13 diciembre, 2018

Muffins integrales de puré de manzana y melaza con avena (desayunos con aromas navideños)


Mi casa hace semanas que huele a Navidad pero vuelvo a tener el problema de cada año: me saturo con todo lo que me gustaría hacer y sufro un bloqueo general del sistema. Ayer tenía la intención de adelantar la masa de mis galletas de jengibre habituales, y ya de paso aprovechar para hornear algo más. Pues estuve como una hora repasando libros, pines, enlaces y notas de recetas "para hacer".

Creo que por mi salud mental debería centrarme en mis dulces navideños favoritos habituales y dejar los experimentos para épocas menos estresantes. Aunque siempre hay sitio para unos sencillos muffins integrales de manzana especiados; es tan terapéutico prepararlos como devorarlos.



Cuando empecé a ver películas de cine clásico me hacía gracia eso de que los matrimonios durmieran en camas separadas. Yo era una niña que realmente no era consciente de que estaba viendo "historia", para mí solo eran películas, pero poco a poco aprendí a ver las cosas en su contexto. Recuerdo con mucho cariño 'Los perros de mi mujer', una película ñoña familiar de Disney pero llena de perros y gags simplones que funcionan en su falta de pretensiones. Mi madre siempre comentaba que eso de dormir en camas separadas tenía que ser maravilloso, sin nadie moviéndose sin parar, robándote la sábana o arrinconándote en el borde. Bromeaba, claro, pero a veces la entiendo.

Dormir en pareja es muy bonito, es pura intimidad cotidiana y siempre reconforta levantarse con alguien que quieres al lado durmiendo plácidamente -y un gato-. Peeero también pone a prueba un poco el amor en ciertas ocasiones.



Y no hablo solo de ronquidos -por el momento la cosa no es grave en esta casa-; el elfo, con sus casi dos metros, provoca un terremoto en la cama cuando se mueve, tiende a ponerse en diagonal -y yo tengo fobia a que me toquen con los pies- y encima habla en sueños. Me pega unos sustos tremendos, porque suelta largas frases completas a voz en grito y yo no tengo muy buen despertar. Y los sonámbulos me dan respeto, para qué engañarnos. Espero que no le dé por levantarse y ponerse a andar, como al parece hacía de niño.

Lo que no entiendo es lo friolero que puede llegar a ser. Con su pijama de invierno (¡y camiseta interior!) duerme bien tapadito y dice que pasa frío. ¡Y yo me levanto sudando! He empezado a dormir como mi padre, solo con una camiseta de tirantes, porque me achicharro debajo del nórdico. No sé si me están activando los genes suizos, o es que la cama nueva crea un microclima a prueba de inviernos suecos, pero empiezo a estar harta. Con lo agustico que se duerme en un pijama largo, calentito, tapándote hasta la nariz... Pues nada. En fin, al menos es bonito ver que él si duerme a pierna suelta.



Receta de muffins integrales de puré de manzana y melaza
Inspiración: la necesidad de dar salida a sobras de puré de manzana y ¡Navidad!
Ingredientes para unos 12 muffins

- 2 huevos de gallinas felices
- 300 g de puré de manzana o compota natural
- 1/2 cucharadita de vainilla
- 80 ml de aceite de girasol
- 70 g de queso fresco batido o yogur natural
- 60 ml de leche de soja o equivalente
- 40 g de melaza (miel de caña)
- 80 g de copos de avena finos
- 80 g de harina de avena
- 25 g de almendra molida
- 65 g de harina de espelta integral (o trigo)
- 1 cucharada colmada de panela o azúcar moreno (opcional)
- 1 cucharadita de bicarbonato sódico
- 1 cucharadita de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 2 y 1/2 cucharaditas de mezcla de especias (canela, jengibre, anís estrellado, clavo, nuez moscada, cardamomo, cilantro molido, pimienta de Jamaica...)
- pistachos o frutos secos para decorar (opcional)

Atemperar fuera de la nevera los huevos, el queso o yogur y la leche. Precalentar el horno a 180ºC y preparar una bandeja con 12 moldes de muffin. Yo preferí hacerlos de tamaño medio y aprovechar para hornear también unos cuantos en formato mini.

Batir con unas varillas los huevos con el puré de manzana, la vainilla, el aceite, el queso o yogur, la leche y la melaza, hasta tener una mezcla homogénea y ligeramente esponjosa.

Aparte combinar con unas varillas limpias todos los demás ingredientes. Formar un hueco central y agregar la mezcla húmeda poco a poco, mezclando suavemente. Combinar todo sin sobremezclar, hasta que no haya grumos secos.

Repartir en los moldes sin llenarlos hasta arriba y decorar con frutos secos al gusto. Hornear durante unos 18-22 minutos, o hasta que se hayan dorado y al pincharlos con un palillo salga limpio. Si son minis, tardarán menos. Esperar un poco fuera del horno antes de desmoldar y dejar enfriar en una rejilla.

