenta".

Y todo eso hace que te alimentes peor y asimiles mal los nutrientes, con lo que el cuerpo encima está más débil, la cabeza sufre más y es un círculo vicioso que llega a ser insostenible sin que te des cuenta. La recuperación, como digo, es lenta, pero pasito a pasito todo mejora. Y yo solo quiero terminar de recuperarme y seguir disfrutando de las pequeñas cosas que me gustan con la gente que quiero ^_^.

 

Eso me lleva a las fiestas navideñas, que las tenemos encima casi ya, y las ganazas que tengo de disfrutarlas al máximo sin más pretensiones que volver a casa, pasar todo el tiempo que pueda con mi familia y dejar rienda suelta a mi ingenuo e infantil espíritu navideño murciano-suizo. Y eso implicará hornear y cocinar mucho, por supuesto. A ver si cae alguna receta nueva que pueda traer por aquí.

Hoy dejo este bundt cake de plátano que aún sabe más a otoño y que horneé hace unas semanas aprovechado la cantidad absurda de la fruta que se nos había acumulado en casa por una falta de coordinación en las compras. Como todavía no hacía el frío tan maravilloso que POR FIN tenemos en Madrid, maduraron muy rápido. Y los plátanos maduros jamás se tiran.


Receta de bundt cake de plátano
Inspiración: el otoño y King's Arthur Cake
Ingredientes para un molde tipo Bundt de 10-12 tazas

- 55 g de mantequilla sin sal atemperada
- 50 g de aceite de sabor neutro
- 170 g de azúcar
- 2 huevos L a temperatura ambiente
- 350 g de plátano maduro aplastado (sin piel)
- 170 g de yogur natural a temperatura ambiente
- 5 ml de extracto de vainilla
- 2 cucharaditas de canela
- 1 cucharadita de levadura química
- 1 cucharadita de bicarbonato sódico
- 200 g de harina de todo uso
- 70 g de harina de espelta integral
- 3/4 cucharadita de sal
- 70 g de nueces troceadas (opcional)

Precalentar el horno a 175ºC con calo arria y abajo, sin aire, y preparar el molde engrasándolo y enharinándolo con un colador, sacudiendo el exceso. Procurar que todos los ingredientes que hayamos sacado de la nevera estén a temperatura ambiente.

Batir con varillas la mantequilla con el aceite y el azúcar, hasta formar una mezcla homogénea ligeramente esponjosa y suave. Añadir los huevos, uno a uno, batiendo bien después de echar cada unidad. Incorporar el plátano aplastado -o triturado si preferimos una textura más homogénea- y el yogur con la vainilla, y batir un poco más.

Mezclar en otro recipiente el resto de ingredientes salvo las nueces, con unas varillas, y tamizar la mezcla encima de la masa principal, batiendo a velocidad muy baja o mezclando a mano con otras varillas y movimientos envolventes hasta combinar todo en una masa homogénea sin grumos secos. No batir en exceso.

Echar las nueces si se utilizan, o cualquier otro fruto seco o fruta seca como pasas, dátiles... y combinar con suavidad. Echar la masa en el molde preparado, igualando bien por todas partes, y hornear a media altura durante unos 45-50 minutos, hasta que al pinchar con un palillo o brocheta salga prácticamente limpia.

Esperar 10 minutos fuera del horno antes de desmoldar con mucho cuidado volteando el molde en una rejilla, y dejar enfriar por completo. Decorar con azúcar glasé tamizado si se desea cuando esté frío.
30 abril, 2021

Tarta de queso y yogur griego sin azúcar: la receta para animar otro cumpleaños

Otro año más que cumplo primaveras (literalmente, por algo nací en abril) compartiendo mi capricho dulce por aquí, y casi-casi obligada. Si os soy sincera, no recuerdo nada en absoluto de cómo "celebré" el cumpleaños de 2020, en pleno confinamiento, más allá de que recibí el regalazo de la Nintendo Switch con el salvavidas del Animal Crossing. Si no llega a ser, precisamente, porque la publiqué, ni me acordaría de la tarta que hice.

Este año ya no estamos confinados y la situación... bueno, prefiero no comentar mucho porque hay tal clima de crispación por aquí en Madrid que no quiero que quede para la posteridad. Sí me quedo con lo bonito que es poder salir a correr por las zonas de mi barrio donde ha explotado la primavera, aunque sea con la mascarilla, y ver la alegría de tanta gente mayor que por fin pueden atreverse a salir a pasear, a ver a sus amigos y familiares, a vivir un poco otra vez. Benditas vacunas. Ojalá la cosa no vaya tan lenta y pronto respiremos todos más tranquilos.

