14 febrero, 2018

Pastel húmedo de chocolate y calabaza (sin gluten y sin lactosa)

San Valentín no es precisamente mi festividad favorita, pero me da mucha rabia la gente que dirige todo su odio y cinismo hacia el 14 de febrero porque es "un invento de la publicidad/grandes almacenes/americanos/...". Pues no, los orígenes de San Valentín se remontan a la antigua Roma y el culto del santo -que probablemente eran dos mártires distintos- empezó en la Alta Edad Media. Claro que antes era sobre todo el protector de los epilépticos, su relación con los enamorados llegaría un pelín más tarde cuando a Geoffrey Chaucer se le ocurrió meter en un poema que este día las aves se emparejan para anidar. Pero esa es otra historia, yo venía hoy a compartir este pastel húmedo de chocolate y calabaza porque... sí, siempre aprovecho San Valentín para traer tentaciones chocolateadas.



Fue una prueba que improvisé hace un par de semanas cuando me entró un antojo de los míos. Lo llamo antojo aunque sé que es pura gula por el sabor intenso del chocolate negro, que es el único que realmente me gusta y disfruto. Quería preparar algún postre no demasiado pecaminoso en el que el chocolate fuera el gran protagonista, con una textura húmeda y jugosa, sin empalagar. Mirando el calendario pensé que era ya hora de volver a sacar los moldes de corazón y jugué un poco con recetas ya probadas, pero reduciendo mucho el azúcar y cambiando la mantequilla tradicional por calabaza.


Todavía tengo raciones de calabaza asada en el congelador, y antes de que se terminen los ejemplares que tengo en el trastero -a modo de despensa, allí están estupendamente bien, al fresco y sin contacto con luz solar- volveré a preparar una tanda para no quedarme sin reservas antes de la próxima cosecha. En realidad podéis usar otro sustituto vegetal/sanote que prefiráis: boniato asado, calabacín rallado, puré/compota de manzana, yogur natural, mantequilla de cacahuete pura -más sano pero más calórico, claro-, alubias trituradas... No pongo la mano en el fuego para estas alternativas porque no las he probado, pero intuyo que mal no puede salir.


La receta es bien simple y no tiene gluten porque no lleva ningún tipo de harina, ni siquiera frutos secos molidos. Además he usado azúcar de abedul o xilitol, que se supone que no sube los niveles de azúcar en sangre y no produce caries. Que sea más "sano" ya lo pongo en duda, pero eh, me regalaron el bote y habrá que darle salida. Podéis usar azúcar normal o el endulzante que más os guste y os funcione; aviso de todas formas que es una receta poco dulce, ya que buscaba el sabor intenso del chocolate. Si luego os parece soso podéis servirlo con una ganaché o con un buen cargamento de azúcar glasé, no os voy a juzgar por ello.


Receta de pastel húmedo de chocolate y calabaza sin gluten
Inspiración: lejanamente basado en el mejor pastel de chocolate suizo
Ingredientes para un molde mediano o unos 10 pastelitos

- 200 g de chocolate negro de buena calidad
- 200 g de puré de calabaza asada escurrida
- 5 huevos
- 50 g de azúcar de abedul o azúcar normal
- 1 cucharadita de cacao puro en polvo
- 1 pizca de sal
- 1 pizca de canela molida
- 5 ml de esencia de vainilla

Precalentar el horno a 175ºC y preparar el molde deseado. Yo lo engraso con un poco de aceite y luego añado cacao en polvo tamizado. Dependiendo del tamaño nos saldrán las porciones más gorditas y más jugosas por dentro, eso depende ya del gusto.

Derretir el chocolate al baño maría y dejar enfriar un poco. Separar las yemas de las claras en recipientes distintos.

Batir las yemas con el azúcar hasta que espesen mucho y adquieran un color pálido. Añadir el chocolate derretido, la calabaza, el cacao, la sal, la canela y la vainilla, y mezclar con varillas hasta que quede una crema homogénea.

Aparte montar las claras de huevo hasta que queden a punto de nieve. Añadir en varias tantas a la primera mezcla, con movimientos envolventes, hasta conseguir una masa homogénea sin grumos. Verter en el molde o moldes, igualando bien la superficie, y hornear unos 20-25 minutos, hasta que al pinchar el centro salga el palillo casi-casi limpio.

Dejar enfriar dentro del molde antes de sacar porciones. Servir con azúcar glasé tamizado, helado de vainilla, frutos rojos, crema inglesa, nata, salsa de yogur, ganaché de chocolate caliente... ¡imaginación al poder!



