15 abril, 2019

Pastel de queso fresco, yogur, avena y fresas: una receta ligera y rica en proteínas (el intraducible Quarkauflauf)


He llamado "pastel" a esta receta de queso fresco, yogur. avena y fresas porque, sinceramente, no sé cómo traducir el término Auflauf alemán. En cocina se refiere a algo horneado o gratinado, aunque en este caso realmente no estamos gratinando nada. Sería algo parecido al casserole de los estadounidenses, que también es algo que se hornea, en este caso casi siempre salado. Mi receta creo que se parece más a un pastel y así se queda -lo de definir exactamente "pastel" y sus supuestas diferencias con una tarta lo dejamos para otro día-.



Hoy va a ser un día largo porque mañana POR FIN salgo para Murcia a pasar allí el resto de Semana Santa, mi cumpleaños, las Fiestas de Primavera y, ya de paso, para votar. Un completo, vaya, así ha coincidido este año el calendario. Lo cierto es que necesito este paréntesis como agua de mayo, a lo tonto son ya más de cuatro meses sin pasar por mi tierra y, sobre todo, sin ver a la familia. Y me he dado cuenta de que me hace mucha, mucha falta escaparme por unos días.



Mi único plan es pintar huevos, decorar la casa con cosas de Pascua y hornear y cocinar todo lo que pueda en familia. Y disfrutar como nunca de los platos de mi madre, de Murcia en primavera, de las procesiones, de las fiestas y de la comida huertana. Pasaré calor, eso ya me lo temo, pero al menos me servirá de entrenamiento para afrontar el inminente verano sin tanto susto.

Ojalá llueva un poco, me gustan tanto la lluvia de primavera en Murcia, es como catárquica... que no quiero estropear las fiestas a nadie, pero, sinceramente, la tierra lo necesita. Es poco probable que caiga agua otra vez hasta finales de verano, así que mejor agradecer lo que pueda venir en las próximas semanas. No sería la primera vez que hemos pasado un Bando de la Huerta mojado o que hemos enterrado a la Sardina bajo una cortina de lluvia. Hay una foto mía vestida de huertana con el refajo chorreando que lo demuestra.



Volviendo a la receta, este Auflauf es un poco una limpieza de nevera que improvisé hace unos días para ir dando salida a productos que no podía dejar en la nevera, porque el elfo no se los iba a tomar. La mezcla básica es simple y bien conocida en la blogosfera germanoparlante: queso quark/yogur o similar, huevos, fruta y algún toque de cereal. La textura es jugosa y esponjosa, recordando a un clafoutis algo más rústico y, sobre todo, más grueso, más "mordible". Y es muy popular porque resulta tremendamente sencillo crear una versión fit, lowcarb o healthy. A mí me interesa porque es rico en proteínas, saciante y nutritivo sin resultar un golpe al estómago.



Yo no he añadido nada de azúcar ni edulcorante; me gusta el sabor puro de los lácteos y las fresas bien dulces y aromáticas hacen casi todo el trabajo. Así tengo un "pastel" que me apetece tanto para desayunar como para tomar de postre o merienda, o incluso para cenar una buena porción si he salido a correr tarde, perfecto para recuperar. Ya haré una versión no-tan-sana para convertirlo en un postre como los dioses mandan, que a mi padre estas cosas le gustan mucho.


Pastel de queso fresco, yogur, avena y fresas - Quarkauflauf
Inspiración: la cocina germano-suiza y la primavera
Ingredientes para unas 4-6 raciones

- 2 huevos
- 75 g de claras de huevo
- 450 g de queso fresco batido desnatado o quark desnatado
- 150 g de yogur skyr natural o griego (griego de verdad)
- 75 g de azúcar o edulcorante equivalente (opcional, yo no puse nada)
- ralladura de naranja
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido
- 1/4 cucharadita de sal
- 100 g de harina de avena
- 20 g de copos de avena finos
- 500 g de fresas o fresones bien dulces
- almendras crudas en bastones o laminadas al gusto
- un poco de mantequilla o aceite para engrasar el molde

Precalentar el horno a 175º C y engrasar ligeramente un molde de tamaño medio, que sea de pareces altas, como para gratinar pasta o algo así. Lavar y secar con suavidad las fresas, cortar los rabitos y trocear en piezas de tamaño medio, un poco a ojo. Cuando más pequeñas, más se integrarán en la masa. Yo pesé los 500 g una vez cortadas. Reservar.

