20 abril, 2026

Tarta de limón y frutos del bosque para el cumpleaños en el que dejé de ser treinteañera

20 de abril. Pero no del 90. Lo único que puedo agradecer a la canción de Celtas Cortos es que me hiciera mucha ilusión la primera vez que la descubrí a la tierna de edad de, no sé, ocho o nueve años. Luego pasó a ser un sortilegio, porque cada vez que la escuchaba rompía a llorar —o, si no era en fechas cercanas a mi cumple, al menos me ponía muy triste—; ahora solo sonrío cuando alguien hace algún chistecito al respecto y, al menos, doy las gracias porque sirve para que mucha gente se acuerde de cuándo es mi cumple.

 Pues sí, amigas: he dejado oficialmente la treintena. Y teniendo en cuenta lo mal que he llevado siempre los cumpleaños, llorando prácticamente en todos, lo llevo sorprendentemente bien. Quizá tenga que ver que hace tiempo me empeñé en dejar de contar años, y centrarme solo en cumplirlos, y que estaba convencida que cumplía los 40 en 2025. Lo prometo, me sacó del error mi madre el mismo día que me felicitaba —y de paso me insultó un poco cariñosamente por ser así de pava—.

 Supongo que esto será lo que dicen madurar, aunque yo me siento igual que siempre. Por dentro, al menos. Me siguen gustando prácticamente las mismas cosas y me he reconciliado con mis pasatiempos y las cosas que me hacen feliz, que dejé durante años aparcadas por la vida adulta, el capitalismo y ese mundo oscuro de los autónomos. Ahora me puedo pasar cinco horas jugando a un juego de llevar una granjita o una taberna medieval, o rejugando a una aventura gráfica que me encantaba con 12 años, y no me siento culpable. 

 Y también he recordado lo mucho que me gusta cocinar y preparar dulces y postres. Dulces a mi gusto, experimentando un poco sin miedo a que salga un desastre, sin pensar en calorías ni en cómo convertir algo en saludable —saludable es una manzana, no un bizcocho fit sin hidratos—. Este cumpleaños extraño ha caído en lunes, así que me he dado el lujo de tomármelo como vacaciones, levantarme a mi ritmo —o sea, muy temprano— y meterme a ensuciar la cocina. Porque, si no me hago yo una tarta a mi gusto, ¿quién me la va a hacer?

 Dándole vueltas a qué podía preparar me daba mucha pereza complicarme con las típicas tartas o pasteles de cumpleaños, y el calor anormal de estos días me quitaban las ganas de pensar en masas de miga esponjosa, glaseados y rellenos. Quería algo fresco, cremoso y crujiente. Quería limón. Mucho limón.

 La inspiración la encontré en la receta de lemon tarts de Nicola Lamb, que tiene una newsletter fantabulosa llamada Kitchen Projects. En serio, si te gusta la repostería o la cocina en general, necesitas seguirla con urgencia. De sus tartaletas de limón cogí la idea de hacer una tarta cremosa, a tope de sabor y aroma alimonado, no muy dulce, con una masa bien crujiente. Pero he usado mi fórmula para este tipo de tartas —llamadas tipo tart o incluso pie en inglés—, mezclando harinas de distintos cereales y usando muy poco azúcar, y un relleno menos dulce y algo más cuajado, que le he cogido tirria a las tartas viscosas por la moda de las tartas de queso y de chocolate medio crudas. 

Aspectos clave: enfriar la masa y hornearla a horno muy moderado dándole un baño de huevo batido tres veces entre horno y horno  —así queda crujiente de verdad—; infusionar la nata con piel de limón y la mitad del azúcar; cocinar la mezcla líquida al baño maría un poco para que no se separe en capas en el horno; controlar bien la cocción si se prefiere más melosa. Ah, y repito, a mí no me gustan los dulces muy dulces. Quería sabor a LIMÓN. Limón murciano.

Receta de tarta de limón-limón y frutos del bosque
Inspiración: mi 40 cumpleaños y Nicola Lamb
Ingredientes para 1 molde de unos 20-22 cm de diámetro

- 100 g de harina de trigo de todo uso
- 50 g de harina de avena
- 50 g de harina de centeno integral (o más avena, o almendra)
- 1 cucharada de azúcar moreno o panela
- 1 pizca de sal 
- ralladura de limón y un poco de cardamomo molido (opcional)
- 100 g de mantequilla muy fría cortada en cubitos
- 1 huevo L
- leche o agua muy fría necesaria
- 1 huevo extra para el horneado

Mezclar las harinas con el azúcar, la sal y los aromas. Añadir la mantequilla y triturar con un robot o procesador de alimentos fuerte, o a mano estrujando rápidamente para o calentar mucho la masa. Cuando se haya incorporado la mantequilla, echar el huevo y triturar un poco más. Añadir leche o agua fría a chorrito ligero hasta tener una masa que se pueda amalgamar con las manos y no sea pegajosa. Envolver en plástico film y reposar en la nevera mínimo 30 minutos, o toda la noche.

Engrasar un molde rizado de tartas con mantequilla y precalentar el horno a 160ºC con aire. Estirar la masa para forrar el molde, primero con rodillo y luego apretando con las manos para ajustarla bien. Cortar la masa que pueda sobrar y hornearla luego como si fueran galletas (o tirar, a mí me gusta comérmela tal cual con queso o frutas). Refrigerar 15-30 minutos y hornear 15 minutos. Pintar nada más salir del horno con una capa ligera de huevo batido. Volver a hornear 5-10 minutos y volver a pintar. Repetir el proceso una vez más y reservar.

- 200 ml de nata para montar sin lactosa (o normal)
- 100 g de azúcar
- pieles sin parte blanca de 3 limones
- 125 g de zumo de limón recién exprimido y sin pulpa
- 4 huevos M
- 2 cucharadas de leche (opcional)
- frambuesas y arándanos o grosellas para decorar

Poner a infusionar, sin hervir, a temperatura muy suave, la nata con la mitad del azúcar y las pieles de limón. Yo echo la leche extra porque siempre se evapora algo de líquido. Escurrir bien las pieles y templar un poco. Batir con varillas a mano los huevos con el resto del azúcar; añadir la nata y el zumo de limón. Calentar al baño maría hasta llegar a los 55ºC, removiendo con suavidad. Colar con un colador fino, remover de nuevo con las varillas y verter en la masa prehorneada. Si hay burbujitas o espuma, retirar para que quede más mona. 

Hornear durante unos 20-40 minutos. Ojo, puede tardar menos o más, según el molde, la temperatura, si se ha hecho bien el precocido al baño maría y según el gusto de cada cual. Si quieres una tarta muy cremosita en el centro, sácala antes; compruébalo con un palillo, debe salir algo manchado si lo pinchas en el centro. Al enfriar se solidificará más. 

Esperar a que se enfríe antes de llevar al horno y decorar al gusto con las frutas. 



Muchas gracias por aguantarme todos estos años, a pesar de mi inconsistencia. Y por seguir ahí, detrás de la pantalla; ya quedamos pocos de los de siempre, pero me encanta leeros a los que seguís infatigables publicando recetas y comentando y participando en retos. Ya sabéis quiénes sois :).

