31 enero, 2012

Bizcocho de cítricos

El elfo y yo vivimos en un apartamento pequeñito pero que me encanta desde la primera vez que atravesé el umbral, y es que el espacio está muy bien distribuido. Me di cuenta cuando buscábamos piso en alquiler que no importan tanto los metros cuadrados sino cómo se organizaba el espacio y el número de habitaciones. Siendo más pequeño que otros que visitamos, resulta mucho más acogedor; es diáfano, apostando por un gran espacio central comunitario en lugar de compartimentar en muchas estancias diminutas que terminan siendo agobiantes. Y otra cuestión que me parece primordial es la presencia de luz natural, ventanas amplias abiertas al horizonte, que aumentan la sensación de amplitud espacial. Si nuestra casa fuera el doble de grande pero tuviera una sola ventana enana que diera a un patio interior o un callejón de mala muerte, me resultaría mucho más difícil vivir. Como en tantas cosas de la vida, el tamaño en sí no es tan importante :P.

Aunque el tamaño del pan que está levando a mi lado (bien tapadito) sí que me preocupa ahora mismo! He partido de una receta que dividía la masa en dos, pero como sólo tengo un baneton grande la he dejado completa, y ahora que ha empezado a crecer me asusta lo que pueda salir de ahí... Bueno, si al salir del horno sale un buen pan, lo veréis pronto por aquí :-).


Bizcocho de cítricos


Hoy volvemos a lo dulce para despedirnos de enero. Estamos a mitad del invierno y ya se ven por los mercados frutas más de primavera o verano (¡cerezas y melocotones vi el otro día!) pero me parece algo absurdo, pudiendo aprovechar los productos tan buenos que nos regala esta estación. Una de las frutas estrella son sin duda los cítricos, limones, naranjas y mandarinas, que tan buenos recuerdos me traen de mi Murcia y del huerto de mi abuelo.

Bizcocho de cítricos

Aprovechando el molde que me hizo llegar Lékué de su nueva colección de números, hornené la semana pasada un bizcocho lleno de aromas cítricos que nos alegró los desayunos unos días (pocos, por desgracia). La calidad de los productos de esta marca es de sobra conocida por todos, hornean muy bien y se desmoldan de maravilla. Me gustó que me tocara el número 8 porque es de mis favoritos, además tan simétrico, tan bonito... Conseguí lo que buscaba en este bizcocho; al ser poca masa y extenderse por todo el molde, queda planito, proporcionando una miga interior suave y esponjosa, con una fina corteza exterior bien dorada y con un puntito crujiente; como le gusta al elfo :-).

- 250 ml de queso fresco batido desnatado (se puede sustituir por yogur natural cremoso)
- 2 huevos L
- 50 gr de mantequilla derretida
- 130 gr de azúcar
- 30 ml de zumo de limón
- 60 ml de zumo de naranja
- ralladura de 1 mandarina
- 230 gr de harina
- 1 y 1/2 cucharaditas de levadura
- 1/2 cucharadita de bicarbonato
- 1/4 cucharadita de sal

Precalentar el horno a 190ºC; engrasar ligeramente el molde de silicona si se usa por primera vez y disponerlo sobre una bandeja de horno.

En un recipiente amplio, batir un poco los huevos a mano con una varillas; añadir el queso fresco, la mantequilla y el azúcar y batir todo junto. Incorporar los zumos y la ralladura de lima. Tamizar encima la harina con la levadura, el bicarbonato y la sal, mezclando todo con suavidad hasta que no queden grumos secos. Repartir con cuidado sobre el molde, igualando la superficie para que quede homogéneo. Hornear a media altura bajando la temperatura a 180ºC durante unos 40 minutos, hasta que se haya dorado bien y al pincharlo con un palillo éste salga limpio.

Esperar unos 5-10 minutos fuera del horno antes de desmoldar y dejar enfriar totalmente sobre una rejilla. Servir espolvoreado con azúcar glas.