Batir en un recipiente mediano los huevos con las claras hasta que casi tripliquen el volumen. Añadir el queso fresco y el yogur escurridos, el azúcar si lo usamos y la ralladura de naranja, la vainilla, el cardamomo y la sal. Volver a batir un poco.

Incorporar la harina de avena previamente tamizada con los copos y el bicarbonato. Si quedaran grumos secos, usar unas varillas. Echar por último las fresas y mezclar con movimientos envolventes, hasta que queden bien integradas.

Llenar el molde y cubrir con almendras al gusto. Hornear durante unos 50-60 minutos, girando el molde si fuera necesario a mitad de la cocción para que se dore por igual. En los últimos 10 minutos, subir el nivel de la rejilla para que se gratine más por arriba; si se dora demasiado, cubrir con papel de aluminio. Al pinchar el centro con una brocheta debe salir solo ligeramente húmeda.

Dejar enfriar completamente antes de servir. Si lo dejamos reposar unas horas en la nevera ganará en consistencia, con una textura más firme y los sabores más asentados. En cualquier caso, conservar siempre en frío buen tapado.


Si ya estáis de vacaciones, ¡que disfrutéis mucho! Y en caso contrario... ¡ánimo que queda poco!
05 abril, 2019

Cuscús de coliflor para los que odian (y los que aman) la coliflor


Mis aventuras con la coliflor no empezaron bien. Los recuerdos que tengo más lejanos son difusos, pero me remiten a una de las primeras decepciones infantiles que experimenté en la tierna infancia. El problema es que mi madre me dio a probarla vestida de una generosa capa de bechamel y queso; ese gratinado olía de maravilla al salir del horno y a mí me recordaba a la pasta, pero la decepción llegó al encontrarme con los ramilletes de col debajo. No quise saber más de esta verdura en un tiempo.

Algunos años más tarde descubrí que las coles son un mundo maravilloso de sabor y posibilidades si se las trata bien. Nada de hervirlas y recocerlas hasta que pierden su alma -y nutrientes-, llenando la cocina de olor poco agradable. Y, aunque admiten salsas, gratinados y casi todo lo que se nos ocurra, tampoco hay que disfrazarlas para ocultar sus cualidades, al contrario: hay que potenciarlas.



Cuando empecé a interesarme por la cocina aprendí que las coles se pueden preparar sin necesidad de cocción previa en agua o vapor; asarlas siempre es una gran idea con resultados deliciosos y saltearlas o cocinarlas a la plancha también hace milagros con ellas. Y el día que me encontré con la maravillosa técnica del "cuscús" de coliflor, fui un poco más feliz.

No sé por qué parece que ahora se le llama "colirroz"; no veo el grano de arroz por ninguna parte, así que seguiré llamándolo cuscús -¿cous-cous?-. Con una picadora, procesador de alimentos o trituradora se hace en un momento, pero también es fácil lograr esa textura a cuchillo o con un rallador. Los troncos y hojas los guardo para cremas de verduras o para asarlas con más vegetales, y el cuscús lo preparo un poco a ojo, añadiendo muchas especias y frutos secos.

Está rico caliente, templado o frío, recién hecho o al día siguiente, admite tupper y mil acompañamientos. Además se puede usar como relleno de verduras o incluso empanadillas, pasteles de hojaldre o masa filo, rollitos, fajitas... Y ningún hater de las coles podrá quejarse de olores fuertes en el ambiente. Mi truco especial para que el elfo, que odia las coles, no proteste, es añadir una buena cantidad de aderezos picantes. Y tan feliz.