08 febrero, 2026

Receta de palets bretons, una de las mejores galletas del mundo (y de las más simples)

 

Primera publicación de 2026. No tengo vergüenza ninguna. En 2025 solo publiqué una receta, y aún tendré que dar gracias a que saqué ganas de hacerlo. Y eso que saqué fotos de otras elaboraciones que tenía pensado y requetepensado publicar, pero ahí se han quedado, en el limbo digital. Espero recuperarlas, pero ya no me engaño a mí misma y menos a quien aún me lea por aquí. 

No tengo muchas ganas ni ánimos de reflexionar sobre cómo está el mundo ahora mismo, porque menudo añito hemos tenido, y menuda manera de empezar 2026. Me quedo con que he pasado unas navidades estupendas con la familia en Murcia, que también tenía ganas de volver a Madrid con el elfo, mi gato y mi gente de aquí, y que, a grandes rasgos, no nos podemos quejar. 


Vuelvo a tener ganas de cocinar cosas nuevas y probar recetas, y de hacer dulces en casa sin pensar en si no son sanos ni en hacerlos por obligación o para publicarlos en algún sitio. Solo porque me apetece y ya está. Y he recordado 
 y la repostería y por qué empecé en este mundillo hace ya demasiados años. Compartir los resultados es una parte importante de por qué me gusta tanto —hacer feliz a la gente que quieres con algo que has cocinado es maravilloso—, y ahora también he recuperado la ilusión por compartirlo en redes. No tanto en Instagram, que cada vez está peor, y mucho menos en ese pozo infecto de X, sino con la gente maja que hay en Blueskytambién hay palurdos por allí, faltaría más, pero a esos no les dedico más de dos segundos de mi atención. Y me pidieron por favor la receta de estas deliciosísimas galletas, así que me dieron el empujoncito que necesitaba para volver a quitar las telarañas del blog.


Los palets bretons son una de las mejores galletas del mundo porque son pura simplicidad: unas señoras galletas de mantequilla francesa. Típicas de la Bretaña francesa, lo suyo es hacerlas con la mejor mantequilla posible, aunque con una decente del súper ya quedan fabulosas. Deben ser gordotas y ligeramente doradas, sin dejar que se torren demasiado; quedan más crujientes y firmes que el shortbread escocés, pero más suaves que las galletas danesas. No sé cuáles me gustan más.

La receta es de la newsletter Life's a Feast de Jamie Schler, muuuy recomendable, y ya la he repetido más de una vez. Son súper fáciles de hacer, y con el truco de usar un molde rígido de muffins/magdalenas, salen perfectas y no te tienes que complicar para darles forma. Schler dice que con unos de silicona también quedarían bien, o podrían usarse aros metálicos aptos para el horno. Me tienta la versión de chocolate pero es que la mantequilla con su toque de vainilla ya es pura perfección galletil.


Receta de palets bretons
Inspiración: receta de Jamie Schler
Ingredientes para unas 12-18 galletas (depende del tamaño y grosor)

- 2 yemas de huevo grandes
- 80 g de azúcar
- 80 g de mantequilla con sal (de la mejor calidad posible) atemperada
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla de buena calidad
- 150 g de harina de repostería (de todo uso)
- 1 cucharadita de levadura química (impulsor)

Disponer las yemas con el azúcar en un cuenco hondo y batir con batidora de varillas hasta que el azúcar se haya disuelto e integrado bien con las yemas, creando una masa algo esponjosa. Habrá que parar de vez en cuando para rascar las paredes y aglutinar la mezcla de nuevo. Se tardará al menos dos o tres minutos.

Añadir la mantequilla troceada en varias tandas, batiendo cada vez para ir integrándola. Echar también la vainilla y seguir batiendo hasta tener una mezcla homogénea suave y cremosa. Tamizar aparte la harina con la levadura o mezclar bien con unas varillas y la sal, e ir echando la mezcla a la masa en varias tandas, batiendo a velocidad baja cada vez.

Una vez esté todo integrado, aglutinar con las manos. Debe quedar una masa húmeda pero no pegajosa, maleable y suave, que no se desmigaje. Se puede corregir la textura con un poco de harina o de agua o leche fría si diera problemas. Formar un cilindro compacto de unos 20-25 cm de largo, según el tamaño y número de galletas que se quieran obtener. Envolver bien en film y refrigerar 30-45 minutos.

Precalentar el horno a 170ºC sin aire, con calor arriba y abajo, y preparar unos moldes de muffins o magdalenas, mejor si es una bandeja metálica antiadherente, o usar moldes firmes desechables engrasados. El diámetro ideal es de unos 5 cm; mi bandeja de muffins no es necesario engrasarla para esta masa.

Cortar discos de 1 cm de grosor; no importa mucho si no quedan redondos porque la idea es que la masa se expanda en el horno y cojan la forma del molde, pero deben ser del grosor lo más parecido posible, para que se hagan al mismo tiempo. Queremos galletas gorditas.

Poner cada unidad en una cavidad de los moldes y hornear hasta que estén doradas, solo empezando a oscurecerse por los bordes. El tiempo depende mucho del horno, molde y tamaño; entre 10 y 20 minutos. Esperar un poco fuera del horno y desmoldar usando una rejilla, poniendo los moldes boca abajo sobre ella y dando unos golpes secos.

Guardadas en una caja metálica o recipiente hermético, en un lugar fresco y seco, aguantan bien varios días ahora que no hace calor. Lo difícil es que no sean devoradas misteriosamente antes.


06 abril, 2025

Shortbread de coco y violetas (o lavanda). Una delicia caída del cielito azul

 


El shortbread es esa absoluta maravilla repostera cumbre de la gastronomía británica, más concretamente escocesa. Y son una delicia porque tienen una grandiosa cantidad de mantequilla, poco azúcar y no demasiada harina. Su textura es crujiente pero muy ligera, escamosa (flaky), como le corresponde a las masas con su buena cantidad de grasa. Son galletas de las llamadas biscuits, término puramente británico que causa confusión a los estadounidenses, cuyas biscuits son otra cosa, aunque comparten, curiosamente, una similar textura con el shortbread, debido a las capas de mantequilla o manteca. Es como una pasta de mantequilla, pero mucho más delicada que las pastas de té o las galletas danesas, se desmigaja con facilidad y, en su engañosa ligereza, reside su peligro. Te zampas una caja sin darte cuenta

 



Yo me autoconvencí, o autoengañé más bien, a finales de 2024 en que había retomado un buen ritmo de publicación en el blog. El otoño y la Navidad, estar en casa con la familia y las vacaciones fomentaron esa ilusión. Pero llegó 2025 y la vuelta a la realidad de la adultez, obligaciones, trabajo y un enero eterno que duró cincuenta mil días. Febrero fue más ameno pero ajetreado, y marzo ha volado en un suspiro entre borrascas, con una agenda más ajetreada de lo normal. Y se me quedaba el blog en barbecho otra vez, esperando, sin quejarse, pobretico mío.

 Hoy vuelvo con una receta que tenía pendiente desde ese enero interminable, pero que horneé más tarde, cuando encontré tiempo para dedicarle. Porque surge de la inspiración que me regaló mi Amigo Invisible, amiga más bien, del fabuloso evento que surgió del cielito azul en Navidad. Bluesky es la red social que más uso desde que X es un pozo de inmundicia manipulado por ese sociópata de inteligencia justa que todos conocemos y me niego a nombrar, donde me he reencontrado con muchos viejos contactos y he conocido a mucha más gente fabulosa que han creado una comunidad en la que da gustico estar. Sin dejar de tener sus problemas y polémicas, claro. Que al final las redes las hacemos los humanos, y ya sabemos cómo somos de idiotas.


