| Santa Lucila bautizada por San Valentín, oba de Bassano (hacia 1575) |
Pero, ¿quién era el pobre Valentín al que hicieron santo y protector de los enamorados? No era un niño regordete con flechas amorosas, eso desde luego.
Pues resulta que lo habitual es unir bajo un mismo santo a dos religiosos: el sacerdote romano decapitado en el año 268, y el obispo decapitado en el 273. Curiosamente, a ambos se les dio sepultura en la vía Flaminia, lo que unido al mismo sufrimiento que padecieron hace que se identifiquen los dos bajo la misma figura del mártir. El culto a San Valentín como protector de los enamorados empezó en la Alta Edad Media, y se hizo especialmente popular en los siglos XVIII y XIX, con la costumbre de que entregar tarjetas a la persona amada, y también flores o algún dulce. Con la industrialización llegaron las tarjetas producidas en masa, que dieron paso a otros comerciantes a sacar partido de la fecha, explotando el fenómeno cada vez más, hasta hoy.
Y por cierto, también es protector de los epilépticos. Muy romántico, sí.
Bueno, al lío con mi receta de hoy, que en realidad la preparé hace unas semanas pero he pensado que no viene nada mal a propósito del 14 de febrero. No tiene forma de corazón pero sí chocolate, que junto con los frutos rojos son para mí los pilares de un buen postre sanvalentinero. Es una especie de derivación del castagnaccio, un pastel poco dulce típico de Italia, que por lo que he visto tiene muchas versiones. Cuando me encontré con una versión con chocolate me enamoré, y era la excusa perfecta para dar salida a una harina de castañas que me había dado mi suegra.
Al usar sólo harina de castañas y nada de levadura o huevo, es una masa compacta y densa, similar a un brownie, con un gran sabor a castaña que combina muy bien con un buen cacao. La clave está en que el centro quede ligeramente húmedo, y en mi opinión está más bueno de un día para otro.
Cake de chocolate con harina de castañas (castagnaccio al cioccolato)
Receta ligeramente modificada de Simona's Kitchen
Ingredientes para un molde redondo de unos 20 cm de diámetro
- 350 g de harina de castañas
- 25 g de cacao puro en polvo
- 115 g de azúcar
- sal
- 400 ml de leche de soja
- 2 cucharadas de aceite de oliva
- azúcar glasé para decorar
Precalentar el horno a 180ºC y preparar un molde redondo, de unos 20-22 cm de diámetro, preferiblemente desmontable. A mí me gusta forrar la base con papel y ya sólo engraso un poco con aceite los laterales.
Tamizar en un cuenco la harina de castañas con el cacaco en polvo y el café soluble. Añadir el azúcar y la sal y mezclar con unas varillas. Incorporar la leche de soja, el aceite de oliva y la esencia de vainillas. Mezclar todo bien hasta tener una masa homogénea.
Llenar el molde con la masa, distribuyéndola bien con una espátula para dejar la superficie igualada. Hornear sobre rejilla durante unos 30-40 minutos, hasta que la parte de arriba esté craquelada y al pinchar un palillo salga prácticamente limpio. Desmoldar y dejar enfriar sobre una rejilla. Servir con azúcar glasé, nata, frutos rojos, mermelada, siropes... O sola ;).
En Directo al Paladar he publicado recetas más propias para San Valentín: unas facilísimas galletas de Nutella, un vistoso pero facilón milhojas de chocolates con frambuesas, y un cake con aroma de lavanda, limón y glaseado de fresas. Todas son perfectamente factibles cualquier día del año ;).








