25 febrero, 2020

En Carnaval, dulces de sartén: receta de Krapfen o berlinesas con mermelada


Escribo esto con la imprescindible melodía del gran Professor Longhair en la cabeza: ¡es Mardi Gras! Algún día podré vivirlo en vivo y directo, o al menos podré visitar Luisiana y Nueva Orleans, cuya historia y cultura me fascinan, más aún desde que disfruté y sufrí con la serie Treme. Su cocina es completamente única y, para qué engañarnos, no del todo ligera.

Pero vuelvo a Europa, porque también me muero de ganas de vivir los carnavales suizos en algún momento de mi vida. Son también muy especiales y me generan una extraña nostalgia, como si ya los hubiera experimentado alguna vez. Será por las historias que me han contado mis padres, las fotos que conservan de entonces y mis indagaciones al respecto por una parte de mi cultura heredada que no he vivido, pero que me atrae poderosamente.

Quizá es la magia del carnaval, la fiesta cristiana más pagana de todas, que imagino solo logró sobrevivir a la severidad de la Iglesia (católica, protestante, o la que se pusiera por delante) porque anticipa la Cuaresma.



"Que bailen, beban, coman y rían todo lo que quieran, a partir de mañana, semanas de ayuno y abstinencia". Sé que todavía hay quien respeta, más o menos, la norma cuaresmal, pero poco tiene que ver con la rigidez de antaño. Claro que para entregarnos al goce sin medida sí que respetamos bien las tradiciones, y los carnavales desatan uno de los capítulos más calóricos y disfrutables de nuestros recetarios tradicionales.



Mantengo mi regla de solo preparar dulces fritos en estas fechas, y no me he podido resistir este año. Lo necesitaba, por extraño que parezca, ya que me producen pereza infinita, y encima tenemos roto el extractor. Algún día me acordaré de llamar para que lo arreglen. Más pereza.

Pero los delicosos Faschingskrapfen lo merecen. La última vez que comí uno fue en Viena, hace casi dos años, en aquel viaje con mis padres y el elfo, cuando pude saciar mi capricho. Estos bollitos fritos son una de tantas variantes que hay por el mundo: Berliner Pfannkuchen o berlinesas, bomboloni, Kreppel, bola de Fraile, bola de Berlim... Básicamente son un dónut sin agujero, que en Austria y gran parte de Alemania y Suiza se rellenan con mermelada, y se cubren con azúcar glasé.



He probado dos variantes a la hora de formar las porciones: haciendo bolitas y estirando la masa para recortar círculos, como si fueran muffins ingleses. Me quedo sin duda con la segunda opción, ya que así adquieren el aspecto tan característico de esos bollos, algo aplastados, con su línea más blanquita en medio. Podéis usar cualquier cortador redondo o un aro de emplatar, aunque recomiendo hacerlos pequeños para manerjarlos mejor -y comer más-.



Receta de Krapfen o berlinesas de Carnaval
Inspiración: los carnavales suizos, Treme, recuerdos de Viena y esta receta
Ingredientes para unas 15-20 unidades, según tamaño

- 180 g de leche o bebida vegetal (usé soja)
- 40 g de mantequilla
- 3 yemas de huevo a temperatura ambiente
- 370 g de harina de fuerza (usé zamorana)
- 1 sobre de azúcar vainillado
- 20 g de azúcar
- 1 buena pizca de sal
- 4 g de levadura seca de panadería o 10-15 g fresca
- Aceite abundante para freír, de girasol o de oliva (yo usé virgen extra porque tengo muchísimo y me va de perlas)
- Mermelada para rellenar (de albaricoque, a ser posible)
- Azúcar glasé

Trocear la mantequilla y poner a calentar en un cazo con la leche, a fuego suave, hasta que se derrita. Dejar enfriar ligeramente.

Combinar en un recipiente la harina con los azúcares, la sal y la levadura. Formar un volcán y echar las yemas batidas ligeramente, y la mezcla de leche y mantequilla.

Trabajar todo hasta tener una masa homogénea y amasar unos 20 minutos hasta que quede lisa y elástica. Yo usé una amasadora porque me era más cómodo estar a otras cosas, pero no es una masa difícil de manejar.

Formar una bola, engrasar un recipiente con mantequilla o aceite, colocar la masa dentro dándole unas vueltas, tapar y dejar que doble su tamaño. Preparar dos bandejas grandes con papel antiadherente o engrasándolas.