El caso es que una persona maravillosa organizó un Amigo Invisible a finales de año, y mi AI me regaló un reto culinario proponiéndome elaborar algo que combinara dos aromas complementarios, coco y violetas, dándome además un pequeño estudio sobre el perfil aromático de ambos. Me ha dejado un montón de ideas para usar leche de coco en lata -también saladas-, pero lo primero que tenía que probar era una receta dulce, y con las ganas que tenía de galletas... me puse a jugar con varias recetas de shortbread y el resultado ha sido fabuloso. Ahora que se aproxima el calorcito -cero ganas-, probaré otra idea de postre fresco, tipo mousse, crema o helado, añadiendo maracuyá, que también marida muy bien con el coco y seguro que es un puente de unión fantástico con las violetas.

Las violetas son, obviamente, una flor del color que lleva su nombre, pero con el mismo nombre genérico se identifica a los famosos caramelos de Madrid, de cuya existencia no supe hasta que, efectivamente, exploré Madrid por primera vez siguiendo al elfo. De hecho, juraría que él ni sabía que son tipiquísimos de su ciudad natal, lo que demuestra, una vez más, que lo que parece famoso y súper conocido para unos, no existe para otros. Y que por ser de un lugar no te conviertes en eminencia y fuente inapelable sobre conocimientos del mismo.


  Tenía dos opciones, ir a comprar caramelos, cosa que pensaba hacer en un primer momento, pero me terminó por dar pereza, o comprar la esencia de violeta. Triturar los caramelos para usarlos en recetas es algo que se ve mucho por redes, pero no me convencía; mejor ir directamente a la fuente del mismo aroma que se emplea en la elaboración de los caramelos duros. En cualquier tienda especializada en productos de repostería o química de uso alimentario se encuentra sin dificultad. Eso sí, comprobad bien las instrucciones del fabricante sobre la dosis recomendada. En cuanto al coco, que sea muy fresco o no sabrá a nada. 

 Duraron tan poco que tuve que repetir para comprobar que salían bien 😝 y de paso probé a usar lavanda, esta vez "real", las flores secas. También salieron riquísimos, más sutiles, para quien no le guste mucho el olor a flor. Y además es más fotogénica que el botecito de aroma concentrado.

 


Receta de shortbread de coco y violetas o lavanda
Inspiración: mi Amigo Invisible del cielito azul
Ingredientes para

- 175 g de harina de todo uso de trigo
- 1/4 cucharadita de esencia/aroma de violetas (o según fabricante/gusto) o 5 g de lavanda seca
- 70 g de coco rallado
- 30 g de harina de maíz fina (no maizena, de grano fino, amarilla, no precocida)
- 70 g de azúcar
- 175 g de mantequilla de buena calidad a temperatura ambiente, y más para engrasar
- 1/4 cucharadita de sal si la mantequilla no es salada

Precalentar el horno a 160ºC sin aire, calor arriba y abajo. Forrar el fondo de un molde redondo de unos 20 cm de diámetro con papel de hornear, y engrasar bien los laterales con mantequilla y harina tamizada, sacudiendo el exceso. Reservar en la nevera.

Procesar todos los ingredientes en un robot, procesador de alimentos/picadora o a mano. Yo uso lo segundo, es facilísimo trabajar con él este tipo de masas. Debe quedar un poco como migas, pero que al estrujarlas forman una masa compacta. Si se desmigaja, añadir pequeñísimas cantidades de agua muy fría. Es blanda, pero no pegajosa.

Llevar todo al molde sin formar y aplastar con las manos y con ayuda de una espátula esquinera o un cucharón para extender la masa por toda la base, homogeneizanado la superficie. Pinchar con un tenedor y marcar líneas en todo el perímetro del borde con los dientes de este.

Hornear en el centro del horno durante 55-70 minutos, o hasta que la masa esté dorada, sin dejar que se tueste. Mejor quedarse cortos que pasarse demasiado. Esperar fuera del horno unos 10 minutos antes de retirar el anillo del molde y cortar en 12 porciones, sin separarlas. Llevar a una rejilla usando el papel del molde y esperar a que enfríe por completo.

 



Aguantan muy bien en una caja metálica hermética durante muchos días, en un lugar fresco y seco. Nada mejor para el té, café o infusión de sobremesa o media tarde.

30 diciembre, 2024

Pastelillos murcianos convertidos en galletas para Navidad o cuando apriete la morriña - Feliz 2025

 

El 2024 está a puntico de caducar y casi no me da tiempo a dejar por aquí otra receta navideña, felicitar las fiestas y desearos a todos un 2025 fabuloso o, al menos, tranquilo y sin sobresaltos. Con buena salud, claro, pero también con algo de buena fortuna económica, alguna que otra alegría y un buen puñado de momentos felices para recordar en los años venideros. Igual es ser demasiado optimista tal y como pintan las cosas en todo el mundo, pero al menos hay que ser positivas y arrancar con fuerza. Que nunca sabemos cuándo nos van a invadir extraterrestres ni qué intenciones tendrán, por ejemplo.

 

Yo llevo casi dos semanas de vacaciones en Murcia con la familia sin hacer grandes planes pero tampoco sin que me sobre el tiempo. Además de hornear dulces, ayudar con los preparativos de Nochebuena, Navidad y demás, y preparar muchos regalos, he estado haciendo lo que quería: básicamente ocuparme en no hacer nada. Improvisando un poco sobre la marcha, leyendo, viendo alguna serie en familia, paseando, tomando cafés con viejos conocidos, cocinando y horneando, reenganchándome a los videojuegos. O disfrutando del placer de no hacer nada, que también requiere su tiempo. Qué lujo.

Estoy contenta porque Papá Noel se ha portado bien y yo he comprado muchos regalos en comercios locales de gente maravillosa, hemos hecho algo de turismo cercano y están siendo días apacibles, aunque se me acaba la fiesta pasado Año Nuevo. Ya que el 2025 viene con rima predecible, a ver si se porta bien con todos los que se lo merecen, que ya va siendo hora.  


Estos pastelilllos murcianos los horneé por primera vez en 2023 pero se me quedaron en el tintero, así que los traigo hoy, ya que he repetido la receta estas navidades y van a quedarse en el repertorio fijo de dulces para hacer cada vez que llegue diciembre. Los pastelillos son un dulce originalmente más ligado a la Navidad, pero que yo recuerdo desde pequeña presente en las panaderías y obradores casi todo el año, pues mi madre compraba de vez en cuando, especialmente al panadero que pasaba por el campo en su furgoneta. Mi problema con ellos es que me encantaba la masa, pero no me gustaba nada el relleno.

Sí, me apasiona la calabaza pero aborrezco el cabello de ángel. Jamás me ha gustado, ni de niña ni de mayor, menos aún ahora que tolero menos los dulces muy dulces. Así que yo mordisqueaba los pastelillos por todo su perímetro como un ratoncito, dejando el corazón con su relleno intacto. Ahora que he podido recrear la masa en casa los he convertido en pastas o galletas sin más, sin rellenar, y por fin puedo disfrutarlos a mi gusto. He rebajado un poco la cantidad de azúcar de la masa, así que si estáis acostumbrados a los dulces típicos tal cual, aumentad la cantidad unos 50 g más.