El caso es que llegó mi cumpleaños otra vez, casi de repente, en mitad de cierto estrés laboral y con fatiga pandémica-electoral acumulada, añorando ya demasiado, otra vez, a mi familia y mi tierra. Para colmo, este año ha caído en un soso y lánguido martes: bajona absoluta. El elfo quería animarme a que saliéramos a cenar, o que pidiéramos al menos algo especial para tomar en casa, pero es que no me apetecía nada de nada. Aborrezco la apatía porque me convierte en un zombie humano que no disfruta nada, así que me obligué a mí misma a hacerme una tarta. 

Este año me apetecía una tarta de queso a mi gusto (apta para mi intolerancia a la lactosa), nada de absurdeces medio crudas que te bañan el plato al cortarlas, ni con sabores raros, ni tampoco un mazacote, ni pasada de dulce. Improvisando un poco salió un pastel sorprendentemente delicioso, con la textura perfecta que yo buscaba, y que endulcé solo un poco con edulcorante líquido. Y, como es temporada aún de deliciosas fresas, también improvisé a ojo una compota-salsa cociendo fresones sabrosísimos a ojo con alguna cosa más. Pensé en usar un molde pequeño dividiendo cantidades pero... sinceramente, siendo mi cumpleaños y ya que me ponía, de perdidos al río. Una señora tarta familiar que devoramos entre dos. En varios días, eso sí.


Receta de tarta de queso y yogur griego con fresas
Inspiración: otro cumpleaños nostálgico
Ingredientes para 1 molde de 20-22 cm

- 200 g de galletas tipo María
- 1 cucharada colmada de mantequilla de cacahuete natural
- leche de almendras necesaria

- 4 huevos L de gallinas felices
- 300 g de queso crema de untar sin lactosa
- 500 g de yogur griego 5% (o skyr, u otro, pero que sea natural de verdad si es posible)
- 200 g de nata para montar sin lactosa
- ralladura de limón
- semillas de 1/2 vainilla o vainilla en polvo
- 1 pizca de sal
- 80-100 g de azúcar o equivalente en edulcorante líquido

- 350 g de fresas o fresones bien aromáticos y jugosos
- chorrico de zumo de limón
- 1 cucharada de azúcar (opcional)
- 1 cucharadita de semillas de chía
- 3/4 cucharadita de agar-agar

Dejar todos los ingredientes un rato a temperatura ambiente Precalentar el horno a 200ºC con calor arriba y abajo, y preparar el molde de fondo desmontable, cubriendo la base con papel antiadherente y engrasando un poco los laterales.

Triturar las galletas con la mantequilla de cacahuete y añadir leche hasta dar con la textura necesaria para forrar el molde. Dependiendo del tamaño, podremos cubrir una parte del lateral también.

Batir todos los ingredientes del relleno añadiendo ralladura de limón y vainilla al gusto. Es más fácil si se bate primero el queso crema con los huevos y luego se añade lo demás. Escurrir el yogur del líquido que pueda tener y corregir el nivel de azúcar de dulzor según se prefiera.

Verter en el molde, dar unos golpecitos para sacar las burbujas y romperlas con un palillo. Hornear durante 20 minutos; bajar la temperatura y hornear a 180ºC unos 45 minutos más, según se prefiera el cuajado. Yo la dejé con el horno apagado 5 minutos más. Dejar enfriar fuera del horno unos 15 minutos antes de retirar el anillo lateral con cuidado. Cuando no esté caliente, llevar al frigorífico para servirla fresquita.

Mientras, preparar la salsa de fresas lavándolas, quitándoles el rabito y troceándolas. Cocerlas con los demás ingredientes hasta que se deshagan y espesen. Espesará más al enfriar. Cubrir la tarta con ella una vez se haya atemperado, y devolver a la nevera.
04 abril, 2021

Tarta de zanahoria enrollada de Pascua para obligarme a recuperar la ilusión por las pequeñas cosas


De Navidad pasamos directamente a Semana Santa, saltándome el Carnaval y mil cosas que se han quedado perdidas en medio, en este limbo temporal pandémico que nos está tocando vivir. Si queda alguien por ahí que me leyera en tiempos más felices (o inocentes), sabrá que mis Pascuas han sido más suizas que españolas, con la salvedad de las riquísimas monas de mi tierra, que en realidad las he comido todo el año. Es decir: en Semana Santa había huevos de colores, conejos, pollitos y mucho chocolate. Y, cuando empecé a meterme en la cocina, casi siempre ha caído algo con zanahoria.