Deshinchar y volver a amasar un poco. Estirar muy bien con un rodillo, dejando un grosor de 0,5 cm como máximo. Recortar porciones con un cortador redondo e ir colocándolas en las bandejas, algo separadas. Repetir hasta terminar con la masa y taparlas con un paño limpio. Dejar que crezcan hasta 3/4 de su tamaño.

Calentar un cazo o sartén profunda con abundante aceite, procurando que alcance los 170ºC-175ºC. No debe humear ni pasarse de temperatura, o podrían quemarse por fuera y quedarse crudas por dentro. Preparar una fuente con papel absorbente y una espumadera.

Freír en tandas de unas tres o cuatro unidades, dándoles la vuelta cuando estén doradas por cada cara. Retirar con la espumadera e ir depositando sobre el papel. Continuar hasta terminar con todas.

Unas vez frías, rellenar con mermelada usando una manga pastelera de boquilla pequeña. o con una jeringuilla. Espolvorear con una capa generosa de azúcar glasé, y a disfrutar.

Nota. Esta vez no me he molestado en dividir cantidades así que el elfo y yo hemos desayunado y merendado de maravilla en los últimos días. Si se guardan en un recipiente hermético cubierto de papel de cocina aguantan bien varios días en la nevera, aunque el azúcar glasé se derretirá: entonces quedarán como glaseados con almíbar. Calentarlas 30 segundos en microondas a potencia mínima y comer inmediatamente.



Daos un capricho carnavalero hoy, aunque no sea tradición en vuestra tierra; hay costumbres que merecen ser respetadas. Del Miércoles de Ceniza, ya hablaremos en otra ocasión.
02 febrero, 2020

Galettes de trigo sarraceno (o crêpes sin gluten aprovechando La Candelaria)

¡He vuelto!

Bueno, en realidad nunca me fui realmente, pero 2020 se ha estrenado con un mes de enero tan pesado como veloz, si es que eso tiene algún sentido. Ya sabéis, el tiempo es relativo, y llega una edad en la que parece que se estira y se estira como un chicle, y cuando te das cuenta ha volado.


Ya no tiene sentido repasar nada de las navidades, porque en realidad tampoco tengo mucho que destacar; y eso es bueno. Solo diré que me traje de Murcia algún dulce para superar la morriña, y que guardo como oro en paño la última torta de Pascua. Ardo en deseos de devorarla pero al mismo tiempo me da pena que se termine. Y ya veis qué tontería, si tanto me gusta, ¿por qué no hago más? ¡No! Son exclusivamente navideñas. El multiverso implosionaría si horneara tortas fuera de su época.

La excusa para volver y estrenar -ejem- el año en el blog es que hoy se celebra La Candelaria. Y como no puedo hacerlo a la murciana, en mi barrio de Santa Eulalia, pues me paso al país vecino con La Chandeleur. A estas alturas ya sabréis que allí es típico preparar y comer crêpes, con su ritual para que aporte suerte, así que me ahorraré más explicaciones.

Tenía ganas de hacer una de las versiones más humildes de esta masa plana, conocidas normalmente como galettes. Solo con harina de trigo sarraceno (alforfón), huevo, agua y mantequilla, que en mi caso he usado el famoso sustituto sin lactosa, pero simplemente porque tenía una tarrina abierta. Sí son naturalmente sin gluten, por lo que la masa es más quebradiza y tienen una textura más rústica, pero eso es lo que más me gusta.


Se supone que deben quedar más finitas pero a mí me gustan un poco más gruesas, supongo que inconscientemente busco la forma que le da mi padre a las Omeletten suizas. Preparadlas como prefiráis; es una masa versátil para rellenar con dulce o salado. Doy fe de que están muy ricas con pisto y queso, tal y como probé hace unos años en Toulouse, un tórrido día de agosto.

Receta de galettes de trigo sarraceno
Inspiración: La Candelaria y esta receta
Ingredientes para unas 5-8 unidades

- 15 g de mantequilla derretida (y un poco más para cocinar)
- 125 g de harina de trigo sarraceno (alforfón)
- 1 huevo L
- 250 ml de agua
- 1 pizquita de sal

Derretir la mantequilla y dejar que se atempere un poco para que no esté muy caliente.

