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20 abril, 2026

Tarta de limón y frutos del bosque para el cumpleaños en el que dejé de ser treinteañera

20 de abril. Pero no del 90. Lo único que puedo agradecer a la canción de Celtas Cortos es que me hiciera mucha ilusión la primera vez que la descubrí a la tierna de edad de, no sé, ocho o nueve años. Luego pasó a ser un sortilegio, porque cada vez que la escuchaba rompía a llorar —o, si no era en fechas cercanas a mi cumple, al menos me ponía muy triste—; ahora solo sonrío cuando alguien hace algún chistecito al respecto y, al menos, doy las gracias porque sirve para que mucha gente se acuerde de cuándo es mi cumple.

 Pues sí, amigas: he dejado oficialmente la treintena. Y teniendo en cuenta lo mal que he llevado siempre los cumpleaños, llorando prácticamente en todos, lo llevo sorprendentemente bien. Quizá tenga que ver que hace tiempo me empeñé en dejar de contar años, y centrarme solo en cumplirlos, y que estaba convencida que cumplía los 40 en 2025. Lo prometo, me sacó del error mi madre el mismo día que me felicitaba —y de paso me insultó un poco cariñosamente por ser así de pava—.

 Supongo que esto será lo que dicen madurar, aunque yo me siento igual que siempre. Por dentro, al menos. Me siguen gustando prácticamente las mismas cosas y me he reconciliado con mis pasatiempos y las cosas que me hacen feliz, que dejé durante años aparcadas por la vida adulta, el capitalismo y ese mundo oscuro de los autónomos. Ahora me puedo pasar cinco horas jugando a un juego de llevar una granjita o una taberna medieval, o rejugando a una aventura gráfica que me encantaba con 12 años, y no me siento culpable. 

 Y también he recordado lo mucho que me gusta cocinar y preparar dulces y postres. Dulces a mi gusto, experimentando un poco sin miedo a que salga un desastre, sin pensar en calorías ni en cómo convertir algo en saludable —saludable es una manzana, no un bizcocho fit sin hidratos—. Este cumpleaños extraño ha caído en lunes, así que me he dado el lujo de tomármelo como vacaciones, levantarme a mi ritmo —o sea, muy temprano— y meterme a ensuciar la cocina. Porque, si no me hago yo una tarta a mi gusto, ¿quién me la va a hacer?

 Dándole vueltas a qué podía preparar me daba mucha pereza complicarme con las típicas tartas o pasteles de cumpleaños, y el calor anormal de estos días me quitaban las ganas de pensar en masas de miga esponjosa, glaseados y rellenos. Quería algo fresco, cremoso y crujiente. Quería limón. Mucho limón.

 La inspiración la encontré en la receta de lemon tarts de Nicola Lamb, que tiene una newsletter fantabulosa llamada Kitchen Projects. En serio, si te gusta la repostería o la cocina en general, necesitas seguirla con urgencia. De sus tartaletas de limón cogí la idea de hacer una tarta cremosa, a tope de sabor y aroma alimonado, no muy dulce, con una masa bien crujiente. Pero he usado mi fórmula para este tipo de tartas —llamadas tipo tart o incluso pie en inglés—, mezclando harinas de distintos cereales y usando muy poco azúcar, y un relleno menos dulce y algo más cuajado, que le he cogido tirria a las tartas viscosas por la moda de las tartas de queso y de chocolate medio crudas. 

Aspectos clave: enfriar la masa y hornearla a horno muy moderado dándole un baño de huevo batido tres veces entre horno y horno  —así queda crujiente de verdad—; infusionar la nata con piel de limón y la mitad del azúcar; cocinar la mezcla líquida al baño maría un poco para que no se separe en capas en el horno; controlar bien la cocción si se prefiere más melosa. Ah, y repito, a mí no me gustan los dulces muy dulces. Quería sabor a LIMÓN. Limón murciano.

Receta de tarta de limón-limón y frutos del bosque
Inspiración: mi 40 cumpleaños y Nicola Lamb
Ingredientes para 1 molde de unos 20-22 cm de diámetro

- 100 g de harina de trigo de todo uso
- 50 g de harina de avena
- 50 g de harina de centeno integral (o más avena, o almendra)
- 1 cucharada de azúcar moreno o panela
- 1 pizca de sal 
- ralladura de limón y un poco de cardamomo molido (opcional)
- 100 g de mantequilla muy fría cortada en cubitos
- 1 huevo L
- leche o agua muy fría necesaria
- 1 huevo extra para el horneado

Mezclar las harinas con el azúcar, la sal y los aromas. Añadir la mantequilla y triturar con un robot o procesador de alimentos fuerte, o a mano estrujando rápidamente para o calentar mucho la masa. Cuando se haya incorporado la mantequilla, echar el huevo y triturar un poco más. Añadir leche o agua fría a chorrito ligero hasta tener una masa que se pueda amalgamar con las manos y no sea pegajosa. Envolver en plástico film y reposar en la nevera mínimo 30 minutos, o toda la noche.

Engrasar un molde rizado de tartas con mantequilla y precalentar el horno a 160ºC con aire. Estirar la masa para forrar el molde, primero con rodillo y luego apretando con las manos para ajustarla bien. Cortar la masa que pueda sobrar y hornearla luego como si fueran galletas (o tirar, a mí me gusta comérmela tal cual con queso o frutas). Refrigerar 15-30 minutos y hornear 15 minutos. Pintar nada más salir del horno con una capa ligera de huevo batido. Volver a hornear 5-10 minutos y volver a pintar. Repetir el proceso una vez más y reservar.

- 200 ml de nata para montar sin lactosa (o normal)
- 100 g de azúcar
- pieles sin parte blanca de 3 limones
- 125 g de zumo de limón recién exprimido y sin pulpa
- 4 huevos M
- 2 cucharadas de leche (opcional)
- frambuesas y arándanos o grosellas para decorar

Poner a infusionar, sin hervir, a temperatura muy suave, la nata con la mitad del azúcar y las pieles de limón. Yo echo la leche extra porque siempre se evapora algo de líquido. Escurrir bien las pieles y templar un poco. Batir con varillas a mano los huevos con el resto del azúcar; añadir la nata y el zumo de limón. Calentar al baño maría hasta llegar a los 55ºC, removiendo con suavidad. Colar con un colador fino, remover de nuevo con las varillas y verter en la masa prehorneada. Si hay burbujitas o espuma, retirar para que quede más mona. 

