16 octubre, 2019

Focaccia de masa madre - Receta para el Día Mundial del Pan #WBD2019

¡Feliz Día Mundial del Pan!

Focaccia de masa madre

Después de tantos años, me sigue haciendo mucha ilusión este día tan especial para los que amamos amasar, hornear y comer buen pan, los que nos emocionamos con el aroma de las masas recién hechas, con ese crujir de la corteza al enfriarse, con la intriga del primer corte y el primer bocado. Ya sea con nuestro propio pan casero o con producto de calidad de obrador, hay que seguir reivindicando y celebrando su cultura y su valor.


Me apetece probar cosas nuevas y mejorar mis técnicas indagando en procesos más complejos, con nuevos ingredientes y formados, pero no he tenido mucho tiempo para ponerme a experimentar. Sí tenía claro que este año me apetecía participar en el evento con algo diferente, pero contando con mi querida masa madre. Como siempre, gracias a zorra de kochtopf por organizar, un año más, este fantástico evento bloguero-panarra mundial.


Las redes siguen siendo un lugar fantástico en el que conocer gente que merece la pena seguir, y donde aprender y encontrar inspiración, si dejamos a un lado postureos, modas aburridas, influencers de baratillo y polémicas absurdas. Maurizio es uno de los panarras empedernidos que sigo, y cuando compartió su receta para hacer una focaccia sencilla con masa madre, sabía que tenía que hacerla.


Después de guardarla en verano, la semana pasada me acordé de ella y me lancé a probarla, ajustando alguna cosilla a ojo y a mi gusto. No podía haber elegido un día mejor, ya que justo, POR FIN, nos despedimos del maldito calor para recibir al otoño a lo grande. Fresquito, viento, algo de lluvia y árboles teñidos de esos preciosos colores de mi estación favorita: el mejor ambiente para amasar y hornear.


La receta de Maurizio sigue la fórmula del pan pero yo he querido ser menos meticulosa para redondear un poco más los ingredientes, pues me temo que mi báscula no es tan precisa como para dar gramo a gramo con exactitud -a ver si me autorregalo una en condiciones-. Los tiempos también han sido un poco... flexibles. Es lo que tiene trabajar al mismo tiempo, no siempre se puede estar pendiente de la masa; y aún así salió fantástica.



Es por tanto una receta muy sencilla, con una hidratación relativamente elevada pero muy manejable, perfecta para los que, como yo, aún somos novatos con este tipo de masas. Con una masa madre en forma, practicando buenos plegados y dejando que la masa repose y se desarrolle a su ritmo, se vuelve muy elástica y agradecida. Y, como dije en Instagram, el strech and fold es casi terapéutico.





Receta de focaccia de masa madre
Inspiración: ligeramente modificada de The Perfect Loaf
Ingredientes para 1 focaccia de buen tamaño

- 100 g de masa madre 100% hidratación, refrescada la víspera
- 280 g de harina de trigo de todo uso
- 200 g de harina panadera
- 20 g de harina integral de espelta (solo por darle un toque más rústico a la masa)
- 390 g de agua
- 9 g de sal
- 10 g de aceite de oliva virgen extra y más para formar
- tomatitos, aceitunas negras, hierbas provenzales y sal gruesa, o ingredientes al gusto

Lo ideal es comenzar por la mañana a primera hora, tras haber alimentado la masa madre la noche antes. Disponer en un recipiente o en una batidora-amasadora todas las harinas con la sal y mezclar. Formar un hueco en el centro y echar la masa madre con 350 g de agua, y empezar a mezclar.

Trabajar la masa ligeramente hasta que no haya grumos secos y empezar amasar unos 5 minutos. Entonces comenzar a agregar el resto del agua poco a poco, sin echarla del todo, solo lo que sea capaz de absorber sin volverse una papilla. Debe ser pegajosa pero no líquida.

Añadir entonces el aceite de oliva y amasar en máquina o a mano durante unos 10 minutos. Si estuviera excesivamente pegajosa, tapar y dejar reposar 30 minutos; continuar amasando hasta obtener una textura aún muy húmeda, pero cohesionada.

Dejar fermentar en un recipiente ligeramente engrasado con aceite durante unas 4 horas. Cada 30 minutos, practicar pliegues para tensar la masa, en un proceso similar al que se muestra aquí, o simplemente usando una paleta de panadería, plegando la masa sobre sí misma dentro del mismo recipiente, como hice yo. Con el paso de las horas se va volviendo mucho más elástica y suave.

Engrasar un molde rectangular o fuente que tenga paredes profundas, de unos 25-30 cm de largo, y echar la masa. Estirar con las manos humedecidas para "animarla" a cubrir todo el fondo, sobre todo las esquinas. Es normal que se encoja al principio. Tapar y dejar reposar 1-2 horas más.

Precalentar el horno a 240ºC. Añadir un buen chorro de aceite de oliva por encima de la masa y hundir los dedos por toda su superficie, con suavidad pero presionando bien. Repartir tomatitos troceados, aceitunas y hierbas provenzales, o lo que apetezca, apretándolos un poco en la masa. Finalizar con sal gruesa o en escamas y un poco más de aceite.

Hornear durante 10 minutos, bajar la temperatura a 200ºC y continuar horneando durante unos 20 minutos más, o hasta que esté bien dorada. Si se tuesta mucho por encima, bajar al nivel más bajo del horno en los minutos finales para que se dore mejor por abajo. Esperar un poco fuera del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.



Está buenísima por sí misma, con la miga suave, esponjosa y sabrosísima, y una corteza crujientita llena de aromas. No hay que racanear en la calidad del aceite de oliva ni quedarse cortos en las hierbas, y definitivamente el toque de la sal gruesa es imprescindible.

¿Qué habéis horneado vosotros últimamente? :)
23 septiembre, 2019

Tarta fina de ciruelas y frutos secos (sin gluten) - ¡Otoño!




Septiembre vuelve a ser un mes extraño del que todavía no consigo eliminar esa sensación de vuelta al cole. Aunque realmente no haya tenido vacaciones de verdad, creo que es el mes en el que más ganas tengo de hacer cosas nuevas y plantear proyectos a corto plazo (que se cumplan ya es otra cosa). Sea como sea, hoy empieza oficialmente el otoño, y la fruta de esta época me estaba gritando que, por favor, horneara algo para inaugurar la temporada. Una tarta fina de ciruelas y frutos secos ha cumplido su cometido con honores.