Receta de galletas de pastelillos murcianos
Inspiración: la morriña navideña, Teresa Vivancos y mi animadversión hacia el cabello de ángel
Ingredientes aproximados para unas 30 unidades

- 250 g de manteca de cerdo ibérico atemperada
- 200 g de azúcar
- 3 huevos M de gallinas felices atemperados
- 1 vaso de mistela o vino dulce similar (unos 200 ml)
- ralladura de 1 limón murciano
- 500 g de harina de trigo de todo uso (quizá un poco más)
- 10 g de bicarbonato sódico
- 1 cucharadita de canela molida
- 1 huevo batido para pintar

Mezclar en un recipiente amplio la manteca de cerdo con el azúcar, batiendo con unas varillas manuales hasta incorporar bien. Echar los huevos, uno a uno, batiendo tras cada adición ligeramente.

Añadir el vaso de mistela y la ralladura fina del limón lavado, sin parte blanca, remover con las varillas y echar finalmente la harina con el bicarbonato y la canela.

Una vez todo incorporado, amasar a mano mejor sobre una superficie limpia enharinada, echando poco a poco algo más de harina si hiciera falta, hasta obtener una masa maleable, húmeda pero que no sea pegajosa. Tapar y dejar reposar 30 minutos.

Precalentar el horno a 180 ºC sin aire y estirar la masa dejando un grosor de 1 cm, aproximadamente. Recortar las galletas con un cortador redondo o tipo flor, no muy grande, y distribuir en unas bandejas de horno con papel sulfurizado, ligeramente separadas.

Pintar con huevo batido y hornear una bandeja cada vez hasta que estén bien doraditas, entre 20 y 25 minutos, pero vigilando que no se torren en exceso. Esperar un poco antes de trasladar a una rejilla y dejar enfriar por completo.



 

¡Que tengáis un fantástico final de año y mucho mejor 2025! Pasadlo bien y nada de sustos, que la Nochevieja puede ser muy traicionera. Y además parece que vendrá con frío.

14 diciembre, 2024

English gingerbread bundt cake o bizcochón de pan de jengibre inglés para sobrevivir al diciembre prenavideño

 

¡Mi querido otoño tiene los días contados! No me pilla exactamente de sorpresa porque ya me conozco bien el percal, noviembre vuela y diciembre más de lo mismo, y eso que son mis semanas de más estrés y trabajo en el curro. Pero se lleva mil veces mejor que en verano, por supuesto. Que no se te pegue el culo a la silla mientras se te derriten los sesos ayuda bastante.

Este año el no-puente de la Constitución/Inmaculada/Purísima ha sido un poco estafa en Madrid, solo con un viernes festivo, pero lo hemos agradecido un montón. Esa semana se hizo eterna, teniendo solo cuatro días, tanto para mí como para el elfo, que también ha acabado hasta las narices de trabajo. Él ya está de vacaciones, a mí me quedan un par de días y, con suerte, podré dedicarme el resto del mes a la NADA. Bueno, no exactamente, que quiero hacer muchas cosas en fiestas con la familia, pero ya me entendéis.

 

Lo que sí hice en cuanto arrancó diciembre fue sacar mi querido molde de bundt cake de Nordic Ware modelo pine forest, bosque de pinos, que ya es tradición usar cuando asoman las fiestas. El cuerpo me pedía un bizcocho o pastel o algo con muchas especias, miel o melaza, y aproveché para recuperar una receta que tenía fichada de Edd Kimber, alias The boy who bakes, que me cae genial y tiene recetas estupendas y muy tentadoras. Además es una receta de su abuela, y eso suma puntos.

Yo he adaptado la receta reduciendo la cantidad de azúcar y eliminando el stem ginger, que es una conserva de jengibre en sirope típica británica pero que aquí no encuentro, y no tenía tiempo de hacer casera. Además, al elfo no le hubiera hecho mucha gracia tantísimo jengibre, que le conozco. Tampoco tenía mermelada de naranja así que añadí vino dulce y algo de ralladura.


 

Se puede hacer perfectamente en un molde que no sea de Nordic Ware o estrictamente de bundt, pero es importante que sí tenga un agujero en medio y sea grande; un molde redondo o de plum cake dará resultados diferentes; probablemente ricos, pero con una miga de estructura distinta. El golden syrup se puede cambiar por miel de caña -melaza- o miel al gusto; no quedará igual de sabor, pero saldrá buenísimo también. Tengo otra receta de gingerbread bundt cake, versión estadounidense, que recuerdo más húmedo pero muy bueno también. Y como no hay dos sin tres, el bundt cake de cacao y lebkuchen es otro ganador.


Receta de gingerbreaad bundt cake
Inspiración: diciembre y esta receta de Edd Kimber
Ingredientes para un molde de bundt grande, de al menos 9 tazas

- 170 g de mantequilla sin sal
- 340 g de Golden syrup o miel de caña
- 50 g de azúcar
- 340 g de harina de trigo de todo uso
- 3 cucharaditas de jengibre molido
- 2 cucharaditas de de mezcla de especias para pan de especias
- 1 cucharadita de bicarbonato sódico
- 1 pizca de pimienta negra o cayena
- 1/2 cucharadita de sal
- 2 huevos L a temperatura ambiente
- 1 cucharada de vino dulce o zumo de naranja y/o ralladura
- 210 ml de leche o bebida vegetal, a temperatura ambiente
- mantequilla y harina para el molde
- azúcar glasé para decorar

Precalentar el horno a 180ºC con calor arriba y abajo, sin aire. Engrasar bien el molde de bundt con mantequilla, por todos los recovecos, y añadir harina tamizada. Poner bocabajo y dar golpecitos para sacudir el exceso de harina.

Derretir a fuego suave la mantequilla con el Golden syrup o melaza y el azúcar. Cuando esté todo bien homogéneo, añadir las especias y retirar del fuego -así son más aromáticas-. Añadir el vino o zumo, la leche y los huevos cando se haya enfriado un poco, mezclando con varillas. Tamizar la harina en un recipiente grande con el bicarbonato y la sal y añadir la mezcla de ingredientes húmedos.

Combinar todo mezclando suavemente hasta que no haya grumos secos, pero sin mezclar o batir en exceso para que la masa no salga muy apelmazada. Algún grumo puede quedar, pero no restos secos de harina. Verter en el molde, procurando que se llenen todos los recovecos, dar unos golpecitos para romper las posibles burbujas que salgan y hornear durante 45-50 minutos.

Esperar fuera del horno 10 minutos y desmoldar rezando a los dioses. Yo suelo separar la parte de la masa más visible con ayuda de una espátula o cuchillo redondo fino, pongo una rejilla y giro el molde con un movimiento rápido. Suele desmoldarse bien, pero si se rompe algo de masa que no haya drama, intenta colocar el trozo roto y se pegará un poco con el calor residual.

Decorar solo cuando esté totalmente frío, con azúcar glasé tamizado o un glaseado al gusto.


30 noviembre, 2024

Mini cakes de pistacho sin gluten para endulzar el café de tardes hogareñas

 


Llego a tiempo de publicar una recetica dulce caprichosa antes de despedir el mes de noviembre, el cual no tengo claro si se me ha hecho largo o se me ha pasado volando. Un poco ambas cosas, supongo, sensación que termina dejándome más agotada por dentro.

