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| Imagen de raspberrytart |
Cuando eres un niño parece que la Navidad gira en torno a los regalos. Cuando se acercan las fiestas recibes amenazas de "si no te portas bien no vendrán los Reyes Magos" y cosas por el estilo. Escribes la carta Papá Noel o a sus Majestades, alucinas viendo los anuncios de juguetes, destripas los catálogos sin saber qué elegir y qué no, haces balance de si has sido bueno este año y qué es lo que puedes pedirte... Y cuando por fin te han dejado tus regalos, los abres como un poseso para descubrir si te han traído lo que habías pedido, y si es así, llega el éxtasis.
Pero luego te haces mayor y empiezas tú también a hacer regalos por Navidad. Y yo tengo que decir que me gusta muchísimo más regalar que recibir, y lo afirmo con total sinceridad. Cuando se acerca diciembre y me preguntan "qué quieres por Navidad", cada año tengo menos respuestas, y es que me paso mucho más tiempo dándole vueltas a lo que yo puedo regalar a los demás que a lo que me podría hacer ilusión a mí.
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| Imagen vía tumblr |
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| Imagen de Anastasia Abramova |
Por eso aprovecho la excusa de la Navidad para regalar muchas cositas a todo el mundo, y la verdad que los dulces caseros son una manera genial de repartir felicidad entre la gente :-). En estas fechas nadie rechaza paquetitos llenos de galletas. Además me encanta la parafernalia que rodea a los regalos, y eso que yo no soy en absoluto una manitas en el arte de envolver. Pero no puedo evitarlo, me vuelven loca los papeles de regalo bonitos, los lazos, los cordones, las cintas, las etiquetas, las cajitas... ¿Hay algo más bonito que un precioso regalo envuelto con cariño y esperando ser abierto bajo el árbol?
Por cierto, tengo muchas ideas en la cabeza pero aún no he podido dedicar tiempo a los regalos navideños de este año. ¡Al final, siempre con prisas! ;P.