Las últimas semanas en el campo murciano fueron más agradables en cuanto a temperaturas se refiere; al menos hacía el calor normal que permitía dormir por las noches. La invasión de moscas ya es otro tema (estoy segura de que he batido mi récord este año con el matamoscas). La primera tromba de agua, aquella que primero causó caos y descontrol en Madrid, sí pude vivirla en primera persona, corta pero intensa. Lo que no sabíamos es que semanas más tarde una gota fría terrible iba a arrasar la Región (y más zonas) incluso incomunicando el campo.



Para entonces yo ya estaba en Madrid, claro. Vine con mis padres aprovechando que ellos seguirían hasta Galicia para pasar una semana de vacaciones en La Coruña (viene muy bien tener una hija en la capital para hacer escala en estos viajes y ahorrarse hoteles); y justo regresaron un día antes de que empezaran las tormentas.

Yo he vivido más de una gota fría en el pasado, también en el campo, incluso un par de ellas muy, muy fuertes. En una ocasión nos pilló cazando conejos con los hurones de mi primo (hace como mil años de aquello, creo que fue cuando dejé de comer conejo para siempre); regresar a las casas fue toda una aventura cuando el barro y el agua se habían comido los caminos en cuestión de minutos. Pero nada comparado a lo que se ha vivido estos días.



Nuestra casa no ha sufrido grandes daños materiales, por suerte, aunque las fotos que me enviaba mi padre eran para asustarse un poco. Lo que me parte el alma es ver cómo ha quedado el Mar Menor, Los Alcázares, Los Urrutias, Los Nietos... aunque no soy playera tengo mucho cariño a toda esa zona, y duele mucho ver cómo ha quedado destrozada, y tanta gente que aún sigue limpiando haciendo balance de pérdidas. Ojalá se tomen en serio de una vez que algo hay que hacer para evitar que se vuelva a repetir algo así, y que el Mar Menor necesita ayuda urgente, si no es demasiado tarde.



La receta no tiene mucho misterio; me apetecía hornear algo con ciruelas de temporada y que tuviera alma preotoñal, que para mí se traduce en aires rústicos, dando todo el protagonismo a la fruta, sin complicar demasiado los componentes. Me gustan las tartas finas tipo wähe, que dicen los suizos, muy fáciles de adaptar a versiones sin gluten o sin harinas refinadas. La avellana molida da mucho sabor a la base, las ciruelas dulces y aromáticas protagonizan el relleno sin tener que agregar casi nada de azúcar. Sed libres de endulzarla más o añadir lo que os apetezca.



Tarta fina de ciruelas y frutos secos sin gluten
Receta inspirada en Betty Bossi y las ganas de otoño
Ingredientes para un molde de unos 20 cm de diámetro

- 120 g de harina de maíz (no maizena ni polenta)
- 80 g de avellana molida
- 1 cucharada de azúcar de abedul (o normal)
- 1/2 cucharadita de jengibre molido
- 1 pizca de sal
- 65 g de mantequilla fría sin sal
- 1 huevo no muy grande de gallinas felices
- agua fría necesaria (yo al final no usé)
- almendra molida para el relleno
- ciruelas maduritas pero aún firmes, dulces y aromáticas
- pistachos picados (o almendras, o avellanas, o nueces...)
- azúcar moreno al gusto

Si tenemos un procesador de alimentos, picadora o similar, es muy fácil hacer la masa. Disponer la harina de maíz con la avellana, el azúcar, el jengibre y la sal, y triturar unos segundos o mezclar con unas varillas. Añadir la mantequilla cortada y volver a triturar o batir con batidora de varillas hasta tener una textura de migas.

Incorporar el huevo y volver a triturar, removiendo de vez en cuando, hasta obtener una masa húmeda, homogénea y maleable, no muy pegajosa (se debe despegar de las paredes del cuenco). Compactar, envolver en plástico film y dejar como mínimo media hora en la nevera.

Precalentar el horno a 180º C y engrasar con mantequilla un molde de tarta rizado de unos 20-22 cm de diámetro. Lavar, secar y cortar las ciruelas en cuartos, o mitades si usáramos pequeñitas. Sacar la masa, estirar bien con un rodillo y forrar el molde, cortando lo que sobre (aprovecharla para hacer galletitas).

Cubrir el fondo con una capa finita de almendra molida y pinchar con un tenedor ligeramente. Repartir las ciruelas cortadas y agregar pistachos picados y azúcar moreno por encima al gusto. Podemos añadir también unos pegotitos de mantequilla. Hornear durante unos 30-40 minutos, hasta que la masa esté algo tostadita (sin pasarse) y la fruta burbujee.

Dejar enfriar un poco fuera del horno. Se puede tomar tibia o esperar a que se enfríe del todo. Acompañar de salsa de vainilla calentita, nata montada casera, salsa de caramelo, helado... o de nada, que está muy rica tal cual. Bueno, con un café o té, mucho mejor.


¡Disfrutemos del otoño! Que por algún motivo, es la estación del año que pasa más rápido. ¿O solo me lo parece a mí?

18 agosto, 2019

Tarta de queso a mi estilo con base almendrada (que casi acaba en desastre) para cumpleaños calurosos


Agosto está entrando en su tramo final, o de eso me quiero convencer a mí misma. El caso es que hemos pasado ya el ecuador del gran mes de las vacaciones en España y se me está poniendo el cuerpo en modo "vuelta al cole". Pero todavía nos quedan muchos días de verano.

La primera semana en mi campo de Murcia ha sido asfixiante. Mi hemano pasó unos días con nosotros en Madrid, bien aderezados de calor, y llegamos a nuestra tierra levantina en plena fase de horno asfixiante. Qué maravilla fue poner el pie fuera del tren con las temperaturas en todo su esplendor, en plena hora de la siesta; podías sentir la piel luchando por no derretirse y los pulmones buscando aire fresco en ese ambiente pesado y húmedo. Vale, me gusta dramatizar.



En el campo la cosa no estaba mucho mejor y nos duraría varios días, sin demasiado descanso tampoco por la noche. Al menos la visión de la naturaleza -algo desértica, pero naturaleza al fin y al cabo- lo hacía más llevadero. Lo malo es que el cumpleaños de mi padre coincidió con esta semana infernal y hubo que desechar por completo cualquier plan de hacer barbacoa fuera de casa.