Hornear durante unos 20-40 minutos. Ojo, puede tardar menos o más, según el molde, la temperatura, si se ha hecho bien el precocido al baño maría y según el gusto de cada cual. Si quieres una tarta muy cremosita en el centro, sácala antes; compruébalo con un palillo, debe salir algo manchado si lo pinchas en el centro. Al enfriar se solidificará más. 

Esperar a que se enfríe antes de llevar al horno y decorar al gusto con las frutas. 



Muchas gracias por aguantarme todos estos años, a pesar de mi inconsistencia. Y por seguir ahí, detrás de la pantalla; ya quedamos pocos de los de siempre, pero me encanta leeros a los que seguís infatigables publicando recetas y comentando y participando en retos. Ya sabéis quiénes sois :).

10 noviembre, 2024

Pumpkin pie cremosa o vuelta a los clásicos reconfortantes con una nueva tarta de calabaza

 

Estas últimas semanas están siendo un mazazo emocional tras otro. La cosa empezó más o menos bien, considerando que el horror en Oriente Próximo sigue día sí y día también sin que al resto de "líderes" (ejem) del mundo parezca importarle mucho. Pude escaparme a mi Murcia unos pocos días aprovechando un evento de trabajo, y poder estar con la familia siempre renueva los ánimos. Además tuve la oportunidad de disfrutar de una cena increíble en un lugar de ensueño, en mi propio barrio de toda la vida -quién me lo iba a mí a decir-, y pude aprovechar incluso para volver al campo y hacer un poco de turismo local, pese a no estar de vacaciones.

Pero claro, llega la realidad del mundo y te pega un guantazo en la cara, y otro más fuerte después, y otros más de propina. Soy incapaz de comentar nada sobre el horror a todos los niveles de la DANA, esa gota fría terrible que ha dejado la mayor catástrofe que se recuerda en tantas comarcas, pueblos y campos de Valencia, Albacete, Andalucía y más. Pasando "de puntillas" esta vez por Murcia pero recordándonos a todos los que hemos crecido entre gotas frías la destrucción que puede traer este fenómeno meteorológico. Particularmente cuando nos rodea la incompetencia política. Pero no quiero entrar ahí que me enciendo, y tampoco iba a decir nada nuevo. 

 


Ánimo a todos los que han sufrido y siguen sufriendo las consecuencias de esta catástrofe. Ojalá, ojalá de verdad que no se vuelva a repetir, pero no soy nada optimista al respecto. Digamos que las recientes elecciones en EEUU tampoco me han dejado con el ánimo especialmente positivo respecto a la fe en el ser humano.

Ante la desesperanza y el hastío con el mundo, me refugio en las pequeñas cosas cotidianas. Que al menos el otoño en mi barrio está en su esplendor, y es el ambiente perfecto para hornear. Pasó Halloween, pasó Todos los Santos y el Día de Difuntos, y yo recuperé mi tradición de hacer una tarta de calabaza o pumpkin pie. Haciendo lo que más me gusta, complicándome probando cosas nuevas en lugar de repetir las recetas del pasado que sé que funcionan.

Basándome un poco en las explicaciones y recetas de The Flavour Bender y Joy of Baking, quise hacer una masa de las tipo flaky, como ya hice hace tiempo, pero algo más suave y no tan quebradiza, y un relleno que fuera muy cremoso. No tengo nada en contra de las tartas de calabaza más sólidas y algo granulosas, pero mi reto esta vez era un relleno bien cremoso, con un toque caramelizado donde resaltara el sabor de la calabaza y las especias. Objetivo conseguido. Solo me queda tener más maña dando forma al borde y dar con el tiempo de horneado perfecto.


Unos consejicos previos. 

Si usas puré de calabaza casero, procura exprimir muy, muy, muy, muy bien el agua que suelta, dejándola al menos toda la noche escurriendo, o más. Si puedes, compra un bote comercial, es mucho más cómodo. Respecto a la masa, este tipo de pies quedan de fábula con la masa quebradiza rica en mantequilla que no se funde con la harina, y es mejor hacerla el día antes para que se enfríe toda la noche antes de hornear; el reposo en frío antes de entrar al horno también es casi imprescindible, diría yo. Y al hornear en blanco, mucho mejor usar papel de aluminio para cubrirla con azúcar de peso, nada de legumbres ni pesos comerciales. Comodísimo. 

Ah, quizá le habría dado algo más de temperatura al horno o más tiempo de horneado, visto el resultado. Quedó estupenda, pero no del todo perfecta. Qué pena, tendré que repetir hasta dar con el punto. Y si tenéis gatos en casa, procurad que no tengan acceso a la tarta mientras se enfría o podéis encontrar huellas de patitas sobre ella, como puede atestiguar la nuestra. Los lametones que le habrá dado Lito a la corteza no se ven, pero no dudo que fueron producidos.



Receta de pumpkin pie o tarta de calabaza americana
Inspiración: el otoño, la nostalgia y The Flavour Bender
Ingredientes para 1 molde de 23 cm de diámetro (este en concreto)

- 150 g de mantequilla sin sal muy fría
- 100-120 ml de agua muy fría
- 200 g de harina de todo uso (repostería)
- 10 g de panela
- 1 pizca de sal

- 2 huevos L y 1 yema L, a temperatura ambiente
- 425-430 g de puré de calabaza (de bote o casero, muy bien escurrido)
- 200 ml de nata líquida para montar (sin lactosa en mi caso) a temperatura ambiente
- 50 g de leche (sin lactosa en mi caso) a temperatura ambiente
- 10 g de maizena (opcional)
- 30 g de sirope de arce o miel
- 70 g de azúcar moreno 
- 1 cucharadita de canela molida
- 3/4 cucharadita de jengibre molido
- 1/4 cucharadita de clavo molido
- 1/4 cucharadita de allspice (pimienta de Jamaica, opcional)
- 1/4 cucharadita de cardamomo molido
- 1 buena pizca de nuez moscada recién rallada
- 1/2 cucharadita de sal

Preparar la masa varias horas antes o, mejor, el día anterior. Cortar la mantequilla en cubos y llevar al congelador unos minutos. Mezclar la harina con la panela y la sal en un recipiente o el vaso de un robot o procesador de alimentos. Añadir la mantequilla y aplastar y frotar todo con las manos hasta tener una textura de migas gruesas. Añadir casi toda el agua y seguir frotando; debe quedar una textura de arena, pero que al apretar la masa se quede cohesionada. Añadir más agua si hiciera falta. Es más fácil hacer esto con el robot, triturando todo en tandas cortas.

