01 agosto, 2019

Spätzli o Knöpfli, pasta suiza para celebrar el 1 de agosto

Allá por los inicios del blog (año 2006, casi nada) compartía una primitiva receta de Spätzli, aunque tenía cierta trampa. Las cantidades eran muy vagas porque usé un viejo chisme que heredó mi padre de mis abuelos, el típico aparato con las medidas marcadas para ir añadiendo ingredientes para no tener que medir o pesar nada.



Pero ese aparatejo está en Murcia y yo llevo mucho tiempo con morriña de Spätzli, así que aproveché que mis padres estuvieron por la patria helvética en primavera y les encargué -además de toneladas algo de chocolate- otro chisme más tradicional, que al parecer no es tan fácil de encontrar, si me fío de mi padre. El caso es que por fin he sacado tiempo y excusas para ponerlo a prueba; qué mejor que el día 1 de agosto, la Fiesta Nacional suiza, para traerlos por aquí. Mi tradicional Zopf de cada verano lo reservo para cuando me escape al campo murciano la semana que viene, para compartirlo en familia 😄.

Yo era aún una criaja la última vez que pudimos organizar un viaje a Suiza coincidiendo con el Nationalfeiertag. Hay que admitir que el primer día de agosto no es muy propicio para viajar y tampoco práctico para organizar las vacaciones laborales de mi padre. Así que soy consciente de que tengo recuerdos muy idealizados de aquellas fiestas, cuando todo era una mezcla de magia, diversión y alegría sin preocupaciones a la vista. 



El 1 de agosto acabábamos de llegar y todo era ilusión y nervios, y el país parecía que nos recibía engalanado y listo para pasarlo bien. Siempre suele haber banderitas suizas -del país y de los cantones- en jardines, casas y comercios, pero cuando se acerca la fiesta nacional todo se multiplica. En pleno verano, además, Suiza está preciosa, verde y reluciente, llena de flores de colores y con parques y jardines en todo su esplendor. 

Lo habitual es organizar comidas-cenas al aire libre, en familia o reuniendo amigos y vecinos, y también se hacen muchas comidas comunales en barrios y pueblos. Hay barbacoas -por supuesto-, música, bailes, trajes y juegos tradicionales, y fuegos artificiales para culminar la fiesta. Cada cantón y cada ciudad tiene sus costumbres o festejos propios, pero lo que no falta es la buena comida al aire libre, y es muy típico decorar los platos, panes y dulces con banderitas o cruces que la recrean.




Los Spätzli no son precisamente comida de verano, aunque también admiten recetas más ligeras. Mi padre los relaciona con el otoño y el invierno porque están deliciosos acompañando una salsa o guiso bien contundente, especialmente con carne. Pero también son muy ricos bien pasados por la sartén con mantequilla o aceite, aderezados con especias o hierbas y, eso sí, con mucho queso. Realmente es como la pasta italiana, con poco sabor por sí sola y que admite multitud de acompañamientos.


En Alemania los llaman Spätzle, pero es que en Suiza son muy de meter 'ies' por todas partes. Está la variante Knöpfli, que realmente solo se diferencia en la forma, más pequeñitos y gorditos. Los Spätzli deberían ser más alargados, aunque son tan rústicos que hay muchas variantes y formas de hacerlos. Esta es la primera vez que los hago y me han salido algo mutantes, combinando ambos tipos.

En este vídeo de abajo se ve muy bien la diferencia entre ambos. Además se muestra otra forma de hacerlos, sin el colador este que uso yo, cortándolos a cuchillo desde una tabla de madera. La masa es mucho más viscosa que la pasta italiana y sale un poco a su bola; en el carácter rústico aleatorio está gran parte de su encanto. Si tenéis un colador de agujeros gordos, también valdría.





Receta de Spätzli o Knöpfli, a la suiza
Inspiración: Betty Bossi, la morriña helvética y el 1 de agosto
Ingredientes para 4-6 raciones

- 300 g de harina floja (de repostería o de todo uso)
- 3/4 cucharadita de sal y más para el agua
- 75 ml de leche sin lactosa (o vegetal, o normal y corrtiente)
- 75 ml de agua (quizá un poco más)
- 3 huevos de gallinas felices
- mantequilla suiza o aceite para cocinar
- pimienta negra recién molida
- 1 pizca de nuez moscada
- hierbas al gusto (tomillo, romero, orégano, salvia...)
- abundante queso para rallar (el gruyére o emmental suizo van genial, parmesano o grana padano también)

Mezclar en un recipiente la harina con la sal y formar un hueco. En otro cuenco, romper los huevos y batir ligeramente. Echarlos en el hueco de la harina y agregar los líquidos. Empezar a mezclar y amasar con una cuchara grande o una espátula hasta tener una masa húmeda y pegajosa. Si estuviera demasiado dura, añadir un poco de agua. Tiene que quedar elástica. Tapar y dejar reposar 30 minutos.

Poner a hervir abundante agua con sal en una olla o cazuela ancha. Tener listo un recipiente grande frío al lado, o un colador, y una espumadera. Cuando el agua esté hierviendo, pero tampoco a lo loco, empezar a echar la masa usando el colador o extendiendo porciones en una tabla de madera y cortando tiras finas. 

La masa debe ir cayendo en porciones pequeñas en el agua. Se cuecen en 1-2 minutos, cuando flotan ya están listos. Ir sacándolos con la espumadera al colador o recipiente frío. Continuar hasta terminar con toda la masa.

Saltear los Spätzli en una sartén grande con mantequilla derretida o aceite, añadiendo pimienta negra, especias y hierbas al gusto. Si no se van a servir con salsas, conviene que se doren y cojan buen color. Agregar queso recién rallado, mezclar y saltear un poco más, y servir con más queso. También se pueden gratinar en el horno con, efectivamente, mucho queso.





¡Feliz 1 de agosto! Tenéis permiso para celebrarlo con chocolate suizo ;).



28 julio, 2019

Bizcochón de espelta integral y aceite de oliva para desayunos en familia (y calmar cabreos)


Julio se me ha hecho muy cuesta arriba por un montón de motivos que no voy a contar para no aburrir a nadie -y porque quiero pasar página de una vez-, aunque aclaro que no ha sido negativo, solo agotador. Y, por supuesto, el calor no lo ha hecho más fácil. Pero ayer tuvimos fresquito y además he seguido horneando a pesar de todo, así que la receta del mes es un señor bizcochón integral perfecto para desayunos compartidos y sin prisas. Que yo espero poder disfrutarlos en agosto en cuanto vaya a Murcia.