Pero bueno, el calor murciano no nos pilla sorpresa y sabemos adaptarnos, así que comimos a base de tapeo marinero bien a salvo del exterior, y yo preparé un postre para disfrutar fresquito. Ahora que es fácil encontrar queso crema sin lactosa no me lo pienso dos veces, y así puedo hacer una tarta de queso a mi estilo, huyendo de las modas de cheesecakes y tartas medio crudas que se ven tanto hoy en día. Cada uno con sus gustos.



Además no me gusta demasiado la típica base de galletas trituradas con mantequilla. Así que empecé haciendo una especie de pâte sucrée no muy dulce y aumentando la proporción de almendra molida, que me pirra. Claro que el calor se ve que me atonta las neuronas y casi me la cargo.

Estaba yo tan feliz en pleno proceso tartil escuchando música y charlando con mi madre, cuando no se me ocurrió otra cosa que voltear la masa recién horneada en blanco para quitar unos granos de arroz que se habían salido del papel de hornear -utilicé arroz crudo como peso al no tener legumbres secas-. Y claro: desastre. La masa se suicidó rompiéndose en trozos y yo empecé a soltar culebras por la boca, frustada conmigo misma por la inutilidad. Intenté recomponer los pedazos, pero no había manera. Entonces me cabreé tanto que empecé a estrujarla a lo bruto, y casi la tiro a la basura. Pero me di cuenta de que se podía amalgamar...



Así que, echando mano de un poco de nata líquida sin lactosa que tenía abierta, forré el molde de nuevo con la masa desmigada, efectivamente, como si fuera la típica base de galletas. Pero sin serlo. Se humedeció un poco con el horneado del relleno, pero quedó bien rica. En fin, fue un momento de crisis tonto que por suerte terminó bien.

En cuanto al relleno, he adoptado la costumbre alemana de agregar a los rellenos de tartas de queso un sobre de "pudding", que en España sustituyo por el típico de "flanín". No es más que almidón de maíz con algo de azúcar y aroma, pero queda estupendo si se busca una buena consistencia. Se puede omitir y usar solo maizena, añadiendo más vainilla y/o azúcar a la mezcla. Ahora no recuerdo la marca que yo usé, es la única que había en la tienda del pueblo más cercano; sí sé que me dejó un colorcillo rojizo en el relleno. Detalles insignificantes.

Receta de tarta de queso a mi estilo con mase almendrada
Inspiración: las tartas de queso al estilo alemán/suizo
Ingredientes para un molde de unos 22 cm de diámetro

- 80 g de harina
- 75 g de almendra molida
- 1 buena pizca de sal
- 30 g de azúcar
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla
- 80 g de mantequilla sin sal fría y más para el molde
- 1 huevo

- 100 g de azúcar
- 600 g de queso crema atemperado
- ralladura de limón
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla
- 1 pizca de sal
- 3 huevos atemperados
- 1 sobre de pudding de vainilla/flanín/natillas (o 2 cucharadas de maizena)
- 100 ml de nata de cocina
- mermelada/compota de arándanos de calidad (mejor si es casera)

Es recomendable preparar la masa con antelación, mejor la víspera.
Colocar la harina, la almendra, la sal y el azúcar en un cuenco, mezclar con unas varillas y formar un pequeño hueco. Echar la mantequilla cortada en cubos pequeños y la vainilla, y trabajar hasta tener una textura de migas. Agregar el huevo y batir o mezclar lo justo hasta que se pueda amalgamar la masa. Formar un disco, envolver en plástico film y dejar en la nevera como mínimo 1 hora, o toda la noche.

Precalentar el horno a 200ºC y engrasar con mantequilla y harina tamizada un molde redondo, mejor si es de fondo desmontable. Estirar la masa y forrar el molde. Cubrir con papel de hornear, agregar peso -legumbres, arroz...- y hornear en blanco 10-12 minutos. Sacar con cuidado, quitar el papel y dejar enfriar.

Preparar el relleno batiendo el queso con el azúcar, el limón y la vainilla; añadir la sal y los huevos uno a uno, incorporar el sobre o la maizena y la nata, y batir ligeramente hasta tener una textura homogénea sin grumos. Llenar el molde con la masa ya fría y hornear a 180ºC unos 40 minutos, o hasta que esté cuajada al gusto.

Dejar enfriar antes de cubrir con mermelada o compota de arándanos al gusto, y reservar en frío en la nevera antes de servir. Está más rica pasadas unas cuantas horas, pero conviene no degustarla recién salida de la nevera, mejor dejar que se atempere un poco.



01 agosto, 2019

Spätzli o Knöpfli, pasta suiza para celebrar el 1 de agosto

Allá por los inicios del blog (año 2006, casi nada) compartía una primitiva receta de Spätzli, aunque tenía cierta trampa. Las cantidades eran muy vagas porque usé un viejo chisme que heredó mi padre de mis abuelos, el típico aparato con las medidas marcadas para ir añadiendo ingredientes para no tener que medir o pesar nada.



Pero ese aparatejo está en Murcia y yo llevo mucho tiempo con morriña de Spätzli, así que aproveché que mis padres estuvieron por la patria helvética en primavera y les encargué -además de toneladas algo de chocolate- otro chisme más tradicional, que al parecer no es tan fácil de encontrar, si me fío de mi padre. El caso es que por fin he sacado tiempo y excusas para ponerlo a prueba; qué mejor que el día 1 de agosto, la Fiesta Nacional suiza, para traerlos por aquí. Mi tradicional Zopf de cada verano lo reservo para cuando me escape al campo murciano la semana que viene, para compartirlo en familia 😄.

Yo era aún una criaja la última vez que pudimos organizar un viaje a Suiza coincidiendo con el Nationalfeiertag. Hay que admitir que el primer día de agosto no es muy propicio para viajar y tampoco práctico para organizar las vacaciones laborales de mi padre. Así que soy consciente de que tengo recuerdos muy idealizados de aquellas fiestas, cuando todo era una mezcla de magia, diversión y alegría sin preocupaciones a la vista. 