Volcar sobre una superficie de trabajo limpiar y cohesionar la masa. Dividir en dos, poner uno sobre el otro y aplastar formando un disco. Deberían verse pegotitos de mantequilla por la masa. Envolver en film y refrigerar al menos dos horas, o hasta el día siguiente.

Engrasar el molde. Estirar la masa dejando un grosor de unos 3-4 mm y trasladar al molde. Apretar con el dorso de los dedos -enharinados si hace falta-, pero NO estirar la masa. Cortar el exceso de los bordes, dejando que sobresalga un poco. Pellizcar el borde para darle forma rizada o dejar tal cal. Refrigerar entre 30 y 60 minutos. Precalentar el horno a 175ºC mientras tanto, calor arriba y abajo.

Cubrir la masa con papel de aluminio -no recomiendo usar papel de horno-. Llenar con azúcar generosamente para que haga de peso y hornear durante 40 minutos, poniendo el molde en un nivel por debajo de la mitad del horno. Sacar y retirar con mucho cuidado el papel de aluminio con el azúcar. Pinchar el fondo de la masa con un tenedor y tapar el borde de la masa con más papel de aluminio. Volver a hornear unos 10-15 minutos, hasta que el fondo esté ligeramente dorado, no crudo. Sacar y dejar enfriar mientras se hace el relleno.

Mezclar todos los ingredientes en un recipiente con unas varillas o triturar con una batidora de brazo, de vaso o con un robot, sin batir demasiado. Dejar reposar unos minutos, dando golpecitos para que salgan las burbujas de aire y romperlas con una espátula. Verter la masa en el molde, dar de nuevo golpecitos y romper las burbujas. Hornear a 180 ºC durante unos 50 minutos, comprobando que la masa no se tueste demasiado -proteger con papel de aluminio si hiciera falta-.

Dejar enfriar a temperatura ambiente y refrigerar al menos una hora antes de servir. Está más rica pasadas varias horas, pero procurar que no esté muy fría al servir. Cuidado si tienes gatos, el olorcito de la tarta recién hecha suele atraer el interés de sus patitas.

Cuidáos mucho y cuidad a los demás. De verdad.

30 abril, 2020

Tarta de queso mascarpone y mandarina con tomillo: cumpleaños confinado



Este blog sigue cumpliendo una de las premisas con las que nacieron las bitácoras virtuales: es mi diario particular, mi cuaderno de recuerdos a los que volver cuando la vida parece haberse convertido en un extraño bucle. Y así recuerdo ahora, por ejemplo, que hace dos años también publiqué por los pelos mi tarta de cumpleaños en abril, o que el año pasado me amargué el día por, básicamente, tonterías.

Ah, qué joven e inocente era. Y qué ilusa.

Las ganas que tenía esta vez de pasar la Semana Santa y las Fiestas de Primavera en Murcia no lo sabe nadie. Mi madre se saltó una visita porque, total, nos íbamos a ver "pronto"; ya son cinco meses sin ver a la familia, y sumando. No quiero quejarme muy alto porque tampoco estamos mal, pero creo que también tenemos derecho a sentirnos tristes y añorar tiempos mejores, cada uno en sus circunstancias.


No sé muy bien cómo explicar el estado en el que me encuentro. Es muy raro. Son ya muchas semanas y lo extraordinario ha pasado a ser la rutina cotidiana. Qué rápido el ser humano se acostumbra a situaciones nuevas; nuestra capacidad de adaptación es, con sus excepciones, fascinante. En realidad siempre nos estamos adaptando a las circunstancias que nos rodean, aunque nos gusta creer que somos nosotros los que llevamos las riendas de nuestra vida. Ja.

Podemos hacer muchos planes pero al final tenemos que adaptarnos a todo lo que nos llega de fuera. Claro que, por regla general, no solemos enfrentarnos a pandemias mundiales. La nueva normalidad...

A mí ahora lo que me estresa es pensar en el futuro a medio y corto plazo, en la vida más allá de las paredes de mi casa. Sigo necesitando salir al mundo exterior y echo de menos correr, pasear, tomar el sol, ir al monte, montar en bici, salir de compras, pasear sin rumbo, descubrir rincones, quedar con amigos, coger un tren, ir al cine, ver una exposición, viajar... Pero en el fondo, no tanto. Sí echo de menos a la familia, es lo que más, pero me agobia mucho enfrentarme al mundo en estas nuevas circunstancias. La nueva normalidad... ¿qué es eso?


Me asusta el futuro como sociedad, como país, como mundo entero. Aún me aterran las cifras de mortalidad, me da mucho miedo el cataclismo económico que ya estamos viviendo, y cómo todo esto puede sacar lo peor de todos.

Acabo de borrar un párrafo en el que enumeraba todo lo que me aterra de la sociedad ahora mismo, porque prefiero centrarme en lo positivo. En cómo poco a poco nos vamos recuperando, en las muestras de solidaridad de la gente, en esa comunidad que se ha formado en tantas calles con los aplausos diarios en balcones, en los profesionales que se desloman por sacar todo esto adelante, en esos niños felices al salir a la calle por primera vez después de tanto tiempo.

Nos quedan meses, muchos meses, muy duros. Solo espero que todos sepamos ver por el bien común y dejar esa costumbre tan nuestra de mirarnos solo el ombligo. Y ojalá que realmente aprendamos algo positivo de toda esta crisis. Está claro que vivíamos encima de un castillo de naipes. Y sopla mucho viento.



Y ahora que he dejado salir pensamientos internos espontáneos a través del teclado, paso a centrarme en lo que hoy venía a compartir, una tradición de este viejo blog: mi tarta de cumpleaños. El año pasado tuve que adaptarme a las circunstancias (el horno de mis padres murió y los ingredientes disponibles para improvisar no me dejaban mucho margen), y esta vez he vuelto a estar baja de motivación. Pero no podía quedarme sin un capricho dulce, totalmente a mi gusto.

Vuelvo a echar la vista atrás y compruebo que llevo ya una buena racha de tartas muy parecidas, con el precioso molde suizo de mi abuela, una masa quebrada o tipo sablé y un relleno en el que la fruta es la gran protagonista. Me da pereza pensar en pasteles de miga abizcochada y varios pisos, y cada vez me gustan las tartas menos dulces.



