Estuvimos alojados en una casa rural estupenda que recomiendo a todo el mundo, sobre todo para parejas de amigos o familias pequeñas. Se llama Flor de Linto, y en realidad es un edificio restaurado que acoge tres apartamentos tras la reforma y restauración de lo que en otro tiempo fue una escuela. Son viviendas en dos pisos, pequeñitas pero muy apañadas, bien equipadas y muy agradables. Los dueños son majísimos y nos explicaron y recomendaron muchas cosas para hacer y visitar, tantas que nos hubiéramos tenido que quedar un mes entero para poder abarcarlo todo.
Los apartamentos están situados en pleno Valle del Miera, uno de los valles pasiegos que nos ofrece la comunidad cántabra.. La zona está llena de pequeños pueblos, algunos más bien aldeas o caseríos, todos encantadores. Su nombre nos da la pista de que se encuentran en Linto, una de estas pequeñitas poblaciones que salpican la vera del río Miera.
Desde allí se pueden realizar muchas rutas de diferente dificultad por los alrededores, incluso cruzando el río en algunos puentes para visitar los pueblos del otro lado. El paisaje es espectacular, la vegetación frondosa y el río le da un carácter especial. Es uno de los valles más angostos y con un relieve más abrupto que tiene nuestro país, pero eso no impide que esté lleno de vida. Cada pueblecito tiene su encanto y sus habitantes son en general muy simpáticos y amables.
Más abajo entramos en el municipio de Liérganes, el pueblo más grande y más turístico de la zona. Es realmente muy bonito, especialmente su centro histórico, con calles y edificios que recuerdan a un pasado medieval. Tiene un balneario que recomiendo visitar aunque sea por el carácter decadente que se respira en su cafetería, y numerosos alojamientos para turistas y visitantes. Además lo atraviesa el río y es muy agradable pasear rodeándolo o bajar hasta sus mismas orillas.
Liérganes es un pueblo que merece la pena visitar, es muy agradable para pasear tranquilamente y hacer algunas compras. Los comercios más tradicionales se mezclan con los más enfocados al turismo, pero siempre con el encanto local. Además se come de maravilla, tienen una especial pasión por el chocolate con churros, y allí fue donde compramos los primeros sobaos durante nuestra estancia.
Supongo que los más famosos son los sobaos El Macho, que se pueden ver en casi cualquier parte de Cantabria. Los venden en formato enorme o en paquetes de tamaños más razonables, y son una absoluta delicia. Nada que ver con los más comerciales que venden en el resto del país, estos saben a mantequilla-mantequilla, son tiernos y esponjosos, una auténtica delicia.
Muy cerca de nuestro alojamiento, y cercano también a Santander, se encuentra el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, un lugar muy recomendable para familias con niños o simplemente para amantes de la naturaleza y los animales. Como me dijo Paula, "es un zoo que no es un zoo", y es que se trata de un gran terreno de 750 hectáreas donde los animales viven en espacios abiertos muy amplios.
Cabárceno se recorre en coche y la verdad es que da la sensación a veces de estar en un safari, al poder observar a los animales en lontananza, pudiendo correr de verdad y moverse a sus anchas. El parque en sí mismo es muy bonito, con unas vistas preciosas de los alrededores, y ese curioso tono marrón-rojizo de la tierra, debido a que fue una explotación minera de hierro a cielo abierto.
No quiero saturaros mucho con las fotos; pronto publicaré la siguiente entrada del viaje ;).
PD. Os prometo que tenía pensado publicar esto ayer, pero justo fue el día en que Flickr decidió estar inoperativo por mantenimiento durante casi toda la jornada (el universo se pone a veces en contra mía).



