29 junio, 2019

Vasitos de albaricoques y crema de mascarpone - Junio, eres mi mes menos favorito



Muchas cosas han pasado en este mes que he tardado en volver por aquí, tanto por el mundo como a nivel más personal. Sobre el panorama exterior prefiero no comentar mucho porque solo soy capaz de recordar todo lo negativo, y la ola de calor no me ayuda a pensar en positivo. Así que, para endulzar la realidad ardiente que nos rodea, traigo unos sencillos vasitos de albaricoques y crema de mascarpone para sumar mi amor por esta fruta.

No quiero protestar muy alto porque al menos este año el calorazo ha tenido la dignidad de presentarse ya pasado el solsticio, con el verano inaugurado de verdad. Por suerte esta vez la visita de mi madre de junio nos pilló con buen tiempo y pudimos disfrutar de esos días sin achicharrarnos por la calle, lo cual siempre se agradece.



Este postre lo improvisé sobre la marcha aprovechando un montón de albaricoques que mi padre me había traído a finales de mayo en una visita exprés. Deliciosísimos albaricoques recogidos en la casa de un amigo, pequeños pero con un aroma embriagador al que era difícil resistirse. Los pobres parecían llegar muy blanditos después del viaje, pero al guardarlos mimosamente en la nevera recuperaron su tersura sin perder sabor, y pude disfrutarlos durante muchos días sin tener que tirar ni uno solo.

Mi madre vino poco después y me apetecía preparar algún postre algo especial para terminar de disfrutar esas pequeñas joyas. Porque si están buenísimos al natural, cuando se asan, se hacen a la plancha o se cuecen en sus propios jugos, se transforman para ofrecer toda una nueva gama de sabores y aromas naturalmente dulces que combinan de maravilla con ingredientes lácteos.



Como siempre, probad el punto de dulzor y ajustar según a lo que estéis acostumbrados. Si tenéis fruta más dulce y madura no hará falta añadir casi nada, y así no enmascaramos los sabores naturales. Por supuesto, se puede hacer con otra fruta de temporada; sugerencias: fresas, arándanos, melocotones, higos o brevas, ciruelas...

La fruta de verano me reconcilia con esta época que dejó de tener alicientes para mí hace ya años. Qué tiempos cuando ver "Junio" en el calendario de la cocina de casa significaba final de curso, la fiesta del cole, vacaciones, piscina, playa, desayunos con dibujos en la tele, larguísimas tardes de bici... Ahora tengo más ganas de julio porque, al menos, significa que vuelve el Tour.



Receta de vasitos de albaricoques y crema de mascarpone
Inspiración: los deliciosos albaricoques de Murcia y recuerdos de verano
Ingredientes aproximados para 4 unidades

- 400 g de albaricoques aromáticos, maduritos, jugosos, pesados sin hueso
- 1 vaina de vainilla
- un poco de cardamomo molido o 2-3 vainas
- 1 pizquita de sal
- 30 ml de zumo de lima o limón
- 15 ml de miel (ajustar la cantidad al gusto)
- 10 ml de Kirsch (opcional)
- 200 g de queso mascarpone (¡sin lactosa, viva!)
- 200 ml de nata para montar (esta es más fácil de encontrar sin lactosa)
- vainilla molida o extracto (5 ml)
- pistachos o almendras

Lavar los albaricoques y secar con mimo, cortar en cuartos y retirar huesos y rabitos. Poner en una sartén con la vainilla abierta, el cardamomo, el zumo de lima o limón, la sal, la miel y el Kirsch, y calentar. Añadir un poco de agua, solo un chorrito, y dejar que coja temperatura. Mantener la cocción a fuego muy lento hasta que la fruta esté en plan compota, semidesecha, con una riquísima salsa espesita.

Quizá haya que añadir más agua o miel o azúcar moreno, dependiendo del grado de dulzor que tenga la fruta. Lo mejor es probarlo cuando tenga ya apariencia de compota, pero no queremos que los albaricoques se deshagan del todo. Retirar y dejar enfriar por completo.

Batir la nata muy fría hasta casi montarla, mezclar con el mascarpone y combinar con movimientos envolventes. Añadir la vainilla y azúcar glasé al gusto, probando hasta dar con el punto que se prefiera, mezclando con movimientos envolventes. Llevar a una manga pastelera.