Para la base se puede usar la que más os guste, como una masa quebrada o brisa normal, pero yo encuentro mucho más ricas las elaboradas con harinas integrales y combinando cereales o frutos secos. Tenía de pura casualidad mascarpone sin lactosa y fue como una iluminación divina, pero podría usarse solo queso crema, o una nata muy grasa y espesa. Si las mandarinas son realmente dulces, apenas necesitaría nada de azúcar.

Receta de tarta de queso mascarpone y mandarina con tomillo
Inspiración: receta adapta de Irina Georgescu
Ingredientes para 1 molde de unos 20-22 cm

Para la base

- 100 g de harina de centeno integral
- 100 g de harina de avena o copos molidos
- 1 cucharada de azúcar moreno
- 1 pizca de sal
- 1 pizca de ralladura de mandarina
- 100 g de mantequilla fría cortada en cubitos
- 1 huevo grande
- leche de almendra necesaria fría

Mezclar las harinas con el azúcar y la sal. Añadir la mantequilla y triturar con un robot de cocina, con una rasqueta de masa de pastelería, con un tenedor o con las manos, hasta formar una textura de migas. Incorporar la ralladura, el huevo ligeramente batido y un chorrito de leche.

Trabajar todo lo justo hasta tener una masa más o menos homogénea, maleable y blanda. Añadir más leche poco a poco si hiciera falta. Aplastar formando un disco, envolver en plástico film y llevar a la nevera. Dejar enfriar como mínimo una hora, o toda la noche.

Precalentar el horno a 180ºC y engrasar un molde de tarta rizado. Estirar la masa con un rodillo, cubrir el molde, presionando con suavidad y recortando lo que sobre. Guardar ese exceso de masa para hacer galletitas.

Pinchar con un tenedor, cubrir con papel sulfurizado, poner unos pesos de repostería o unas legumbres secas, y hornear 15 minutos. Retirar los pesos y el papel y hornear unos 10 minutos más, procurando que solo se dore ligeramente. Retirar. Bajar la temperatura a 170ºC.

Para el relleno

- 250 de mandarinas peladas
- 250 g de queso mascarpone
- 150 g de queso crema de untar
- 2 huevos
- 1 yema
- 1 sobre de azúcar vainillado + un poco de vainilla natural (yo tengo un molinillo)
- 1 cucharada de maizena
- 1/2 cucharadita de tomillo
- 1 pizca de sal
- ralladura de mandarina o naranja al gusto

Colocar todos los ingredientes en el vaso de una batidora tipo americana o minipimer, y triturar muy bien hasta tener una mezcla homogénea. Probar y añadir un poco de azúcar al gusto, si fuera necesario.

Verter en el molde, romper con una espátula las burbujas que hayan salido por arriba, y hornear hasta que haya cuajado. Comprobar el punto pinchando con un palillo en el centro, y dejar que salga ligeramente manchado, unos 40-50 minutos. Al enfriarse se solidificará más.

Servir con más ralladura de mandarina o de naranja, un poco de tomillo extra y fruta al gusto. Está más rica si se deja reposar en la nevera después de enfriarse a temperatura ambiente, pero hay que procurar no servirla muy fría.


¡Seguid cuidándoos mucho!
23 septiembre, 2019

Tarta fina de ciruelas y frutos secos (sin gluten) - ¡Otoño!




Septiembre vuelve a ser un mes extraño del que todavía no consigo eliminar esa sensación de vuelta al cole. Aunque realmente no haya tenido vacaciones de verdad, creo que es el mes en el que más ganas tengo de hacer cosas nuevas y plantear proyectos a corto plazo (que se cumplan ya es otra cosa). Sea como sea, hoy empieza oficialmente el otoño, y la fruta de esta época me estaba gritando que, por favor, horneara algo para inaugurar la temporada. Una tarta fina de ciruelas y frutos secos ha cumplido su cometido con honores.


Las últimas semanas en el campo murciano fueron más agradables en cuanto a temperaturas se refiere; al menos hacía el calor normal que permitía dormir por las noches. La invasión de moscas ya es otro tema (estoy segura de que he batido mi récord este año con el matamoscas). La primera tromba de agua, aquella que primero causó caos y descontrol en Madrid, sí pude vivirla en primera persona, corta pero intensa. Lo que no sabíamos es que semanas más tarde una gota fría terrible iba a arrasar la Región (y más zonas) incluso incomunicando el campo.



Para entonces yo ya estaba en Madrid, claro. Vine con mis padres aprovechando que ellos seguirían hasta Galicia para pasar una semana de vacaciones en La Coruña (viene muy bien tener una hija en la capital para hacer escala en estos viajes y ahorrarse hoteles); y justo regresaron un día antes de que empezaran las tormentas.

Yo he vivido más de una gota fría en el pasado, también en el campo, incluso un par de ellas muy, muy fuertes. En una ocasión nos pilló cazando conejos con los hurones de mi primo (hace como mil años de aquello, creo que fue cuando dejé de comer conejo para siempre); regresar a las casas fue toda una aventura cuando el barro y el agua se habían comido los caminos en cuestión de minutos. Pero nada comparado a lo que se ha vivido estos días.



Nuestra casa no ha sufrido grandes daños materiales, por suerte, aunque las fotos que me enviaba mi padre eran para asustarse un poco. Lo que me parte el alma es ver cómo ha quedado el Mar Menor, Los Alcázares, Los Urrutias, Los Nietos... aunque no soy playera tengo mucho cariño a toda esa zona, y duele mucho ver cómo ha quedado destrozada, y tanta gente que aún sigue limpiando haciendo balance de pérdidas. Ojalá se tomen en serio de una vez que algo hay que hacer para evitar que se vuelva a repetir algo así, y que el Mar Menor necesita ayuda urgente, si no es demasiado tarde.



La receta no tiene mucho misterio; me apetecía hornear algo con ciruelas de temporada y que tuviera alma preotoñal, que para mí se traduce en aires rústicos, dando todo el protagonismo a la fruta, sin complicar demasiado los componentes. Me gustan las tartas finas tipo wähe, que dicen los suizos, muy fáciles de adaptar a versiones sin gluten o sin harinas refinadas. La avellana molida da mucho sabor a la base, las ciruelas dulces y aromáticas protagonizan el relleno sin tener que agregar casi nada de azúcar. Sed libres de endulzarla más o añadir lo que os apetezca.