El otro día, cuando aún estábamos en plena olaza de calor que casi derrite a media Europa, me sentí como un dibujo animado. Noté cómo poco a poco me iba calentando, figurada y literalmente; casi podía ver humo salirme de las orejas.. Porque la incompetencia ajena, la falta de profesionalidad y seriedad, y la poca vergüenza que tienen algunos por tomar por idiota a la gente, saca lo peor de mí.


Era un ejemplo más de cómo una nota de prensa se convertía en titulares clickbait, vendiendo la moto al lector en busca de visitas a pesar de no ofrecer ningún contenido interesante. O de, directamente, inventarse la "no-noticia". Interpretando como les daba la gana la información, sin molestarse en comprobar lo que afirmaban como cierto -yo tardé 5 minutos- y copiándose unos a otros como loros. Pues a mí estas cosas me indignan, porque yo cuando publico algo intento que sea mínimamente interesante, o al menos sin inventarme lo que me da la gana solo por captar la atención. Y también me ofende como lectora, no me gusta que me tomen por idiota, sinceramente.

Por desgracia es solo un ejemplo más de cómo está el panorama periodístico o de medios en general o en día, que no lo tiene nada fácil para destacar y sobrevivir. Hay que ofrecer contenidos nuevos cada hora, llamativos, que destaquen, con titulares que lleven al clic, sin importar ya tanto lo que se cuenta, o si se plagia inspira en la competencia. Y qué más da si en el mundo están ocurriendo tragedias de verdad que merecen muchísima más atención, pero que parece que no interesan tanto.



En fin, aunque aún hay medios que merecen la pena, cada vez leo menos noticias, mucho menos nacionales. Porque el mundo en general tampoco incita mucho a seguirle la pista. Y claro, luego se me ocurre echar un vistazo a ver qué está pasando, y se me quitan las ganas de saber nada. Paso pánico con series de ¿ficción? como 'Years and Years', pero es que la realidad cada vez se aleja menos.

Hagamos bizcochos mientras todavía nos dejen, sobre todo si tenemos cerca a familiares o amigos para compartirlos. Y si el simple aroma que inunda la cocina al salir del horno te traslada a esa infancia feliz e inocente, cuando los veranos eran interminables y estaban llenos de juegos, dibujos matinales, comics, risas en la piscina, partidas a la consola con los primos, merendolas, paseos en bicicleta y escapadas a la playa, mucho mejor.



Receta de bizcochón de espelta integral y aceite de oliva
Inspiración: recuerdos de verano, visitas familiares y este bizcocho
Ingredientes para 1 bizcocho grande

- 2 huevos L
- 120 g de panela o azúcar moreno
- ralladura de 1 naranja pequeña o limón (o mezcla)
- 1 cucharadita de canela molida
- 1/2 cucharadita de sal
- 180 ml de aceite de oliva virgen extra (cornicabra en mi caso)
- 320 ml de leche sin lactosa o alternativa vegetal
- 360 g de harina de espelta integral
- 20 g de levadura química

Precalentar el horno a 180º C y engrasar o forrar con papel sulfurizado un molde rectangular grande de tipo plumcake, o redondo desmontable, de al menos 22 cm de diámetro.

Batir en un recipiente grande los huevos con la panela y la ralladura, mejor si usamos batidora de varillas, durante unos 4-5 minutos. Añadir el aceite y la leche y batir un poco más para incorporar.

Aparte mezclar con unas varillas finas la harina con la levadura, la canela y la sal, para romper los grumos grandes. Echar en la primera preparación y batir a velocidad muy baja, poco a poco, hasta tener una masa homogénea sin grumos secos.

Llenar el molde con cuidado y hornear a media altura durante unos 45-55 minutos, girando el molde pasada la primera media hora para que se hornee de forma más homogénea. Comprobar el punto pinchando con un palillo y dejar enfriar un poco fuera del horno antes de desmoldar.

Enfriar por completo sobre una rejilla y servir tal cual o con azúcar glasé por encima. También estaría muy bueno con una cobertura de nueces picadas o almendras, añadidas antes de hornear, con una costra de azúcar y canela -para los más golosos- o con un glaseado simple de limón.
29 junio, 2019

Vasitos de albaricoques y crema de mascarpone - Junio, eres mi mes menos favorito



Muchas cosas han pasado en este mes que he tardado en volver por aquí, tanto por el mundo como a nivel más personal. Sobre el panorama exterior prefiero no comentar mucho porque solo soy capaz de recordar todo lo negativo, y la ola de calor no me ayuda a pensar en positivo. Así que, para endulzar la realidad ardiente que nos rodea, traigo unos sencillos vasitos de albaricoques y crema de mascarpone para sumar mi amor por esta fruta.

No quiero protestar muy alto porque al menos este año el calorazo ha tenido la dignidad de presentarse ya pasado el solsticio, con el verano inaugurado de verdad. Por suerte esta vez la visita de mi madre de junio nos pilló con buen tiempo y pudimos disfrutar de esos días sin achicharrarnos por la calle, lo cual siempre se agradece.



Este postre lo improvisé sobre la marcha aprovechando un montón de albaricoques que mi padre me había traído a finales de mayo en una visita exprés. Deliciosísimos albaricoques recogidos en la casa de un amigo, pequeños pero con un aroma embriagador al que era difícil resistirse. Los pobres parecían llegar muy blanditos después del viaje, pero al guardarlos mimosamente en la nevera recuperaron su tersura sin perder sabor, y pude disfrutarlos durante muchos días sin tener que tirar ni uno solo.

Mi madre vino poco después y me apetecía preparar algún postre algo especial para terminar de disfrutar esas pequeñas joyas. Porque si están buenísimos al natural, cuando se asan, se hacen a la plancha o se cuecen en sus propios jugos, se transforman para ofrecer toda una nueva gama de sabores y aromas naturalmente dulces que combinan de maravilla con ingredientes lácteos.



Como siempre, probad el punto de dulzor y ajustar según a lo que estéis acostumbrados. Si tenéis fruta más dulce y madura no hará falta añadir casi nada, y así no enmascaramos los sabores naturales. Por supuesto, se puede hacer con otra fruta de temporada; sugerencias: fresas, arándanos, melocotones, higos o brevas, ciruelas...