La recta final de año siempre viene cargadísima de trabajo y, cuando se junta con imprevistos tantos laborales como personales, llega el caos. Bueno, tampoco voy a ponerme dramática en exceso que no ha sido para tanto, pero sí que he terminado muchos días agotada, sobre todo de la cabeza. Por suerte, el tiempo otoñal -aunque menos frío de lo que me gustaría- y las ganas de celebrar las fiestas en casa con unas pequeñas vacaciones hacen todo más llevadero. Y que tengo la suerte de estar rodeada de gente estupenda, que siempre facilita la existencia.


Este mes hemos tenido follón gatuno en casa. Nuestro gatete Lito, un buen día, no se terminó la comida que normalmente engulle como si se la fueran a robar. Al día siguiente fue a comerse el pienso que le quedaba y lo vomitó de golpe. Ya no quiso comer más pienso ni tampoco al día siguiente, y apenas comía un poco de otras cosas (fiambre de pavo, que le encanta, pollo, comida húmeda...), que tampoco pedía con especial entusiasmo. Nos preocupamos así que fuimos al veterinario, con el consiguiente drama que el señorito monta en cuanto ve el transportín. Pues le tocó volver al día siguiente, y una semana después otra vez.

Exploración, ecografía, analítica y análisis de orina después, teníamos diagnóstico: tiene riñones poliquísticos. Es una enfermedad congénita sin cura que hará que los riñones funcionen cada vez peor con la edad hasta fallar, pero por el momento parece que siguen relativamente bien. Toca, eso sí, cambio de dieta, vigilar que beba mucha agua y controles más periódicos. Además tenía una bacteria, colestasis y gastroenteritis, probablemente por eso no comía bien. Tras un finde de medicación y caprichitos ya vuelve a comer como una lima y parece que el pienso nuevo renal le gusta tanto o más que el anterior, así que estamos contentos con eso :). Esperamos que pueda seguir bien y feliz muchos años más con una vida relativamente normal.


Y tras la chapa gatuna, recetica dulce. Me apunté estos mini cakes de pistachos en cuanto vi la receta en The Guardian, firmada por Ravneet Gill, y me di el capricho de hornearlos el finde que el elfo estaba, como cada año, en un concurso de pintura de miniaturas en Monte San Savino. Mi receta está algo modificada, no puse frambuesas -porque no tenía, básicamente- y usé moldes normales de muffins, de tamaño mediano, pero en formato más mini deben ser peligrosos porque no podrás comerte solo uno. Muy fáciles de preparar y riquísimos, con esa miga esponjosa y suave, algo húmeda y muy aromática, que los frutos secos consiguen en este tipo de masas.


Receta de mini cakes de pistacho sin gluten
Inspiración: receta ligeramente modificada de Ravneet Gill
Ingredientes aproximados para 5-6 cakes tamaño magdalena mediana o 9-10 minis

- 70 g de pistachos triturados finos (molidos)
- 60 g de almendra molida
- 90 g de azúcar glasé
- 50 g de harina de trigo sarraceno o teff
- 1 pizca de sal
- 1/4 cucharadita de levadura química (impulsor)
- 1/4 cucharadita de cardamomo molido (opcional)
- 80 g de mantequilla sin sal derretida
- 120 g de claras de huevo

Precalentar el horno a 180ºC con calor arriba y abajo. Engrasar los moldes o usar cápsulas de papel o moldes de silicona.

Tamizar todos los ingredientes secos en un recipiente mediano y mezclar con unas varillas finas. Añadir la mantequilla derretida, no muy caliente, y mezclar bien. Montar las claras aparte casi a punto de nieve e incorporar a la masa con movimientos envolventes, aunque no será una masa muy aireada en apariencia, más bien algo basta.

Repartir la masa en los moldes y hornear hasta que estén dorados y al pinchar el centro con un palillo salga prácticamente limpio y seco; será en torno a 18-30 minutos, según el tamaño del molde y tipo de horno. Esperar un poco antes de desmoldar y enfriar sobre una rejilla.


 
10 noviembre, 2024

Pumpkin pie cremosa o vuelta a los clásicos reconfortantes con una nueva tarta de calabaza

 

Estas últimas semanas están siendo un mazazo emocional tras otro. La cosa empezó más o menos bien, considerando que el horror en Oriente Próximo sigue día sí y día también sin que al resto de "líderes" (ejem) del mundo parezca importarle mucho. Pude escaparme a mi Murcia unos pocos días aprovechando un evento de trabajo, y poder estar con la familia siempre renueva los ánimos. Además tuve la oportunidad de disfrutar de una cena increíble en un lugar de ensueño, en mi propio barrio de toda la vida -quién me lo iba a mí a decir-, y pude aprovechar incluso para volver al campo y hacer un poco de turismo local, pese a no estar de vacaciones.

Pero claro, llega la realidad del mundo y te pega un guantazo en la cara, y otro más fuerte después, y otros más de propina. Soy incapaz de comentar nada sobre el horror a todos los niveles de la DANA, esa gota fría terrible que ha dejado la mayor catástrofe que se recuerda en tantas comarcas, pueblos y campos de Valencia, Albacete, Andalucía y más. Pasando "de puntillas" esta vez por Murcia pero recordándonos a todos los que hemos crecido entre gotas frías la destrucción que puede traer este fenómeno meteorológico. Particularmente cuando nos rodea la incompetencia política. Pero no quiero entrar ahí que me enciendo, y tampoco iba a decir nada nuevo. 

 


Ánimo a todos los que han sufrido y siguen sufriendo las consecuencias de esta catástrofe. Ojalá, ojalá de verdad que no se vuelva a repetir, pero no soy nada optimista al respecto. Digamos que las recientes elecciones en EEUU tampoco me han dejado con el ánimo especialmente positivo respecto a la fe en el ser humano.

Ante la desesperanza y el hastío con el mundo, me refugio en las pequeñas cosas cotidianas. Que al menos el otoño en mi barrio está en su esplendor, y es el ambiente perfecto para hornear. Pasó Halloween, pasó Todos los Santos y el Día de Difuntos, y yo recuperé mi tradición de hacer una tarta de calabaza o pumpkin pie. Haciendo lo que más me gusta, complicándome probando cosas nuevas en lugar de repetir las recetas del pasado que sé que funcionan.

Basándome un poco en las explicaciones y recetas de The Flavour Bender y Joy of Baking, quise hacer una masa de las tipo flaky, como ya hice hace tiempo, pero algo más suave y no tan quebradiza, y un relleno que fuera muy cremoso. No tengo nada en contra de las tartas de calabaza más sólidas y algo granulosas, pero mi reto esta vez era un relleno bien cremoso, con un toque caramelizado donde resaltara el sabor de la calabaza y las especias. Objetivo conseguido. Solo me queda tener más maña dando forma al borde y dar con el tiempo de horneado perfecto.


Unos consejicos previos. 

Si usas puré de calabaza casero, procura exprimir muy, muy, muy, muy bien el agua que suelta, dejándola al menos toda la noche escurriendo, o más. Si puedes, compra un bote comercial, es mucho más cómodo. Respecto a la masa, este tipo de pies quedan de fábula con la masa quebradiza rica en mantequilla que no se funde con la harina, y es mejor hacerla el día antes para que se enfríe toda la noche antes de hornear; el reposo en frío antes de entrar al horno también es casi imprescindible, diría yo. Y al hornear en blanco, mucho mejor usar papel de aluminio para cubrirla con azúcar de peso, nada de legumbres ni pesos comerciales. Comodísimo. 