Tarta fina de ciruelas y frutos secos sin gluten
Receta inspirada en Betty Bossi y las ganas de otoño
Ingredientes para un molde de unos 20 cm de diámetro

- 120 g de harina de maíz (no maizena ni polenta)
- 80 g de avellana molida
- 1 cucharada de azúcar de abedul (o normal)
- 1/2 cucharadita de jengibre molido
- 1 pizca de sal
- 65 g de mantequilla fría sin sal
- 1 huevo no muy grande de gallinas felices
- agua fría necesaria (yo al final no usé)
- almendra molida para el relleno
- ciruelas maduritas pero aún firmes, dulces y aromáticas
- pistachos picados (o almendras, o avellanas, o nueces...)
- azúcar moreno al gusto

Si tenemos un procesador de alimentos, picadora o similar, es muy fácil hacer la masa. Disponer la harina de maíz con la avellana, el azúcar, el jengibre y la sal, y triturar unos segundos o mezclar con unas varillas. Añadir la mantequilla cortada y volver a triturar o batir con batidora de varillas hasta tener una textura de migas.

Incorporar el huevo y volver a triturar, removiendo de vez en cuando, hasta obtener una masa húmeda, homogénea y maleable, no muy pegajosa (se debe despegar de las paredes del cuenco). Compactar, envolver en plástico film y dejar como mínimo media hora en la nevera.

Precalentar el horno a 180º C y engrasar con mantequilla un molde de tarta rizado de unos 20-22 cm de diámetro. Lavar, secar y cortar las ciruelas en cuartos, o mitades si usáramos pequeñitas. Sacar la masa, estirar bien con un rodillo y forrar el molde, cortando lo que sobre (aprovecharla para hacer galletitas).

Cubrir el fondo con una capa finita de almendra molida y pinchar con un tenedor ligeramente. Repartir las ciruelas cortadas y agregar pistachos picados y azúcar moreno por encima al gusto. Podemos añadir también unos pegotitos de mantequilla. Hornear durante unos 30-40 minutos, hasta que la masa esté algo tostadita (sin pasarse) y la fruta burbujee.

Dejar enfriar un poco fuera del horno. Se puede tomar tibia o esperar a que se enfríe del todo. Acompañar de salsa de vainilla calentita, nata montada casera, salsa de caramelo, helado... o de nada, que está muy rica tal cual. Bueno, con un café o té, mucho mejor.


¡Disfrutemos del otoño! Que por algún motivo, es la estación del año que pasa más rápido. ¿O solo me lo parece a mí?

30 abril, 2018

Tarta de limón y queso para endulzar un cumpleaños algo desmotivado

¡Llego a publicar mi tarta de cumpleaños aún en abril! Si me hubiera colado ya en mayo habría sido extraño. Abril en mi cabeza es sinónimo de mi cumple, y con mayo visualizo a mi hermano. Por suerte hoy es medio puente/acueducto y tengo un ratico libre esta mañana de lunes extraño, ahora que mi gato Lito está relajado y el elfo aún sigue durmiendo. Porque esta tarta de limón y queso me endulzó un cumpleaños que esta vez llegó totalmente desganado; a partir de su cata la cosa mejoró bastante.



No es que estuviera especialmente triste o nostálgica, como siempre me ha pasado en mis cumpleaños. Un poco de morriña sí tuve, claro; es normal acordarse de los cumples pasados y cuesta tener a toda la familia lejos. Pero me pilló en medio de mucho lío y más que triste estaba agotada. Y me di cuenta de que si planear tu cumpleaños te da pereza o desdén, quizá es señal de que no deberías complicarte con nada solo por obligación.


Los días previos intenté pensar en planes para "celebrarlo", aprovechando que además caía en viernes... ¡pero nada me hacía ilusión! ¿Y eso era una tragedia? Pues al final me levanté el mismo día sin ningún compromiso, me sinceré conmigo misma y me di cuenta de que solo me apetecía darme un capricho dulce de los que más me gustan últimamente. Una tarta de base crujiente rústica con un relleno fresco, cremoso y algo ácido. Dicho y hecho, tarta de limón y queso sin lactosa sin más florituras. Nada de tartas complicadas o elaboraciones complejas.


Hacía tan buen día que solo me apetecía pasar media tarde viendo series con el elfo mientras merendábamos la tarta, y luego pasear por El Retiro sin rumbo y sin prisas. El parque estaba espectacular, verde y florido, con un cielo azul precioso y una ligera brisa de primavera. Después fuimos a cenar -¡sin reserva! ¡A lo loco!- a un restaurante que me gusta mucho y listo. Un cumpleaños tranquilo.


Tengo que confesar que estuve  punto de publicar esta receta el jueves pasado, pero ya sabemos lo que ocurrió. No quería traer la rabia, la impotencia y la tristeza que me invadió hasta aquí, pero tampoco puedo ignorarlo. Quiero acordarme de todo cuando relea esto dentro de unos años, no lo podemos olvidar.



Me niego, eso sí, a que me estropeen el dulce recuerdo de esta tarta. La hice a mi gusto improvisando un poco y me encantó; quizá no fue un cumpleaños especial pero lo pasé como a mí me apetecía y con quien más quería en ese momento. Y por eso quizá sí guarde un recuerdo especial en mi memoria cuando vuelva la vista atrás en el futuro. ¡Son ya muchos pasteles y tartas de cumple compartidos con vosotros!


Receta de tarta de limón y queso
Inspiración: mi cumpleaños
Ingredientes para un molde de unos 22 cm

- 100 g de harina de avena
- 100 g de harina de espelta
- 1 pizca de sal
- 1/4 cucharadita de cardamomo molido
- 1 cucharada de azúcar fino (tipo caster, no glasé)
- ralladura de limón
- 100 g de mantequilla sin sal muy fría
- 1 huevo

- 3 huevos camperos grandes
- 200 g de nata para montar sin lactosa
- 200 g de queso crema sin lactosa
- 75 g de azúcar (o equivalente en edulcorante al gusto, algo más si te gusta más dulce)
- 1 pizca de cúrcuma (opcional)
- 1 buena pizca de sal
- 125 ml de zumo de limón recién exprimido y colado
- ralladura de limón al gusto

Combinar en un procesador de alimentos o batidora de vaso las harinas con la sal, el cardamomo, el azúcar y la ralladura de limón. Añadir la mantequilla fría cortada en cubos y triturar hasta que quede una textura de migas. Incorporar el huevo y trabajar hasta tener una masa homogénea y lisa.

Aplanar con las manos para formar un disco y envolver en plástico film. Dejar reposar en la nevera como mínimo 30 minutos. Precalentar mientras tanto el horno a 180ºC y engrasar un molde de tarta rizado.

