09 junio, 2010

Albaricoques!

Se acerca el verano (aunque por las temperaturas por aquí ya lleva un tiempo con nosotros, ni siquiera refresca hoy demasiado) y con él la fruta estival! Las fresas nos van diciendo adiós, pero hay que dar la bienvenida a cerezas, picotas, nectarinas, melocotones, ciruelas, higos, melones, sandías, paraguayos... y ahora, especialmente, a los deliciosos albaricoques!

Estos pequeños frutos llegan de pronto y duran muy poquito entre nosotros, así que hay que aprovechar. Nuestro albaricoquero murió hace ya tiempo (pobre) pero por suerte mi padre tiene amigos muy generosos con grandes cosechas de fruta : ) Sin embargo, el caos climático de este año ha adelantado la maduración y muchos albaricoques se han echado a perder. El lunes fue día de cosecha de urgencia, y mi padre apareció con dos cajas enormes hasta arriba (con un extra de nectarinas y paraguayos nada desdeñable). Muchos estaban ya maduritos, con una pinta algo fea, pero absolutamente deliciosos, tremendamente dulces, con un aroma profundísimo. Nos hemos acostumbrado mucho a la fruta "perfectamente bella", sin manchas, sin grietas, sin nada que altere su supuesta perfección, y luego no sabe a nada...

Apricots




Seleccionamos los que estaban ya madurísimos de los más firmes, y empecé a planear qué hacer con ellos, porque debido a la enorme cantidad de fruta era imposible consumirlos tal cual todos, se echarían a perder y hubiéramos acabado con una indigestión.

Así que aviso de que en los próximos días mi blog se va a convertir en un monográfico de recetas con albaricoque; a ver si me da tiempo a hacer todo lo que tengo pensado, antes de que la fruta madure del todo.

Por cierto, tenemos dos variedades: la valenciana, más pequeñitos y de amarillo pálido, y la de Mauricio, naranjas, más firmes y de mayor tamaño. Tienen un sabor ligeramente diferente pero ambos están riquísimos.

Os recuerdo dos recetas de albaricoque de años anteriores: compota y Aprikosen-Tarte.
07 junio, 2010

Helado de vainilla

Me encanta el helado. En verano es algo imprescindible, pero en mi casa lo hemos tomado como postre durante todo el año, sobre todo para fechas especiales montándonos nuestras propias copas de varios sabores. Recuerdo que de pequeña me daban rachas obsesivas de sabor; durante un tiempo sólo quería stracciatella, luego avellana, más tarde descubrí el yogur con arándanos... Hasta que un año me di cuenta de que me sentaban fatal ciertos sabores, y enseguida me diagnosticaron la intolerancia a la lactosa. Así que ahora tengo que buscar heladerías artesanas (que me aseguran buenos ingredientes sin aditivos) que saben hacer auténtico gelato de frutas sin necesidad de añadir nata, crema o leche.
Pero claro, a veces me apetece un buen helado cremoso de chocolate, nuez, vainilla, trufa, café... Difícil encontrarlo en su forma lactose-free o vegetariana.

El año pasado la máquina de helados llegó a mi casa trayendo mucha felicidad :D Hice varias pruebas básicamente usando sólo frutas y usando como base yogur para hacerlos más cremosos. Pero esta vez me apetecía probar algo distinto y más arriesgado. Aprovechando que mi visita del fin de semana es un casi adicto al helado de vainilla, me lancé a intentar sacar una versión casera decente.



En lugar de usar crema o nata, he probado un producto que descubrí en Mercadona el otro día. No es por hacer publicidad, pero no lo he visto en ningún otro comercio. Se trata de "Mondelice Yog-fit", de la casa holandesa Campina, Se anuncia como "leche fermentada", lo cual es muy similar al yogur. No sé si ocurre en todos los niveles de intolerancia, pero al menos mi estómago admite el yogur y otros productos lácteos fermentados, porque precisamente al fermentar la leche se hacen más digestivos. Añadiendo un par de yogures cremosos, un poco de leche vegetal y yemas de huevo, salió un helado riquísimo. Use dos vainas de vainilla ya que son barateras y tienen menos aroma que una vaina de calidad (tendré que comprarlas on-line).




vanilla ice cream

- 500 gr de "leche fermentada"
- 250 gr de yogur natural cremoso
- 240 ml de leche de soja (u otra vegetal)
- 150 gr de azúcar (más o menos)
- 1 pizca de sal
- 2 vainas de vainilla
- 4 yemas de huevo

Con un cuchillo de punta, abrir las vainas y rascar las semillas, dejándolas en una cacerola; poner también las vainas. Añadir la leche fermentada, el yogur y la leche. Poner a calentar a fuego medio, removiendo bien hasta que se forme una mezcla homogénea. Apagar el fuego, tapar y dejar como mínimo 30 minutos.
Poner a calentar de nuevo, añadiendo la sal y el azúcar (ajustar la cantidad al gusto), removiendo durante unos 5 minutos, hasta que el azúcar se haya disuelto. Batir aparte las yemas; añadir unos 250 ml de la mezcla de vainilla y batir. Incorporar esta mezcla a la primera en la cacerola y poner al fuego medio-bajo. Hay que remover constantemente sin dejar que llegue nunca a ebullición (se cortarían las yemas), unos 10-15 minutos, hasta que haya espesado un poco. Apartar del fuego y esperar a que temple un rato. Tapar con film y dejar enfriar en la nevera como mínomo 6 horas.
Para hacer el helado, proceder según las instrucciones el fabricante de la heladera. En caso de no tener máquina, poner la mezcla en un recipiente de cierre hermético y dejar unos 30 minutos en el congelador; batir los cristales que se hayan formado y volver a congelar. Seguir el mismo procedimiento hasta que quede una textura más o menos cremosa.
06 junio, 2010