Ah, quizá le habría dado algo más de temperatura al horno o más tiempo de horneado, visto el resultado. Quedó estupenda, pero no del todo perfecta. Qué pena, tendré que repetir hasta dar con el punto. Y si tenéis gatos en casa, procurad que no tengan acceso a la tarta mientras se enfría o podéis encontrar huellas de patitas sobre ella, como puede atestiguar la nuestra. Los lametones que le habrá dado Lito a la corteza no se ven, pero no dudo que fueron producidos.



Receta de pumpkin pie o tarta de calabaza americana
Inspiración: el otoño, la nostalgia y The Flavour Bender
Ingredientes para 1 molde de 23 cm de diámetro (este en concreto)

- 150 g de mantequilla sin sal muy fría
- 100-120 ml de agua muy fría
- 200 g de harina de todo uso (repostería)
- 10 g de panela
- 1 pizca de sal

- 2 huevos L y 1 yema L, a temperatura ambiente
- 425-430 g de puré de calabaza (de bote o casero, muy bien escurrido)
- 200 ml de nata líquida para montar (sin lactosa en mi caso) a temperatura ambiente
- 50 g de leche (sin lactosa en mi caso) a temperatura ambiente
- 10 g de maizena (opcional)
- 30 g de sirope de arce o miel
- 70 g de azúcar moreno 
- 1 cucharadita de canela molida
- 3/4 cucharadita de jengibre molido
- 1/4 cucharadita de clavo molido
- 1/4 cucharadita de allspice (pimienta de Jamaica, opcional)
- 1/4 cucharadita de cardamomo molido
- 1 buena pizca de nuez moscada recién rallada
- 1/2 cucharadita de sal

Preparar la masa varias horas antes o, mejor, el día anterior. Cortar la mantequilla en cubos y llevar al congelador unos minutos. Mezclar la harina con la panela y la sal en un recipiente o el vaso de un robot o procesador de alimentos. Añadir la mantequilla y aplastar y frotar todo con las manos hasta tener una textura de migas gruesas. Añadir casi toda el agua y seguir frotando; debe quedar una textura de arena, pero que al apretar la masa se quede cohesionada. Añadir más agua si hiciera falta. Es más fácil hacer esto con el robot, triturando todo en tandas cortas.

Volcar sobre una superficie de trabajo limpiar y cohesionar la masa. Dividir en dos, poner uno sobre el otro y aplastar formando un disco. Deberían verse pegotitos de mantequilla por la masa. Envolver en film y refrigerar al menos dos horas, o hasta el día siguiente.

Engrasar el molde. Estirar la masa dejando un grosor de unos 3-4 mm y trasladar al molde. Apretar con el dorso de los dedos -enharinados si hace falta-, pero NO estirar la masa. Cortar el exceso de los bordes, dejando que sobresalga un poco. Pellizcar el borde para darle forma rizada o dejar tal cal. Refrigerar entre 30 y 60 minutos. Precalentar el horno a 175ºC mientras tanto, calor arriba y abajo.

Cubrir la masa con papel de aluminio -no recomiendo usar papel de horno-. Llenar con azúcar generosamente para que haga de peso y hornear durante 40 minutos, poniendo el molde en un nivel por debajo de la mitad del horno. Sacar y retirar con mucho cuidado el papel de aluminio con el azúcar. Pinchar el fondo de la masa con un tenedor y tapar el borde de la masa con más papel de aluminio. Volver a hornear unos 10-15 minutos, hasta que el fondo esté ligeramente dorado, no crudo. Sacar y dejar enfriar mientras se hace el relleno.

Mezclar todos los ingredientes en un recipiente con unas varillas o triturar con una batidora de brazo, de vaso o con un robot, sin batir demasiado. Dejar reposar unos minutos, dando golpecitos para que salgan las burbujas de aire y romperlas con una espátula. Verter la masa en el molde, dar de nuevo golpecitos y romper las burbujas. Hornear a 180 ºC durante unos 50 minutos, comprobando que la masa no se tueste demasiado -proteger con papel de aluminio si hiciera falta-.

Dejar enfriar a temperatura ambiente y refrigerar al menos una hora antes de servir. Está más rica pasadas varias horas, pero procurar que no esté muy fría al servir. Cuidado si tienes gatos, el olorcito de la tarta recién hecha suele atraer el interés de sus patitas.

Cuidáos mucho y cuidad a los demás. De verdad.

16 octubre, 2024

Torta de pan de aceite con masa madre para el Día Mundial del pan - WBD2024

 


¡Feliz Día Mundial del Pan!

Si hace un par de semanas regresé al blog tras mis ya habituales meses de parón, obviamente no podía faltar a la cita anual que celebra la cultura panadera en redes por todo el mundo. No quiero volver a enrollarme dando la turra con lo muchísimo que me gusta el pan, lo importante que ha sido siempre en mi vida y los recuerdos que tengo con el pan de Suiza y Murcia; solo vuelvo a agradecer a zorra/kochtopf - 1x umrühren bitte haber empezado este evento virtual hace ya tantos años. Es muy especial y me hace mucha ilusión seguir participando y echar la vista atrás a tantos panes... y lo mucho que han cambiado mis masas y mi propia vida. 

Las fechas me pillan siempre últimamente un poco regular para hacer experimentos o afrontar recetas que sean un verdadero reto, que me permitan explorar otras fórmulas, otras harinas, otras culturas... aunque la época es perfecta, eso sí. El inicio del otoño siempre nos da ánimos renovados a quienes nos encanta hacer pan en casa, tras el infernal verano en el que amasar, fermentar y hornear sí que es un reto.

Día Mundial del Pan

Mi masa madre sigue vivita y coleando después de tantos años ya, aguantando a los veranos como una campeona en la nevera, a veces pasándose más de un mes sin recibir alimento por mi parte, pero volviendo a la vida con su generosidad cuando la despierto. Y repasando publicaciones y recetas que tengo guardadas desde hace tiempo -guardo demasiadas recetas 'para hacer en el futuro'-, me acordé de una torta de pan de aceite que compartió nuestro sensei panarra nacional, Ibán Yarza, en su Instagram. Un tipo de pan plano que, como bien explicó en su día y como ha desarrollado en sus libros sobre el pan de pueblo -maravillosos-, se encuentra en la tradición de muchas regiones, tanto españolas como italianas y más allá.

 


Es realmente sencilla de preparar y se puede hacer con levadura de panadería seca o fresca, aunque con masa madre siempre tiene ese puntito especial extra. Me encanta embadurnar este tipo de masas en buen aceite de oliva virgen extra y estirarlas con las yemas de los dedos, dejando las marcas que luego permanecen tras el horneado. Y es un pan riquísimo.

 


Aguanta bien un par de días bien guardado, aunque confieso que me gustan esa textura de pan duro que se le va quedando a los panes de masa madre con el paso del tiempo, para zambullirlos en sopas, leche, café o lo que surja. Pero como Pablo estaba de viaje ese día preferí cortar en porciones la segunda unidad y congelarla recién horneada; es un lujo tener un congelador bien ataviado de rebanadas, panecillos y pedazos de buen pan. En esta casa jamás sobra o se tira pan.