Mezclar ligeramente en un cuenco la harina con el huevo, añadir la mantequilla, remover y echar el agua y la sal. Mezclar bien con las varillas hasta que no haya grumos secos.

Tapar y dejar reposar 20-30 minutos, en la nevera si hiciera calor o pasara más tiempo.

Calentar una buena sartén de unos 20-22 cm de diámetro, engrasar ligeramente con mantequilla y cocinar las crêpes repartiendo la masa bien por toda la superficie.

Yo echo la masa usando una jarra, vertiendo las porciones directamente en el centro y girando la sartén con la mano, levantándola antes de dejar que cuajen.

Dar la vuelta cuando se despeguen los bordes, dorar un poco por el otro lado, retirar a una fuente y mantener tapados con plástico film mientras se termina con la masa.



¡Feliz Candelaria! Cualquier excusa es buena para preparar crêpes, filloas, frixuelos, crepas, galettes  Omeletten un domingo.
30 diciembre, 2019

Mousse de chocolate, yogur griego y naranja para despedir el año



¿Listos para despedir el año? Que no la década, por mucho que estemos viendo infinidad de listas y recopilatorios de lo mejor/más significativo obviando que aún queda un año más para empezar la segunda del milenio. En realidad cada uno es libre de considerar las décadas como quiera, pero que no vengan la Navidad que viene otra vez dando la turra con nuevas listas, por favor. Se me aturullan.

Por suerte yo no tengo que hacer listados de ningún tipo y ni voy a seleccionar mis recetas favoritas de 2019. Cada año las fronteras temporales se me relativizan y confunden más y más, volviéndose difusas y permeables. Si no fuera por el punto de inflexión que sigue marcando el verano, y la ilusión que aún me despiertan las navidades, perdería totalmente la cuenta de los años que pasan.



De nuevo no tengo nada planeado especial para despedir el año ya viejo, y mucho menos para recibir al inminente 2020. Correré la San Silvestre de Murcia disfrutando todo lo que pueda -siempre es divertida a pesar de la marabunta-, y, por segundo año, nos iremos al campo a montar allí la cena. Esperemos que esta vez no nos quedemos sin luz y me vuelva a perder las campanadas; además me he propuesto por todos los medios evitar al máximo cualquier discusión absurda familiar.

No sé qué nos deparará el año nuevo, si es que nos traerá algo interesante. De hecho, casi prefiero que no destaque demasiado, visto lo visto. Ojalá las cosas mejoren un poquito en general para todos, en muchos aspectos. Y para invocar las buenas energías, me despido con chocolate.



Me gustan mucho los postres frescos en vasitos, más ligeros que pasteles o tartas y mucho más fáciles de preparar y servir. Esta receta es una "mousse" falsa, porque no lleva aire de clara de huevo ni de nata batida; da igual. Al combinar el chocolate con yogur griego, pero griego de verdad, 100% natural, obtenemos una crema melosa pero algo esponjosa, suave y muy rica, deliciosa con el toque de naranja. Y, como siempre en estas cosas, permite personalizarla y tunearla de mil formas diferentes.


Receta de mousse de chocolate, yogur griego y naranja
Inspiración: esta receta y porque el chocolate es lo mejor para empezar el año con buen pie
Ingredientes aproximados para 6 vasitos

- 170 g de chocolate negro de buena calidad
- 100 g de leche o bebida vegetal
- 1/4 cucharadita de vainilla o 1/2 vaina
- 250 g de yogur griego natural de buena calidad
- 1 pizca de sal
- 20 ml de licor de naranja o zumo
- nata montada, crema o más yogur para servir
- mermelada de naranja amarga o normal para servir
- ralladura de naranja para servir
- frutos secos crujientes para servir

Picar a cuchillo a lo bruto (pero con cuidado) el chocolate; cuanto más pequeñas sean las piezas, mejor. Hay que usar un buen cuchillo, grande, en una buena tabla. Reservar.

Calentar la leche a fuego suave con la vainilla. Cuando entre en ebullición, apagar el fuego y echar el chocolate. Se suele recomendar tener el chocolate en un recipiente y verter encima la leche, pero yo me ahorro manchar otro cacharro.

Remover con suavidad hasta que el chocolate se funda por completo y se forme una crema homogénea. Agregar una pizca de sal y reservar, dejando que se enfríe un poco.

