Hasta donde alcanzan mis difusos recuerdos, siempre hemos tenido un árbol decorado en Navidad, y algún que otro toque navideño por la casa. Aunque con el tiempo, viendo fotos y vídeos caseros, descubrí que mis padres me estafan un poco, a veces con árboles pequeñitos que ni eran árboles ni nada. Creo que según fui creciendo yo el nivel navideño de nuestro hogar iba aumentando exponencialmente :P.
Pero no recuerdo quejarme o extrañarme por no tener belén. Seguramente sí que lo pediría algún año, pero no tengo constancia de que me empeñara en ello demasiado. Y me imagino a mi madre zanjando el tema con un "Aquí no se pone belén y punto, qué follón, lo que me faltaba", o algo así, típico de ella (nota mental: consultar con mi madre para aclarar lagunas de memoria).
Mi mejor amiga de la infancia-adolescencia sí que ponía belén en su casa, uno bastante grandecito, para cuyo montaje yo solía ayudar los últimos años, con sus rocas, su riachuelo con lavanderas, los animalitos... Ahora que lo pienso, era bonito participar en las tradiciones navideñas de otra familia, como si fuera un poco parte de ella también :).
Pero en mi casa tuvimos "belén" algún que otro año. Caseros 100% y según mi inspiración. Yo es que era una niña muy inquieta y me encantaba hacer cosas con mis torpes manos, manualidades caseras algo cutrecillas pero con empeño. Así que, cuando la revista infantil de turno traía un portal de belén recortable, pues yo lo hacía. O si veía en algún programa infantil cómo hacer un belén con materiales de andar por casa, pues también. Es una pena tener fotografías de tan magnas obras de arte (viva la fotografía digital de hoy), pero lo que más recuerdo es un nacimiento que monté mezclando muchos de mis Playmobil, usando una cueva pirata a modo de portal. Y ahora resulta que Playmobil tiene colección navideña y venden el portal ya hecho!
Ah, pero que no tuviéramos tradición belenística en casa no quiere decir que no nos gustaran los belenes. Y es que recorrer la ciudad con la familia para visitar cada uno de los que año tras año salpican Murcia es toda una tradición que sigo manteniendo con mis padres. Hay más, sobre todo si uno se acerca a las pedanías y pueblos de alrededor, pero son cuatro los más típicos: el de la Federación de Peñas Huertanas, algo retirado del centro; el municipal, que se instala desde hace años en el patio interior del Palacio Episcopal; el de la Peña la Pava, nuestro favoritísimo con diferencia, y el que monta CajaMurcia junto a su sede en la Gran Vía al aire libre, muy bonito de noche gracias a la iluminación y la frondosa vegetación natural, aunque un agobio con tanta gente de compras por allí. Y tengo que nombrar también el que montan los montañeros en lo alto de la Cresta del Gallo, otra visita obligadísima, al menos para mi padre y para mí.
El de la Pava es una pequeña maravilla. Esta peña lleva más de 20 años manteniendo su tradición belenista, con un montaje de figuras artesanales que entremezclan la tradición cristiana del nacimiento con el folclore murciano de la huerta, recreando hogares tradicionales, profesiones ya casi perdidas, edificaciones reales de la Región... El cuidado que ponen en cada detalle es de admirar, y realmente merece la pena visitarlo. Tradicionalmente se expone en la Iglesia de San Juan de Dios (otra joya del patrimonio murciano, recién restaurada, que esconde muchos secretos), y espero que allí regrese este año.
Además tengo especial cariño a este belén porque va muy ligado a mis recuerdos de la infancia. No sé cuándo fue, pero mi padre instauró la costumbre de llevarnos a mi hermano y a mí a ver el belén mientras mi madre se quedaba en casa preparando la cena de Nochebuena encerrada en la cocina. El momento mágico llegaba a la vuelta, cuando durante muchos años daba la casualidad de que, aprovechando nuestra ausencia, Papá Noel había pasado por casa y nos encontrábamos el salón lleno de regalos. Y estallaba la locura :).