La fruta de verano me reconcilia con esta época que dejó de tener alicientes para mí hace ya años. Qué tiempos cuando ver "Junio" en el calendario de la cocina de casa significaba final de curso, la fiesta del cole, vacaciones, piscina, playa, desayunos con dibujos en la tele, larguísimas tardes de bici... Ahora tengo más ganas de julio porque, al menos, significa que vuelve el Tour.



Receta de vasitos de albaricoques y crema de mascarpone
Inspiración: los deliciosos albaricoques de Murcia y recuerdos de verano
Ingredientes aproximados para 4 unidades

- 400 g de albaricoques aromáticos, maduritos, jugosos, pesados sin hueso
- 1 vaina de vainilla
- un poco de cardamomo molido o 2-3 vainas
- 1 pizquita de sal
- 30 ml de zumo de lima o limón
- 15 ml de miel (ajustar la cantidad al gusto)
- 10 ml de Kirsch (opcional)
- 200 g de queso mascarpone (¡sin lactosa, viva!)
- 200 ml de nata para montar (esta es más fácil de encontrar sin lactosa)
- vainilla molida o extracto (5 ml)
- pistachos o almendras

Lavar los albaricoques y secar con mimo, cortar en cuartos y retirar huesos y rabitos. Poner en una sartén con la vainilla abierta, el cardamomo, el zumo de lima o limón, la sal, la miel y el Kirsch, y calentar. Añadir un poco de agua, solo un chorrito, y dejar que coja temperatura. Mantener la cocción a fuego muy lento hasta que la fruta esté en plan compota, semidesecha, con una riquísima salsa espesita.

Quizá haya que añadir más agua o miel o azúcar moreno, dependiendo del grado de dulzor que tenga la fruta. Lo mejor es probarlo cuando tenga ya apariencia de compota, pero no queremos que los albaricoques se deshagan del todo. Retirar y dejar enfriar por completo.

Batir la nata muy fría hasta casi montarla, mezclar con el mascarpone y combinar con movimientos envolventes. Añadir la vainilla y azúcar glasé al gusto, probando hasta dar con el punto que se prefiera, mezclando con movimientos envolventes. Llevar a una manga pastelera.

Montar los vasitos repartiendo una capa de albaricoques en el fondo, otra de crema de mascarpone y coronar con más compota y pistachos. Servir frío, pero dejando que se atempere un poco para no matar los sabores.


Consigo dormir más o menos bien, así que la primera ola de calor no está siendo muy grave, porque me mantengo a refugio en casa. Eso sí, a las 6.30 arriba si pretendo salir a correr, que es la hora de más "fresquito". Tampoco me puedo quejar mucho si a 39 grados enciendo el horno a 250º C para hornear pan, claro. Pero el esfuerzo merece la pena.

¡Adiós junio, tarda mucho en volver!
21 mayo, 2019

Tarta de zanahorias, galletas y coco: receta fría y facilísima para cumpleaños fallidos


Ha pasado un mes y un día desde mi cumpleaños, que es cuando preparé esta tarta improvisada entre varias lloreras tontas. Pero salió muy buena, y compartir algo rico que surge de la nada con la gente que quieres, también reconforta. Murcia estaba preciosa durante las fiestas, la lluvia dio paso a días soleados verdes que olían a azahar y daba gusto incluso zambullirse en la marabunta de gente que salía a disfrutar de la ciudad y de las fiestas. Y fue una tarde lluviosa después de una excelente comida a la japonesa cuando hincamos el diente a esta tarta de zanahorias, galletas y coco. Llena, llenísima de recuerdos.


En plena primavera y como colofón a la Pascua, me apetecía un montón una tarta de zanahoria. Mi idea inicial era usar como base la que es mi favorita del mundo, la Aargauer Rüeblitorte, receta suiza, y tunearla un poco para darle una vuelta de tuerca más cumpleañera. Pero se fastidió el horno -carbonizando unas galletas a las que había puesto mucho cariño para estrenar unos cortadores nuevos- y hubo que cambiar de plan. El diluvio universal también fastidió lo que tenía previsto hacer por mi cumple, y para poner la guinda, se me cayó un regalo de mi madre al suelo cuando fui a abrirlo, rompiéndolo -un juego de taza y platito que me compraron en Alemania-.

Muchas tontunas pero que se juntaron para hacer equipo y, aprovechando que en mis cumpleaños siempre estoy, digamos, emocionalmente con las defensas bajas, me dio una llorera de las gordas. También tenía muchas otras cosas acumuladas y al final me vino hasta bien; fue como un detox emocional renovador. Hay que llorar más, de vez en cuando, y dejar salir toda esa negrura que se nos amontona dentro. Y tuve un bis más tarde viendo una serie, que la ficción audiovisual o escrita también ayudan a desahogarse.



Las penas con dulce son menos y esta tarta me sorprendió de lo bien que quedó, básicamente porque improvisé todo sobre la marcha. Hace tiempo que mi madre me habla de vez en cuando de una tarta de zanahoria y coco fría que hacía su abuela, y lo hace con un brillo en su mirada que siempre me parece encantador. Se nota que recuerda perfectamente el sabor de aquella tarta, y que rememora sus días de niña, con sensaciones e imágenes de su abuela preparando el dulce para los nietos, esos días de inocente felicidad infantil que todo tenemos.

Desafortunadamente la receta de aquel pastel se fue con mi bisabuela, y mi madre era demasiado joven para haber aprendido a hacerla. Solo queda su recuerdo, y yo llevaba tiempo empeñada en querer homenajear esa memoria. Recordé esto cuando una de mis mejores amigas me mandó la receta de una tarta de zanahoria y coco deliciosa, aunque no es la misma, tenía una clara conexión. Y con los años he ido encontrándome versiones que repiten las mismas bases: zanahoria, coco y nada de horno. ¿Por qué hay tantas recetas "tradicionales" de pasteles de zanahoria y coco? Están ahí en el patrimonio de muchas familias, algo perdidas hoy por la invasión de carrot cakes varios que vivimos hoy. No perdamos nuestros propios postres, que es una pena olvidar estos recuerdos.


En fin, que estoy divagando. Quizá porque hoy he vuelto a votar, también casi un mes después, y esta vez he tenido que hacerlo por correo. Agradecí poder votar para las elecciones generales en persona, volviendo a mi cole, junto a mi familia. Las votaciones me hacen sentir una gran responsabilidad, me emocionan un poco por poder formar parte de la democracia que tanto costó conseguir, y también me da un poco de miedo, para qué engañarnos.