El 1 de agosto acabábamos de llegar y todo era ilusión y nervios, y el país parecía que nos recibía engalanado y listo para pasarlo bien. Siempre suele haber banderitas suizas -del país y de los cantones- en jardines, casas y comercios, pero cuando se acerca la fiesta nacional todo se multiplica. En pleno verano, además, Suiza está preciosa, verde y reluciente, llena de flores de colores y con parques y jardines en todo su esplendor. 

Lo habitual es organizar comidas-cenas al aire libre, en familia o reuniendo amigos y vecinos, y también se hacen muchas comidas comunales en barrios y pueblos. Hay barbacoas -por supuesto-, música, bailes, trajes y juegos tradicionales, y fuegos artificiales para culminar la fiesta. Cada cantón y cada ciudad tiene sus costumbres o festejos propios, pero lo que no falta es la buena comida al aire libre, y es muy típico decorar los platos, panes y dulces con banderitas o cruces que la recrean.




Los Spätzli no son precisamente comida de verano, aunque también admiten recetas más ligeras. Mi padre los relaciona con el otoño y el invierno porque están deliciosos acompañando una salsa o guiso bien contundente, especialmente con carne. Pero también son muy ricos bien pasados por la sartén con mantequilla o aceite, aderezados con especias o hierbas y, eso sí, con mucho queso. Realmente es como la pasta italiana, con poco sabor por sí sola y que admite multitud de acompañamientos.


En Alemania los llaman Spätzle, pero es que en Suiza son muy de meter 'ies' por todas partes. Está la variante Knöpfli, que realmente solo se diferencia en la forma, más pequeñitos y gorditos. Los Spätzli deberían ser más alargados, aunque son tan rústicos que hay muchas variantes y formas de hacerlos. Esta es la primera vez que los hago y me han salido algo mutantes, combinando ambos tipos.

En este vídeo de abajo se ve muy bien la diferencia entre ambos. Además se muestra otra forma de hacerlos, sin el colador este que uso yo, cortándolos a cuchillo desde una tabla de madera. La masa es mucho más viscosa que la pasta italiana y sale un poco a su bola; en el carácter rústico aleatorio está gran parte de su encanto. Si tenéis un colador de agujeros gordos, también valdría.





Receta de Spätzli o Knöpfli, a la suiza
Inspiración: Betty Bossi, la morriña helvética y el 1 de agosto
Ingredientes para 4-6 raciones

- 300 g de harina floja (de repostería o de todo uso)
- 3/4 cucharadita de sal y más para el agua
- 75 ml de leche sin lactosa (o vegetal, o normal y corrtiente)
- 75 ml de agua (quizá un poco más)
- 3 huevos de gallinas felices
- mantequilla suiza o aceite para cocinar
- pimienta negra recién molida
- 1 pizca de nuez moscada
- hierbas al gusto (tomillo, romero, orégano, salvia...)
- abundante queso para rallar (el gruyére o emmental suizo van genial, parmesano o grana padano también)

Mezclar en un recipiente la harina con la sal y formar un hueco. En otro cuenco, romper los huevos y batir ligeramente. Echarlos en el hueco de la harina y agregar los líquidos. Empezar a mezclar y amasar con una cuchara grande o una espátula hasta tener una masa húmeda y pegajosa. Si estuviera demasiado dura, añadir un poco de agua. Tiene que quedar elástica. Tapar y dejar reposar 30 minutos.

Poner a hervir abundante agua con sal en una olla o cazuela ancha. Tener listo un recipiente grande frío al lado, o un colador, y una espumadera. Cuando el agua esté hierviendo, pero tampoco a lo loco, empezar a echar la masa usando el colador o extendiendo porciones en una tabla de madera y cortando tiras finas. 

La masa debe ir cayendo en porciones pequeñas en el agua. Se cuecen en 1-2 minutos, cuando flotan ya están listos. Ir sacándolos con la espumadera al colador o recipiente frío. Continuar hasta terminar con toda la masa.

Saltear los Spätzli en una sartén grande con mantequilla derretida o aceite, añadiendo pimienta negra, especias y hierbas al gusto. Si no se van a servir con salsas, conviene que se doren y cojan buen color. Agregar queso recién rallado, mezclar y saltear un poco más, y servir con más queso. También se pueden gratinar en el horno con, efectivamente, mucho queso.





¡Feliz 1 de agosto! Tenéis permiso para celebrarlo con chocolate suizo ;).



28 julio, 2019

Bizcochón de espelta integral y aceite de oliva para desayunos en familia (y calmar cabreos)


Julio se me ha hecho muy cuesta arriba por un montón de motivos que no voy a contar para no aburrir a nadie -y porque quiero pasar página de una vez-, aunque aclaro que no ha sido negativo, solo agotador. Y, por supuesto, el calor no lo ha hecho más fácil. Pero ayer tuvimos fresquito y además he seguido horneando a pesar de todo, así que la receta del mes es un señor bizcochón integral perfecto para desayunos compartidos y sin prisas. Que yo espero poder disfrutarlos en agosto en cuanto vaya a Murcia.

El otro día, cuando aún estábamos en plena olaza de calor que casi derrite a media Europa, me sentí como un dibujo animado. Noté cómo poco a poco me iba calentando, figurada y literalmente; casi podía ver humo salirme de las orejas.. Porque la incompetencia ajena, la falta de profesionalidad y seriedad, y la poca vergüenza que tienen algunos por tomar por idiota a la gente, saca lo peor de mí.


Era un ejemplo más de cómo una nota de prensa se convertía en titulares clickbait, vendiendo la moto al lector en busca de visitas a pesar de no ofrecer ningún contenido interesante. O de, directamente, inventarse la "no-noticia". Interpretando como les daba la gana la información, sin molestarse en comprobar lo que afirmaban como cierto -yo tardé 5 minutos- y copiándose unos a otros como loros. Pues a mí estas cosas me indignan, porque yo cuando publico algo intento que sea mínimamente interesante, o al menos sin inventarme lo que me da la gana solo por captar la atención. Y también me ofende como lectora, no me gusta que me tomen por idiota, sinceramente.

Por desgracia es solo un ejemplo más de cómo está el panorama periodístico o de medios en general o en día, que no lo tiene nada fácil para destacar y sobrevivir. Hay que ofrecer contenidos nuevos cada hora, llamativos, que destaquen, con titulares que lleven al clic, sin importar ya tanto lo que se cuenta, o si se plagia inspira en la competencia. Y qué más da si en el mundo están ocurriendo tragedias de verdad que merecen muchísima más atención, pero que parece que no interesan tanto.