Solo queda compartirlo con quien más queráis, sea hoy, mañana o dentro de dos meses. Y es perfectamente válido dedicárselo a uno mismo ;). Ahora en invierno aguanta bien a temperatura ambiente, cubierto, pero si va a durar más de un par de días es mejor guardarlo en la nevera.
08 febrero, 2018

Calabaza y coles de bruselas asadas con zataar - N I E V E



Me hubiera gustado publicar antes esta receta de calabaza y coles de bruselas asadas con zataar, pero a veces pasan cosas que te alteran los planes. Y en este caso ha sido la naturaleza, que no sé si será sabia o no, pero se ha dado cuenta de que estamos en invierno y ¡por fin! he visto nevar de verdad en Madrid. Quizá alguien recordará mi emoción de años pasados cuando caían míseros copos que apenas cuajaban unos instantes en la sombra, pero esta vez ha sido real.



Ya el domingo empezó la cosa a ponerse seria, y me emocioné viendo que cuajaba un poquito en el parque de las zonas comunes, pero ¡oh, el lunes! Menuda nevada. Nuestro gato Lito y yo nos quedamos embobados mirando por la ventana, y tuve que salir -obviamente- a sacar algunas fotos del barrio. Volví con cubitos de hielo chorreantes en lugar de pies, pero nada podía quitarme esa sensación de ilusión infantil que se apoderó de mí.



Sé que la nieve es muy bonita recién caída, cuando no sopla ventisca y permanece en zonas que no sean lugares de paso constante de peatones y vehículos. Que crea un mejunje gris helado al derretirse en la carretera, que provoca accidentes, atascos y más molestias. Y sé que, en el fondo, lo que cayó no fue para tanto. Pero... qué queréis que os diga, para una murciana como yo, con genes suizos corriendo por las venas, la visión de la nieve en vivo y en directo es emocionante.


El caso es que me trastocó los planes y echó al garete mi perfecta organización de la semana, pero no me quejo. Tampoco me quejaré del frío, que ha cogido el relevo de la nieve, porque realmente no me molesta. El viento sí es un incordio, pero por ahora las bajas temperaturas las llevo bien, incluso disfruto mucho al salir a correr. Creo que todavía me acuerdo de lo mal que lo paso en verano 😌. ¡Y todavía queda nieve cuajada en algunas zonas de por aquí! Qué bonita es la nieve en zonas naturales cuando además luce el sol 💜.


Creo que la nueva casa es menos fría que el mini pisito donde vivíamos antes. Al menos, si fuera por mí, apenas pondría la calefacción. Claro que la mayoría de veces en las que el elfo se queja de que está congelado -y lo dice desde el sofá bajo una manta-, yo ando con el horno encendido, o amasando pan, o tostando algo en la sartén, o removiendo algún guiso. Es que la cocina calienta el cuerpo y el espíritu, incluso antes de empezar a pegar bocado.


El horno es un buen amigo para calentarse, y también para sacar lo mejor de muchas verduras. Ya sabréis que me chifla asarlas, no tiene ni punto de comparación con el hervido o la sobrecocción en agua. El vapor me gusta, pero hay que controlarlo muy bien para dejarlas al dente. Y asándolas se crea una reacción de Maillard fabulosa, dejándolas tostaditas y crujientes por fuera, concentrando todos los sabores... Creo que en cuanto termine de escribir esto voy a ver qué puedo asar hoy.


¿Y el zataar? Pues es una mezcla de especias que me tiene enganchadísima, porque incorpora entre otras muchas cosas sésamo tostado, que le da un puntito riquísimo a casi cualquier cosa. Podéis buscar recetas para hacerlo casero, comprarlo en tiendas especializadas o tener un primo casado con una israelí que te lo trae cuando va a su tierra, como yo 😛. O, simplemente, sustituir el zataar por la mezcla de especias que más os guste 😏.

Receta de calabaza y coles de bruselas asadas con zaatar
Inspiración: el invierno
Ingredientes a ojo según convenga

- 1 calabaza tipo cacahuete (butternut squash) o la que más nos guste
- 250-300 g de coles de bruselas (nacionales, por favor)
- 1-2 cucharadas de zaatar o mezcla de especias al gusto
- aceite de oliva virgen extra de buena calidad
- vino blanco, sidra o agua
- zumo de mandarina o naranja
- vinagre de manzana o de sidra
- salsa Worcestershire (al gusto, opcional, cuidado que no es apta para vegetarianos)
- sal (cuidado que el zaatar ya suele llevar)

Precalentar el horno a 200ºC y preparar una llanda o bandeja de horno grande.

Pelar la calabaza, abrir y retirar las semillas. Cortar en cubos. Lavar las coles de bruselas, quitar las posibles hojas dañadas y cortar por la mitad si fueran muy grandes.

Colocar ambas verduras en la bandeja. Mezclar el resto de ingredientes en un cuenco, batir un poco y echar por encima. Remover bien, mejor con las manos, y agregar un pelín de sal si fuera necesario.

