Aviso de que esta última parte se va a hacer un pelín larga, prefiero terminar por fin con la cuarta entrega.
Para comenzar la nueva semana teníamos algunos "must see" en la lista de lugares a visitar sí o sí, con la archifamosísima Torre Eiffel encabezándola. Sin embargo, tengo que reconocer que no me hacía especial ilusión... Bueno, la primera vez que la ves en el horizonte te entra un cosquilleo de emoción (es como la confirmación de que ¡estás en París!), pero subir... pfff, pues no me interesaba tanto. Además adquirir entradas y conseguir subir hasta arriba del todo, y luego bajar, es una pequeña odisea que requiere dedicar bastante tiempo. Decidimos ir hasta sus pies en metro, analizar la situación y ya decidir qué hacer. Pero como el día amaneció tan bonito fuimos primero a visitar esa pequeña maravilla que es la Sainte-Chapelle.
Uno de los máximos exponentes del gótico en todo su esplendor, la "santa capilla" está muy cerca de Notre-Dame, hoy dentro del recinto del Palacio de Justicia. Accediendo por la cripta se sube hasta el diáfano espacio que recogen las preciosas vidrieras, sin muros, a modo de gran relicario. Construida para albergar las reliquias adquiridas por el rey Luis IX, es una joya en sí misma.
La Torre Eiffel... vale, sí, es enorme e impresiona verla desde debajo de sus enormes patas, pero más impresión me dio la marabunta de gente haciendo colas interminables y extremadamente lentas por todos lados. Así que decidimos guardar su ascenso para una futura visita a la ciudad (en temporada baja a ser posible) y nos pusimos en marcha a pie camino del Arc de Triomphe.
No lo puedo remediar, me va más el estilo clásico :P
Construido por Napoleón para conmemorar la victoria de su ejército en la Batalla de Austerlitz, imita el estilo de los arcos de triunfo romanos, buscando el simbolismo de poder imperial que estos monumentos representan. Como buen ejemplo de megalomanía, es de un tamaño considerable y merece la pena subir para tener unas estupendas vistas de los Champs-Élysées.
Una avenida en la que mejor no detenerse a comprar ni comer nada, está a rebosar de turistas y los precios, si ya son caros en general en París, aquí se multiplican. Mejor tomar el metro hasta la zona de nuestro barrio para comer en uno de los muchos restaurantes que frecuentan los lugareños.
Algo cárnico con patatas fritas caseras y buenas judías al dente.
Quiche de verduras.
Ensalada Niçoise, con anchoas y atún de sorprendente calidad, y muchos vegetales frescos debajo.
El martes es el día que el Louvre cierra (dato importante a tener en cuenta porque la mayoría de museos cierran los lunes), así que dedicamos la jornada a pasear. Cogimos el metro hasta el Sacré-Coeur para recorrer Montmartre y bajar hasta las Galerías Lafayette.
La Basílica de Sacré-Coeur es una iglesia terminada en 1914, dedicada al Sagrado Corazón que se alza en uno de los puntos más altos de la capital francesa, ofreciendo de nuevo unas vistas estupendas. Es un buen punto para pasear después por el conocido Montmartre, barrio de artistas, que aunque, como tantos sitios, se nota lo "turístico", sigue teniendo su encanto.
Y se encuentran un poco más abajo bonitas cafeterías donde poder disfrutar de un buen capuccino sin tener que dejar un riñón a la hora de la cuenta.
Cerca de la Ópera hay unas calles ideales para ir de compras (con sitios carísimos y otros más normales). Las Galerías Lafayette Haussman son de visita obligada, aunque sea sólo para admirar su interior arquitectónico, sufrir algún ataque al ver algunos precios, comprar macarons de Pierre Hermé y bajar a la zona Gourmet, especialmente por los panes de Eric Kayser y las especias (¡conseguí haba tonka!).
Sushi variado que pudimos ver cómo preparaban.
¡Me encantan las shiitake!
Por fin tocó el Museo del Louvre.
Os voy a dar algunos consejos a los que tengáis pensado visitarlo: examinar el plano el día antes y seleccionar las salas que más interesen, comprar las entradas con antelación, acudir a primera hora, ir cuanto antes a ver las obras que siempre están llenas de turistas (La Gioconda, la Victoria de Samotracia y la Venus de Milo, sobre todo), y tomárselo con calma. Es una pena que los turistas acudan como borregos en masa a hacerse malas fotos delante de lo que se supone que es importante. En serio, hay muchos cuadros mejores que la Mona Lisa, y poca gente les hace caso. Hay salas casi vacías que esconden pequeños tesoros... En fin, ellos se lo pierden. Ah, importante: no se puede ver todo en un día. Bueno, se podrá, pero es casi un suicidio y no merece la pena.
Los patios interiores con escultura francesa barroca son muy agradables.
El día y medio que nos quedaba en París lo dedicamos a hacer compras y a visitar el Centro Pompidou, muy recomendable si te interesa el arte moderno y contemporáneo. También merece la pena hacer una de las visitas en barco por el Sena, pero mejor nocturna. Realmente se ve de otra manera la ciudad desde las aguas del río, con todos los monumentos iluminados, y la vida que surge a sus orillas de noche.
Os indico a continuación algunas tiendas muy recomendables para nosotros los frikis gastronómicos ;)
Os remito además a la entrada que publicó Alba hace unos meses, que me sirvió como guía para muchas de mis compras. Muchos tienen varios locales por la ciudad, mirad los mapas y anotad los que podáis tener más cerca según vuestras rutas.
Ladurée - Pastelería (macarons sobre todo)
Pierre Hermé - Pastelería-chocolatería (macarons muy buenos, chocolates, pasteles, croissants...)
Erik Kaiser: Variedad de panes de gran calidad, con masa madre.
Pain de sucre: Panandería y pastelería.
Fauchon: Pastelería y chocolates.
Fouquet: Chocolates y dulces.
Epices-roellinger - Especializados en especias.
La Maison du Chocolat: Chocolates de muchos tipos.
Boulangerie Julien: Panadería con buenas baguettes y ricos pasteles.
G. Detou - Tienda con muchos ingredientes para cocinar y para repostería.
Kitchen Bazaar - Menaje de cocina.
E Dehilleron - Todo tipo de menaje de cocina, especialmente para hornear (muchos moldes).
Galeries Lafayette - Centro comercial con una planta especializada en alimentación.
Y antes de despedir definitivamente la crónica del viaje, una breve mención a Toulouse. Fue en esta ciudad donde paramos a descansar en la ruta de vuelta a España, y creo que merecerá la pena visitarla en otra ocasión con más calma. Tiene un centro agradable, con muchas tiendas, y muchos restaurantes especializados en crêpes. Cenamos en La Creperie du Taur, con una amplia variedad en crêpes salados hechos con harina de trigo sarraceno, deliciosos. El mío, con ratatouille. Muy recomendable.
Ahora sí, C'est fini ! ;)
Puedes ver todas las fotos y algunas más en mi galería de Flickr.