No quiero volver a empezar a lamentarme por lo abandonadito que tengo el blog, pero es inevitable. Todavía no me puedo creer que la última vez que pasé por aquí a dar signos de vida fuera hace más de cuatro meses. De verdad que el tiempo está transcurriendo de una forma muy extraña con esto de la pandemia; los días se me hacen repetitivos y a la vez fugaces, las semanas parecen eternas pero sin embargo vuelan. Al darme cuenta de que ya estábamos en abril, no entendía qué demonios había pasado con el mes de marzo. Otro invierno relámpago. Y esos malditos recuerdos de cómo empezó todo hace ahora algo más de un año.

Las cosas van mejor pero es otra Semana Santa que no puedo ir a mi tierra, a ver a mi familia, a disfrutar de mi Murcia cuando estalla en esa primavera breve antes del ardor del verano. Otras fiestas suspendidas, otros viajes que se aplazan, otras esperanzas puestas en el año que viene. Tengo la impresión de tener el "modo pausa" puesto, de estar constantemente a la espera de algo que no llega, pero con la agria sensación de que el tiempo no se detiene y que nos vamos dejando muchas cosas y seres queridos por el camino.


Pero ya he dicho que me he obligado a intentar recuperar la ilusión y de cocinar por puro placer y no solo por obligación o trabajo. De traer algún dulce nuevo al blog y recordar cómo empezó mi pasión por la gastronomía. De celebrar, aunque sea solo con el elfo en casa, las pequeñas ocasiones. Que este año al menos hemos podido hacer una pequeña excursión dentro de Madrid y visitar Faunia, un parque zoológico que recrea diferentes ecosistemas en distintas zonas, al que tenía ganas de ir desde hace años. En realidad ha sido el elfo el que me ha tenido que casi arrastrar fuera de casa, pero ha merecido la pena. 

 

He traído imágenes de otros zoos y parques por aquí; me encantan los animales desde pequeña y he vuelto un poco a esa ilusión infantil. Admito que en un momento de la visita he recordado viajes pasados y me han venido imágenes familiares a la memoria que me han puesto un nudo en la garganta (y soltado alguna lagrimilla), pero casi me lo esperaba. Estoy insoportablemente sensible estos meses, insorporablemente nostálgica. La cocina, el ejercicio y las series ayudan un poco.


 

Esta tarta de zanahoria enrollada/brazo de gitano de zanahoria/roll de carrot cake se me antojó cuando vi la receta en el Instagram de Bärenhunger, y no pude resistirme a preparar mi versión en casa. Es un pastel muy sencillo que luce muy bien, y siempre es buena excusa para prepararse dulces con nata y queso sin lactosa en casa, que tengo mucho rencor acumulado de años sin probar estos postres fuera de casa. Es que casi se me olvida a veces lo muchísimo que me gusta la nata montada casera. Y el placer de montarla poco a poco, de meter el dedo en el cuenco y chuperretear las varillas... pequeños gustazos de la vida.

Receta de tarta de zanahoria enrollada o roll de carrot cake
Inspiración: la nostaliga de Pascua en familia y esta receta
Ingredientes para unas ocho raciones

- 3 huevos de gallinas felices (de unos 70-74 g)
- 1 pizca de sal
- 75 g de azúcar
- 90 g de harina de repostería
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- 150 g de zanahoria rallada (pelada) fina
- 200 g de nata para montar sin lactosa
- 200 g de queso crema sin lactosa
- azúcar glasé o edulcortante líquido al gusto
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla
- una pizca de ralladura de limón

Precalentar el horno a 200ºC con calor arriba y abajo, y forrar con papel antiadherente una bandeja o fuente rectangular grande. Separar las yemas de las claras y batir las primeras ligeramente con una pizquita de sal. Aparte, en un recipiente más grande, comenzar a batir las claras hasta que espumen, añadir otra pizquita de sal y batirlas más hasta que empiecen a montarse. Añadir el azúcar y seguir batiendo hasta tener un merengue espeso.

Añadir las yemas y la vainilla, batir ligeramente para incorporar y agregar la harina tamizada, batiendo a velocidad baja para homogeneizar. Finalmente echar la zanahoria e incorporar con movimientos envolventes. Echar en la bandeja y extender con una espátula, dándole forma rectangular más o menos regular. Hornear unos 12 minutos, hasta que empiece a dorarse.

Retirar del horno y volcar sobre un paño de cocina limpio que no suelte hilo, cubierto con un poco de azúcar glasé opcionalmente. Despegar con mucho cuidado el papel de cocina y usar el paño para enrollar la masa aún caliente. Dejar enfriar así.

Montar la nata muy fría sin llegar a hacer picos firmes, con los aromas y el azúcar o edulcortante al gusto. Batir aparte el queso un poco para homogeneizarlo y añadirlo a la nata, batiendo todo hasta tener una crema homogénea.