El elfo acaba de llegar, así que mejor me callo ya. Os dejo con la tarta, que de eso iba la entrada de hoy.

Receta de tarta fría de zanahorias, galletas y coco
Inspiración: mi cumpleaños, recuerdos familiares y antojos de primavera
Ingredientes para unas 8 raciones

- 1 kg de zanahorias (pesada peladas)
- 1 rama de canela
- 100 g de coco rallado (y más para decorar)
- 1 sobre de azúcar vainillado (unos 8-10 g)
- 50 g de azúcar
- 1 pizca de sal
- ralladura de naranja o limón
- 150 g de queso crema para untar (sin lactosa, en su caso)
- galletas tostadas o al gusto, mejor rectangulares o cuadradas
- leche o bebida vegetal al gusto (de almendras o de coco son buenas opciones)
- zanahorias de mazapán para decorar

Lavar bien las zanahorias, cortar los extremos del tallo y pelar si fuera necesario. Trocear y pesar el kilo completo, aproximadamente. Poner a cocer en agua o al vapor con la rama de canela, hasta que estén tiernas. Escurrir, retirar la canela y dejar enfriar.

Preparar un molde rectangular o cuadrado de tamaño medio, que tenga buen fondo para que salgan más capas. Disponer la leche en un planto o cuenco hondo y sacar las galletas del paquete. Lavar el limón o naranja.

Triturar las zanahorias y mezclar con el azúcar vainillado, el azúcar, la pizca de sal, ralladura cítrica al gusto, el queso crema y el coco. Combinar muy bien para tener una crema untable, suave y sin grumos. Probar y ajustar el dulzoro o los aromas al gusto.

Comenzar a montar la tarta colocando una capa de galletas remojadas en leche. Ir poco a poco, para que no se reblandezcan demasiado. Romper las galletas que sean necesarias para ocupar todo el espacio en un nivel. Cubrir con una capa de crema de zanahoria, generosa pero sin pasarnos.

Continuar repitiendo las capas de galleta y zanahoria hasta terminar con una capa superior de crema. Decorar con coco rallado al gusto, añadiendo más ralladura de cítrico si nos gusta. Dejar enfriar en la nevera varias horas, y decorar antes de servir con las zanahorias de mazapán.



¡Todos a ejercer nuestro derecho el próximo domingo! Yo supongo que estaré esperando los resultados horneando algo, muy probablemente con albaricoques. Tengo muchos albaricoques murcianos en la nevera ahora mismo, pero esa es otra historia.
21 abril, 2019

Galletas de zanahoria y miel - ¡Feliz Pascua!


Llego in extremis este año, pero no podía dejar de pasar una de mis festividades favoritas sin traer alguna receta relacionada en su honor. Ya he explicado en otras ocasiones que en mi infancia la Semana Santa era sinónimo de vacaciones en el campo con los abuelos que venían de Suiza cargados de toda la parafernalia pascual de allí. Por eso me trae más nostalgia la Pascua europea en la que las zanahorias, el conejo y los huevos decorados y de chocolate juegan un papel protagonista. Así que hoy traigo unas sencillas galletas de zanahoria, para repetir durante todo el año.

Confieso estar algo desanimada porque me había hecho unas mínimas ilusiones de vacaciones que no se están cumpliendo. De hecho, diversos incidentes imprevistos han ido ennegreciendo un poquitín más cada día de las fiestas. Tonterías, realmente, pero que me han pillado en horas bajas y que, sumando, sumando, han terminado por explotar. Especialmente porque ayer fue mi cumpleaños y ese día tengo el nivel de melancolía por las nubes, con la sensibilidad interna a flor de piel.


Vamos, que no ha sido el mejor cumpleaños de mi vida, para resumirlo. Planes que se van al garete, regalos que se rompen y no tienen solución por pura torpeza, desastres culinarios, familiares lejanos, un horno que decidió jubilarse por anticipado sin avisar... Pero bueno, sé que si no estuviera ahora mismo en un estado emocional irregular -influenciado, me temo, por el descontrol hormonal que tengo, qué divertidas las hormonas, ¿verdad?- no me habría tomado las cosas tan a la tremenda.

¿Por qué nos empeñamos a veces en hundirnos en nuestra propia miseria cuando son muchas más las cosas positivas que nos rodean? La complejidad humana no sé si es fascinante o, simplemente, un incordio contradictorio destinado a extinguirse por sí mismo.

En fin, que me voy por las ramas y no quería traer negatividad a este post. Que yo hoy pretendía centrarme en esos bonitos recuerdos alegres de Semana Santa, con la búsqueda de chocolates por el jardín del campo, pintando huevos, disfrutando de un pan especial el domingo de Pascua, preparando las Fiestas de Primavera, organizando excursiones y pequeños viajes en familia. Y compartiendo postre de cumpleaños, que este año he tenido que improvisar tras la debacle del horno.


Al final mi pastel-sin-horno de cumple quedó rico y me quitó el mal sabor de boca que tenía ayer; anoté bien la receta para compartirla por aquí pronto. Y para guardarla, porque se va a quedar como un nuevo clásico en mi recetario personal; ¡hay que sacar cosas positivas de todo! Y cuando vuelva a prepararla dentro de muchos años, recordaré este día ya con una sonrisa nostálgica. "¿Recuerdas cuando se calcinaron las galletas de Pascua aquel año y nos quedamos sin tarta?".

Las galletas las horneé en Madrid para dejar algo dulce al elfo, y que probablemente nuestro gato Lito estaría encantado de compartir. Ahora no recuerdo de dónde me vino la inspiración exactamente, pero hay miles de versiones de carrot cake cookies por las redes. La versión original sí sé que incorporaba pasas y nueces, pero el elfo está en contra de cualquier tropezón que no sea chocolate. Yo os recomiendo añadir todos los frutos secos que os apetezcan. Y si estáis muy golosos, un glaseado de azúcar glasé y limón, o una crema de queso sencilla, le irían de muerte.