Estirar la masa con un rodillo y cubrir el molde. Pinchar la base ligeramente con un tenedor, poner una hoja de papel de hornear y algunos pesos -o arroz, o legumbres secas-. Hornear durante unos 15 minutos y dejar enfriar ligeramente. Separar 50 g del queso crema y cubrir con el resto el fondo de la tarta, aún tibia.

Batir con batidora de varillas a velocidad baja los huevos con la nata, los 50 g de queso crema, el azúcar o edulcorante, la cúrcuma (da color), la sal y el zumo de limón. Añadir si se desea algo de ralladura, aunque yo eché casi toda al final antes de servir.

Verter en el molde y hornear durante unos 25-30 minutos, hasta que haya cuajado. Cubrir con papel de aluminio si se empezase a quemar demasiado por arriba. Esperar a que enfríe por completo antes de servir.



Yo habría añadido una capa de salsa de fresas, pero como al elfo no le gusta mucho me conformé con acompañar mi ración con la fruta fresca. Está más rica una vez reposada en frío, aunque nosotros no esperamos mucho para hacer la primera cata.

¡Adiós abril! Nos dejas un mayo florido y hermoso; los refranes casi siempre aciertan.

31 marzo, 2018

Osterfladen - Tarta suiza para el Domingo de Pascua

Cuando vuelvo a Murcia por Navidad lo primero que me gusta hacer es salir a tomar un café con mi padre. En Semana Santa casi siempre llego con buen tiempo, así que lo que me pide el cuerpo es un helado de Chambi. El mismo miércoles sorteamos las procesiones para llegar a mi querida heladería y los dos disfrutamos de un cremoso sorbete de arándanos, como siempre, delicioso. Y charlando de todo un poco, mi padre me dijo que no recordaba ningún postre especial de su infancia en Suiza por Pascua, solo toneladas de huevos y conejitos de chocolate. "¿No conoces el Osterfladen?", pregunté, anonadada; "No me suena". Obviamente, tenía que ponerle remedio.



Y es que a veces se nos olvida que no todo el mundo de un país o región tiene por qué conocer toda la gastronomía y las recetas típicas de allí. Sin entrar en definir qué es exactamente lo "típico" y "tradicional", haber nacido y crecido en un sitio no te convierte en autoridad suprema de todo el conocimiento de ese lugar. Yo, sin ir más lejos, crecí sin saber que las monas eran típicas de Pascua -las asociaba más bien al desayuno del cole en la fiesta de Navidad, con chocolate -, y no supe que las torrijas eran tradicionales de Semana Santa hasta que dejé el instituto. ¿Por qué iba mi padre a conocer todas las recetas típicas de Suiza?



Por eso me hacen gracia los típicos comentarios de "Pues estuve en Italia y la pizza no era tan buena" o "Tengo un compañero italiano que hace la carbonara con nata". ¿Es que en tooooda Italia hacen por norma una pizza exquisita? ¿Saben toooodos los italianos cocinar como los ángeles? Lo dudo mucho, igual que en España te pueden servir una paella o un gazpacho horrible en muchos sitios. ¿Todos los españoles cocinan bien el arroz, o las croquetas, o la tortilla de patatas? Ojalá.



Claro que es más probable que los habitantes de un lugar conozcan mejor los platos y recetas típicas de allí, pero no siempre se cumple. Mi padre es el vivo ejemplo de ello; en Suiza es tradicional preparar una tarta o pastel para celebrar la Pascua, pero en sus recuerdos de infancia solo hay sitio para los huevos y el chocolate. Mi abuela preparaba algún plato fuerte familiar y dejaba el apartado dulce a todos los chocolates y golosinas varias que dejaba el Conejo de Pascua para los niños. Y por eso mi padre me miró raro cuando le pregunté por el Osterfladen.



Hay varias versiones de esta tarta, cuyos orígenes parecen remontarse al siglo XVI o XVII. También aparecen variantes con los nombres de Osterkuchen (como la que os enseñé el otro día) u Osterchüechli (normalmente en formato pequeño individual), aunque el Fladen se suele emplear más para la receta más tradicional. Todas son tartas redondas y no muy altas, con una base de masa quebrada más o menos dulce. El relleno del Osterfladen es cremoso pero hay dos grandes variantes: con arroz o con sémola (Griess). Además hay versiones que combinan ambos ingredientes, y otras que no tienen ninguno de los dos.



Esa ha sido mi apuesta final. El relleno de arroz no me convence porque es más difícil pillarle el punto al grano y sabía que a mi madre le iba a parecer raro; sémola no tenía ganas de comprar para dejar luego casi el paquete entero condenado al olvido en esta casa. Así que mi Osterfladen está relleno solo con las tradicionales pasas, almendras y esa crema tan rica que yo preparo sin lactosa. Es una tarta muy fácil que os animo a probar en cualquier momento del año.


Receta de Osterfladen o tarta suiza de Pascua
Inspiración: ligeramente modificada de Betty-Bossi
Ingredientes para un molde de unos 20 cm

- 100 g de copos de avena (o harina de avena)
- 100 g de harina de trigo
- 1 pizca de sal
- 2 cucharadas de azúcar
- 1/4 cucharadita de esencia de vainilla
- 100 g de mantequilla sin sal, muy fría y cortada en cubitos (y un poco más para el molde)
- 1 huevo L

- 40 g de uvas pasas sultanas (remojadas en ron, opcional)
- 2 cucharadas de almendra molida
- 3 huevos L
- 70 g de azúcar
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- ralladura de 1 limón
- 1 buena pizca de sal
- 400 g de nata para montar (sin lactosa)
- 15 g de maizena tamizada
- azúcar glasé para decorar

Yo he usado la picadora de la batidora de mi madre. Triturar primero los copos de avena hasta dejar una textura fina; añadir la harina de trigo, la sal, el azúcar y la vainilla, y triturar un poco. Agregar la mantequilla y volver a triturar hasta que quede una textura de migas. Incorporar el huevo y volver a triturar hasta que se amalgame todo.

Terminar de trabajar la masa a mano para compactarla, pero sin manosearla mucho. Formar un disco plano y envolver en plástico film. Llevara la nevera como mínimo 30 minutos, mejor una hora completa si ya hace calorcito. Engrasar mientras tanto el molde con mantequilla y una pizca de harina tamizada.

Precalentar el horno a 200ºC. Picar las pasas y mezclar con la almendra molida. Es importante que las pasas sean jugosas y tiernas, si estuvieran muy secas aconsejo dejarlas a remojo en ron o zumo de naranja. Estirar la masa dándole forma redondeada y cubrir el molde. Pinchar ligeramente la base con un tenedor y repartir la mezcla de pasas y almendra.