Abrir el rollo de masa, extender el relleno sin llegar a los bordes, enrollar con cuidado y dejar la unión en la base. Cortar los extremos, más feos (nada de tirarlos) y servir con azúcar glasé, almíbar, zanahorias de mazapán o lo que se tercie. Conservar tapado en la nevera.

¡Intentaré volver pronto! Tengo recetas del año pasado sin publicar, y espero sacar ganas y tiempo para darme otro capricho por mi cumpleaños. Gracias por seguir ahí, y cuidaos mucho.



18 agosto, 2019

Tarta de queso a mi estilo con base almendrada (que casi acaba en desastre) para cumpleaños calurosos


Agosto está entrando en su tramo final, o de eso me quiero convencer a mí misma. El caso es que hemos pasado ya el ecuador del gran mes de las vacaciones en España y se me está poniendo el cuerpo en modo "vuelta al cole". Pero todavía nos quedan muchos días de verano.

La primera semana en mi campo de Murcia ha sido asfixiante. Mi hemano pasó unos días con nosotros en Madrid, bien aderezados de calor, y llegamos a nuestra tierra levantina en plena fase de horno asfixiante. Qué maravilla fue poner el pie fuera del tren con las temperaturas en todo su esplendor, en plena hora de la siesta; podías sentir la piel luchando por no derretirse y los pulmones buscando aire fresco en ese ambiente pesado y húmedo. Vale, me gusta dramatizar.



En el campo la cosa no estaba mucho mejor y nos duraría varios días, sin demasiado descanso tampoco por la noche. Al menos la visión de la naturaleza -algo desértica, pero naturaleza al fin y al cabo- lo hacía más llevadero. Lo malo es que el cumpleaños de mi padre coincidió con esta semana infernal y hubo que desechar por completo cualquier plan de hacer barbacoa fuera de casa.

Pero bueno, el calor murciano no nos pilla sorpresa y sabemos adaptarnos, así que comimos a base de tapeo marinero bien a salvo del exterior, y yo preparé un postre para disfrutar fresquito. Ahora que es fácil encontrar queso crema sin lactosa no me lo pienso dos veces, y así puedo hacer una tarta de queso a mi estilo, huyendo de las modas de cheesecakes y tartas medio crudas que se ven tanto hoy en día. Cada uno con sus gustos.



Además no me gusta demasiado la típica base de galletas trituradas con mantequilla. Así que empecé haciendo una especie de pâte sucrée no muy dulce y aumentando la proporción de almendra molida, que me pirra. Claro que el calor se ve que me atonta las neuronas y casi me la cargo.

Estaba yo tan feliz en pleno proceso tartil escuchando música y charlando con mi madre, cuando no se me ocurrió otra cosa que voltear la masa recién horneada en blanco para quitar unos granos de arroz que se habían salido del papel de hornear -utilicé arroz crudo como peso al no tener legumbres secas-. Y claro: desastre. La masa se suicidó rompiéndose en trozos y yo empecé a soltar culebras por la boca, frustada conmigo misma por la inutilidad. Intenté recomponer los pedazos, pero no había manera. Entonces me cabreé tanto que empecé a estrujarla a lo bruto, y casi la tiro a la basura. Pero me di cuenta de que se podía amalgamar...



Así que, echando mano de un poco de nata líquida sin lactosa que tenía abierta, forré el molde de nuevo con la masa desmigada, efectivamente, como si fuera la típica base de galletas. Pero sin serlo. Se humedeció un poco con el horneado del relleno, pero quedó bien rica. En fin, fue un momento de crisis tonto que por suerte terminó bien.

En cuanto al relleno, he adoptado la costumbre alemana de agregar a los rellenos de tartas de queso un sobre de "pudding", que en España sustituyo por el típico de "flanín". No es más que almidón de maíz con algo de azúcar y aroma, pero queda estupendo si se busca una buena consistencia. Se puede omitir y usar solo maizena, añadiendo más vainilla y/o azúcar a la mezcla. Ahora no recuerdo la marca que yo usé, es la única que había en la tienda del pueblo más cercano; sí sé que me dejó un colorcillo rojizo en el relleno. Detalles insignificantes.