Batir aparte con unas varillas el yogur griego, bien escurrido de su líquido, para montarlo un poco. Añadir en dos o tres tandas el chocolate, mezclando cada vez con movimientos envolventes. Incorporar el licor o zumo y mezclar.

Repartir en vasitos o cuencos y dejar enfriar en la nevera como mínimo una hora. Servir con una cucharada de nata, crema o yogur, un poco de mermelada, ralladura fina de naranja y frutos secos o crocanti crujiente al gusto. También se puede depositar una cucharada de mermelada en el fondo de los vasos antes de llenar con el chocolate.



Sin más, nos seguiremos leyendo un año más en 2020, sin propósitos ni retos. Con seguir teniendo pequeñas ilusiones cada día ya me voy contenta.

¡Feliz Año Nuevo!
23 diciembre, 2019

Makrönli de avellana y almendra al cardamomo: receta de galletas suizas navideñas (sin gluten y sin lactosa)

Tengo un problema: de todas las canciones navideñas que me gusta escuchar, la que se me queda metida en la cabeza todo el día es Let it snow!, que, a ver, me encanta -transmite muy buen rollo-, pero en Murcia ahora mismo, más bien tenemos primavera. Se agradece el solecito del recién estrenado invierno y no tener que salir con miles de capas de abrigo pero... Jo, yo quiero noches de sofá, manta y tazas humeantes, pijamas calentitos y calcetines gordos.


Hasta aquí mis quejas, que estoy en mi tierra, el árbol luce precioso, toda la familia está sana y el horno nuevo de mis padres va de maravilla. La maldita carpa que han instalado en la Plaza de Toros con actuaciones todos los viernes y sábados es, por ahora, tolerable, y he horneado tortas de Pascua y galletas suizas para abastecer a tres familias. A ver si consigo que ninguna tontería me estropee las fiestas. Ni los 24 grados de temperatura.

Para variar, no he podido hacer todas las recetas navideñas que me hubiera gustado, aunque sí tengo aún alguna cosilla esperando para ver la luz estos días de celebraciones. Hoy os dejo una variante de una de mis favoritas del -enorme- recetario suizo navideño: Makrönli o Makrönchen, que además son geniales para aprovechar restos de frutos secos o de clara de huevo.

No necesitan complicaciones con el rodillo, ni cortadores ni moldes de ningún tipo. Su acabado rústico es parte de su encanto y permiten hacer variaciones con los frutos secos que nos apetezcan, o ser más o menos finos en la decoración. En este caso he combinado avellana en la masa con una almendra como coronación, y un toque de cardamomo. Si no fuera por la cantidad de azúcar, serían unas galletas fit :P. Eso sí, sin gluten y sin lactosa.



Hace varios siglos, en mis primeros pinitos en la cocina, compartí una versión primitiva con nueces y también las makrönchen más originales. Aguantan de maravilla muchos días si se conservan en un recipiente hermético, sin mezclarse con dulces de otras texturas.


Receta de makrönli de avellana y almendra al cardamomo 
Inspiración: mis tradiciones navideñas y esta receta
Ingredientes aproximados para 30 unidades

- 200 g de avellana molida
- 2 claras de huevo
- 1 buena pizca de sal
- 5 ml de esencia de vainilla
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido
- 130 g de azúcar
- almendras o avellanas crudas

Batir las claras de huevo con el azúcar con batidora de varillas hasta que se espese, unos pocos minutos. Agregar la sal y la vainilla, y batir un minuto más.

Incorporar la avellana molida y mezclar con movimientos envolventes hasta tener una masa homogénea, húmeda, sin restos secos ni grumos gordos.

Cubrir con una hoja de papel sulfurizado o similar una bandeja grande de hornear. Con ayuda de una o dos cucharillas, tomar pequeñas porciones de masa y formar montoncitos, del tamaño de una nuez, distribuyéndolos en la bandeja.

Se pueden redondear o perfilar un poco con las manos humedecidas, si preferimos un acabado más fino. Coronar cada bolita con una almendra o avellana cruda. Dejar a temperatura ambiente durante, al menos seis horas.

Si hace calor en la cocina, introducir en la nevera. Si hay gatos por la casa que meten las narices (y sus pelos) en todo, tapar bien con un paño limpio.

Precalentar el horno a 175º C y hornear durante unos 10 minutos, hasta que empiecen a dorarse. Esperar un par de minutos fuera del horno y dejar enfriar completamente sobre una rejilla.




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