Disponer los huevos en un recipiente y batir ligeramente con el azúcar, la vainilla, el limón y la sal. Añadir la nata y batir un poco más. Incorporar la maizena y volver a batir a velocidad baja hasta lograr una crema homogénea, sin grumos. Verter con suavidad en el molde y llevar al horno.

Hornear durante unos 10 minutos, bajar la temperatura a 180ºC y continuar la cocción hasta que al pinchar con un palillo salga limpio. Si se dorase mucho, cubrir con papel de aluminio. Dejar enfriar completamente antes de desmoldar o decorar con azúcar glasé.



Lo típico es decorar el Osterfladen con algún motivo de Pascua, algo muy sencillo sacando una plantilla de las redes. Las siluetas de conejos son lo más tradicional y quedan muy bien; yo copié el mío de alguna web directamente poniendo un folio encima de la pantalla.

Está más rica si se deja reposar unas horas, incluso es buena idea hornearla por la noche para servirla al día siguiente. Mejor guardarla en la nevera, que ya han subido las temperaturas de verdad, y fresquita también sienta de maravilla.

¡Feliz Pascua!
28 marzo, 2018

Osterkuchen: Tarta de Pascua de zanahoria, otra receta suiza

¿Estáis todos de vacaciones? La Semana Santa la pasa cada uno un poco a su manera, pero espero que sea como sea podáis disfrutar de estos días. Yo ya estoy en Murcia -prefiero no hablar del viaje en tren- y con ganas de exprimir al máximo estos pocos días de mi tierra y mi familia. ¡Y de hornear! Aquí esperan que empiece a preparar dulces y no puedo negarme, claro... Mientras decido si me tira más el lado materno o paterno, os dejo con esta receta de Osterkuchen o Tarta de Pascua de zanahoria, un básico de la repostería suiza que tenía ganas de probar.



Yo probé la repostería con zanahoria mucho antes de que se pusiera de moda el carrot cake por aquí. ¿Recordáis cuando sonaba raro pensar en un pastel o galletas con zanahorias? Y hoy es un postre ya imprescindible en cualquier restaurante o pastelería, aunque con demasiados engendros industriales que solo saben a azúcar y mala mantequilla.



Mi tarta de zanahoria favorita es suiza, no lleva relleno ni crema de queso, y tampoco contiene mantequilla o aceite. Es la Aargauer Rüeblitorte y no puedo dejar de recomendarla a todo el mundo. Quizá caiga una variante aprovechando la Pascua estos días... ¡Es tan rica! Y yo tengo muy asociadas las zanahorias con la Semana Santa, precisamente por la influencia suiza. Ahora ya tenemos la parafernalia pascual europea bien integrada con nuestras procesiones, torrijas y pestiños, pero en mi infancia todavía era algo raro por aquí.





Cada vez valoro más nuestra cultura y patrimonio asociado a la Semana Santa -cómo no hacerlo, con la importancia que tiene en Murcia y con esos magníficos pasos de Salzillo-, pero cuando era niña vivía ajena a todo eso. Eran días de vacaciones en el campo y algún pequeño viaje, de pintar huevos de Pascua y salir a buscarlos por el jardín, de comer huevos de chocolate y de jugar con muñecos de pollitos, conejos y zanahorias. Hoy me gusta disfrutar de todo 😏.



Esta tarta es muy sencilla y se puede adaptar a diferentes moldes. Si usáis uno más pequeño, quedará más gordito el relleno, y también se puede preparar en moldes individuales. La masa de base se trabaja muy bien con un procesador de alimentos o trituradora; en cualquier caso recomiendo usar la mantequilla muy, muy fría. Yo apenas le añado azúcar y el relleno también lo he rebajado de dulzor, prefiero potenciar las especias. En cualquier caso, os indico las cantidades originales por si sois demasiado golosos.


Osterkuchen o pastel de Pascua de zanahoria suizo
Receta adaptada de swiss milk
Ingredientes para un molde de unos 20 cm de diámetro

- 100 g de harina de repostería
- 100 g de harina de avena
- 1 sobre de 8 g de azúcar vainillado (75 g de azúcar blanco en el original)
- 1/2 cucharadita de sal
- 100 g de mantequilla sin sal muy fría y cortada en cubos pequeños
- 1 huevo L

- 200 g de zanahoria (pesada ya pelada)
- 100 g de nata para montar
- 2 huevos L
- 3 cucharadas de azúcar moreno o panela (5 en el original; también he probado a hacerla con edulcorante líquido y queda bien)
- 2 cucharadas de maizena
- ralladura de limón
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- una pizca de canela
- azúcar glasé, zanahorias de mazapán, huevos de chocolate... para decorar

Mezclar a mano o con un robot de cocina las harinas con el azúcar y la sal. Agregar la mantequilla y triturar hasta que quede una textura de migas. Añadir el huevo ligeramente batido y continuar mezclando lo justo hasta tener una masa que se pueda cohesionar. Formar un bloque plano, envolver en plástico film y dejar en la nevera como mínimo una hora.

Precalentar el horno a 200ºC y engrasar un molde de tarta de borde rizado, de unos 20 cm de diámetro. Trocear las zanahorias ya lavadas, peladas y pesadas, y cocer al vapor o en el microondas, hasta que estén tiernas. Dejar enfriar un poco.

Batir en un recipiente la nata con los huevos, el azúcar, la vainilla, ralladura de limón y canela. Añadir la maizena tamizada y batir un poco más. Incorporar las zanahorias y triturar el conjunto con una batidora de brazo o con un robot, hasta obtener una mezcla homogénea.

Estirar la masa de la nevera y forrar el molde, procurando que quede uniforme, y con un grosor no superior a 4-5 mm. Si sobra masa, recomiendo guardarla y hornearla en forma de mini galletas (no hay que tirar nada). Echar el relleno y hornear durante 10 minutos. Bajar la temperatura a 180ºC y seguir horneando unos 20-30 minutos más.

Si se dorase demasiado por encima antes de terminar de cuajar, cubrir con papel de aluminio. Esperar a que se enfríe completamente antes de desmoldar y decorar. Conservar en la nevera.