Receta de tarta de queso a mi estilo con mase almendrada
Inspiración: las tartas de queso al estilo alemán/suizo
Ingredientes para un molde de unos 22 cm de diámetro

- 80 g de harina
- 75 g de almendra molida
- 1 buena pizca de sal
- 30 g de azúcar
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla
- 80 g de mantequilla sin sal fría y más para el molde
- 1 huevo

- 100 g de azúcar
- 600 g de queso crema atemperado
- ralladura de limón
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla
- 1 pizca de sal
- 3 huevos atemperados
- 1 sobre de pudding de vainilla/flanín/natillas (o 2 cucharadas de maizena)
- 100 ml de nata de cocina
- mermelada/compota de arándanos de calidad (mejor si es casera)

Es recomendable preparar la masa con antelación, mejor la víspera.
Colocar la harina, la almendra, la sal y el azúcar en un cuenco, mezclar con unas varillas y formar un pequeño hueco. Echar la mantequilla cortada en cubos pequeños y la vainilla, y trabajar hasta tener una textura de migas. Agregar el huevo y batir o mezclar lo justo hasta que se pueda amalgamar la masa. Formar un disco, envolver en plástico film y dejar en la nevera como mínimo 1 hora, o toda la noche.

Precalentar el horno a 200ºC y engrasar con mantequilla y harina tamizada un molde redondo, mejor si es de fondo desmontable. Estirar la masa y forrar el molde. Cubrir con papel de hornear, agregar peso -legumbres, arroz...- y hornear en blanco 10-12 minutos. Sacar con cuidado, quitar el papel y dejar enfriar.

Preparar el relleno batiendo el queso con el azúcar, el limón y la vainilla; añadir la sal y los huevos uno a uno, incorporar el sobre o la maizena y la nata, y batir ligeramente hasta tener una textura homogénea sin grumos. Llenar el molde con la masa ya fría y hornear a 180ºC unos 40 minutos, o hasta que esté cuajada al gusto.

Dejar enfriar antes de cubrir con mermelada o compota de arándanos al gusto, y reservar en frío en la nevera antes de servir. Está más rica pasadas unas cuantas horas, pero conviene no degustarla recién salida de la nevera, mejor dejar que se atempere un poco.



28 julio, 2019

Bizcochón de espelta integral y aceite de oliva para desayunos en familia (y calmar cabreos)


Julio se me ha hecho muy cuesta arriba por un montón de motivos que no voy a contar para no aburrir a nadie -y porque quiero pasar página de una vez-, aunque aclaro que no ha sido negativo, solo agotador. Y, por supuesto, el calor no lo ha hecho más fácil. Pero ayer tuvimos fresquito y además he seguido horneando a pesar de todo, así que la receta del mes es un señor bizcochón integral perfecto para desayunos compartidos y sin prisas. Que yo espero poder disfrutarlos en agosto en cuanto vaya a Murcia.

El otro día, cuando aún estábamos en plena olaza de calor que casi derrite a media Europa, me sentí como un dibujo animado. Noté cómo poco a poco me iba calentando, figurada y literalmente; casi podía ver humo salirme de las orejas.. Porque la incompetencia ajena, la falta de profesionalidad y seriedad, y la poca vergüenza que tienen algunos por tomar por idiota a la gente, saca lo peor de mí.


Era un ejemplo más de cómo una nota de prensa se convertía en titulares clickbait, vendiendo la moto al lector en busca de visitas a pesar de no ofrecer ningún contenido interesante. O de, directamente, inventarse la "no-noticia". Interpretando como les daba la gana la información, sin molestarse en comprobar lo que afirmaban como cierto -yo tardé 5 minutos- y copiándose unos a otros como loros. Pues a mí estas cosas me indignan, porque yo cuando publico algo intento que sea mínimamente interesante, o al menos sin inventarme lo que me da la gana solo por captar la atención. Y también me ofende como lectora, no me gusta que me tomen por idiota, sinceramente.

Por desgracia es solo un ejemplo más de cómo está el panorama periodístico o de medios en general o en día, que no lo tiene nada fácil para destacar y sobrevivir. Hay que ofrecer contenidos nuevos cada hora, llamativos, que destaquen, con titulares que lleven al clic, sin importar ya tanto lo que se cuenta, o si se plagia inspira en la competencia. Y qué más da si en el mundo están ocurriendo tragedias de verdad que merecen muchísima más atención, pero que parece que no interesan tanto.



En fin, aunque aún hay medios que merecen la pena, cada vez leo menos noticias, mucho menos nacionales. Porque el mundo en general tampoco incita mucho a seguirle la pista. Y claro, luego se me ocurre echar un vistazo a ver qué está pasando, y se me quitan las ganas de saber nada. Paso pánico con series de ¿ficción? como 'Years and Years', pero es que la realidad cada vez se aleja menos.

Hagamos bizcochos mientras todavía nos dejen, sobre todo si tenemos cerca a familiares o amigos para compartirlos. Y si el simple aroma que inunda la cocina al salir del horno te traslada a esa infancia feliz e inocente, cuando los veranos eran interminables y estaban llenos de juegos, dibujos matinales, comics, risas en la piscina, partidas a la consola con los primos, merendolas, paseos en bicicleta y escapadas a la playa, mucho mejor.