Receta de galletas de zanahoria y miel
Inspiración: recuerdos de Pascua y recetarios anglosajones
Ingredientes para unas 25-30 unidades

- 100-110 g de zanahoria rallada (aproximadamente)
- ralladura de naranja o limón (al gusto)
- 125 g de mantequilla sin sal atemperada
- 100 g de azúcar moreno
- 60 ml de miel
- 2 huevos a temperatura ambiente
- 125 g de harina de repostería
- 125 g de harina de espelta integral (o trigo)
- 1 cucharadita de levadura química (impulsor)
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- 1 cucharadita de canela molida
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido (opcional)
- 1 pizca de nuez moscada recién rallada
- 1/2 cucharadita de sal
- pasas de corinto, sultanas o/y nueces picadas al gusto

Precalentar el horno a 180ºC y preparar un par de bandejas con papel sulfurizado, láminas antiadherentes, o lo que uséis normalmente. Procurar que la mantequilla y los huevos estén atemperados.

Lavar, secar y pelar ligeramente las zanahorias. Rallar finas hasta tener unos 100-110 g y mezclar con la ralladura de naranja o limón. Reservar aparte, tapándolas.

Batir la mantequilla cortada en cubos con una batidora de varillas hasta dejarla un poco cremosa. Agregar el azúcar moreno y batir un par de minutos para que quede esponjoso. Incorporar la miel, batir más, y echar los huevos de uno en uno, batiendo un poco en cada adición.

Agregar todos los ingredientes secos y batir a velocidad baja hasta tenerlos bien incorporados. Rebañar las varillas y echar la zanahoria, mezclando una espátula o lengüeta. Añadir también las pasas o frutos secos que se deseen, en su caso.

Una vez tengamos una masa homogénea, tomar porciones del tamaño de una nuez con una cucharilla y repartir porciones redondeadas en las bandejas. Podemos darles forma de bolita con las manos humedecidas, y luego aplastarlas un poco con un tenedor.

Hornear una bandeja cada vez durante unos 12-15 minutos, vigilándolas porque dependerán del tamaño y del tipo del horno. Cuando empiecen a dorarse de más los bordes, estarán más que listas. Dejar enfriar completamente sobre una rejilla antes de servir, guardar o decorar al gusto.


¡Frohe Ostern! Que disfrutéis del lunes de Pascua los afortunados que tengáis festivo; y de Sant Jordi, en su caso. En Murcia ya sabéis que tenemos otra semana de fiestas por delante.
¿Saldrá el sol?
15 abril, 2019

Pastel de queso fresco, yogur, avena y fresas: una receta ligera y rica en proteínas (el intraducible Quarkauflauf)


He llamado "pastel" a esta receta de queso fresco, yogur. avena y fresas porque, sinceramente, no sé cómo traducir el término Auflauf alemán. En cocina se refiere a algo horneado o gratinado, aunque en este caso realmente no estamos gratinando nada. Sería algo parecido al casserole de los estadounidenses, que también es algo que se hornea, en este caso casi siempre salado. Mi receta creo que se parece más a un pastel y así se queda -lo de definir exactamente "pastel" y sus supuestas diferencias con una tarta lo dejamos para otro día-.



Hoy va a ser un día largo porque mañana POR FIN salgo para Murcia a pasar allí el resto de Semana Santa, mi cumpleaños, las Fiestas de Primavera y, ya de paso, para votar. Un completo, vaya, así ha coincidido este año el calendario. Lo cierto es que necesito este paréntesis como agua de mayo, a lo tonto son ya más de cuatro meses sin pasar por mi tierra y, sobre todo, sin ver a la familia. Y me he dado cuenta de que me hace mucha, mucha falta escaparme por unos días.



Mi único plan es pintar huevos, decorar la casa con cosas de Pascua y hornear y cocinar todo lo que pueda en familia. Y disfrutar como nunca de los platos de mi madre, de Murcia en primavera, de las procesiones, de las fiestas y de la comida huertana. Pasaré calor, eso ya me lo temo, pero al menos me servirá de entrenamiento para afrontar el inminente verano sin tanto susto.

Ojalá llueva un poco, me gustan tanto la lluvia de primavera en Murcia, es como catárquica... que no quiero estropear las fiestas a nadie, pero, sinceramente, la tierra lo necesita. Es poco probable que caiga agua otra vez hasta finales de verano, así que mejor agradecer lo que pueda venir en las próximas semanas. No sería la primera vez que hemos pasado un Bando de la Huerta mojado o que hemos enterrado a la Sardina bajo una cortina de lluvia. Hay una foto mía vestida de huertana con el refajo chorreando que lo demuestra.



Volviendo a la receta, este Auflauf es un poco una limpieza de nevera que improvisé hace unos días para ir dando salida a productos que no podía dejar en la nevera, porque el elfo no se los iba a tomar. La mezcla básica es simple y bien conocida en la blogosfera germanoparlante: queso quark/yogur o similar, huevos, fruta y algún toque de cereal. La textura es jugosa y esponjosa, recordando a un clafoutis algo más rústico y, sobre todo, más grueso, más "mordible". Y es muy popular porque resulta tremendamente sencillo crear una versión fit, lowcarb o healthy. A mí me interesa porque es rico en proteínas, saciante y nutritivo sin resultar un golpe al estómago.



Yo no he añadido nada de azúcar ni edulcorante; me gusta el sabor puro de los lácteos y las fresas bien dulces y aromáticas hacen casi todo el trabajo. Así tengo un "pastel" que me apetece tanto para desayunar como para tomar de postre o merienda, o incluso para cenar una buena porción si he salido a correr tarde, perfecto para recuperar. Ya haré una versión no-tan-sana para convertirlo en un postre como los dioses mandan, que a mi padre estas cosas le gustan mucho.


Pastel de queso fresco, yogur, avena y fresas - Quarkauflauf
Inspiración: la cocina germano-suiza y la primavera
Ingredientes para unas 4-6 raciones

- 2 huevos
- 75 g de claras de huevo
- 450 g de queso fresco batido desnatado o quark desnatado
- 150 g de yogur skyr natural o griego (griego de verdad)
- 75 g de azúcar o edulcorante equivalente (opcional, yo no puse nada)
- ralladura de naranja
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido
- 1/4 cucharadita de sal
- 100 g de harina de avena
- 20 g de copos de avena finos
- 500 g de fresas o fresones bien dulces
- almendras crudas en bastones o laminadas al gusto
- un poco de mantequilla o aceite para engrasar el molde

Precalentar el horno a 175º C y engrasar ligeramente un molde de tamaño medio, que sea de pareces altas, como para gratinar pasta o algo así. Lavar y secar con suavidad las fresas, cortar los rabitos y trocear en piezas de tamaño medio, un poco a ojo. Cuando más pequeñas, más se integrarán en la masa. Yo pesé los 500 g una vez cortadas. Reservar.