Receta de cuscús de coliflor con frutos secos
Inspiración: la cocina marroquí y mi gusto personal
Ingredientes para 2-4 personas

- 1 coliflor hermosa
- 1 cebolleta
- 1 trocito de jengibre fresco
- 1 trocito de cúrcuma fresca (opcional)
- 1 cucharadita de comino en grano
- 1 cucharadita de cilantro en grano
- 1 cucharada de ras el hanout (o al gusto)
- ajo granulado
- pimienta negra
- sal
- pasas de corinto
- almendras crudas picadas
- anacardos crudos
- semillas de lino
- semillas de amapola
- pipas de calabaza
- 1 cucharadita de vinagre de manzana
- 1 limón
- sésamo tostado
- perejil o cilantro fresco

Cortar la coliflor sacando los floretes. Yo desde que descubrí esta técnica mi vida es otra mucho más alegre. Guardar los tallos y hojas grandes para otra preparación y lavar y escurrir bien los ramilletes. Lavar también el perejil o cilantro.

Picar a cuchillo, rallar fino o triturar con una picadora, procesador de alimentos o trituradora, hasta dejar textura de granillo fino, como cuscús. Picar la cebolleta muy fina o triturarla aparte. Reservar. Pelar el trocito de jengibre y de cúrcuma -si tenemos- y picar finos. La cantidad, al gusto.

Calentar un poco de aceite de oliva en una sartén o cazuela ancha y dorar a fuego medio-bajo el jengibre, la cúrcuma, el comino y el cilantro en grano. Cuando esté bien aromático, añadir la cebolleta, una pizca de sal, el ras el hanout y ajo granulado. Incorporar las pasas y todas las semillas y frutos secos, salvo el sésamo tostado. Saltear bien el conjunto para que cojan aroma unos minutos.

Incorporar finalmente la coliflor y remover muy bien. Salpimentar y mezclar constantemente para que no se apelmace. Añadir un poco de vinagre y el zumo de limón y su ralladura. Saltear a fuego vivo para que suelte su agua y vaya quedando una textura seca. Hacia el final, añadir perejil o cilantro picado, el sésamo y un golpe de pimienta negra.

Servir como guarnición, primer plato, a modo de ensalada, con algún huevo, o como más apetezca.


Menos mal que el "invierno tardío" de abril está compensado a la "primavera adelantada" de febrero-marzo. En realidad las primeras semanas de primavera ya sabemos que son muy inestables, pero los medios siguen repitiendo estas palurdeces año tras año. El caso es que el verano será muy largo y nos hace mucha falta que llueva y se refresque y ventile el ambiente. Así que, a disfrutar del fin de semana bien cobijados. Yo tendré al horno trabajando 😊.
16 marzo, 2019

Biscotti de avellanas y naranja confitada o la galleta infalible


Mis padres están en Suiza -bueno, creo que justo ahora mismo estarán en Alemania en casa de unos amigos-, donde hace frío, llueve y, en algunas zonas, incluso ha nevado estos días. Me dan mucha envidia por varias razones, aunque la principal es la nostalgia. ¿Nostálgica, yo? ¡Inaudito! Escribir a rienda suelta es una gran terapia, así que hago una pausa en mi lista de mil tareas para rescatar estos biscotti de avellanas y naranja confitada. Y porque las galletas también curan. A su manera.

Suiza siempre me trae nostalgia porque me lleva a grandísimos recuerdos de la infancia, porque es un país precioso -al que tengo idealizado, lo sé-, y porque allí sigue parte de mi familia. Mi abuelastra es la única abuela que me queda y me da mucha pena pensar en que apenas me queda tiempo para verla; se encuentra bien pero la mujer está muy mayor, y la vida es la que es. Y si algo tengo cada vez más claro es que se pasa volando y tiene la manía de sorprender sin que te lo esperes, para bien o para mal.