Receta de bizcochón de espelta integral y aceite de oliva
Inspiración: recuerdos de verano, visitas familiares y este bizcocho
Ingredientes para 1 bizcocho grande

- 2 huevos L
- 120 g de panela o azúcar moreno
- ralladura de 1 naranja pequeña o limón (o mezcla)
- 1 cucharadita de canela molida
- 1/2 cucharadita de sal
- 180 ml de aceite de oliva virgen extra (cornicabra en mi caso)
- 320 ml de leche sin lactosa o alternativa vegetal
- 360 g de harina de espelta integral
- 20 g de levadura química

Precalentar el horno a 180º C y engrasar o forrar con papel sulfurizado un molde rectangular grande de tipo plumcake, o redondo desmontable, de al menos 22 cm de diámetro.

Batir en un recipiente grande los huevos con la panela y la ralladura, mejor si usamos batidora de varillas, durante unos 4-5 minutos. Añadir el aceite y la leche y batir un poco más para incorporar.

Aparte mezclar con unas varillas finas la harina con la levadura, la canela y la sal, para romper los grumos grandes. Echar en la primera preparación y batir a velocidad muy baja, poco a poco, hasta tener una masa homogénea sin grumos secos.

Llenar el molde con cuidado y hornear a media altura durante unos 45-55 minutos, girando el molde pasada la primera media hora para que se hornee de forma más homogénea. Comprobar el punto pinchando con un palillo y dejar enfriar un poco fuera del horno antes de desmoldar.

Enfriar por completo sobre una rejilla y servir tal cual o con azúcar glasé por encima. También estaría muy bueno con una cobertura de nueces picadas o almendras, añadidas antes de hornear, con una costra de azúcar y canela -para los más golosos- o con un glaseado simple de limón.
21 mayo, 2019

Tarta de zanahorias, galletas y coco: receta fría y facilísima para cumpleaños fallidos


Ha pasado un mes y un día desde mi cumpleaños, que es cuando preparé esta tarta improvisada entre varias lloreras tontas. Pero salió muy buena, y compartir algo rico que surge de la nada con la gente que quieres, también reconforta. Murcia estaba preciosa durante las fiestas, la lluvia dio paso a días soleados verdes que olían a azahar y daba gusto incluso zambullirse en la marabunta de gente que salía a disfrutar de la ciudad y de las fiestas. Y fue una tarde lluviosa después de una excelente comida a la japonesa cuando hincamos el diente a esta tarta de zanahorias, galletas y coco. Llena, llenísima de recuerdos.


En plena primavera y como colofón a la Pascua, me apetecía un montón una tarta de zanahoria. Mi idea inicial era usar como base la que es mi favorita del mundo, la Aargauer Rüeblitorte, receta suiza, y tunearla un poco para darle una vuelta de tuerca más cumpleañera. Pero se fastidió el horno -carbonizando unas galletas a las que había puesto mucho cariño para estrenar unos cortadores nuevos- y hubo que cambiar de plan. El diluvio universal también fastidió lo que tenía previsto hacer por mi cumple, y para poner la guinda, se me cayó un regalo de mi madre al suelo cuando fui a abrirlo, rompiéndolo -un juego de taza y platito que me compraron en Alemania-.

Muchas tontunas pero que se juntaron para hacer equipo y, aprovechando que en mis cumpleaños siempre estoy, digamos, emocionalmente con las defensas bajas, me dio una llorera de las gordas. También tenía muchas otras cosas acumuladas y al final me vino hasta bien; fue como un detox emocional renovador. Hay que llorar más, de vez en cuando, y dejar salir toda esa negrura que se nos amontona dentro. Y tuve un bis más tarde viendo una serie, que la ficción audiovisual o escrita también ayudan a desahogarse.



Las penas con dulce son menos y esta tarta me sorprendió de lo bien que quedó, básicamente porque improvisé todo sobre la marcha. Hace tiempo que mi madre me habla de vez en cuando de una tarta de zanahoria y coco fría que hacía su abuela, y lo hace con un brillo en su mirada que siempre me parece encantador. Se nota que recuerda perfectamente el sabor de aquella tarta, y que rememora sus días de niña, con sensaciones e imágenes de su abuela preparando el dulce para los nietos, esos días de inocente felicidad infantil que todo tenemos.