Batir en un recipiente mediano los huevos con las claras hasta que casi tripliquen el volumen. Añadir el queso fresco y el yogur escurridos, el azúcar si lo usamos y la ralladura de naranja, la vainilla, el cardamomo y la sal. Volver a batir un poco.

Incorporar la harina de avena previamente tamizada con los copos y el bicarbonato. Si quedaran grumos secos, usar unas varillas. Echar por último las fresas y mezclar con movimientos envolventes, hasta que queden bien integradas.

Llenar el molde y cubrir con almendras al gusto. Hornear durante unos 50-60 minutos, girando el molde si fuera necesario a mitad de la cocción para que se dore por igual. En los últimos 10 minutos, subir el nivel de la rejilla para que se gratine más por arriba; si se dora demasiado, cubrir con papel de aluminio. Al pinchar el centro con una brocheta debe salir solo ligeramente húmeda.

Dejar enfriar completamente antes de servir. Si lo dejamos reposar unas horas en la nevera ganará en consistencia, con una textura más firme y los sabores más asentados. En cualquier caso, conservar siempre en frío buen tapado.


Si ya estáis de vacaciones, ¡que disfrutéis mucho! Y en caso contrario... ¡ánimo que queda poco!
05 abril, 2019

Cuscús de coliflor para los que odian (y los que aman) la coliflor


Mis aventuras con la coliflor no empezaron bien. Los recuerdos que tengo más lejanos son difusos, pero me remiten a una de las primeras decepciones infantiles que experimenté en la tierna infancia. El problema es que mi madre me dio a probarla vestida de una generosa capa de bechamel y queso; ese gratinado olía de maravilla al salir del horno y a mí me recordaba a la pasta, pero la decepción llegó al encontrarme con los ramilletes de col debajo. No quise saber más de esta verdura en un tiempo.

Algunos años más tarde descubrí que las coles son un mundo maravilloso de sabor y posibilidades si se las trata bien. Nada de hervirlas y recocerlas hasta que pierden su alma -y nutrientes-, llenando la cocina de olor poco agradable. Y, aunque admiten salsas, gratinados y casi todo lo que se nos ocurra, tampoco hay que disfrazarlas para ocultar sus cualidades, al contrario: hay que potenciarlas.



Cuando empecé a interesarme por la cocina aprendí que las coles se pueden preparar sin necesidad de cocción previa en agua o vapor; asarlas siempre es una gran idea con resultados deliciosos y saltearlas o cocinarlas a la plancha también hace milagros con ellas. Y el día que me encontré con la maravillosa técnica del "cuscús" de coliflor, fui un poco más feliz.

No sé por qué parece que ahora se le llama "colirroz"; no veo el grano de arroz por ninguna parte, así que seguiré llamándolo cuscús -¿cous-cous?-. Con una picadora, procesador de alimentos o trituradora se hace en un momento, pero también es fácil lograr esa textura a cuchillo o con un rallador. Los troncos y hojas los guardo para cremas de verduras o para asarlas con más vegetales, y el cuscús lo preparo un poco a ojo, añadiendo muchas especias y frutos secos.

Está rico caliente, templado o frío, recién hecho o al día siguiente, admite tupper y mil acompañamientos. Además se puede usar como relleno de verduras o incluso empanadillas, pasteles de hojaldre o masa filo, rollitos, fajitas... Y ningún hater de las coles podrá quejarse de olores fuertes en el ambiente. Mi truco especial para que el elfo, que odia las coles, no proteste, es añadir una buena cantidad de aderezos picantes. Y tan feliz.




Receta de cuscús de coliflor con frutos secos
Inspiración: la cocina marroquí y mi gusto personal
Ingredientes para 2-4 personas

- 1 coliflor hermosa
- 1 cebolleta
- 1 trocito de jengibre fresco
- 1 trocito de cúrcuma fresca (opcional)
- 1 cucharadita de comino en grano
- 1 cucharadita de cilantro en grano
- 1 cucharada de ras el hanout (o al gusto)
- ajo granulado
- pimienta negra
- sal
- pasas de corinto
- almendras crudas picadas
- anacardos crudos
- semillas de lino
- semillas de amapola
- pipas de calabaza
- 1 cucharadita de vinagre de manzana
- 1 limón
- sésamo tostado
- perejil o cilantro fresco

Cortar la coliflor sacando los floretes. Yo desde que descubrí esta técnica mi vida es otra mucho más alegre. Guardar los tallos y hojas grandes para otra preparación y lavar y escurrir bien los ramilletes. Lavar también el perejil o cilantro.

Picar a cuchillo, rallar fino o triturar con una picadora, procesador de alimentos o trituradora, hasta dejar textura de granillo fino, como cuscús. Picar la cebolleta muy fina o triturarla aparte. Reservar. Pelar el trocito de jengibre y de cúrcuma -si tenemos- y picar finos. La cantidad, al gusto.

Calentar un poco de aceite de oliva en una sartén o cazuela ancha y dorar a fuego medio-bajo el jengibre, la cúrcuma, el comino y el cilantro en grano. Cuando esté bien aromático, añadir la cebolleta, una pizca de sal, el ras el hanout y ajo granulado. Incorporar las pasas y todas las semillas y frutos secos, salvo el sésamo tostado. Saltear bien el conjunto para que cojan aroma unos minutos.

Incorporar finalmente la coliflor y remover muy bien. Salpimentar y mezclar constantemente para que no se apelmace. Añadir un poco de vinagre y el zumo de limón y su ralladura. Saltear a fuego vivo para que suelte su agua y vaya quedando una textura seca. Hacia el final, añadir perejil o cilantro picado, el sésamo y un golpe de pimienta negra.

Servir como guarnición, primer plato, a modo de ensalada, con algún huevo, o como más apetezca.


Menos mal que el "invierno tardío" de abril está compensado a la "primavera adelantada" de febrero-marzo. En realidad las primeras semanas de primavera ya sabemos que son muy inestables, pero los medios siguen repitiendo estas palurdeces año tras año. El caso es que el verano será muy largo y nos hace mucha falta que llueva y se refresque y ventile el ambiente. Así que, a disfrutar del fin de semana bien cobijados. Yo tendré al horno trabajando 😊.
16 marzo, 2019

Biscotti de avellanas y naranja confitada o la galleta infalible


Mis padres están en Suiza -bueno, creo que justo ahora mismo estarán en Alemania en casa de unos amigos-, donde hace frío, llueve y, en algunas zonas, incluso ha nevado estos días. Me dan mucha envidia por varias razones, aunque la principal es la nostalgia. ¿Nostálgica, yo? ¡Inaudito! Escribir a rienda suelta es una gran terapia, así que hago una pausa en mi lista de mil tareas para rescatar estos biscotti de avellanas y naranja confitada. Y porque las galletas también curan. A su manera.