Asar durante unos 30-40 minutos, removiendo de vez en cuando y vigilando el punto de cocción que más nos guste. Lo ideal es que se caramelicen un poco por fuera.



¿Y con qué acompañarlas? Se pueden tomar de mil maneras: como guarnición de carnes, pescados, tofu o legumbres, en plan ensalada templada con algún grano o cereal, combinadas con otros ingredientes en una especie de buddha bowl, con huevo escalfado o cocido... y solas están de muerte.

¡Abrigáos bien!

28 enero, 2018

Bizcocho integral de espelta y almendra con aceite arbequina

No era mi intención volver con otro bizcocho, pero es lo que tienen los antojos. Sé que son algo puramente emocional -en el caso de las embarazadas no puedo opinar, por el momento-, pero los antojos de comida son difíciles de ignorar. Hablo de esos que te entran muy de vez en cuando, claro; si tienes antojo a diario de ventilarte una bolsa de patatas fritas o decorar media tableta de chocolate, ya es otro problema. Pero yo ayer tenía antojo de bizcocho de toda la vida, así que hoy os traigo esta receta de bizcocho de integral espelta y almendra con aceite arbequina.



Yo siento la "necesidad" de comer fruta a diario y me resulta muy, muy difícil pasar una jornada entera sin tomarme una manzana. Me encantan desde bien pequeña, y el cuerpo ya me lo pide si pasan muchas horas sin mi ración frutal. Otra cosa a la que no renuncio es a un poco de chocolate cada día, normalmente negro negrísimo, en ocasiones tentaciones menos sanas. Sin mi trocito de chocolate con el café después de comer siento que me falta algo. Pero eso no son antojos.



Mis antojos de salado suelen ser frutos secos y en el lado goloso los dulces tradicionales. Esos que saben a recetas de toda la vida, a meriendas y desayunos de infancia, a pueblo y a chimenea. Magdalenas, galletas rústicas y, sobre todo, bizcochos sencillos pero reconfortantes. Sin florituras, sin rellenos, sin nada más que la esponjosa miga y su olorcito tan rico al salir del horno. Mis antojos reposteros casi siempre son de dulces elaborados con aceite, quizá porque me recuerdan precisamente a mi época de niña, al bizcocho de yogur de madres y abuelas, a las magdalenas del horno del pueblo o a las pastas que traía el panadero en su furgoneta aquellos veranos.



El caso es que ayer, mientras esperaba al elfo para la comida, a punto de encender el horno para hornear una pizza, me dio el antojo de un bizcocho. Así que repasé rápidamente libros y recetas apuntadas, tuneé sobre la marcha los ingredientes a mi gusto y dejé lista la masa en 10 minutos. Y mientras comíamos el bizcocho aprovechó que estaba el horno encendido para desarrollar su magia. Preparado y listo para devorar a la hora de la merienda.



Receta de integral de espelta y almendra con aceite arbequina
Inspiración: mis antojos y este bizcocho de Secocina
Ingredientes para un molde redondo de unos 20-22 cm

- 2 huevos L
- 100 g de panela
- 1 pizca de sal
- ralladura de limón
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
- 100 ml de aceite de oliva virgen extra arbequina (o de otra variedad más suave)
- 200 ml de leche de soja (o leche normal o cualquier bebida vegetal)
- 50 g de yogur natural
- 220 g de harina integral de espelta
- 80 g de almendra molida
- 15 g de levadura química (impulsor)
- azúcar glasé para decorar (opcional)

Precalentar el horno a 175ºC y preparar un molde redondo desmontable, o uno rectangular tipo plumcake. Yo forro el fondo con papel sulfurizado y engraso los laterales, aunque en esta ocasión se me olvidó este último paso y, milagrosamente, no ocurrió ninguna catástrofe.

Batir con batidora de varillas los huevos con la panela, hasta que espesen bastante. Añadir la sal, la ralladura de limón, el aceite, la leche y el yogur, y batir un poco más. Incorporar la harina, la almendra y la levadura, y batir a velocidad baja lo justo para incorporar todo.

Remover con una lengüeta para asegurar que tenemos una masa homogénea, siempre con suavidad, y llenar el molde. Dar unos golpecitos ligeros para dejar la superficie lisa. Hornear a media altura durante unos 55-60 minutos, hasta que al pinchar con un palillo salga prácticamente limpio.

Esperar un poco fuera del horno, desmoldar con cuidado y dejar enfriar completamente sobre una rejilla. Decorar con azúcar glasé tamizado cuando ya esté frío, si se desea.



Ya amanece y parece que el viento nos da una tregua por aquí. En un ratillo iré al mercadillo con mi suegra, luego intentaré trotar un rato y más tarde tendemos la típica comida familiar. Ayer me pasé toda la tarde limpiando y ordenando, hoy espero relajarme y desconectar de verdad, ¡que para algo es día de descanso!

¡Feliz domingo!
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