En fin, aunque aún hay medios que merecen la pena, cada vez leo menos noticias, mucho menos nacionales. Porque el mundo en general tampoco incita mucho a seguirle la pista. Y claro, luego se me ocurre echar un vistazo a ver qué está pasando, y se me quitan las ganas de saber nada. Paso pánico con series de ¿ficción? como 'Years and Years', pero es que la realidad cada vez se aleja menos.

Hagamos bizcochos mientras todavía nos dejen, sobre todo si tenemos cerca a familiares o amigos para compartirlos. Y si el simple aroma que inunda la cocina al salir del horno te traslada a esa infancia feliz e inocente, cuando los veranos eran interminables y estaban llenos de juegos, dibujos matinales, comics, risas en la piscina, partidas a la consola con los primos, merendolas, paseos en bicicleta y escapadas a la playa, mucho mejor.



Receta de bizcochón de espelta integral y aceite de oliva
Inspiración: recuerdos de verano, visitas familiares y este bizcocho
Ingredientes para 1 bizcocho grande

- 2 huevos L
- 120 g de panela o azúcar moreno
- ralladura de 1 naranja pequeña o limón (o mezcla)
- 1 cucharadita de canela molida
- 1/2 cucharadita de sal
- 180 ml de aceite de oliva virgen extra (cornicabra en mi caso)
- 320 ml de leche sin lactosa o alternativa vegetal
- 360 g de harina de espelta integral
- 20 g de levadura química

Precalentar el horno a 180º C y engrasar o forrar con papel sulfurizado un molde rectangular grande de tipo plumcake, o redondo desmontable, de al menos 22 cm de diámetro.

Batir en un recipiente grande los huevos con la panela y la ralladura, mejor si usamos batidora de varillas, durante unos 4-5 minutos. Añadir el aceite y la leche y batir un poco más para incorporar.

Aparte mezclar con unas varillas finas la harina con la levadura, la canela y la sal, para romper los grumos grandes. Echar en la primera preparación y batir a velocidad muy baja, poco a poco, hasta tener una masa homogénea sin grumos secos.

Llenar el molde con cuidado y hornear a media altura durante unos 45-55 minutos, girando el molde pasada la primera media hora para que se hornee de forma más homogénea. Comprobar el punto pinchando con un palillo y dejar enfriar un poco fuera del horno antes de desmoldar.

Enfriar por completo sobre una rejilla y servir tal cual o con azúcar glasé por encima. También estaría muy bueno con una cobertura de nueces picadas o almendras, añadidas antes de hornear, con una costra de azúcar y canela -para los más golosos- o con un glaseado simple de limón.
29 junio, 2019

Vasitos de albaricoques y crema de mascarpone - Junio, eres mi mes menos favorito



Muchas cosas han pasado en este mes que he tardado en volver por aquí, tanto por el mundo como a nivel más personal. Sobre el panorama exterior prefiero no comentar mucho porque solo soy capaz de recordar todo lo negativo, y la ola de calor no me ayuda a pensar en positivo. Así que, para endulzar la realidad ardiente que nos rodea, traigo unos sencillos vasitos de albaricoques y crema de mascarpone para sumar mi amor por esta fruta.

No quiero protestar muy alto porque al menos este año el calorazo ha tenido la dignidad de presentarse ya pasado el solsticio, con el verano inaugurado de verdad. Por suerte esta vez la visita de mi madre de junio nos pilló con buen tiempo y pudimos disfrutar de esos días sin achicharrarnos por la calle, lo cual siempre se agradece.



Este postre lo improvisé sobre la marcha aprovechando un montón de albaricoques que mi padre me había traído a finales de mayo en una visita exprés. Deliciosísimos albaricoques recogidos en la casa de un amigo, pequeños pero con un aroma embriagador al que era difícil resistirse. Los pobres parecían llegar muy blanditos después del viaje, pero al guardarlos mimosamente en la nevera recuperaron su tersura sin perder sabor, y pude disfrutarlos durante muchos días sin tener que tirar ni uno solo.

Mi madre vino poco después y me apetecía preparar algún postre algo especial para terminar de disfrutar esas pequeñas joyas. Porque si están buenísimos al natural, cuando se asan, se hacen a la plancha o se cuecen en sus propios jugos, se transforman para ofrecer toda una nueva gama de sabores y aromas naturalmente dulces que combinan de maravilla con ingredientes lácteos.



Como siempre, probad el punto de dulzor y ajustar según a lo que estéis acostumbrados. Si tenéis fruta más dulce y madura no hará falta añadir casi nada, y así no enmascaramos los sabores naturales. Por supuesto, se puede hacer con otra fruta de temporada; sugerencias: fresas, arándanos, melocotones, higos o brevas, ciruelas...

La fruta de verano me reconcilia con esta época que dejó de tener alicientes para mí hace ya años. Qué tiempos cuando ver "Junio" en el calendario de la cocina de casa significaba final de curso, la fiesta del cole, vacaciones, piscina, playa, desayunos con dibujos en la tele, larguísimas tardes de bici... Ahora tengo más ganas de julio porque, al menos, significa que vuelve el Tour.



Receta de vasitos de albaricoques y crema de mascarpone
Inspiración: los deliciosos albaricoques de Murcia y recuerdos de verano
Ingredientes aproximados para 4 unidades

- 400 g de albaricoques aromáticos, maduritos, jugosos, pesados sin hueso
- 1 vaina de vainilla
- un poco de cardamomo molido o 2-3 vainas
- 1 pizquita de sal
- 30 ml de zumo de lima o limón
- 15 ml de miel (ajustar la cantidad al gusto)
- 10 ml de Kirsch (opcional)
- 200 g de queso mascarpone (¡sin lactosa, viva!)
- 200 ml de nata para montar (esta es más fácil de encontrar sin lactosa)
- vainilla molida o extracto (5 ml)
- pistachos o almendras

Lavar los albaricoques y secar con mimo, cortar en cuartos y retirar huesos y rabitos. Poner en una sartén con la vainilla abierta, el cardamomo, el zumo de lima o limón, la sal, la miel y el Kirsch, y calentar. Añadir un poco de agua, solo un chorrito, y dejar que coja temperatura. Mantener la cocción a fuego muy lento hasta que la fruta esté en plan compota, semidesecha, con una riquísima salsa espesita.