Bueno, hace un día espectacular y el cuerpo me pide salir a recibir los rayos de sol, ahora que todavía se agradecen. A ver si puedo inaugurar la temporada de helados mientras veo pasar a los Coloraos, una de las procesiones más queridas de la ciudad :). ¡Disfrutad de estos días lo que podáis!
24 octubre, 2017

Tarta de ciruelas con almendras, coco y ron - Receta para desayunos en familia

La última semana he sido más feliz porque por fin refrescó un poco. Fue pasajero y la lluvia duró muy poco, pero sirvió para renovarme el ánimo. El elfo puede dar fe del mal humor y la bilis que tenía acumulada con este otoño estafador. Me da mucha rabia "desperdiciar" el mes de octubre con el maldito veroño, sobre todo porque en nada estaremos ya con la Navidad encima y todo el ambiente otoñal será un mero recuerdo. Así que, ¡a hornear! Esta tarta de ciruelas con almendras, coco y ron fue el desayuno de mi casa los días que tuve a mis padres de visita 😊.

Plum tart

Eso sí, con ellos salimos a recorrer el centro en sandalias, manga corta y luciendo piernas. Muy práctico para las maletas y para organizarnos en casa, pero me dio pena no compartir el Madrid más otoñal, porque es una ciudad preciosa en esta época. Sí pudimos pasear un poco por El Retiro ya algo teñido de tonos ocres, con hojas cayendo y castañas en los caminos, aunque en lugar de repostar con chocolate o café caliente nos refrescamos a la sombra con tónicas y helados. Un otoño extraño.

Plum tart

Me gustaría recuperar mi vieja costumbre de compartir por aquí otras cosas más allá de las recetas, aunque sé que son lo que más atención y visitas trae 😛. Pero a mí lo que me gusta es continuar con mi blog tal y como yo quiero llevarlo, que al fin y al cabo así empezó todo. Es mi rincón donde compartir las cosas que me apetecen, y a las que volver pasado el tiempo para recordarlas. Por ejemplo, los regalitos gastronómicos que han ido llegando a casa en los últimos meses, porque la gente me conoce demasiado bien y sabe lo que me gusta, o crónicas de viajes y alguna escapada que está por el tintero. ¡Y la gastronomía en el arte! Con lo que me gustaba esa sección...

Plum tart

Quién sabe, igual con el cambio de hora y las tardes-noches largas me inspiro y saco un rato para volver a todo ello. Mientras tanto me conformaré con ser capaz de actualizar al menos una vez a la semana, y hoy lo hago con esta rica tarta de aire otoñal. Porque aún estamos en temporada de ciruelas y son deliciosas para hornear con ellas.

Me recuerdan mucho a Suiza, a casa de mis abuelos, donde tantos vecinos tienen árboles que a finales de agosto ya empiezan a regalar su rica fruta. Mi abuelastra siempre tiene mermelada de ciruela casera, y en la panadería del pueblo no faltan los pasteles y tartas rebosantes de esta fruta. Al elfo los dulces demasiado cargados de fruta no le hacen mucha gracia, así que aproveché la visita de mis padres para improvisar una tarta estilo Wähe, que algo típicamente suizo y a mi padre le chifla. Son tartas/pasteles de las de extender una masa similar a la quebrada o brisa, con un relleno generoso de fruta, a veces con crema o con una mezcla de queso dulce. 

Plum tart

Yo prefiero hacer una masa más rústica añadiendo frutos secos o harinas diferentes, con poco azúcar, y rellenarlas con mucha fruta. Tenía coco para gastar así que aproveché para combinarlo con almendras para la cobertura, y además añadí un chorrazo de ron bueno -regalo de mi suegra que solo uso para cocinar- que dejó la fruta más jugosa. Y sobre la masa, un poco de mermelada casera para que las ciruelas se asentaran mejor, dando un toque más dulce sin empalagar. Una frangipane hubiera quedado de muerte también. ¡Improvisad al gusto!

Receta de tarta de ciruelas con almendras, coco y ron
Inspiración: las Wähe suizas y mis antojos del momento
Ingredientes para la masa

 - 75 g de mantequilla sin sal muy fría
- 1 huevo L
 - 1 sobre de azúcar vainillado (unos 8 g)
- 1 pizca de sal
- 50 g de almendra molida
- 170 g de harina de repostería
- 30 g de harina de maíz (no maizena) - leche fría necesaria

Ingredientes para el relleno (a ojo, totalmente personalizable)

- mermelada casera (de fresa en mi caso)
- 600-800 g de ciruelas dulzonas pero no muy maduras
- azúcar moreno
- almendras laminadas o troceadas crudas
- ralladura de naranja o limón
- coco rallado - láminas de mantequilla (opcional)
- chorrito (o chorrazo) de ron o zumo de naranja)

Precalentar el horno a 175ºC y preparar un molde de tarta bajo, de unos 20-22 cm de diámetro. Yo forro el fondo con papel y engraso los laterales.

Cortar la mantequilla en cubos y triturar con el huevo, el azúcar, la sal, la almendra, la harina de trigo y la de maíz. Es mejor si se hace con procesador de alimentos, pero a mano también sale bien. Cuando tengamos una textura de migas, agregar leche fría poco a poco hasta que se pueda formar una masa suave, no pegajosa ni tampoco que se desmigue.

Si está todavía fría se podrá extender fácilmente en el molde. En caso contrario, envolver en plástico film y dejar enfriar en la nevera una media hora. Estirar un poco con rodillo y colocar sobre el molde, ajustándolo con las manos. Extender una capa de mermelada y llevar a la nevera.

Lavar y cortar las ciruelas en cuartos o como más nos guste. Cuando tengamos unos 500 g listos, sacar el molde y colocarlas sobre la mermelada, con los cortes hacia arriba. Procurad meter toda la fruta posible. Ahora ya quedan los toques al gusto: azúcar moreno, unas cuantas almendras, algo de coco, ralladura cítrica, unas láminas de mantequilla... Si echáis ron, mejor a mitad de la cocción.

Hornear durante unos 30-45 minutos, vigilando que no se queme. A los 15 minutos, añadir un poco de ron o zumo de naranja, salvo que la fruta sea muy madura y esté soltando mucho líquido. Dejar enfriar por completo antes de servir. Está rica tibia, pero mejora con el paso de las horas.

Plum tart

Voy a ignorar que estamos de nuevo con el protocolo de contaminación activo y que no se espera lluvia en no se sabe cuánto tiempo. Yo ya he guardado la ropa de verano, no quiero volver a verla en mucho tiempo, gracias. ¡Me encanta volver a llevar chaqueta!

Cuidáos mucho, que hay virus sueltos y el elfo ha pillado el primer catarrazo de la temporada. ¡Espero que no me haya contagiado! 😌
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