Desafortunadamente la receta de aquel pastel se fue con mi bisabuela, y mi madre era demasiado joven para haber aprendido a hacerla. Solo queda su recuerdo, y yo llevaba tiempo empeñada en querer homenajear esa memoria. Recordé esto cuando una de mis mejores amigas me mandó la receta de una tarta de zanahoria y coco deliciosa, aunque no es la misma, tenía una clara conexión. Y con los años he ido encontrándome versiones que repiten las mismas bases: zanahoria, coco y nada de horno. ¿Por qué hay tantas recetas "tradicionales" de pasteles de zanahoria y coco? Están ahí en el patrimonio de muchas familias, algo perdidas hoy por la invasión de carrot cakes varios que vivimos hoy. No perdamos nuestros propios postres, que es una pena olvidar estos recuerdos.


En fin, que estoy divagando. Quizá porque hoy he vuelto a votar, también casi un mes después, y esta vez he tenido que hacerlo por correo. Agradecí poder votar para las elecciones generales en persona, volviendo a mi cole, junto a mi familia. Las votaciones me hacen sentir una gran responsabilidad, me emocionan un poco por poder formar parte de la democracia que tanto costó conseguir, y también me da un poco de miedo, para qué engañarnos.

El elfo acaba de llegar, así que mejor me callo ya. Os dejo con la tarta, que de eso iba la entrada de hoy.

Receta de tarta fría de zanahorias, galletas y coco
Inspiración: mi cumpleaños, recuerdos familiares y antojos de primavera
Ingredientes para unas 8 raciones

- 1 kg de zanahorias (pesada peladas)
- 1 rama de canela
- 100 g de coco rallado (y más para decorar)
- 1 sobre de azúcar vainillado (unos 8-10 g)
- 50 g de azúcar
- 1 pizca de sal
- ralladura de naranja o limón
- 150 g de queso crema para untar (sin lactosa, en su caso)
- galletas tostadas o al gusto, mejor rectangulares o cuadradas
- leche o bebida vegetal al gusto (de almendras o de coco son buenas opciones)
- zanahorias de mazapán para decorar

Lavar bien las zanahorias, cortar los extremos del tallo y pelar si fuera necesario. Trocear y pesar el kilo completo, aproximadamente. Poner a cocer en agua o al vapor con la rama de canela, hasta que estén tiernas. Escurrir, retirar la canela y dejar enfriar.

Preparar un molde rectangular o cuadrado de tamaño medio, que tenga buen fondo para que salgan más capas. Disponer la leche en un planto o cuenco hondo y sacar las galletas del paquete. Lavar el limón o naranja.

Triturar las zanahorias y mezclar con el azúcar vainillado, el azúcar, la pizca de sal, ralladura cítrica al gusto, el queso crema y el coco. Combinar muy bien para tener una crema untable, suave y sin grumos. Probar y ajustar el dulzoro o los aromas al gusto.

Comenzar a montar la tarta colocando una capa de galletas remojadas en leche. Ir poco a poco, para que no se reblandezcan demasiado. Romper las galletas que sean necesarias para ocupar todo el espacio en un nivel. Cubrir con una capa de crema de zanahoria, generosa pero sin pasarnos.

Continuar repitiendo las capas de galleta y zanahoria hasta terminar con una capa superior de crema. Decorar con coco rallado al gusto, añadiendo más ralladura de cítrico si nos gusta. Dejar enfriar en la nevera varias horas, y decorar antes de servir con las zanahorias de mazapán.



¡Todos a ejercer nuestro derecho el próximo domingo! Yo supongo que estaré esperando los resultados horneando algo, muy probablemente con albaricoques. Tengo muchos albaricoques murcianos en la nevera ahora mismo, pero esa es otra historia.
20 diciembre, 2018

Pan de especias, frutas y té : receta de Navidad para reconfortar las mañanas y tardes más frías


Poco misterio tiene la receta de Navidad de hoy: muchas frutas secas, especias, algo de licor y té, ingredientes básicos para las fiestas y que podremos seguir disfrutando todo el invierno, pues es un "pan" que se aprecia mucho mejor en los días más fríos. Así que guardad la receta para cuando hayamos pasado la resaca de las Pascuas.

He conseguido esquivar la huelga de Renfe y ya he vuelto a casa por Navidad, como el turrón -ese que para mucho volvió hace semanas, pero bueno-; aunque aún no tengo mucho espíritu de fiestas. La casa está todavía sin decorar por circunstancias que no vienen al caso, mi hermano está fuera y, ay, es la primera vez en muchos años que no me esperaba mi gato.



Sus pelos siguen en mi ropa del armario, pero él ya no está. Con el follón de estos días no me había parado a pensar en su ausencia, ni esperaba que volviera a golpearme con esta fuerza. Esta situación es nueva para mí, yo no estaba aquí cuando nos dejó y seguía con el recuerdo de asociar la casa de mis padres con nuestro gato. Van a ser unas navidades extrañas, pero, aunque no me guste la expresión, la vida es así. Querer congelar el tiempo es absurdo, y precisamente por eso deberíamos saber apreciar mucho más cada instante que tenemos.