Receta de torta de pan de aceite con masa madre
Inspiración: receta ligeramente modificada de Ibán Yarza
Ingredientes para 2 unidades

- 100 g de harina panadera
- 60 g de agua
- 5 g de masa madre activa al 100% de hidratación

- 165 g de la masa madre preparada
- 260 g de harina zamorana
- 260 g de harina T80 molida a la piedra o mezcla, o más panadera
- 340 g de agua
- 9 g de sal
- 0,3 g de levadura seca de panadería
- aceite de oliva virgen extra
- hinojo seco molido o comino o anís (opcional)

Cuando la masa madre esté animada y contenta, preparar el prefermento con los 100 g de harina panadera y el agua, dejando la mezcla reposar unas 12 horas a 20ºC, aproximadamente.

Al día siguiente, mezclar todo menos el aceite y las posibles hierbas secas. Tapar y reposar 15 minutos. Amasar a mano o con máquina hasta que esté bien elástica y fina. Tapar y dejar levar unas 2-3 horas, según la temperatura que haga y la fuerza de la masa madre.

Dividir en dos mitades del mismo peso y bolearlas con suavidad, sin hacer tensión, no estamos formando bollos ni hogazas. Taparlas, cubriéndolas con film engrasado con aceite, y dejar fermentar una hora más.

Llevar las masas a una o dos bandejas de hornear con papel sulfurizado y cubrir con aceite; aplanar dando forma de disco usando las yemas de los dedos, estirándolas mientras se hunden los dedos hasta dejar un diámetro de unos 20-30 cm. Tapar de nuevo y dejar otra hora. Mientras, precalentar el horno a 250ºC con calor arriba y abajo, sin aire, dejando una bandeja metálica en la base para hacer vapor.

Volver a pintar las masas con aceite y a marcar de nuevo la superficie con los dedos, aplanándolas un poco más -o según se prefiera una masa más fina o con más miga-. Añadir ahora si se desea semillas, especias o hierbas, como si fuera una focaccia, pero solo un toque, que no acapare la masa.

Hornear echando medio vaso de agua en la bandeja para crear vapor. Pasados 5 minutos, retirar la bandeja y continuar la cocción hasta que estén bien doradas. Si tememos que se van a quemar muy rápido, bajar un poco la temperatura, aunque la idea es que se hagan muy rápido y queden crujientes.

06 octubre, 2024

Coca de zanahoria y nuez para volver al hogar invocando al otoño

 Vuelvo, como ya viene siendo habitual en mí, a quitar las telarañas del blog en octubre, mi mes favorito en la fantasía de mi mente. Me he convencido de que es mi mes favorito porque lo tengo idealizado en cómo me gustaría que fuera, totalmente otoñal, con el nórdico puesto en la cama, la casa puesta totalmente a unto tras esas tareas pendientes que nos propusimos terminar en verano, con una rutina establecida, tardes de sofá, tazas humeantes y mantitas, paseos por parques vestidos de hojas y teñidos de rojo, amarillo y naranja.

Pero la realidad es que a día 6 todavía no he guardado toda la ropa de verano, me siguen apeteciendo más helados y tés fríos que cosas calientes y la lista de tareas sigue ahí, esperando a que nos dignemos a hacerle caso de una vez. En fin, casi que esta es la rutina real y no la que me monto en mi cabeza.

 Pero sí que se va notando el cambio al menos por donde nosotros vivimos y los parques van dejándose abrazar, tímidamente, por el otoño. Y al menos ya puedo hornear sin morir en el intento, las masas de pan no se descontrolan tanto con los calores y, aunque sin nórdico, puedo dormir tapada y descansar mejor. Y estamos en la spooky season, que siempre le da más encanto a este mes con su ambiente de brujas, fantasmas, gatos, calabazas, espíritus, leyendas, fantasmas y vampiros. 

 Sabéis que me encanta la Navidad pero a su debido tiempo, y toda la parafernalia de Halloween, la Noche de Brujas, el Día de los Muertos y Todos los Santos también me fascina. Porque además va de la mano del mercado otoñal, con sus calabazas, castañas, nueces, mandarinas, naranjas, setas, caquis, granadas, boniatos y muchas más cosas deliciosas.


 Tenía fichada desde hace tiempo una receta de coca de zanahoria de Santi en Una receta, un recuerdo, un bizcocho de esos tan típicos en tierras valencianas horneados en llandas y bandejas amplias que tanto me gustan para hacerlos más planitos y darle variedad al repertorio dulce. Y la semana pasada me ardía la vena repostera, tenía zanahorias que pedían un uso urgente y un paquete de nueces peladas que compré cuando vino mi hermano de visita en verano -es un señorito comodón que prefiere evitar tener que abrirlas él a mano-. Como al elfo no le gustan los tropezones de frutos secos en las masas, la receta era perfecta, pues Santi propone triturarlas para usarlas casi como una harina.

El resultado es fabuloso, un bizcocho con textura rústica pero jugosísimo, de esos que saben a hogar, a tazas humeantes con una chimenea tras un paseo por el bosque. Si le ponéis azúcar por encima para que haga costra, tened en cuenta que con el paso de las horas es más que probable que se humedezca; perderéis el toque crujiente pero quedará como una cobertura más golosa y caramelizada -salvo que echéis MUCHO azúcar-. 

Yo quería una coca bajita, pero si preferís una miga más gordota solo tenéis que usar una fuente más pequeña y de paredes altas. Corté la mitad en porciones y las congelé, porque somos solo dos en casa y hay que tener cierta mesura. Siempre prefiero hacer recetas completas y congelar -o regalar- a dividir cantidades, que no siempre salen bien.

Receta de coca de zanahoria y nuez
Inspiración: el otoño y Santi Hernández
Ingredientes para una bandeja de unos 20x30 cm

- 150 g de nueces molidas
- 150 g de zanahoria rallada fina
- 4 huevos S (o 3 M) de gallinas felices
- 100 g de panela o azúcar moreno
- 100 g de azúcar blanquilla
- ralladura de 1 naranja pequeña
- 250 g de leche sin lactosa o normal
- 60 g de aceite de oliva virgen extra o girasol
- 250 g de harina de todo uso
- 1/2 cucharadita de canela molida
- 3 sobres dobles de gaseosas
- 1 buena pizca de sal

Si no tenemos nueces molidas compradas, partir las nueces o usar nueces ya peladas comerciales. Tostarlas ligeramente en una sartén sin aceite procurando que no se quemen; paso opcional pero muy recomendable, sobre todo si usamos nueces ya peladas. Esperar a que se enfríen y triturar con un robot o picadora hasta tener textura casi de harina; si quedan grumillos no pasa nada, más textura.

Lavar, secar y pelar ligeramente -si es necesario- unas 2-3 zanahorias, según tamaño, y rallarlas finas. Tapar y reservar. Precalentar el horno a 200ºC con calor arriba y abajo y engrasar o forrar una bandeja de horno rectangular.

Batir muy bien los huevos con los dos tipos de azúcar, hasta que espesen un poco. Añadir la leche, el aceite y la ralladura de naranja, y batir un poco más. Añadir las nueces molidas, incorporar sin batir mucho, y tamizar encima la harina con las gaseosillas, la canela y la sal. Echarla en tandas, alternando con la zanahoria, incorporando con movimientos suaves hasta que no queden grumos secos.

Llenar la bandeja con la masa y añadir azúcar por encima si se desea. Hornear durante unos 35-40 minutos, hasta que esté bien dorada y al pincharla en el centro con un palillo salga limpio. Esperar un poco antes de desmoldar sobre una rejilla.

 


d

29 diciembre, 2023

Corazones de miel y especias de Lebkuchen para endulzar el fin de año

¡Feliz Navidad y felices últimos días del año!