Bizcocho de cítricos
29 enero, 2012

Hamburguesas de quinoa, lentejas y soja

Me gustan los domingos por la mañana, creo que desde siempre. Y no porque sea festivo y pueda dormir más ya que me levanto temprano por gusto y por costumbre. Ahora en Madrid suelo ir con mi suegra a primera hora al mercadillo (es curioso, en mi casa en Murcia siempre le llamamos "mercado", aquí al parecer todo el mundo le pone  el "-illo", ¿también en el resto del país?); en Murcia daba un paseo con mi padre para tomar café y quizá ver alguna exposición; y en el campo (cuando éramos pequeños mi hermano y yo siempre íbamos al campo los fines de semana), se llenaba de más gente para comidas familiares.
Pero terminada la comida el domingo deja de gustarme. Quizá me recuerda a la época escolar y lo mucho que odiaba los lunes, pero el caso es que me entra una apatía tremenda, se me quitan las ganas de hacer nada de provecho, y suele ser el momento de la semana que mi mente elige para ponerse en plan nostálgico. Por eso intento combatir ese hastío encendiendo el horno para preparar algo dulce, así que será mejor que vaya pensando en algo para hornear esta tarde-noche que además se nos ha acabado el último bizcocho...

 Hamburguesas de quinoa, lentejas y soja

Sé que hay mucha gente que el concepto "hamburguesa vegetariana/vegana" le hace fruncir el ceño. A los apasionados de las hamburguesas porque les hace añorar la carne, y a otros porque tratar de "camuflar" productos vegetales con formas "cárnicas" no les convence. Yo hace años que dejé de consumir hamburguesas "normales" porque cada vez me gusta menos comer animales terrestres, y no las hecho de menos. Me encanta disfrutar de un buen plato de cuchara o una ensalada de legumbres, pero también me gusta jugar un poco y prepararlas de formas diferentes. Puede ser un buen modo de conseguir que los niños (y no tan niños) que rechazan las legumbres se las coman sin quejarse, aunque no me convence del todo eso de esconder ingredientes. Pero lo importante aquí es que tenemos una forma diferente de consumir proteínas vegetales, que se pueden condimentar al gusto y servir como más apetezca: con salsa de tomate, de yogur, gratinadas con queso, dentro de pan de hamburguesa, con ensalada... Y se congelan de maravilla! :)

- 1/2 taza de quinoa (100 gr)
- 1/2 taza de lentejas rojas o lentejas sin piel (115 gr)
- 1/4 taza de soja texturizada fina (25 gr)
- 1 litro de agua o caldo de verduras
- 1 hoja de laurel
- 1 cucharada de levadura en copos
- 1 cucharadita de sal fina
- 1 cucharadita de ajo granulado
- 1 cucharadita de comino molido
- 1/4 cucharadita de pimienta negra molida
- 1/2 cucharadita de pimentón dulce
- 1 cucharadita de tomillo seco
- 1 cucharadita de mostaza de Dijon
- 1 cucharadita de perejil picado seco
- 1/2 cucharadita de cilantro molido seco
- 2 cucharadas de maizena
- pan rallado

Cubrir la soja con agua y dejar rehidratar durante media hora. Enjuagar y escurrir las lentejas con la quinoa varias veces. Poner en una cazuela con el litro de agua o caldo y cocer ambos durante 25-30 minutos, hasta que esté bien blando y no quede casi líquido. Escurrir y dejar enfriar un poco. Escurrir también la soja, presionando con un paño o papel de cocina para que pierda todo el líquido posible.

Hamburguesas de quinoa, lentejas y soja

En un recipiente mediano, poner la mezcla de quinoa y lentejas con la soja; añadir la levadura, la sal y todas las especias; mezclar bien. Añadir la maizena y trabajar hasta conseguir una masa homogénea y lo suficientemente compacta como para darles forma. Con ayuda de un molde de hamburguesas, o con las manos, formar las hamburguesas del tamaño deseado. Pasar con cuidado por pan rallado e ir reservándolas. Calentar aceite en una sartén y freírlas hasta que estén bien doradas  por ambos lados. Dejar escurrir el aceite sobrante sobre papel de cocina y servir al gusto.

También se pueden hacer al horno, a temperatura fuerte hasta que se hayan dorado (dar la vuelta a cada pieza para que se horneen por igual por ambas caras).