Quizá haya que añadir más agua o miel o azúcar moreno, dependiendo del grado de dulzor que tenga la fruta. Lo mejor es probarlo cuando tenga ya apariencia de compota, pero no queremos que los albaricoques se deshagan del todo. Retirar y dejar enfriar por completo.

Batir la nata muy fría hasta casi montarla, mezclar con el mascarpone y combinar con movimientos envolventes. Añadir la vainilla y azúcar glasé al gusto, probando hasta dar con el punto que se prefiera, mezclando con movimientos envolventes. Llevar a una manga pastelera.

Montar los vasitos repartiendo una capa de albaricoques en el fondo, otra de crema de mascarpone y coronar con más compota y pistachos. Servir frío, pero dejando que se atempere un poco para no matar los sabores.


Consigo dormir más o menos bien, así que la primera ola de calor no está siendo muy grave, porque me mantengo a refugio en casa. Eso sí, a las 6.30 arriba si pretendo salir a correr, que es la hora de más "fresquito". Tampoco me puedo quejar mucho si a 39 grados enciendo el horno a 250º C para hornear pan, claro. Pero el esfuerzo merece la pena.

¡Adiós junio, tarda mucho en volver!
21 mayo, 2019

Tarta de zanahorias, galletas y coco: receta fría y facilísima para cumpleaños fallidos


Ha pasado un mes y un día desde mi cumpleaños, que es cuando preparé esta tarta improvisada entre varias lloreras tontas. Pero salió muy buena, y compartir algo rico que surge de la nada con la gente que quieres, también reconforta. Murcia estaba preciosa durante las fiestas, la lluvia dio paso a días soleados verdes que olían a azahar y daba gusto incluso zambullirse en la marabunta de gente que salía a disfrutar de la ciudad y de las fiestas. Y fue una tarde lluviosa después de una excelente comida a la japonesa cuando hincamos el diente a esta tarta de zanahorias, galletas y coco. Llena, llenísima de recuerdos.


En plena primavera y como colofón a la Pascua, me apetecía un montón una tarta de zanahoria. Mi idea inicial era usar como base la que es mi favorita del mundo, la Aargauer Rüeblitorte, receta suiza, y tunearla un poco para darle una vuelta de tuerca más cumpleañera. Pero se fastidió el horno -carbonizando unas galletas a las que había puesto mucho cariño para estrenar unos cortadores nuevos- y hubo que cambiar de plan. El diluvio universal también fastidió lo que tenía previsto hacer por mi cumple, y para poner la guinda, se me cayó un regalo de mi madre al suelo cuando fui a abrirlo, rompiéndolo -un juego de taza y platito que me compraron en Alemania-.

Muchas tontunas pero que se juntaron para hacer equipo y, aprovechando que en mis cumpleaños siempre estoy, digamos, emocionalmente con las defensas bajas, me dio una llorera de las gordas. También tenía muchas otras cosas acumuladas y al final me vino hasta bien; fue como un detox emocional renovador. Hay que llorar más, de vez en cuando, y dejar salir toda esa negrura que se nos amontona dentro. Y tuve un bis más tarde viendo una serie, que la ficción audiovisual o escrita también ayudan a desahogarse.



Las penas con dulce son menos y esta tarta me sorprendió de lo bien que quedó, básicamente porque improvisé todo sobre la marcha. Hace tiempo que mi madre me habla de vez en cuando de una tarta de zanahoria y coco fría que hacía su abuela, y lo hace con un brillo en su mirada que siempre me parece encantador. Se nota que recuerda perfectamente el sabor de aquella tarta, y que rememora sus días de niña, con sensaciones e imágenes de su abuela preparando el dulce para los nietos, esos días de inocente felicidad infantil que todo tenemos.

Desafortunadamente la receta de aquel pastel se fue con mi bisabuela, y mi madre era demasiado joven para haber aprendido a hacerla. Solo queda su recuerdo, y yo llevaba tiempo empeñada en querer homenajear esa memoria. Recordé esto cuando una de mis mejores amigas me mandó la receta de una tarta de zanahoria y coco deliciosa, aunque no es la misma, tenía una clara conexión. Y con los años he ido encontrándome versiones que repiten las mismas bases: zanahoria, coco y nada de horno. ¿Por qué hay tantas recetas "tradicionales" de pasteles de zanahoria y coco? Están ahí en el patrimonio de muchas familias, algo perdidas hoy por la invasión de carrot cakes varios que vivimos hoy. No perdamos nuestros propios postres, que es una pena olvidar estos recuerdos.


En fin, que estoy divagando. Quizá porque hoy he vuelto a votar, también casi un mes después, y esta vez he tenido que hacerlo por correo. Agradecí poder votar para las elecciones generales en persona, volviendo a mi cole, junto a mi familia. Las votaciones me hacen sentir una gran responsabilidad, me emocionan un poco por poder formar parte de la democracia que tanto costó conseguir, y también me da un poco de miedo, para qué engañarnos.

El elfo acaba de llegar, así que mejor me callo ya. Os dejo con la tarta, que de eso iba la entrada de hoy.

Receta de tarta fría de zanahorias, galletas y coco
Inspiración: mi cumpleaños, recuerdos familiares y antojos de primavera
Ingredientes para unas 8 raciones

- 1 kg de zanahorias (pesada peladas)
- 1 rama de canela
- 100 g de coco rallado (y más para decorar)
- 1 sobre de azúcar vainillado (unos 8-10 g)
- 50 g de azúcar
- 1 pizca de sal
- ralladura de naranja o limón
- 150 g de queso crema para untar (sin lactosa, en su caso)
- galletas tostadas o al gusto, mejor rectangulares o cuadradas
- leche o bebida vegetal al gusto (de almendras o de coco son buenas opciones)
- zanahorias de mazapán para decorar

Lavar bien las zanahorias, cortar los extremos del tallo y pelar si fuera necesario. Trocear y pesar el kilo completo, aproximadamente. Poner a cocer en agua o al vapor con la rama de canela, hasta que estén tiernas. Escurrir, retirar la canela y dejar enfriar.

Preparar un molde rectangular o cuadrado de tamaño medio, que tenga buen fondo para que salgan más capas. Disponer la leche en un planto o cuenco hondo y sacar las galletas del paquete. Lavar el limón o naranja.