Aguantan bien un par de días en un recipiente hermético, en una cocina fresca. Saben mejor pasadas unas horas, cuando se han asentado los sabores de las especias. Yo suelo congelar la mitad porque solo somos dos en casa y tampoco es plan de desayunar o merendar muffins a diario. Si no sois alérgicos a los "tropezones", os recomiendo añadir a la masa unas nueces picadas, arándanos rojos o trocitos de manzana fresca o deshidratada.



PD. ¡Feliz Santa Lucía! ¿Queda alguien por probar los Lussekatter?
04 diciembre, 2018

¿Por qué salgo a correr? No es sufrimiento ni obligación: simplemente me hace sentir bien

El otro día un familiar me dejó un comentario en las redes preguntándome que quién se comía todas las cosas que preparo, y respondí que en broma que luego hay que quemarlo todo y ya está; pero no es del todo cierto. En primer lugar, no hago tantos dulces como podría parecer -y además son mucho menos, digamos, dulces, a como los hacía hace años- ni los comemos a diario en casa. Pero si salgo a correr no es por quemar calorías o por compensar unas galletas o un bizcocho: corro sencillamente porque me encanta, me da vitalidad, me hace sentir bien.


Hace tiempo que no reflexiono un poco en voz alta -escrita- sobre mis salidas de running, quizá porque ya es tan parte de mi rutina que ni me parece algo reseñable. Sin embargo, cuando se comentó en la presentación del II Estudio de Vitalidad Zespri que practicar ejercicio es un motor clave de vitalidad, me di cuenta de lo importante que es para mí, para no volverme loca. Los comienzos pueden ser duros, pero en cuanto coges cierto hábito el ejercicio te engancha, y de buena manera.

Es curioso cómo, aunque esté cansada o lleve días durmiendo poco, salir a correr me despeja, me despierta y me estimula. La fatiga después de practicar ejercicio es diferente al agotamiento por llevar horas sentada delante del ordenador, o de pasarme la mañana cocinando y limpiando; es un cansancio positivo, revitalizante, por así decirlo.


No hace falta machacarse ni mucho menos, y de hecho no recomiendo llevarse hasta el límite ni obsesionarse con tiempos, marcas o pautas, salvo que nos dediquemos a competir. Yo corro ya sin metas, me dejo llevar, escucho música o podcasts y disfruto de mi barrio, del paisaje, de las calles, del campo o del espacio que sea donde me pille. Me llevo las zapatillas en la maleta por si saco tiempo cuando estoy de viaje para correr un poco -el amanecer de Viena el pasado mes de septiembre fue especialmente mágico-, y siempre merece la pena madrugar más para correr a primera hora si luego no voy a tener tiempo.

El ejercicio moderado es muy sano y básico para mantenerse bien, puede prevenir enfermedades y es una manera de llegar a la vejez en mejor forma. Pero también relaja, quita estrés, hace ver las cosas con otra perspectiva y te permite desconectar.

Yo recomiendo hacer deporte o salir a caminar al aire libre, porque es más barato que un gimnasio y porque necesito el contacto con el exterior. El aire, la luz, ver cómo cambia la naturaleza con el paso de las estaciones, encontrarme con los mismos vecinos, descubrir nuevas tiendas o caminos... Si trabajáis desde casa o encerrados en un cubículo, estirar los músculos en el exterior siempre es muy recomendable. ¡Mejor si hay un buen parque o entorno natural cerca, claro! Y, siempre que sea posible, aprovechando la vitamina D que nos da el sol.


No siempre se disfruta igual pero tampoco pasa nada, unas veces se rinde mejor que otras. Lo importante es saber escuchar al propio cuerpo, y mimarlo, que para eso es nuestro y el único que tenemos. Como señalan en el estudio, la vitalidad es una suma de muchos factores, alimentación, salud física, bienestar familiar, ocio, trabajo, relaciones de pareja... Para mí, salir a correr es ya algo básico para sentirme bien, y además me gusta hacerlo sola, es mi momento.

Si hacéis el test de vitalidad y os sale un índice bajito, quizá os falta encontrar ese deporte o actividad física que os enganche y os haga sentir bien. En la web tenemos ideas para empezar a practicar poco a poco nuevos hábitos, que sé que mucha gente necesita inspiración o un empujoncito para animarse. Y no hay que esperar a los "buenos propósitos" de año nuevo para arrancar, cualquier día es bueno para empezar a entrenar ;).

¿Vosotros sois deportistas? ¿Vais al gimnasio para "compensar" excesos o porque os gusta? ¿Sois constantes practicando ejercicio o más bien os movéis por rachas? Tengo curiosidad :).


Imágenes | Unsplash


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03 diciembre, 2018

Lombarda asada con puré de calabaza al miso y nueces (antes de Navidad, colores de otoño en la mesa)

Este año debe haber sido el mes de noviembre más fugaz de los que recuerdo en mi ya no tan breve vida. Creo que cuantas más cosas ocupan la agenda, más velozmente vuelan los días, y comenzarlo con una escapadita a Murcia ya puso en marcha el cronómetro. Hace días que en mi casa ya se huele a Navidad pero antes de ponerme totalmente monotemática quería dejar por aquí esta deliciosa -y saludable- receta, llena de colores y sabores de otoño. Col lombarda asada con puré de calabaza al miso y nueces, una combinación sencilla pero sabrosísima, sana y saciante, llena de color, texturas y sabores. Otoño... ¿por qué tienes tanta prisa por escurrirte de nuestras vidas?