Cuando eres niño no te das cuenta y tienes la sensación de que todas las navidades son iguales, porque así es como son. Esas tradiciones que se nos marcan como ley de vida, hasta que un día somos conscientes del paso del tiempo y de que todo cambia. Peor aún: todo cambia y lo hace cada vez más rápido. Los abuelos son los que normalmente se van primero, y ya no "toca" ir a comer a su casa por Navidad. Los primos se hacen mayores con sus propias vidas y de pronto hace meses que no los ves. Familiares que se separan, amigos que se van lejos. También hay cambios que no tienen por qué ser malos, pero a veces el propio cambio lo percibimos como algo negativo. Y solo es natural.



Asumir todo esto a mí me cuesta mucho, soy una persona profundamente nostálgica y caigo en la melancolía demasiado a menudo, pero he aprendido a apreciar también esos sentimientos. Más triste sería no sentir nada y pasar por esta vida como si todo te resbalase. Pero claro, llegan las fiestas y me obsesiono con querer hacer TODO, cocinar todas nuestras galletas y dulces favoritos, probar recetas nuevas, preparar un montón de regalos maravillosos, currarme detalles caseros muy bien envueltos, planificar menús chulos, quedar con mil personas, ver cientos de películas, visitar museos, hacer excursiones, leer libros, hacer ruta de belenes; pero no llego a tiempo a casi nada y me torturo a mí misma.



Encontrarme ayer con mi padre, estresadísimo porque se va a jubilar y se le han juntado mil cosas en esta recta final del año, a punto de estallar porque las obligaciones no le dejan dedicar el tiempo que le gustaría a su familia, me devolvió los pies al suelo. Basta de agobios estúpidos. Obligaciones, las justas, torturarse con tontunas, ni hablar.

Y como una magnífica terapia para ahuyentar el estrés y recuperar la cordura -además del espíritu navideño- es hornear, en cuanto termine con mis obligaciones del día me iré a la cocina. Mi madre probó y se maravillo con los aguardentaos cuando estuvo en Madrid el mes pasado, así que los voy a repetir para toda la familia. Vosotros podéis animaros con ellos también -¡facilísimos y deliciosos!-, o con esta receta de pan/bizcocho de frutas. También lo horneé para ella, y también le encantó. Te reconcilia con el mundo.



Receta de pan de especias, frutas y té
Inspiración: las miles de recetas similares que han inundado las redes estas semanas
Ingredientes para 1 molde tipo plum cake de 20-22 cm

- 225 g de mezcla de frutas secas (dátiles medjool,ciruelas pasas, pasas de corinto, naranja confitada, orejones, fresas, arándanos rojos, mango...)
- 100 g de azúcar moreno oscuro
- 225 ml de té negro o al gusto, fuerte
- 1 buen chorro de ron, oporto o brandy
- ralladura de limón
- 1 huevo batido grande de gallinas felices
- 150 g de harina de repostería
- 50 g de harina de centeno integral
- 50 g de harina de avena
- 2 cucharaditas de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 1/2 cucharadita de canela molida
- 1 cucharadita de mezcla de especias (canela, cardamomo, nuez moscada, jengibre)
- almendras para decorar

Picar a cuchillo y a lo bruto (pero con cuidado) las frutas, dejando trozos irregulares, siempre sin huesos y sin semillas. Disponerlas en un recipiente adecuado y mezclar con el azúcar moreno y la ralladura de limón. Preparar el té bien cargado y cubrir las frutas, añadiendo el chorro de licor, mezclando muy bien. Cuando se enfríe, tapar y dejar reposar toda la noche.

Al día siguiente, precalentar el horno a 160ºC y preparar un molde rectangular. Si lo usamos más pequeño, el pan quedará más alto, y viceversa. Mezclar en un recipiente las harinas con la levadura, la sal y las especias, y formar un pequeño hueco. Echar el huevo, batir ligeramente y añadir las frutas, que habrán absorbido prácticamente todo el líquido. Escurrir lo que sobre, si fuera el caso.

Combinar todos los ingredientes con suavidad, lo justo hasta tener una masa homogénea sin grumos secos. Llenar el molde y cubrir con almendras crudas al gusto, presionando un poco. También podemos espolvorear con más azúcar moreno, si estamos generosos.

Hornear durante unos 60-70 minutos, o quizá algo menos, depende del molde y del horno. Comprobar que el interior está listo pinchando con un palillo; debe salir con algunas miguitas o manchas, pero no con masa cruda. Esperar unos minutos antes de desmoldar y dejar enfriar por completo sobre una rejilla.



Esta tarde ¡por fin! ponemos el árbol :).
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