El mundo de los sueños me fascina. Según tengo entendido, siempre soñamos aunque no siempre nos acordemos, ¿por qué será? ¿Y por qué muchas veces se nos olvida lo que hemos soñado al rato después de levantarnos? Por no hablar de esos sueños que en nuestra cabeza tienen sentido, pero cuando los queremos explicar con palabras, resulta casi imposible encontrarle coherencia narrativa. Algunas veces soñamos con temas que nos tienen preocupados u obsesionados en ese momento (qué típico soñar con que llegamos tarde a coger un tren o avión, o que tenemos un examen, cuando es así en la realidad) o algo que tenemos que recordar hacer al día siguiente. En ocasiones los sueños son auténticas historias de fantasía o ciencia ficción, mientras que en otras son tan realistas que podemos dudar si ocurrió de verdad o fue una creación del subconsciente (me ha pasado mucho con conversaciones que no sé si he tenido o no despierta). Otros sueños que me desconciertan son los que me traen lugares, épocas o personas en los que no pensaba desde hacía años (soñar con compañeros del colegio, por ejemplo), sin venir a cuento de nada. Y a veces soñamos con cosas geniales que nos llevan a la desilusión cuando al despertar nos damos cuenta de que... sólo era un sueño.
El otro día soñé que me tocaba la lotería y ayer que Madrid se despertaba con un precioso manto blanco. Como si no costara ya madrugar con este frío como para tener encima que lidiar con una sensación de euforia falsa provocada por sueños estafadores.
La receta de hoy es de lo más sencilla, y seguro que la habéis visto ya en otros blogs o libros de cocina, sobre todo extranjeros. No requiere más que un bote de garbanzos cocidos, las especias que más nos gusten y el horno. No penséis que quedan como esos garbanzos duros como piedras, incomibles, que rellenan las mezclas de frutos secos salados comercionales; tostándola en el horno esta legumbre sale crujiente, convirtiéndose en un snack saludable estupendo para tener siempre en la despensa, y también da un toque genial a cremas o sopas, como si fueran picatostes de pan. La última vez usé la mezcla de especias que señalo a continuación, pero podéis usar las que más os gusten, más picantes, agridulces... Con Ras el hanout por ejemplo salen muy ricos también.
- 1 bote grande de garbanzos cocidos, o unos 400 gr de garbanzos cocidos en casa
- 1 y 1/2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharada de zumo de limón
- 1/2 cucharadita de sal fina
- 1 cucharadita de pimentón dulce
- 1/4 cucharadita de pimentón picante
- 1 cucharadita de comino molido
- 1/2 cucharadita de cilantro molido
- 1/2 cucharadita de cúrcuma
- 1/2 cucharadita de tomillo
Precalentar el horno a 200ºC y preparar una bandeja.
Enjuagar y escurrir bien los garbanzos. Distribuirlos sobre la bandeja de horno, en una sola capa. Hornear 10 minutos. Mientras tanto, mezclar en un recipiente el resto de ingredientes. Sacar los garbanzos, incorporarlos a las especias y mezclar bien. Devolver a la bandeja de horno, en una sola capa, y de nuevo hornear, removiendo de vez en cuando, durante unos 15-20 minutos más, hasta que queden bien dorados y crujientes. Guardar en un recipiente hermético cuando se hayan enfriado.