Mi madre estuvo la semana pasada en su estancia habitual prenavideña, y cada vez agradezco más estas visitas. Sigo preparando su llegada como si esperase a un invitado de copetín, sacando los primeros adornos navideños, ordenando y haciendo limpieza a fondo, preparando el cuarto de invitados -al que le falta MUCHO trabajo, pero bueno, algún día-, horneando cosillas... Pero esta vez me he agobiado menos. Tenía mucho curro así que me ha ayudado con cosas de cocina y ha sido la catadora oficial de varias recetas.

No hicimos grandes planes y nos dejamos llevar; sí disfrutamos de una cena fuera en su honor porque acaba de cumplir años y se llevó la maleta a tope de regalos culinarios para compartir con mi padre y mi hermano. Ya hemos hecho algunos planes para la Navidad y tengo muchas ganas de recuperar tradiciones, aunque este año estoy algo melancólica y tristona -pensando en las fiestas. Supongo que son cosas de hacerse cada vez más mayor; espero que los niños más pequeños de mis primos me devuelvan un poco la ilusión cuando vuelva a mi tierra :).



Al menos tuvimos mucha suerte con sus días de visita; jornadas soleadas, con frío pero nada de viento ni niebla, muy agradables para pasear sin rumbo por el centro madrileño -con el avistamiento habitual de famosetes, mi madre los atrae-. Como siempre, cayó una exposición -esta vez la de Egipto del Caixaforum-, merienda con té y tarta, y pasamos el tiempo de rigor obligatorio entre la multitud de Sol viendo un poco las luces navideñas. Pero sin pasarnos.

En cuanto a la receta, creo recordar que la improvisé sobre la marcha un día que tenía el horno encendido para hacer pan. Había visto en alguna parte la idea de triturar calabaza asada con miso, y ahora es una de mis combinaciones de sabor favoritas. Yo tengo miso rojo en la nevera, de sabor bastante fuerte, pero podéis usar un miso blanco más suave, o el que más os guste.

La col lombarda asada en "gajos" es mi nueva forma favorita de cocinarla; para darle un punto extra de sabor y textura podemos pasarla por la plancha antes de servir, aunque si estoy vaga me ahorro el paso. El puré de calabaza se puede ir ajustando sobre la marcha al gusto; ya sabréis lo importante que es probar y probar la comida mientras se cocina, no queremos tener que corregir disgustos ya en la mesa.



Receta de col lombarda asada con puré de calabaza al miso y nueces
Inspiración: el otoño, que se nos escapa de los dedos...
Ingredientes para varias raciones variadas

- 1 calabaza tipo cacahuete
- 1 col lombarda de tamaño medio
- 2 cucharadas de miso rojo o blanco
- 1 cucharada de crema de cacahuete natural
- 1 cucharadita de mostaza de Dijon
- 1 cucharadita de vinagre de manzana
- 1 cucharadita de tamari o salsa de soja
- ajo granulado
- cúrcuma
- pimienta negra
- limón o lima
- nueces peladas
- perejil o cilantro fresco
- aceite de oliva virgen extra
- sal

Precalentar el horno a 200ºC y preparar dos bandejas o fuentes.

Cortar la lombarda en "gajos". Es más fácil si la cortamos primero por la mitad y luego vamos practicando cortes paralelos a cada parte, sacando unas 6-8 piezas en total. Hay que procurar dejar la base del tallo más dura, para que las hojas no se separen de cada trozo. Lavar y secar bien. Disponer en una de las fuentes y regar con un poco de aceite de oliva. Salpimentar ligeramente.

Cotar la calabaza por la mitad, quitar el tallo y sacar las semillas y filamentos. Practicar unos cortes en cuadrícula en la carne, salpimentar y pintar con aceite de oliva. Colocar boca abajo en la otra fuente grande, añadir un poco de agua.

Asar ambas verduras durante unos 30 minutos. A los 15 minutos, dar la vuelta con cuidado a cada pieza de col. Tienen que chamuscarse un poco por fuera, pero sin carbonizarse. La calabaza tiene que quedar muy tiernecita, puede tardar más. Reservar las coles.

Sacar la carne de la calabaza y colocar en una olla o cazuela. Machacar o triturar con una batidora. Mezclar en un cuenco el miso con los demás condimentos y añadir a la calabaza. Incorporar además ralladura de limón, un poco de zumo y las especias al gusto. Calentar a fuego suave y mezclar bien.

Probar y ajustar el sabor al gusto, añadiendo más o menos condimentos, según se prefiera algo más dulce, más ácido, más sazonado... También se puede añadir alguna especia o salsa picante.

A la hora de servir, marchar la col en una plancha a fuego bien fuerte, si se desea. Agregar nueces picadas, perejil o cilantro fresco, un golpe de pimienta negra y un chorrito de buen aceite de oliva virgen extra. Yo añadiría también un poco más de ralladura fresca de limón, pero igual es que soy adicta.


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