27 septiembre, 2015

Viajando - Norte de Portugal: Ponte de Lima y Viana do Castelo

Tras la parada - accidentada - en Zamora, seguimos rumbo a nuestro país vecino vía Galicia. Me gustó la ruta, montañas arriba, lástima por las zonas de bosque que han sufrido incendios en los últimos veranos, pero que poco a poco se van recuperando. Nuestro destino era Fafe, una ciudad al norte de Portugal que no conocíamos de nada pero que se convirtió en nuestro centro de operaciones durante una semana. Fuimos un poco a la aventura, porque mi padre simplemente quería una casa rural en un lugar apartado y tranquilo, pensando en el norte portugués o el sur gallego, y cuando consiguió encontrar un lugar libre en las fechas que necesitábamos, no lo pensamos mucho más. Teníamos que haber empezado la búsqueda semanas antes, pero al final tuvimos mucha suerte.

Ponte de Lima

La zona la conocíamos un poco por nuestra anterior estancia en Oporto - no me cansaré de recomendar su visita -. Hicimos alguna excursión por los alrededores, así que el paisaje y el ambiente nos atraía bastante. Sin ser un nido de turistas, es una zona muy agradable con bonitos paisajes, cerca del mar, con muchos pueblos encantadores y un rico patrimonio cultural y natural. Y se come de maravilla, además. Os quiero enseñar la casa donde estuvimos porque quedamos encantados, pero lo dejaré para otro post. Hoy simplemente traigo un paseo virtual por dos localidades muy recomendables para visitar en un buen día de verano.

Ponte de Lima

Ponte de Lima

Ponte de Lima es una villa pequeña pero con mucho encanto, con un centro antiguo y una zona perfectamente acondicionada para recibir a turistas y visitantes, pues pasear por sus calles y sus zonas naturales es muy agradable. Es la ciudad más antigua de Portugal y por tanto tiene una rica historia que se manifiesta en monumentos, museos, festivales y demás. El nombe lo recibe del puente de origen romano que cruza el río Lima, cuyas riberas tienen bien aprovechadas para el disfrute de la población, especialmente en verano.

Ponte de Lima

Ponte de Lima

Llegamos a media mañana, dejamos el coche en un parking y tomamos tranquilamente un café con uno de esos deliciosos pasteles portugueses que se pueden encontrar en cada esquina. Por cierto, ¡qué buen café y qué precios! Ni en las terrazas de las ciudades más turísticas nos llegaron a cobrar nada que se pudiera acercar al precio normal de un bar cutre en España, incluyendo los pasteles. El aparcamiento también fue increíblemente barato, por cierto.

Ponte de Lima

Ponte de Lima

Por cierto, toda la zona es conocida por el llamado vino verde, y es muy recomendable buscar una de las tiendas estilo colmado que venden botellas de buena calidad a precios más que aceptables. Mi padre lo tenía clarísimo y no se le olvidó cargar bien el maletero con un par de cajas. Es otra cosa que me gustó de Ponte de Lima, a pesar de ser un punto de atracción para turistas todavía sobreviven comerciones de esos de toda la vida, con muchas panaderías que huelen al trabajo de varias generaciones y tiendas de comestibles de esas en las que puedes encontrar de todo.

Viana do Castelo

Los portugueses empezaban a sentarse a comer cuando nosotros salimos en dirección a la cercana Viana do Castelo, junto al mar. Es una ciudad más grande que se extiende al sur del Monte de Santa Lucía, donde hay un santuario. Se trata de una localidad de pescadores que creció gracias al comercio internacional, sobre todo con Brasil. El centro histórico está muy bien conservado y es uno de los más bonitos de la zona, muy agradable para pasear y visitar algunos de los puntos de interés. El prolema que tuvimos nosotros fue llegar justo en pleno colofón de las fiestas locales, así que estaba a tope de gente, con música sonando por altavoces por todas las calles, desfiles de gigantes y cabezudos, peñas folclóricas con sus casetas, y demás.

Viana do Castelo

Viana do Castelo

Nos costó un poco encontrar mesa para comer porque llegamos ya a hora española y estaba todo a tope, pero al final conseguimos una mesa en una calle tranquila cerca del puerto, y disfrutamos de, cómo no, un buen plato de bacalao. En este caso una especialidad muy conocida, bacalhau à minhota, con patatas, cebolla y pimiento. Fue lo más práctico, porque lo pides para X comensales y así llega una gran fuente burbujeante de la que todo el mundo se sirve. Las patatas van fritas antes de unirse a los demás ingredientes en el horno, y estaban deliciosas, nada grasientas, crujientes y ligeras. Pero el pescado era otro asunto, me supo a gloria. Tenía un antojo de bacalao que no me podía aguantar.