La gastonomía a través del arte VI

Ha pasado demasiado tiempo desde la última entrada dedicada a la Historia del arte y su particular visión de la gastronomía y la cocina. Ya he comentado que estos días ando fatal de tiempo (pero acumulando recetas para publicar) y encima este fin de semana he estado más apartada de la red porque he tenido una visita que me ha dado fuerzas para afrontar el fin del curso : )
Espero subir algunas fotos mañana o poco después y publicar alguna receta nueva. Mientras tanto, os dejo con esta hermosa imagen de una escena por la que no puedo evitar suspirar ahora mismo. ¡Quién pudiera retirarse a un campo tan bonito, con unos amigos y buena comida, a disfrutar de un buen día sin calor ni frío y sin tener preocupaciones pendientes!

Se trata de Holiday (Vacaciones) o también conocida como The Picnic, obra del francés James Tissot (1836-1902) y fechada alrededor de 1876. Tissot, nacido en Nantes, estudió en la Ecole des Beaux-Arts de París, con artistas de la talla de Ingres o Flandrin. Soldado en la guerra Franco-Prusiana, se marchó a Londres tras la Caída de la Comuna de París, donde trabajaría realizando diversos encargos (caricaturas, retratos, cuadros de género...). Se casó con una joven irlandesa, pero tras su suicidio abandonó los pinceles un tiempo. Al retomar su carrera, sorprendió con una gran serie de obra religiosa narrando la vida de Cristo y el Antiguo Testamento. Volvió a París y visitó Palestina.

Clic sobre la imagen para ampliar (merece la pena)

Esta obra es un claro ejemplo del estilo de Tissot, del que podemos destacar el gran detallismo, tanto de su pincelada fina pero ligeramente suelta, como de la profusión exquisita de detalles que inundan sus obras. El realismo es evidente, dejándonos aquí un instante de vida de los personajes despreocupados que pueblan su pintura.

La escena se sitúa en el jardín de detrás de la casa londinense del propio artista, en el norte de la ciudad, St John's Wood. Bajo las hojas amarillas de lo que parecen castaños, en primera línea unos jóvenes de buena posición disfrutan ociosos de unos dulces, fruta y té sobre la hierba, frente a un estanque. Algunos de los hombres llevan la indumentaria de la I Zingari, un célebre club amateur de cricket.
02 junio, 2010

Muffins de fresas

Ni siquiera esperó el calor a que llegara oficialmente el verano para sacudirnos con su fuerza pegajosa; de hecho, no esperó ni a junio. A finales de la semana pasada tuvimos un par de días raros con tormenta esporádica, pero los tres últimos han sido terribles, ¡cómo han subido las temperaturas casi de golpe! Lo peor que llevo es el dormir, con lo que a mi me gusta acurrucarme con mi gato tapadita... En fin, habrá que resignarse. Y por supuesto, si hay que hornear, a primerísima hora de la mañana, o se puede convertir en una operación de máximo riesgo.

Aquí dejo unos muffins sencillitos para aprovechar las últimas fresas de la temporada. Menos mal que ahora llegan las cerezas y picotas, nectarinas, melocotones, melones, sandías, albaricoques... porque si no sería un trauma tener que despedirnos de esta deliciosa fruta.

Strawberry muffins




Receta adaptada del libro GoodFood 101 Cupcakes and small bakes

- 200 gr de harina de repostería
- 50 gr de harina integral
- 1/4 cucharadita de sal
- 1 cucharadita de levadura química
- 1 cucharadita de bicarbonato
-125 gr de azúcar
- 2 huevos y 1 clara medianos
- 75 gr de mantequilla a temperatura ambiente (vegetal sin colesterol)
- 200 ml de leche de soja
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- 175 gr de fresas troceadas

Precalentar el horno a 180ºC y engrasar o preparar una bandeja con 12 moldes para muffin.
En un recipiente amplio, tamizar las harinas con la sal, la levadura y el bicarbonato. Aparte, batir un poco la mantequilla con los huevos, la leche y la vainilla.. Incorporar esta preparación a los ingredientes secos, mezclando con movimientos suaves y envolventes usando una espátula o similar. Añadir las fresas y distribuirlas por la masa, hasta que quede homogéneo. No batir demasiado. Repartir sobre los moldes y hornear a media altura durante 15-20 minutos, hasta que se hayan dorado y al pinchar uno con un palill éste salga limpio. Esperar unos minutos fuera del horno y dejar enfriar totalmente sobre una rejilla antes de servir. Guardar en recipiente hermético.



Strawberry muffins
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