Triturar las zanahorias y mezclar con el azúcar vainillado, el azúcar, la pizca de sal, ralladura cítrica al gusto, el queso crema y el coco. Combinar muy bien para tener una crema untable, suave y sin grumos. Probar y ajustar el dulzoro o los aromas al gusto.

Comenzar a montar la tarta colocando una capa de galletas remojadas en leche. Ir poco a poco, para que no se reblandezcan demasiado. Romper las galletas que sean necesarias para ocupar todo el espacio en un nivel. Cubrir con una capa de crema de zanahoria, generosa pero sin pasarnos.

Continuar repitiendo las capas de galleta y zanahoria hasta terminar con una capa superior de crema. Decorar con coco rallado al gusto, añadiendo más ralladura de cítrico si nos gusta. Dejar enfriar en la nevera varias horas, y decorar antes de servir con las zanahorias de mazapán.



¡Todos a ejercer nuestro derecho el próximo domingo! Yo supongo que estaré esperando los resultados horneando algo, muy probablemente con albaricoques. Tengo muchos albaricoques murcianos en la nevera ahora mismo, pero esa es otra historia.
21 abril, 2019

Galletas de zanahoria y miel - ¡Feliz Pascua!


Llego in extremis este año, pero no podía dejar de pasar una de mis festividades favoritas sin traer alguna receta relacionada en su honor. Ya he explicado en otras ocasiones que en mi infancia la Semana Santa era sinónimo de vacaciones en el campo con los abuelos que venían de Suiza cargados de toda la parafernalia pascual de allí. Por eso me trae más nostalgia la Pascua europea en la que las zanahorias, el conejo y los huevos decorados y de chocolate juegan un papel protagonista. Así que hoy traigo unas sencillas galletas de zanahoria, para repetir durante todo el año.

Confieso estar algo desanimada porque me había hecho unas mínimas ilusiones de vacaciones que no se están cumpliendo. De hecho, diversos incidentes imprevistos han ido ennegreciendo un poquitín más cada día de las fiestas. Tonterías, realmente, pero que me han pillado en horas bajas y que, sumando, sumando, han terminado por explotar. Especialmente porque ayer fue mi cumpleaños y ese día tengo el nivel de melancolía por las nubes, con la sensibilidad interna a flor de piel.


Vamos, que no ha sido el mejor cumpleaños de mi vida, para resumirlo. Planes que se van al garete, regalos que se rompen y no tienen solución por pura torpeza, desastres culinarios, familiares lejanos, un horno que decidió jubilarse por anticipado sin avisar... Pero bueno, sé que si no estuviera ahora mismo en un estado emocional irregular -influenciado, me temo, por el descontrol hormonal que tengo, qué divertidas las hormonas, ¿verdad?- no me habría tomado las cosas tan a la tremenda.

¿Por qué nos empeñamos a veces en hundirnos en nuestra propia miseria cuando son muchas más las cosas positivas que nos rodean? La complejidad humana no sé si es fascinante o, simplemente, un incordio contradictorio destinado a extinguirse por sí mismo.

En fin, que me voy por las ramas y no quería traer negatividad a este post. Que yo hoy pretendía centrarme en esos bonitos recuerdos alegres de Semana Santa, con la búsqueda de chocolates por el jardín del campo, pintando huevos, disfrutando de un pan especial el domingo de Pascua, preparando las Fiestas de Primavera, organizando excursiones y pequeños viajes en familia. Y compartiendo postre de cumpleaños, que este año he tenido que improvisar tras la debacle del horno.


Al final mi pastel-sin-horno de cumple quedó rico y me quitó el mal sabor de boca que tenía ayer; anoté bien la receta para compartirla por aquí pronto. Y para guardarla, porque se va a quedar como un nuevo clásico en mi recetario personal; ¡hay que sacar cosas positivas de todo! Y cuando vuelva a prepararla dentro de muchos años, recordaré este día ya con una sonrisa nostálgica. "¿Recuerdas cuando se calcinaron las galletas de Pascua aquel año y nos quedamos sin tarta?".

Las galletas las horneé en Madrid para dejar algo dulce al elfo, y que probablemente nuestro gato Lito estaría encantado de compartir. Ahora no recuerdo de dónde me vino la inspiración exactamente, pero hay miles de versiones de carrot cake cookies por las redes. La versión original sí sé que incorporaba pasas y nueces, pero el elfo está en contra de cualquier tropezón que no sea chocolate. Yo os recomiendo añadir todos los frutos secos que os apetezcan. Y si estáis muy golosos, un glaseado de azúcar glasé y limón, o una crema de queso sencilla, le irían de muerte.

Receta de galletas de zanahoria y miel
Inspiración: recuerdos de Pascua y recetarios anglosajones
Ingredientes para unas 25-30 unidades

- 100-110 g de zanahoria rallada (aproximadamente)
- ralladura de naranja o limón (al gusto)
- 125 g de mantequilla sin sal atemperada
- 100 g de azúcar moreno
- 60 ml de miel
- 2 huevos a temperatura ambiente
- 125 g de harina de repostería
- 125 g de harina de espelta integral (o trigo)
- 1 cucharadita de levadura química (impulsor)
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- 1 cucharadita de canela molida
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido (opcional)
- 1 pizca de nuez moscada recién rallada
- 1/2 cucharadita de sal
- pasas de corinto, sultanas o/y nueces picadas al gusto

Precalentar el horno a 180ºC y preparar un par de bandejas con papel sulfurizado, láminas antiadherentes, o lo que uséis normalmente. Procurar que la mantequilla y los huevos estén atemperados.

Lavar, secar y pelar ligeramente las zanahorias. Rallar finas hasta tener unos 100-110 g y mezclar con la ralladura de naranja o limón. Reservar aparte, tapándolas.

Batir la mantequilla cortada en cubos con una batidora de varillas hasta dejarla un poco cremosa. Agregar el azúcar moreno y batir un par de minutos para que quede esponjoso. Incorporar la miel, batir más, y echar los huevos de uno en uno, batiendo un poco en cada adición.

Agregar todos los ingredientes secos y batir a velocidad baja hasta tenerlos bien incorporados. Rebañar las varillas y echar la zanahoria, mezclando una espátula o lengüeta. Añadir también las pasas o frutos secos que se deseen, en su caso.