Hamburguesas de quinoa, lentejas y soja

Como sólo somos dos, sobraron unas cuantas unidades. Lo que hice con ellas fue prehornearlas, una vez pasadas por pan rallado, para que se cocieran sólo un poco. Una vez frías, las envolví individualmente en papel film y las congelé. Para consumirlas basta con pasarlas unos minutos por aceite por cada lado, y quedan igual de ricas que recién hechas.
27 enero, 2012

Pan de trigo y centeno con masa madre

¡Viernes otra vez! ¿Muchos planes para el último fin de semana de enero? Nosotros esperamos poder ir al cine hoy y tener mañana un sábado familiar, nada especial, pero tampoco necesitamos mucho más. Eso sí, a abrigarse bien que parece que vienen días fríos de verdad, y ya era hora. La familia del elfo tenía planeado ir la semana pasada a esquiar, como casi todos los años, y por falta de nieve cambiaron los planes para ir a la playa al menos para disfrutar del buen tiempo. Ojalá este invierno cálido nos traiga un verano más fresco (me gusta soñar).

Pan de masa madre

No hice una lista de propósitos de Año Nuevo como tal, pero sí que me propuse hornear más pan este 2012. Los fines de semana son ideales para ello, cuando tenemos más tiempo para estar en casa y así no agobiarnos demasiado con levados y reposos. Al regresar de Murcia hice revisión de la despensa para ver qué harinas tenía todavía dando vueltas, y así aprovechar para amasar alguna cosa. Con un poco de miedo, desperté a mi masa madre, que la tenía dormitando en la nevera desde antes de Navidad, y ella, muy agradecida por el nuevo alimento, a los pocos días estaba bien activa y lista para ponerse a trabajar. Acaba de cumplir un añito y cada vez me regala panes más ricos; ¡animáos a cultivar vuestro propio fermento! Yo seguí la guía de Ibán Yarza, sencilla y muy efectiva, pero podéis encontrar otras recetas para tener vuestra propia masa madre. La de Dan Lepard por ejemplo sé que da muy buenos resultados también, y de hecho, seguí sus indicaciones de su receta de Pan de Molino para el primer pan de este año.

Básicamente, se trata de hacer varios amasados y reposos cortos antes de la fermentación larga. Si se tiene tiempo para organizarse, es una método fantástico para dominar la masa y conseguir un pan excepcional.

Receta casada en el Pan de Molino de Hecho a Mano de Dan Lepard


- 250 gr de masa madre bien activa (en mi caso, alimentada con harina integral)
- 275 ml de agua templada
- 300 gr de harina de trigo de fuerza
- 100 gr de harina de trigo integral
- 100 gr de harina de centeno
- 1 cucharada colmada de melaza o miel oscura
- 8 gr de sal fina del Himalaya (o cualquier sal normal)
- un puñado de semillas de lino

 Mezclar en un recipiente la masa madre con el agua. Incorporar las harinas, la sal, la melaza y las semillas, mezclando bien hasta conseguir una textura homogénea, pegajosa. Engrasar con aceite la superficie de trabajo y las manos, y amasar con energía uno o dos minutos. Formar una bola, tapar con film o un paño húmedo y esperar 10 minutos. Preparar un cuenco amplio con un poco de aceite.
Amasar durante 10- 15 segundos, formar una bola y colocar en el cuenco, dándole vueltas para que se engrase; tapar con film y dejar reposar otros 10 minutos.


Pan de masa madre


Repetir este amasado corto, dejando a continuación tiempos de reposo de 30 minutos, 1 hora, y otra 1 hora. Tras esta última fermentación, amasar de nuevo 10-15 segundos, formar una bola (la masa estará mucho más manejable que al principio), tapar y dejar reposar 10 minutos. Preparar un baneton o una bandeja forrada con un paño limpio bien enharinado. Dar la forma deseada al pan (en mi caso, de bâtard, aunque me falta práctica) y dejar fermentar sobre el baneton o la bandeja con el paño. Tapar con film o con otro paño y dejar fermentar hasta que aumenten un 50% su tamaño. 