Con lo tarde que cae la Semana Santa este año llevo ya tiempo sin pasar tampoco por Murcia, y eso se va notando. Aquí ya ha llegado la primavera adelantada y no estaba preparada para despedirme del invierno, sobre todo porque ha sido absurdamente corto y cálido. ¡No me ha dado tiempo a ponerme mis botas más calentitas! ¡Hay jerséis de los gordos que se han quedado en el armario! El nórdico gordo está muriéndose de risa y los pijamas calentitos-confortables solo me han dado muchísimo calor las pocas noches que me he atrevido a llevarlos.


No tengo ningunas ganas de verano pero admito que la primavera sí es agradable. Al salir a correr hoy ya se notan los brotes verdes y las florecitas por los campos, parques y jardines, a pesar de que apenas ha llovido. Ese despertar de la naturaleza me anima a activar el "modo Pascua", y tengo ganas de pintar huevos y llenar la casa de conejitos, pollitos y preparar dulces para la época.

Ya veremos si me da tiempo; aún faltan muchos días para la Semana Santa y habrá que organizarse. Por el momento, os dejo mi última combinación ganadora en materia biscottil, cambiando mis queridas almendras por las también deliciosas avellanas, combinadas con trocitos de naranja confitada. Si sois muy chocolateros, un baño de chocolate negro les iría también de perlas.


Biscotti de avellanas y naranja confitada
Inspiración: mejunje de muchas recetas previas de estas galletas
Ingredientes para unas 30 unidades

- 2 huevos y 1 yema de gallinas felices
- 180 g de azúcar
- 5 ml de esencia de vainilla
- ralladura de 1/2 naranja
- 30 g de mantequilla atemperada sin sal
- 1 buena pizca de sal
- 280 g de harina de repostería
- 1 y 1/2 cucharaditas de levadura química
- 200 g de avellanas
-  80 g de naranja confitada picada

Precalentar el horno a 200º C y preparar una bandeja o fuente con papel sulfurizado.

Batir los huevos y la yema con el azúcar durante unos 3-5 minutos, hasta que esté muy espeso. Añadir la vainilla y la ralladura, y batir un poco más. Incorporar la mantequilla, batir un poco y echar todos los demás ingredientes, salvo los dos últimos.

Incorporar finalmente las avellanas, crudas y partidas un poco a cuchillo, y la naranja confitada. La proporción puede ser variable al gusto. Mezclar bien para repartirlos de forma homogénea.

Dividir en dos rectángulos o formar uno más largo en la bandeja, dejando un grosor de un dedo. Hornear durante 20-25 minutos, bajando la temperatura a 180ºC una vez pasados los primeros dos minutos. Esperar un poco fuera del horno y trasladar con cuidado a una rejilla.

Cuando no quemen, cortar los biscotti con un buen cuchillo de sierra sacando unidades de forma paralela, poniendo la hoja ligeramente en diagonal. Distribuir los biscotti boca arriba en la bandeja fría y volver a hornear unos 10-12 minutos.

Dar la vuelta con cuidado a cada unidad, bajar la temperatura a 160ºC y hornear unos pocos minutos más, hasta que estén dorados. Dejar enfriar por completo en una rejilla.


¿Hay ganas de Semana Santa? ¿Ya estáis inaugurando la temporada de torrijas y monas?
28 febrero, 2019

Mermelada-compota de mandarinas murcianas o cómo endulzar la morriña


¿Ha pasado más de un mes desde que di señales de vida por aquí? Corramos un tupido velo. Mejor que no sea muy tupido, que este final de invierno está siendo una estafa y tengo las mantas muertas de aburrimiento en el armario. Pero, aunque el tiempo vuela, mi bola durmiente de morriña ha estado alimentándose estas semanas y necesita salir a flote de alguna manera. La cocina siempre ayuda, y esta mermelada-compota de mandarinas murcianas está siendo un bálsamo para el alma.