Viana do Castelo

Viana do Castelo

Hablando de antojos, quería un helado - hacía calorcico, pero soportable -, y ¡no encontramos ni una heladería! Me pareció rarísimo, al ser verano, ciudad turística, junto al mar... pero ni una. Eso sí, decenas de pastelerías con innumerables dulces y pastas. Helados, solamente los de marca, pero no era lo que buscaba. Por cierto, tampoco vimos ni una sola tienda de yogur helado en todo el viaje.

En fin, bajamos la comida paseando por el mercadillo del puerto y luego subimos en funicular al Monte de Santa Luzía, donde hay un bar agradable, una basílica neobizantina, restos arqueológicos y unas vistas estupendas. Y yo me tuve que contentar con un polo de Frigo.
24 septiembre, 2015

Mermelada de melocotón al tomillo [Conservas caseras con Ventanas Verdes]

Ya es oficialmente otoño y por eso hoy me he levantado un poquito más feliz. Todavía hace falta que bajen más las temperaturas, que lleguen al mercado todos los productos típicos de temporada y que el suelo se llene de remolinos de hojas de todos los colores, pero al menos la palabra "verano" ya se quedó atrás. Como ya he comentado varias veces, Murcia realmente no tiene otoño - al menos, no como yo lo concibo -, pero Madrid sí, y pienso disfrutarlo muchísimo. Pero antes de todo eso merece la pena conservar un pedazo del verano en botes para la despensa, por eso un año más en Ventanas Verdes volvemos al curso con nuevas propuestas para hacer conservas caseras.

Peach thyme jam


Hemos pasado un estío disfrutando de esa maravillosa fruta y con la mejor temporada de verduras y hortalizas, pero aunque ya estemos algo cansados de ellas siempre es una buena inversión dedicar un día a envasar en vinagre, almíbar, aceite, encurtidos, mermeladas, compotas y demás. En agosto mi madre y sus primas ya hicieron la habitual "tomatada", con kilos y kilos de tomate en conserva - al natural y frito -, y a mí me gusta preparar alguna mermelada en esta época. Casi se me pasa, porque está siendo una vuelta al cole algo caótica, pero menos mal que mis ventanitas me dieron el empujón que necesitaba.

Peach thyme jam

Peach thyme jam

A pesar de que en nuestro grupo apostamos por ofrecer recetas más saludables, reconozco que las mermeladas, como concepto, van cargadas de azúcar. Me hubiera gustado ofrecer una alternativa más ligera pero no he tenido mucho tiempo de investigar y experimentar, así que he seguido mi procedimiento habitual. Al fin y al cabo, creo que siempre es mejor una conserva casera que comprada, pues recuperar esas costumbres hogareñas y apostar por lo casero es otra de las filosofías de Ventanas Verdes. Eso sí, mis compañeras tienen propuestas mucho más interesantes, ¡no os las perdáis!

Peach thyme jam


Mermelada de melocotón al tomillo
Receta ideada por mí
Ingredientes para unos 4-6 tarros, dependiendo del tamaño

- 1200-1300 g de melocotones pelados y sin hueso (aproximadamente)
- 500 g de azúcar gelificante (comprado en Alemania; se puede usar azúcar normal)
- 2 cucharaditas de zumo de limón
- 1 ramita de tomillo fresco y aromático

Yo he partido de, aproximadamene, kilo y medio de melocotones, de esos de final de verano gordos y tremendamente aromáticos. Los he dejado unos días a temperatura ambiente para que maduraran un pelín más, y mi cocina olía a gloria con ellos.

Lavar bien y pelar, procurando no desperdiciar demasiada carne. Trocear desechando el hueso y colocar en un recipiente. Regar con el zumo de limón y añadir el azúcar y el tomillo. Remover bien y tapar con un paño, dejando reposar entre 1 hora y toda la noche.

Colocar en una olla ancha con buen fondo y calentar. Llevar a ebullición, bajar el fuego y dejar que haga chup-chup. Retirar la espuma si sale demasiada. Mantener la cocción a fuego suave, removiendo de vez en cuando, durante unos 30-50 minutos. Retirar la rama de tomillo y aplasar la fruta con un brazo de esos de hacer puré de patatas, o directamente triturar si se prefiere una textura totalmente homogénea - no lo recomiendo-.