Montar los vasitos repartiendo una capa de albaricoques en el fondo, otra de crema de mascarpone y coronar con más compota y pistachos. Servir frío, pero dejando que se atempere un poco para no matar los sabores.


Consigo dormir más o menos bien, así que la primera ola de calor no está siendo muy grave, porque me mantengo a refugio en casa. Eso sí, a las 6.30 arriba si pretendo salir a correr, que es la hora de más "fresquito". Tampoco me puedo quejar mucho si a 39 grados enciendo el horno a 250º C para hornear pan, claro. Pero el esfuerzo merece la pena.

¡Adiós junio, tarda mucho en volver!
21 mayo, 2019

Tarta de zanahorias, galletas y coco: receta fría y facilísima para cumpleaños fallidos


Ha pasado un mes y un día desde mi cumpleaños, que es cuando preparé esta tarta improvisada entre varias lloreras tontas. Pero salió muy buena, y compartir algo rico que surge de la nada con la gente que quieres, también reconforta. Murcia estaba preciosa durante las fiestas, la lluvia dio paso a días soleados verdes que olían a azahar y daba gusto incluso zambullirse en la marabunta de gente que salía a disfrutar de la ciudad y de las fiestas. Y fue una tarde lluviosa después de una excelente comida a la japonesa cuando hincamos el diente a esta tarta de zanahorias, galletas y coco. Llena, llenísima de recuerdos.


En plena primavera y como colofón a la Pascua, me apetecía un montón una tarta de zanahoria. Mi idea inicial era usar como base la que es mi favorita del mundo, la Aargauer Rüeblitorte, receta suiza, y tunearla un poco para darle una vuelta de tuerca más cumpleañera. Pero se fastidió el horno -carbonizando unas galletas a las que había puesto mucho cariño para estrenar unos cortadores nuevos- y hubo que cambiar de plan. El diluvio universal también fastidió lo que tenía previsto hacer por mi cumple, y para poner la guinda, se me cayó un regalo de mi madre al suelo cuando fui a abrirlo, rompiéndolo -un juego de taza y platito que me compraron en Alemania-.

Muchas tontunas pero que se juntaron para hacer equipo y, aprovechando que en mis cumpleaños siempre estoy, digamos, emocionalmente con las defensas bajas, me dio una llorera de las gordas. También tenía muchas otras cosas acumuladas y al final me vino hasta bien; fue como un detox emocional renovador. Hay que llorar más, de vez en cuando, y dejar salir toda esa negrura que se nos amontona dentro. Y tuve un bis más tarde viendo una serie, que la ficción audiovisual o escrita también ayudan a desahogarse.



Las penas con dulce son menos y esta tarta me sorprendió de lo bien que quedó, básicamente porque improvisé todo sobre la marcha. Hace tiempo que mi madre me habla de vez en cuando de una tarta de zanahoria y coco fría que hacía su abuela, y lo hace con un brillo en su mirada que siempre me parece encantador. Se nota que recuerda perfectamente el sabor de aquella tarta, y que rememora sus días de niña, con sensaciones e imágenes de su abuela preparando el dulce para los nietos, esos días de inocente felicidad infantil que todo tenemos.

Desafortunadamente la receta de aquel pastel se fue con mi bisabuela, y mi madre era demasiado joven para haber aprendido a hacerla. Solo queda su recuerdo, y yo llevaba tiempo empeñada en querer homenajear esa memoria. Recordé esto cuando una de mis mejores amigas me mandó la receta de una tarta de zanahoria y coco deliciosa, aunque no es la misma, tenía una clara conexión. Y con los años he ido encontrándome versiones que repiten las mismas bases: zanahoria, coco y nada de horno. ¿Por qué hay tantas recetas "tradicionales" de pasteles de zanahoria y coco? Están ahí en el patrimonio de muchas familias, algo perdidas hoy por la invasión de carrot cakes varios que vivimos hoy. No perdamos nuestros propios postres, que es una pena olvidar estos recuerdos.


En fin, que estoy divagando. Quizá porque hoy he vuelto a votar, también casi un mes después, y esta vez he tenido que hacerlo por correo. Agradecí poder votar para las elecciones generales en persona, volviendo a mi cole, junto a mi familia. Las votaciones me hacen sentir una gran responsabilidad, me emocionan un poco por poder formar parte de la democracia que tanto costó conseguir, y también me da un poco de miedo, para qué engañarnos.

