Cuando finalizaba el 2011 estuve un poco pesimista y con pocas ganas de comenzar el nuevo año, pero tengo que reconocer que al amanecer el día 1 me levanté animada y con ilusiones por llenarlo de proyectos y buenos momentos para recordar dentro de 366 días. Para el 2012 me propongo más que nada no dejarme caer en la desgana o desilusión, aprovechar cualquier oportunidad que se presente y disfrutar de todas las cosas positivas que me rodean.
Y para inaugurar el año en el blog no traigo receta, por fin dejo una pequeña crónica fotográfica de lo que dio de sí el pequeño viaje a Suiza el pasado puente de diciembre. No os quiero aburrir mucho así que he seleccionado unas cuantas instantáneas que reflejan un poco lo fantásticos que fueron esos días, en dos entregas. La primera, la estancia en casa de mi abuelastra Ruth, las visitas a Zürich y una pequeña escapada a la vecina Selva Negra alemana.
En realidad el avión nos llevó al aeropuerto de Basilea, que nos recibió ya con frío y lluvia, donde nos recogió mi tío para llevarnos a su casa cerca de esta ciudad donde mi tía nos esperaba con un rico pollo asado que compartimos con su adorable nieta, la hija de mi prima. Nos prestaron un coche y partimos hacia la zona de Zürich bajo las gotas de lluvia.
Ruth y su perro nos recibieron con una casa vestida de Navidad, sin árbol, pero con detalles preciosos por muchos rincones. Y lo mejor: un gran surtido de galletas suizas navideñas caseras que nos esperaban junto a una taza de café para reconfortarnos tras el viaje.
¡Me encantan este tipo de decoraciones de madera!
Los dos días siguientes fuimos a Zürich, cogiendo el tren en el pueblo. Bajo la gran cubierta de la Estación Central se sitúa cada año uno de los mercadillos navideños, con muchos puestos de decoraciones pero también productos gastronómicos, artesanía y regalos variados; y presidido por el impresionante árbol de cristales Swarovski, brillante y reluciente.
Aprovechando que salía el sol, salimos a la calle a recorrer el centro de la ciudad, bien aprovisionados de Glühwein humeante y Apfelküchlein (anillos de manzana rebozados en una masa dulce, fritos y espolvoreados con azúcar y canela).
He recorrido Zürich cientos de veces, y creo que nunca me cansaré. Mi padre estudiaba de joven en esta ciudad y se la conoce al dedillo, pasear por sus calles recordando aquellos años es como un ritual para él, rememorando anécdotas y redescubriendo rincones. Pero en invierno la ciudad cambia, y es el tiempo ideal de adentrarse en uno de sus cafés para resguardarse del frío.
Así entramos a uno de los locales más célebres de Zürich, el Conditorei Schober / Café Péclard, un café-restaurante de varios pisos especialista en todo tipo de dulces y pasteles con pastelería de venta al público en la planta baja. Decoración exquisita con varios ambientes de lujo y productos de calidad que valen el precio que cuesta (tomar café en Suiza es muy caro, por eso merece la pena elegir lugares como este).
Chocolate caliente, café con Kirsch y un grandísimo Apfelstrudel para reponer fuerzas.
Al salir ya oscurecía y la ciudad empezaba a vestirse de luces. Lo que me gusta de la decoración navideña de la mayoría de ciudades centroeuropeas es que en general utilizan luces sencillas para vestir sus calles y rincones, sin tener que recurrir a formas extrañas ni colorines estridentes parpadeantes. Y el resultado es mucho más bonito, elegante y acogedor, en mi opinión.
Una de las calles principales, llena de tiendas para bolsillos adinerados. Menos mal que ver escaparates es gratis, todavía :P.
Al día siguiente amaneció peor, así que hicimos cambio de planes y volvimos a la ciudad para ver el Museo de Arte (Kunsthaus Zürich), no muy grande pero sí completo y agradable, muy recomendable. Y después de tiendas por los principales grandes almacenes. Cuando la lluvia apretó buscamos refugio y encontramos un café encantador, Babu's Bakery & Coffeehouse, con pastelería casera y... leche sin lactosa! Por fin pude tomarme un capuccino en condiciones sin sufrir consecuencias ^_^.
Bizcocho de limón.
Ruëblitorte, pastel de zanahoria a la suiza.
Ruth vive muy cerca de la frontera con Alemanía, donde se extiende la Schwarzwald (Selva Negra), una zona preciosa con la que siempre hemos tenido mala suerte a la hora de visitarla. Y esta vez no iba a ser diferente, claro :P. Quería llevarnos a comer trucha a un lugar llamado Tannenmühle, "pintoresco paraíso" en el corazón del bosque, recreando la vida tradicional, centro de ocio con alojamiento, animales, museo, actividades en la naturaleza, y restaurante especializado en truchas.
La especialidad de la casa: trucha servida de muchas maneras diferentes, a cada cual más recomendable.
No puedo irme de un buen restaurante sin catar los postres... En este caso, ensalada de frutas con yogur y frutos secos caramelizados.
Ese día fue el peor de todos, mucho frío, mucho viento, y ¡mucha nieve! La idea de hacer una pequeña excursión tras la comida se fue al traste, pero al menos no me quedé sin ver nieve en este viaje :).