En realidad su preparación actuó como terapia hace ya un mes, cuando enero se estaba terminando y me di cuenta de que la Navidad ya era un recuerdo del pasado. Vine con un buen cargamento cítrico de limones, naranjas y mandarinas que mi padre recolectó de casa de mi tío, y las últimas corrían peligro de estropearse. Se emocionó un poco llenando bolsas, y en casa nuestro consumo de fruta tiene un límite razonable -aunque suelo superarlo sobradamente, con diversas consecuencias-.



Pensando en cómo aprovechar esas maravillosas mandarinas recurrí a mi biblioteca culinaria en busca de inspiración, y al final me sedujo la idea más obvia y sencilla: ¡a envasar! Mis padres me trajeron de San Francisco un libro encantador con recetas que preparan en un bed and breakfast en el Valle de Napa, organizadas por estaciones. Y en invierno sugieren aprovechar la temporada de cítricos para tener deliciosas mermeladas en el desayuno. Una idea estupenda, para qué engañarnos.

Adapté la receta original con naranjas a mis mandarinas, muy dulces, llenas de zumo y aromáticas, aunque con muuuuchas semillas o huesecillos. Nos hemos acostumbrado demasiado a la fruta pulcra, la verdad; no me molestan los huesos en los cítricos, aunque reconozco que retirarlos de casi 2 kilos de mandarinas requiere su tiempo. Pero fue parte de la terapia.


Tableta conectada, lista de series en marcha, delantal puesto y sin prisas; un plan tranquilo y relajante en casa cuando todavía hacía frío y las tardes aún eran cortas. Y tengo un buen cargamento de preciosa y fragante compota para los desayunos y meriendas de estos días, en los que la Semana Santa aún se ve muy lejos para volver a mi Murcia.

Receta de mermelada o compota de mandarina
Inspiración: las mandarinas de mi tío, el no-invierno y este libro
Ingredientes un poco a ojo, dependiendo de la calidad de la fruta

- 2 kilos de mandarinas bien aromáticas y llenas de zumo (aproximadamente)
- 1 limón hermoso
- 1 kilo de azúcar (aproximadamente, dependiendo del gusto y del dulzor de la fruta)
- gelificante o pectina para mermelada (opcional)

Lavar muy bien la fruta y quitar los posibles restos de ramitas y tallos. Poner en una olla grande llena de agua, llevar a ebullición, bajar el fuego y dejar cocer sin prisas entre 1-2 horas, hasta que estén muy, muy tiernas. Escurrir y dejar enfriar.

Cuando la fruta no queme, preparar una olla para cocer la compota y empezar a cotar las mandarinas para retirar los huesos, si los tuvieran. Cortar la fruta en trocitos, piel incluida, e ir llenando la cazuela.

Echar el azúcar, mezclar bien y dejar que se disuelva. Calentar y echar el zumo del limón. Incluir la pectina o gelificante según instrucciones del fabricante, en su caso. Cocinar a fuego medio-bajo hasta que reduzca y cuaje un poco, unos 30 minutos.

Yo corté las mandarinas a lo bruto y tenía trozos grandes, así que lo trituré un poco con la batidora, dejando trocitos enteros de piel y pulpa. Se pueden picar más finas o envasar con trozos más grandes.

Envasar en los botes preparados y esterilizados según procedimiento habitual. Cerrar bien y dejar boca abajo, o cerrar al vacío cociéndolos cubiertos de agua. Poner etiquetas con la fecha, disfrutar y regalar.



¡Adiós febrero! Has sido especialmente fugaz este año, y eso sin ser bisiesto. ¿Vendrá marzo con algo más de fresco?
22 enero, 2019

Judías verdes braseadas con mandarina y eneldo (que no acabaron bien por culpa de un virus)

¿Por qué siempre se me olvida lo muchísimo que me gustan las judías verdes? Sirva esta sencilla receta de judías verdes braseadas con mandarina y eneldo para recordármelo y fijármelo a fuego en la cabeza.