Una vez tengamos una masa homogénea, tomar porciones del tamaño de una nuez con una cucharilla y repartir porciones redondeadas en las bandejas. Podemos darles forma de bolita con las manos humedecidas, y luego aplastarlas un poco con un tenedor.

Hornear una bandeja cada vez durante unos 12-15 minutos, vigilándolas porque dependerán del tamaño y del tipo del horno. Cuando empiecen a dorarse de más los bordes, estarán más que listas. Dejar enfriar completamente sobre una rejilla antes de servir, guardar o decorar al gusto.


¡Frohe Ostern! Que disfrutéis del lunes de Pascua los afortunados que tengáis festivo; y de Sant Jordi, en su caso. En Murcia ya sabéis que tenemos otra semana de fiestas por delante.
¿Saldrá el sol?
15 abril, 2019

Pastel de queso fresco, yogur, avena y fresas: una receta ligera y rica en proteínas (el intraducible Quarkauflauf)


He llamado "pastel" a esta receta de queso fresco, yogur. avena y fresas porque, sinceramente, no sé cómo traducir el término Auflauf alemán. En cocina se refiere a algo horneado o gratinado, aunque en este caso realmente no estamos gratinando nada. Sería algo parecido al casserole de los estadounidenses, que también es algo que se hornea, en este caso casi siempre salado. Mi receta creo que se parece más a un pastel y así se queda -lo de definir exactamente "pastel" y sus supuestas diferencias con una tarta lo dejamos para otro día-.



Hoy va a ser un día largo porque mañana POR FIN salgo para Murcia a pasar allí el resto de Semana Santa, mi cumpleaños, las Fiestas de Primavera y, ya de paso, para votar. Un completo, vaya, así ha coincidido este año el calendario. Lo cierto es que necesito este paréntesis como agua de mayo, a lo tonto son ya más de cuatro meses sin pasar por mi tierra y, sobre todo, sin ver a la familia. Y me he dado cuenta de que me hace mucha, mucha falta escaparme por unos días.



Mi único plan es pintar huevos, decorar la casa con cosas de Pascua y hornear y cocinar todo lo que pueda en familia. Y disfrutar como nunca de los platos de mi madre, de Murcia en primavera, de las procesiones, de las fiestas y de la comida huertana. Pasaré calor, eso ya me lo temo, pero al menos me servirá de entrenamiento para afrontar el inminente verano sin tanto susto.

Ojalá llueva un poco, me gustan tanto la lluvia de primavera en Murcia, es como catárquica... que no quiero estropear las fiestas a nadie, pero, sinceramente, la tierra lo necesita. Es poco probable que caiga agua otra vez hasta finales de verano, así que mejor agradecer lo que pueda venir en las próximas semanas. No sería la primera vez que hemos pasado un Bando de la Huerta mojado o que hemos enterrado a la Sardina bajo una cortina de lluvia. Hay una foto mía vestida de huertana con el refajo chorreando que lo demuestra.



Volviendo a la receta, este Auflauf es un poco una limpieza de nevera que improvisé hace unos días para ir dando salida a productos que no podía dejar en la nevera, porque el elfo no se los iba a tomar. La mezcla básica es simple y bien conocida en la blogosfera germanoparlante: queso quark/yogur o similar, huevos, fruta y algún toque de cereal. La textura es jugosa y esponjosa, recordando a un clafoutis algo más rústico y, sobre todo, más grueso, más "mordible". Y es muy popular porque resulta tremendamente sencillo crear una versión fit, lowcarb o healthy. A mí me interesa porque es rico en proteínas, saciante y nutritivo sin resultar un golpe al estómago.



Yo no he añadido nada de azúcar ni edulcorante; me gusta el sabor puro de los lácteos y las fresas bien dulces y aromáticas hacen casi todo el trabajo. Así tengo un "pastel" que me apetece tanto para desayunar como para tomar de postre o merienda, o incluso para cenar una buena porción si he salido a correr tarde, perfecto para recuperar. Ya haré una versión no-tan-sana para convertirlo en un postre como los dioses mandan, que a mi padre estas cosas le gustan mucho.


Pastel de queso fresco, yogur, avena y fresas - Quarkauflauf
Inspiración: la cocina germano-suiza y la primavera
Ingredientes para unas 4-6 raciones

- 2 huevos
- 75 g de claras de huevo
- 450 g de queso fresco batido desnatado o quark desnatado
- 150 g de yogur skyr natural o griego (griego de verdad)
- 75 g de azúcar o edulcorante equivalente (opcional, yo no puse nada)
- ralladura de naranja
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido
- 1/4 cucharadita de sal
- 100 g de harina de avena
- 20 g de copos de avena finos
- 500 g de fresas o fresones bien dulces
- almendras crudas en bastones o laminadas al gusto
- un poco de mantequilla o aceite para engrasar el molde

Precalentar el horno a 175º C y engrasar ligeramente un molde de tamaño medio, que sea de pareces altas, como para gratinar pasta o algo así. Lavar y secar con suavidad las fresas, cortar los rabitos y trocear en piezas de tamaño medio, un poco a ojo. Cuando más pequeñas, más se integrarán en la masa. Yo pesé los 500 g una vez cortadas. Reservar.

Batir en un recipiente mediano los huevos con las claras hasta que casi tripliquen el volumen. Añadir el queso fresco y el yogur escurridos, el azúcar si lo usamos y la ralladura de naranja, la vainilla, el cardamomo y la sal. Volver a batir un poco.

Incorporar la harina de avena previamente tamizada con los copos y el bicarbonato. Si quedaran grumos secos, usar unas varillas. Echar por último las fresas y mezclar con movimientos envolventes, hasta que queden bien integradas.

Llenar el molde y cubrir con almendras al gusto. Hornear durante unos 50-60 minutos, girando el molde si fuera necesario a mitad de la cocción para que se dore por igual. En los últimos 10 minutos, subir el nivel de la rejilla para que se gratine más por arriba; si se dora demasiado, cubrir con papel de aluminio. Al pinchar el centro con una brocheta debe salir solo ligeramente húmeda.

Dejar enfriar completamente antes de servir. Si lo dejamos reposar unas horas en la nevera ganará en consistencia, con una textura más firme y los sabores más asentados. En cualquier caso, conservar siempre en frío buen tapado.


Si ya estáis de vacaciones, ¡que disfrutéis mucho! Y en caso contrario... ¡ánimo que queda poco!
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