Suiza siempre me trae nostalgia porque me lleva a grandísimos recuerdos de la infancia, porque es un país precioso -al que tengo idealizado, lo sé-, y porque allí sigue parte de mi familia. Mi abuelastra es la única abuela que me queda y me da mucha pena pensar en que apenas me queda tiempo para verla; se encuentra bien pero la mujer está muy mayor, y la vida es la que es. Y si algo tengo cada vez más claro es que se pasa volando y tiene la manía de sorprender sin que te lo esperes, para bien o para mal.


Con lo tarde que cae la Semana Santa este año llevo ya tiempo sin pasar tampoco por Murcia, y eso se va notando. Aquí ya ha llegado la primavera adelantada y no estaba preparada para despedirme del invierno, sobre todo porque ha sido absurdamente corto y cálido. ¡No me ha dado tiempo a ponerme mis botas más calentitas! ¡Hay jerséis de los gordos que se han quedado en el armario! El nórdico gordo está muriéndose de risa y los pijamas calentitos-confortables solo me han dado muchísimo calor las pocas noches que me he atrevido a llevarlos.


No tengo ningunas ganas de verano pero admito que la primavera sí es agradable. Al salir a correr hoy ya se notan los brotes verdes y las florecitas por los campos, parques y jardines, a pesar de que apenas ha llovido. Ese despertar de la naturaleza me anima a activar el "modo Pascua", y tengo ganas de pintar huevos y llenar la casa de conejitos, pollitos y preparar dulces para la época.

Ya veremos si me da tiempo; aún faltan muchos días para la Semana Santa y habrá que organizarse. Por el momento, os dejo mi última combinación ganadora en materia biscottil, cambiando mis queridas almendras por las también deliciosas avellanas, combinadas con trocitos de naranja confitada. Si sois muy chocolateros, un baño de chocolate negro les iría también de perlas.


Biscotti de avellanas y naranja confitada
Inspiración: mejunje de muchas recetas previas de estas galletas
Ingredientes para unas 30 unidades

- 2 huevos y 1 yema de gallinas felices
- 180 g de azúcar
- 5 ml de esencia de vainilla
- ralladura de 1/2 naranja
- 30 g de mantequilla atemperada sin sal
- 1 buena pizca de sal
- 280 g de harina de repostería
- 1 y 1/2 cucharaditas de levadura química
- 200 g de avellanas
-  80 g de naranja confitada picada

Precalentar el horno a 200º C y preparar una bandeja o fuente con papel sulfurizado.

Batir los huevos y la yema con el azúcar durante unos 3-5 minutos, hasta que esté muy espeso. Añadir la vainilla y la ralladura, y batir un poco más. Incorporar la mantequilla, batir un poco y echar todos los demás ingredientes, salvo los dos últimos.

Incorporar finalmente las avellanas, crudas y partidas un poco a cuchillo, y la naranja confitada. La proporción puede ser variable al gusto. Mezclar bien para repartirlos de forma homogénea.

Dividir en dos rectángulos o formar uno más largo en la bandeja, dejando un grosor de un dedo. Hornear durante 20-25 minutos, bajando la temperatura a 180ºC una vez pasados los primeros dos minutos. Esperar un poco fuera del horno y trasladar con cuidado a una rejilla.

Cuando no quemen, cortar los biscotti con un buen cuchillo de sierra sacando unidades de forma paralela, poniendo la hoja ligeramente en diagonal. Distribuir los biscotti boca arriba en la bandeja fría y volver a hornear unos 10-12 minutos.

Dar la vuelta con cuidado a cada unidad, bajar la temperatura a 160ºC y hornear unos pocos minutos más, hasta que estén dorados. Dejar enfriar por completo en una rejilla.


¿Hay ganas de Semana Santa? ¿Ya estáis inaugurando la temporada de torrijas y monas?
28 febrero, 2019

Mermelada-compota de mandarinas murcianas o cómo endulzar la morriña


¿Ha pasado más de un mes desde que di señales de vida por aquí? Corramos un tupido velo. Mejor que no sea muy tupido, que este final de invierno está siendo una estafa y tengo las mantas muertas de aburrimiento en el armario. Pero, aunque el tiempo vuela, mi bola durmiente de morriña ha estado alimentándose estas semanas y necesita salir a flote de alguna manera. La cocina siempre ayuda, y esta mermelada-compota de mandarinas murcianas está siendo un bálsamo para el alma.

En realidad su preparación actuó como terapia hace ya un mes, cuando enero se estaba terminando y me di cuenta de que la Navidad ya era un recuerdo del pasado. Vine con un buen cargamento cítrico de limones, naranjas y mandarinas que mi padre recolectó de casa de mi tío, y las últimas corrían peligro de estropearse. Se emocionó un poco llenando bolsas, y en casa nuestro consumo de fruta tiene un límite razonable -aunque suelo superarlo sobradamente, con diversas consecuencias-.



Pensando en cómo aprovechar esas maravillosas mandarinas recurrí a mi biblioteca culinaria en busca de inspiración, y al final me sedujo la idea más obvia y sencilla: ¡a envasar! Mis padres me trajeron de San Francisco un libro encantador con recetas que preparan en un bed and breakfast en el Valle de Napa, organizadas por estaciones. Y en invierno sugieren aprovechar la temporada de cítricos para tener deliciosas mermeladas en el desayuno. Una idea estupenda, para qué engañarnos.

Adapté la receta original con naranjas a mis mandarinas, muy dulces, llenas de zumo y aromáticas, aunque con muuuuchas semillas o huesecillos. Nos hemos acostumbrado demasiado a la fruta pulcra, la verdad; no me molestan los huesos en los cítricos, aunque reconozco que retirarlos de casi 2 kilos de mandarinas requiere su tiempo. Pero fue parte de la terapia.


Tableta conectada, lista de series en marcha, delantal puesto y sin prisas; un plan tranquilo y relajante en casa cuando todavía hacía frío y las tardes aún eran cortas. Y tengo un buen cargamento de preciosa y fragante compota para los desayunos y meriendas de estos días, en los que la Semana Santa aún se ve muy lejos para volver a mi Murcia.