El elfo acaba de llegar, así que mejor me callo ya. Os dejo con la tarta, que de eso iba la entrada de hoy.

Receta de tarta fría de zanahorias, galletas y coco
Inspiración: mi cumpleaños, recuerdos familiares y antojos de primavera
Ingredientes para unas 8 raciones

- 1 kg de zanahorias (pesada peladas)
- 1 rama de canela
- 100 g de coco rallado (y más para decorar)
- 1 sobre de azúcar vainillado (unos 8-10 g)
- 50 g de azúcar
- 1 pizca de sal
- ralladura de naranja o limón
- 150 g de queso crema para untar (sin lactosa, en su caso)
- galletas tostadas o al gusto, mejor rectangulares o cuadradas
- leche o bebida vegetal al gusto (de almendras o de coco son buenas opciones)
- zanahorias de mazapán para decorar

Lavar bien las zanahorias, cortar los extremos del tallo y pelar si fuera necesario. Trocear y pesar el kilo completo, aproximadamente. Poner a cocer en agua o al vapor con la rama de canela, hasta que estén tiernas. Escurrir, retirar la canela y dejar enfriar.

Preparar un molde rectangular o cuadrado de tamaño medio, que tenga buen fondo para que salgan más capas. Disponer la leche en un planto o cuenco hondo y sacar las galletas del paquete. Lavar el limón o naranja.

Triturar las zanahorias y mezclar con el azúcar vainillado, el azúcar, la pizca de sal, ralladura cítrica al gusto, el queso crema y el coco. Combinar muy bien para tener una crema untable, suave y sin grumos. Probar y ajustar el dulzoro o los aromas al gusto.

Comenzar a montar la tarta colocando una capa de galletas remojadas en leche. Ir poco a poco, para que no se reblandezcan demasiado. Romper las galletas que sean necesarias para ocupar todo el espacio en un nivel. Cubrir con una capa de crema de zanahoria, generosa pero sin pasarnos.

Continuar repitiendo las capas de galleta y zanahoria hasta terminar con una capa superior de crema. Decorar con coco rallado al gusto, añadiendo más ralladura de cítrico si nos gusta. Dejar enfriar en la nevera varias horas, y decorar antes de servir con las zanahorias de mazapán.



¡Todos a ejercer nuestro derecho el próximo domingo! Yo supongo que estaré esperando los resultados horneando algo, muy probablemente con albaricoques. Tengo muchos albaricoques murcianos en la nevera ahora mismo, pero esa es otra historia.
21 abril, 2019

Galletas de zanahoria y miel - ¡Feliz Pascua!


Llego in extremis este año, pero no podía dejar de pasar una de mis festividades favoritas sin traer alguna receta relacionada en su honor. Ya he explicado en otras ocasiones que en mi infancia la Semana Santa era sinónimo de vacaciones en el campo con los abuelos que venían de Suiza cargados de toda la parafernalia pascual de allí. Por eso me trae más nostalgia la Pascua europea en la que las zanahorias, el conejo y los huevos decorados y de chocolate juegan un papel protagonista. Así que hoy traigo unas sencillas galletas de zanahoria, para repetir durante todo el año.

Confieso estar algo desanimada porque me había hecho unas mínimas ilusiones de vacaciones que no se están cumpliendo. De hecho, diversos incidentes imprevistos han ido ennegreciendo un poquitín más cada día de las fiestas. Tonterías, realmente, pero que me han pillado en horas bajas y que, sumando, sumando, han terminado por explotar. Especialmente porque ayer fue mi cumpleaños y ese día tengo el nivel de melancolía por las nubes, con la sensibilidad interna a flor de piel.


Vamos, que no ha sido el mejor cumpleaños de mi vida, para resumirlo. Planes que se van al garete, regalos que se rompen y no tienen solución por pura torpeza, desastres culinarios, familiares lejanos, un horno que decidió jubilarse por anticipado sin avisar... Pero bueno, sé que si no estuviera ahora mismo en un estado emocional irregular -influenciado, me temo, por el descontrol hormonal que tengo, qué divertidas las hormonas, ¿verdad?- no me habría tomado las cosas tan a la tremenda.