Llego un poco tarde para felicitar las fiestas pero ya que, milagrosamente, estoy actualizando de nuevo el blog, me apetecía retomar viejas -viejísimas- costumbres 😊. Espero que estéis pasando estos días lo mejor posible, disfrutando como os venga en gana, con la familia sanguínea o elegida que os haga sentir bien y, sobre todo, con buena salud y sin estrés, agobios o ansiedad. Que al final es lo más importante. Yo he tardado en aprenderlo, pero cuando te das cuenta de lo que realmente merece la pena, estas fiestas o cualquier momento del año se gozan el cuádruple.

Bizcochitos con formas de corazones de miel sobre una bandeja navideña


Porque desafortunadamente hemos tenido este año otra problemas de salud en la familia y es inevitable acordarse de quienes ya no están con nosotros; es parte de esa nostalgia triste pero extrañamente reconfortante y agridulce que tienen las fiestas. Se sufre, pero al mismo tiempo creo que es bonito rememorar esos tiempos pasados, acordarte solo de los momentos felices que pasaste en otra época, casi olvidando que también se discutía o había quejas en la mesa por cualquier tontuna. Recordar puede doler mucho, pero yo no querría olvidar esos recuerdos solo por no sufrir, aunque sea para estar más presente en el ahora y ser consciente de que lo que vivimos hoy también lo echaremos de menos algún día.


Habrá excepciones, por supuesto. Soy consciente de que hablo desde mi propio privilegio y que muchos tendrán unas navidades muy duras. Tampoco quiero lanzar mensajes baratos de taza de Mr.Wonderful -argh-; la vida es cruel y muy puñetera. Ánimo y abrazos para todo el que lo necesite, tenéis el derecho de pasar de las fiestas y sus tradiciones y hacer lo que os venga en gana si toda esta parafernalia os trae sin cuidado. Yo vivo la Navidad como a mí me gusta y jamás se me ocurriría tildar de aguafiestas a quien le resulte absurda.

Dejo ya de divagar mientras intento ignorar los ruidos infernales de la obra del edificio en construcción que tenemos justo pegado al de mis padres -a las 8.00 en puntico arrancan cada mañana- y recupero esta receta que horneé en Madrid pocos días antes de hacer la maleta. Unos corazones de miel y especias de Lebkuchen que se suman al interminable catálogo de este tipo de dulces navideños-invernales que ya han desfilado por aquí. Y los que quedan.

Como me gustan todas las versiones de galletas, panecillos, bizcochitos, pasteles, pastas y demás variantes de pan de especias que he probado, suelo probar nuevas cada año. Receta que veo con buena pinta, receta que apunto y que luego tuneo un poco a mi gusto. En este caso tenemos el típico formato de corazones de miga tierna, sin más grasa que la yema de huevo, endulzados con mucha miel y con su potente aroma de Lebkuchen. Hoy es fácil encontrar esta mezcla en tiendas especializadas, pero podéis hacerla también casera.

La receta utiliza como agente levante la antigua combinación de bicarbonato de amonio y bicarbonato potásico, que sigue usándose en países centroeuropeos. Aquí es complicado encontrarlos, así que se puede sustituir por bicarbonato sódico corriente. Como ya he explicado en alguna ocasión (aquí cuento más detalles), el resultado es distinto y difícil de explicar, pero cuando lo pruebas ves claramente la diferencia en la textura; además los dulces se mantienen tiernos y esponjosos muchísimo más tiempo con los primeros.


Es importante dejar reposar la masa al menos de un día para otro para que se desarrollen bien los sabores y aromas; se podría omitir ese paso si tenemos mucha prisa, pero la diferencia es notable. Por supuesto, cuanto mejor sea la calidad de la miel que uséis, más ricos y aromáticos saldrán, y así además se puede jugar con el aroma según el tipo de miel que elijamos. La mía era una miel de la sierra de Madrid que regalan a mis suegros, de color claro y un precioso dorado brillante, con toques de monte y flores de montaña. Si usamos una miel más oscura los corazones saldrán, obviamente, más oscuritos y tostados. Nada que objetar al respecto. 

Supongo que podrían hacerse con un sirope vegetal para una variante vegana, sustituyendo las yemas por algún equivalente, como sirope de arce, de dátil o de ágave. Quizá la textura final sea distinta, pero quedarán ricos también.

Estos corazones se suelen decorar con almendras y guindas u otros frutos secos, a veces se bañan en chocolate negro o blanco o se pintan con glasa real -azúcar glasé+clara de huevo pasteurizada- como las galletas de jengibre. En mi caso simplemente usé almendras laminadas y trocitos de orejones de albaricoque para darles un toque sencillo, porque son ya suficientemente dulces como para agregar mucho más. Aguantan perfectamente durante semanas si se guardan en un recipiente hermético en un lugar fresco y seco, sin mezclar con otros dulces.

Receta de corazones de miel y especias de Lebkuchen
Inspiración: una receta que tenía apuntada desde hace años y no recuerdo de dónde saqué
Ingredientes para muchos corazones, según tamaño

- 500 g de miel de buena calidad
- 4,5 cucharaditas de mezcla de pan de especias*
- ralladura de 1 naranja pequeña o mandarina
- 3 yemas de huevo de gallinas felices
- 200 ml de buttermilk o leche mezclada con 1 cucharadita de zumo de limón
- 500 g de harina de todo uso
- 100 g de harina integral de centeno
- 1 cucharadita de bicarbonato de amonio**
- 2 cucharaditas de bicarbonato potásico**
- 1 clara de huevo para pintar
- frutos secos y/o guindas al gusto

Calentar la miel en un cazo a fuego muy suave para que se ponga muy líquida. Retirar del fuego, añadir las especias y la ralladura y dejar enfriar ligeramente hasta que no queme al tacto. Combinar aparte las harinas con los bicarbonatos en un recipiente grande.

Agregar las yemas y el buttermilk, mezclando con unas varillas manuales. Echar sobre la mezcla seca y trabajar la masa hasta incorporar, terminado de amasar sobre una superficie limpia. Envolver en film y dejar reposar en la parte menos más fría de la nevera durante 24 horas o toda la noche.

Precalentar el horno a 170 ºC sin aire. Estirar la masa entre hojas de papel de horno dejando un grosor de 1 cm. Recortar los corazones con moldes adecuados, distribuir en bandejas de horno con papel sulfurizado, dejando espacio entre ellos, y pintar con la clara de huevo batida. Decorar al gusto si se desea con frutos secos.

Hornear una bandeja cada vez durante unos 12-15 minutos, vigilando que no se tuesten, solo tienen que dorarse. Dejar enfriar un poco antes de trasladar a una rejilla y guardar en un recipiente hermético cuando estén totalmente fríos.

* Una mezcla casera puede ser 1 cucharadita de canela, 1 cucharadita de jengibre, 1/2 cucharadita de clavo, 1/2 cucharadita de cardamomo, 1/2 cucharadita de anís estrellado, 1/2 cucharadita de cilantro/coriandro, 1/4 cucharadita de pimienta de Jamaica, 1/4 cucharadita de nuez moscada (todo molido).

** Sustituir por 2 cucharaditas de levadura química -impulsor- y 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico si no se encuentran.


¡Feliz Año Nuevo! Ojalá el 2024 sea, al menos, tranquilo y con buena salud para todos.
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