Receta de mermelada o compota de mandarina
Inspiración: las mandarinas de mi tío, el no-invierno y este libro
Ingredientes un poco a ojo, dependiendo de la calidad de la fruta

- 2 kilos de mandarinas bien aromáticas y llenas de zumo (aproximadamente)
- 1 limón hermoso
- 1 kilo de azúcar (aproximadamente, dependiendo del gusto y del dulzor de la fruta)
- gelificante o pectina para mermelada (opcional)

Lavar muy bien la fruta y quitar los posibles restos de ramitas y tallos. Poner en una olla grande llena de agua, llevar a ebullición, bajar el fuego y dejar cocer sin prisas entre 1-2 horas, hasta que estén muy, muy tiernas. Escurrir y dejar enfriar.

Cuando la fruta no queme, preparar una olla para cocer la compota y empezar a cotar las mandarinas para retirar los huesos, si los tuvieran. Cortar la fruta en trocitos, piel incluida, e ir llenando la cazuela.

Echar el azúcar, mezclar bien y dejar que se disuelva. Calentar y echar el zumo del limón. Incluir la pectina o gelificante según instrucciones del fabricante, en su caso. Cocinar a fuego medio-bajo hasta que reduzca y cuaje un poco, unos 30 minutos.

Yo corté las mandarinas a lo bruto y tenía trozos grandes, así que lo trituré un poco con la batidora, dejando trocitos enteros de piel y pulpa. Se pueden picar más finas o envasar con trozos más grandes.

Envasar en los botes preparados y esterilizados según procedimiento habitual. Cerrar bien y dejar boca abajo, o cerrar al vacío cociéndolos cubiertos de agua. Poner etiquetas con la fecha, disfrutar y regalar.



¡Adiós febrero! Has sido especialmente fugaz este año, y eso sin ser bisiesto. ¿Vendrá marzo con algo más de fresco?
22 enero, 2019

Judías verdes braseadas con mandarina y eneldo (que no acabaron bien por culpa de un virus)

¿Por qué siempre se me olvida lo muchísimo que me gustan las judías verdes? Sirva esta sencilla receta de judías verdes braseadas con mandarina y eneldo para recordármelo y fijármelo a fuego en la cabeza.



Otro año más me ha costado volver al blog después de las fiestas, y no por falta de ganas. Me daba penica alejar la última receta porque, para variar, estoy en modo morriña. Aunque no es tan grave como otras veces. Es solo que la Navidad pasó volando y siento que podría haberla aprovechado mucho más. Me temo que es simplemente esa sensación que se acelera cuanto más mayores nos hacemos. Pero eh, si viviéramos eternamente nunca valoraríamos de verdad cada instante de la vida, ¿verdad? Sí, todo es así de paradójico.

El caso es que tengo pendiente traer una receta dulce que debería tener la etiqueta de navideña, pero que a nosotros no se nos caerán los anillos por disfrutarla en otro momento. Bueno, mejor solo en los meses fríos, porque es de esos dulces llenos de especias que piden taza humeante y manta en el sofá. Pero vendrá otro día.


Hoy me ha parecido más razonable inaugurar el 2019 con una receta más ligera y saludable, pero que nadie diga que es "de dieta" o "detox",  por favor. Pedí al elfo que me comparar judías verdes para cuando volviera a Madrid, y lo hice cargada de mandarinas y naranjas de mi tío. Así que las estoy aprovechando también para cocinar, y se me ocurrió que le darían un toque aromático estupendo. No me equivoqué. O igual es que soy una apasionada de los cítricos.

Me gustó mucho el resultado y fue mi cena de anoche, pero me temo que estaba incubando un virus. Probablemente lo pillé el domingo, que tocó plan de cine-cena, y se desató de madrugada. Toda la noche arrastrándome de la cama al baño -menos mal que me dio tiempo a quitarme el aparato de los dientes-, mientras el elfo dormía. Ay, y yo no podía evitar acordarme de cuando me ponía mala de pequeña, esos días en que mamá en seguida sabía que algo te pasaba y no se despegaba de tu lado.

Ser adulto es un poco un asco.

Pero bueno, es uno de esos virus exprés que montan mucho follón y se van rápido, o eso espero. Hoy día tranquilito en casa y espero que mañana ya pueda abrir el fantástico pan que he horneado esta mañana. Porque anoche dejé a la masa madre trabajando y no podía decirle que eh, deja de fermentar, que me he puesto mala. Las masas no esperan a nadie.



Receta de judías verdes braseadas con mandarina y eneldo
Inspiración: enero, la huerta de mi tío y recuerdos familiares
Ingredientes aproximados para  2 personas

- 500 g de judías verdes planas bien frescas
- 1 diente de ajo
- 4 mandarinas pequeñitas o 2 normales
- caldo de verduras o agua
- 1 limón
- 1 guindilla roja o chile fresco suave
- eneldo fresco
- sésamo tostado
- 2 huevos de gallinas felices
- aceite de oliva virgen extra
- pimienta negra
- sal

Lavar bien las judías, las mandarinas, el limón, la guindilla y el eneldo. Ssecar con cuidado y cortar en dos las judías; cortar también el extremo que tenía el tallo -yo dejo la otra punta-. Con cortes en diagonal quedan más monas.

Exprimir el zumo de las mandarinas y colar para retirar el exceso de pulpa y los huesos. Laminar el diente de ajo sin el germen, quitar las semillas de la guindilla y cortar en rodajitas finas. Picar el eneldo cuando esté bien seco. Poner a cocer los huevos unos 9-10 minutos y enfriar.

Calentar un poco de aceite de una buena satén alta y dorar un poco el ajo. Retirar si se desea. Añadir las judías, salpimentar ligeramente y saltear a fuego vivo unos minutos. Añadir el zumo de las mandarinas y dejar que se agarre un poco al fondo. Añadir un poco de caldo, bajar el fuego y tapar.

Dejar cocer unos minutos hasta que se queden al punto deseado, procurando que no se pasen demasiado. Remover de vez en cuando por si acaso están muy apelotonadas.

Servir con los huevos pelados, guindilla, ralladura de limón, eneldo y sésamo al gusto. Salpimentar si fuera necesario al gusto de cada cual.

¡Tened mucho cuidado con los virus, del tipo que sean! Que en esta época campan a sus anchas. La próxima receta nos endulzará estos días de frío, viente y ¿nieve? Veremos :).
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