Cuando tenga la textura que se desea, envasar en caliente en botes esterilizados y sellar adecuadamente. Para mermeladas de frutas con su buen azúcar, yo simplemente lavo los tarros y las tapas, los caliento en el horno a unos 150ºC durante 30 minutos, envaso, cierro y coloco boca abajo hasta que hace efecto vacío. Duran meses sin problemas en un lugar fresco y oscuro.

 Peach thyme jam

Riquísima con yogur o queso, ha sido mi desayuno de hoy con rebanadas de pan casero - no sale en las fotos porque se estaba enfriando -.
¿Soléis hacer mermelada? ¿Cuál es vuestra favorita? ¡Abrid las demás ventanas para descubrir otras recetas! 
22 septiembre, 2015

Tosta de higos con queso y tomillo - Cosas de corredoras


Se dice que para empezar a correr no necesitas prácticamente nada, sólo unas zapatillas adecuadas y la calle. Bueno, esa es la teoría. Sí, es más barato que otros muchos deportes y no necesitas pagar cuotas para usar ningunas instalaciones, pero me río yo de eso de que un runner (ejem) no precisa equipamiento. Todos sabemos que desde que se puso de moda - extraña moda, también hay que decirlo - hay mucho postureo, mucha tontería y mucho gasto que las marcas aprovechan bien. Yo reconozco que uso algunos extras que no necesitaría, pero han sido regalos que he agradecido mucho. Esa es una ventaja del que practica deporte respecto a los demás, se abre todo un mundo de posibilidades en cuanto a regalos factibles.

Cream cheese fig toast


Lo más importante es tener unas zapatillas adecuadas - yo lo comprobé a las malas, me destrocé las rodillas cuando empecé por utilizar unas cutres barateras - y ropa correcta. Peeero las mujeres tenemos que sumar otro accesorio imprescindible: un sujetador deportivo. Y es un coñazo, en mi opinión, porque hay que lavarlos constantemente, se desgastan pronto y hay que ir renovando, lo que para mí es un rollo ya que cambian los modelos cada dos por tres y nunca encuentro mi talla/modelo a la primera. Y hay que probárselos, por supuesto, así que me siento algo tonta pegando botes descamisada dentro de los probadores para comprobar que... bueno, que sujetan. Preferiblemente sin cortar la respiración, gracias.

Cream cheese fig toast


Lo malo es que los sujetadores deportivos que más cómodos en cuanto a sujección me resultan, terminan provocándome dolor de espalda. El problema es que tengo un punto determinado que se me suele cargar por trabajar con el ordenador - y amasar pan o planchar -, y justo ahí me aprietan demasiado. Y da mucha rabia no poder correr bien porque el tirante del sujetador te está destrozando la espalda o el cuello, la verdad.
Hoy me he dedicado a hacer mermelada, pan, galletas y unos aperitivos con masa hojaldre que tenía que gastar. Luego sesión de fotos y a limpiar el caos de cocina. Después ya he aprovechado y he limpiado el polvo de toda la casa, y de paso el baño. Así que ahora tengo la espalda que es un cuadro, y temo la carrera de mañana. Ay, si tuviera una piscina cerca de casa...

La receta de hoy es de lo más simple, pero personalmente me encanta. Desde que hago pan y tengo mi favorito me he aficionado a usarlo de base para tostas de todo tipo, normalmente aprovechando mis productos preferidos de temporada. Y no podía dejar pasar los maravillosos higos, aunque tenga que pagar por ellos ya que las higueras de mi querido campo en Murcia me pillan lejos.

Cream cheese fig toast

Tosta de higos con queso y tomillo
Receta improvisada por mí
Ingredientes a ojo según comensales o hambre

- rebanadas de pan bueno, preferiblemente de masa madre con centeno
- queso crema de untar (sin lactosa) o queso fresco batido
- unos cuantos higos morados (o verdes) frescos, no muy maduros
- tomillo fresco
- vinagre aromático, en mi caso añejo de higo ecológico de Los Majos
- una pizca de sal
- pimienta negra recién molida

Cortar rebanadas de un dedo de grosor de pan, y tostarlo un poco si se desea. A mí me gusta hacerlo sobre una plancha untada con algo de buen aceite de oliva. Untar una capa generosa del queso deseado, mejor si está a temperatura ambiente. Dar un golpe de pimienta negra.

Lavar los higos, secarlos con suavidad y quitar un poco de la piel si está dañada. Cortar en láminas no muy finas y colocar encima del queso. Añadir las hojitas de tomillo, una chispa de sal gruesa y unas gotas de vinagre al gusto. Dejar reposar un poco si se desea, para que los sabores se abracen bien, o devorar tal cual.