Pan de masa madre

Precalentar el horno a máxima temperatura con un recipiente con agua. Enharinar una bandeja con harina o semolina, volcar sobre ella la pieza de pan con cuidado. Practicar dos o tres cortes diagonales sobre la superficie del pan, con cuidado de no manipularlo mucho, e introducir en el horno, sacando el recipiente que teníamos con agua; bajar la temperatura a 220ºC. Vaporizar con agua el pan y las paredes del horno regularmente durante los primeros 15 minutos. Si el pan se dora demasiado, bajar la temperatura a 200ºC. Continuar horneando durante unos 50-70 minutos; la base debe sonar a hueco. Dejar enfriar sobre una rejilla antes de cortar en rebanadas.
24 enero, 2012

Bizcocho de naranja con arándanos rojos

Necesito que acabe enero ya. Creo que es de mis meses menos favoritos del año. Es cierto que su primera semana transcurre en Navidad, pero al mirar el calendario y ver ese "1" en la cifra de los meses sabes que las fiestas tienen los días contados, y le siguen semanas de reajustes, regresos a las rutinas y las noticias se llenan, otra vez, de cosas que me dan mucha pereza: rebajas, cuesta de enero, dietas, buenos propósitos, subidas de precios, exámenes... Quizá también me gusta poco enero porque aún tengo el recuerdo de los exámanes de cuando estaba todavía en la universidad, aunque ahora hasta echo de menos esa época, cuando sólo tenía que centrarme en estudiar y el negro panorama laboral todavía me esperaba en la distancia.

Hay algo que sí me gusta de estas fechas, los numerosos certámenes de premios de cine que no dejan de sucederse entre enero y febrero. El valor real que tienen es muy relativo y siempre discutible, pero me gusta que por unos días todo el mundo hable de cine, leer críticas de todo tipo, debatir sobre injusticias y premios merecidos, criticar los modelitos de la alfombra roja (o del color que sea)... Y es la excusa perfecta para empaparse de películas. Últimamente las series de televisión han relegado al cine a un segundo plato en mi tiempo de ocio, y como propósito de año nuevo tengo la intención de recuperar un poco mi pasión cinéfila. Acudir a las salas tanto como el bolsillo me lo permita, pero también disfrutar de visionados en casa; ¡especialmente ahora que tenemos televisión nueva! Se ven con detalle hasta los puntos negros de los poros de la cara de los actores... a lo mejor la alta definición ya se está pasado con tanta calidad, quita un poco de la "magia" del cine :P.

Orange cranberry bread

Tengo un par de recetas horneadas a principios de diciembre que todavía no han salido a la luz porque la Navidad y su vorágine las obligaron a esperar. No me gustaría que ser perdieran, sobre todo porque me gustaron mucho, así que hoy traigo la primera. Me gusta mucho el sabor que aporta a la repostería la naranja fresca, y su combinación con arándanos rojos o cranberries siempre es ganadora. Con glaseado sencillo o sin él, resulta un bocado delicioso en cualquier momento del día.

Receta ligeramente modificada de Wild Yeast

- 140 gr de panela (o azúcar moreno)
- 170 gr de harina integral
- 135 gr de harina de repostería
- 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
- 1 y 3/4 cucharaditas de levadura química
- 1/2 cucharadita de sal
- 30 gr de mantequilla derretida
- 1 huevo L
- 200 gr de zumo de naranja recién exprimido
- la ralladura de media naranja
- 100-150 gr de arándanos rojos (al gusto)
- azúcar glas y un poco de zumo de naranja, para glasear

Precalentar el horno a 180ºC y preparar un molde rectangular.

Mezclar en un recipiente grande la panela con las harinas, el bicarbonato, la levadura y la sal. En otro cuenco, batir un poco a mano la mantequilla con el huevo, la ralladura y el zumo de naranja. Formar un hueco en los ingredientes secos y verter la segunda mezcla. Incorporar todo con una espátula o lengüeta, con movimientos suaves, hasta que quede homogéneo. Añadir los arándanos y distribuirlos bien. 

Verter en el molde, igualando la superficie. Hornear sobre rejilla a media altura durante unos 50-55 minutos, hasta que esté dorado y al pincharlo en el centro con una brocheta o palillo salga limpio. Esperar unos minutos, demoldar y dejar enfriar totalmente sobre una rejilla.

Una vez frío, se puede glasear con una mezcla de azúcar glas tamizado con un poco de zumo de naranja.

Orange cranberry bread
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