Otro año más me ha costado volver al blog después de las fiestas, y no por falta de ganas. Me daba penica alejar la última receta porque, para variar, estoy en modo morriña. Aunque no es tan grave como otras veces. Es solo que la Navidad pasó volando y siento que podría haberla aprovechado mucho más. Me temo que es simplemente esa sensación que se acelera cuanto más mayores nos hacemos. Pero eh, si viviéramos eternamente nunca valoraríamos de verdad cada instante de la vida, ¿verdad? Sí, todo es así de paradójico.

El caso es que tengo pendiente traer una receta dulce que debería tener la etiqueta de navideña, pero que a nosotros no se nos caerán los anillos por disfrutarla en otro momento. Bueno, mejor solo en los meses fríos, porque es de esos dulces llenos de especias que piden taza humeante y manta en el sofá. Pero vendrá otro día.


Hoy me ha parecido más razonable inaugurar el 2019 con una receta más ligera y saludable, pero que nadie diga que es "de dieta" o "detox",  por favor. Pedí al elfo que me comparar judías verdes para cuando volviera a Madrid, y lo hice cargada de mandarinas y naranjas de mi tío. Así que las estoy aprovechando también para cocinar, y se me ocurrió que le darían un toque aromático estupendo. No me equivoqué. O igual es que soy una apasionada de los cítricos.

Me gustó mucho el resultado y fue mi cena de anoche, pero me temo que estaba incubando un virus. Probablemente lo pillé el domingo, que tocó plan de cine-cena, y se desató de madrugada. Toda la noche arrastrándome de la cama al baño -menos mal que me dio tiempo a quitarme el aparato de los dientes-, mientras el elfo dormía. Ay, y yo no podía evitar acordarme de cuando me ponía mala de pequeña, esos días en que mamá en seguida sabía que algo te pasaba y no se despegaba de tu lado.

Ser adulto es un poco un asco.

Pero bueno, es uno de esos virus exprés que montan mucho follón y se van rápido, o eso espero. Hoy día tranquilito en casa y espero que mañana ya pueda abrir el fantástico pan que he horneado esta mañana. Porque anoche dejé a la masa madre trabajando y no podía decirle que eh, deja de fermentar, que me he puesto mala. Las masas no esperan a nadie.



Receta de judías verdes braseadas con mandarina y eneldo
Inspiración: enero, la huerta de mi tío y recuerdos familiares
Ingredientes aproximados para  2 personas

- 500 g de judías verdes planas bien frescas
- 1 diente de ajo
- 4 mandarinas pequeñitas o 2 normales
- caldo de verduras o agua
- 1 limón
- 1 guindilla roja o chile fresco suave
- eneldo fresco
- sésamo tostado
- 2 huevos de gallinas felices
- aceite de oliva virgen extra
- pimienta negra
- sal

Lavar bien las judías, las mandarinas, el limón, la guindilla y el eneldo. Ssecar con cuidado y cortar en dos las judías; cortar también el extremo que tenía el tallo -yo dejo la otra punta-. Con cortes en diagonal quedan más monas.

Exprimir el zumo de las mandarinas y colar para retirar el exceso de pulpa y los huesos. Laminar el diente de ajo sin el germen, quitar las semillas de la guindilla y cortar en rodajitas finas. Picar el eneldo cuando esté bien seco. Poner a cocer los huevos unos 9-10 minutos y enfriar.

Calentar un poco de aceite de una buena satén alta y dorar un poco el ajo. Retirar si se desea. Añadir las judías, salpimentar ligeramente y saltear a fuego vivo unos minutos. Añadir el zumo de las mandarinas y dejar que se agarre un poco al fondo. Añadir un poco de caldo, bajar el fuego y tapar.

Dejar cocer unos minutos hasta que se queden al punto deseado, procurando que no se pasen demasiado. Remover de vez en cuando por si acaso están muy apelotonadas.

Servir con los huevos pelados, guindilla, ralladura de limón, eneldo y sésamo al gusto. Salpimentar si fuera necesario al gusto de cada cual.

¡Tened mucho cuidado con los virus, del tipo que sean! Que en esta época campan a sus anchas. La próxima receta nos endulzará estos días de frío, viente y ¿nieve? Veremos :).
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