¿Por qué nos empeñamos a veces en hundirnos en nuestra propia miseria cuando son muchas más las cosas positivas que nos rodean? La complejidad humana no sé si es fascinante o, simplemente, un incordio contradictorio destinado a extinguirse por sí mismo.

En fin, que me voy por las ramas y no quería traer negatividad a este post. Que yo hoy pretendía centrarme en esos bonitos recuerdos alegres de Semana Santa, con la búsqueda de chocolates por el jardín del campo, pintando huevos, disfrutando de un pan especial el domingo de Pascua, preparando las Fiestas de Primavera, organizando excursiones y pequeños viajes en familia. Y compartiendo postre de cumpleaños, que este año he tenido que improvisar tras la debacle del horno.


Al final mi pastel-sin-horno de cumple quedó rico y me quitó el mal sabor de boca que tenía ayer; anoté bien la receta para compartirla por aquí pronto. Y para guardarla, porque se va a quedar como un nuevo clásico en mi recetario personal; ¡hay que sacar cosas positivas de todo! Y cuando vuelva a prepararla dentro de muchos años, recordaré este día ya con una sonrisa nostálgica. "¿Recuerdas cuando se calcinaron las galletas de Pascua aquel año y nos quedamos sin tarta?".

Las galletas las horneé en Madrid para dejar algo dulce al elfo, y que probablemente nuestro gato Lito estaría encantado de compartir. Ahora no recuerdo de dónde me vino la inspiración exactamente, pero hay miles de versiones de carrot cake cookies por las redes. La versión original sí sé que incorporaba pasas y nueces, pero el elfo está en contra de cualquier tropezón que no sea chocolate. Yo os recomiendo añadir todos los frutos secos que os apetezcan. Y si estáis muy golosos, un glaseado de azúcar glasé y limón, o una crema de queso sencilla, le irían de muerte.

Receta de galletas de zanahoria y miel
Inspiración: recuerdos de Pascua y recetarios anglosajones
Ingredientes para unas 25-30 unidades

- 100-110 g de zanahoria rallada (aproximadamente)
- ralladura de naranja o limón (al gusto)
- 125 g de mantequilla sin sal atemperada
- 100 g de azúcar moreno
- 60 ml de miel
- 2 huevos a temperatura ambiente
- 125 g de harina de repostería
- 125 g de harina de espelta integral (o trigo)
- 1 cucharadita de levadura química (impulsor)
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- 1 cucharadita de canela molida
- 1/2 cucharadita de cardamomo molido (opcional)
- 1 pizca de nuez moscada recién rallada
- 1/2 cucharadita de sal
- pasas de corinto, sultanas o/y nueces picadas al gusto

Precalentar el horno a 180ºC y preparar un par de bandejas con papel sulfurizado, láminas antiadherentes, o lo que uséis normalmente. Procurar que la mantequilla y los huevos estén atemperados.

Lavar, secar y pelar ligeramente las zanahorias. Rallar finas hasta tener unos 100-110 g y mezclar con la ralladura de naranja o limón. Reservar aparte, tapándolas.

Batir la mantequilla cortada en cubos con una batidora de varillas hasta dejarla un poco cremosa. Agregar el azúcar moreno y batir un par de minutos para que quede esponjoso. Incorporar la miel, batir más, y echar los huevos de uno en uno, batiendo un poco en cada adición.

Agregar todos los ingredientes secos y batir a velocidad baja hasta tenerlos bien incorporados. Rebañar las varillas y echar la zanahoria, mezclando una espátula o lengüeta. Añadir también las pasas o frutos secos que se deseen, en su caso.

Una vez tengamos una masa homogénea, tomar porciones del tamaño de una nuez con una cucharilla y repartir porciones redondeadas en las bandejas. Podemos darles forma de bolita con las manos humedecidas, y luego aplastarlas un poco con un tenedor.

Hornear una bandeja cada vez durante unos 12-15 minutos, vigilándolas porque dependerán del tamaño y del tipo del horno. Cuando empiecen a dorarse de más los bordes, estarán más que listas. Dejar enfriar completamente sobre una rejilla antes de servir, guardar o decorar al gusto.


¡Frohe Ostern! Que disfrutéis del lunes de Pascua los afortunados que tengáis festivo; y de Sant Jordi, en su caso. En Murcia ya sabéis que tenemos otra semana de fiestas por delante.
¿Saldrá el sol?
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