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Muchas gracias a El Huerto de los Majos que me enviaron una muestra de algunos de sus productos murcianos ecológicos, ¡me han encantado los vinagres de frutas!
18 septiembre, 2015

Torta tartufata - Chocolate para el fin de semana

En esta época de transición verano-otoño lo paso mal cuando voy al mercadillo o a la frutería. Todavía tenemos las últimas frutas del verano, con esos ricos melocotones llenos de aroma, ciruelas variadas, algunos paraguayos, los deliciosos higos, moras y arándanos... Pero ya están llegando las primeras manzanas y peras nacionales, uva, granadas, naranjas... ¡Bloqueo mental! Mi adicción confesable - una de ellas - es la fruta, y me temo que me apasiona casi toda. Quizá las manzanas sean mis favoritas, y ahora que llegan ricas de verdad me hacen ojitos.
Vaya drama eh? Tener abundancia de productos frescos y total disponibilidad. Problemas del primer mundo... A ver si aprendo a dejar de quejarme y simplemente disfrutar, que a veces parece que nos gustar poner dificultades y pegas a todo.

Torta tartufata


En realidad no me quejo de verdad, y es que cuando disfruto de una pieza de fruta natural llena de sabor me siento afortunada y feliz, porque simplemente me apasionan. Cuando pillo un virus, una gastroenteritis o simplemente tengo el estómago mal - me pasa más a menudo de lo que me gustaría - y no puedo deleitarme con mi querida fruta, soy un alma en pena. Por eso nunca las como por inercia, disfruto con auténtica pasión. ¿Y qué hago yo hablando de fruta si mi receta de hoy no lleva nada? Debe ser porque acabo de venir de la compra y he acabado trayendo más cosas de las que inicialmente pensaba :P.

Por cierto, este verano han estado haciendo obras y reformas en los supermercados que más frecuento, y me tienen un poco mosqueada. Yo tenía mis itinerarios perfectamente interiorizados y era como un rayo con el carrito, pero ahora parezco un pollo perdido en medio de un montón de gente igual de desorientada que yo. A ver si me aprendo las nuevas organizaciones pronto, me da mucha rabia perder el tiempo cuando salgo a comprar.

Torta tartufata


Para endulzar el fin de semana traigo un pastel sencillo pero delicioso, de esos que saben a casero y sin más pretensiones que hacer disfrutar a la familia. La receta está ligeramente adaptada de uno de los últimos libros de cocina que he comprado algo a ciegas pero que he terminado adorando, es ya de mis favoritos. Limoncello and Linen Water es un homenaje de la autora a su país de adopción, Italia, a su suegra y a todas las mujeres que dan vida al hogar generación tras generación, con recetas italianas tradicionales muy variadas y unas fotografías preciosas.

Torta tartufata


Torta tartufata - Pastel de chocolate y avellana
Receta adaptada de Limoncello and Linen Water
Ingredientes para un molde bajo redondo de unos 28 cm

- 20 g de avellana molida
- 20 g de almendra molida
- 90 g de mantequilla sin sal
- 10 g de yogur natural
- 120 g de chocolate negro de calidad
- 1 cucharada colmada de cacao puro en polvo sin azúcar
- 3 huevos L
- 85 g de azúcar
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- 1/4 cucharadita de sal
- 1 pizca de canela molida
- 20 g de harina de repostería
- azúcar glasé para espolvorear

Precalentar el horno a 180ºC y preparar el molde, engrasándolo o cubriendo la base con papel de hornear. Tostar ligeramente la avellana y la almendra molida en una sartén sin aceite. Derretir la mantequilla en un cazo, añadir el chocolate troceado y el cacao y mezclar bien, hasta que quede una combinación homogénea y suave. Dejar que se enfríe un poco.

Separar las yemas de las claras y batir estas a punto de nieve. Reservar. En otro cuenco, batir las yemas con el azúcar, la vainilla, la sal y la canela. Incorporar la mezcla de chocolate y el yogur y batir un poco más. Agregar la harina tamizada con las avellanas y almendras, mezclar e incorporar por último las claras, con suavidad.

Llenar el molde con la masa, igualar la superficie con el dorso de una espátula y hornear durante unos 20 minutos. Si se quiere una consistencia más seca, hornear algo más, si se prefiere húmedo, hornear menos. Dejar enfriar completamente antes de espolvorear con azúcar glasé tamizado al gusto.

Torta tartufata

¡Buen fin de semana!
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