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26 mayo, 2014

La gastronomía a través del arte IX

Demasiado tiempo ha pasado desde mi última entrada dedicada a mi otra gran pasión, el arte (y su historia). Una noticia reciente ha sido la que me ha despertado las ganas de desempolvar la sección de La Gastronomía a través del Arte, que dejé en pausa allá por el otoño de 2011 con Antonio López. Y hoy la retomo con otro artista reciente, y no es otro que Quino.


Artista con mayúsculas, pues el cómic también es arte y merece como todas las demás disciplinas dedicarle nuestra atención, investigarlo y estudiar a sus autores. Mi trabajo de fin de máster en el posgrado que cursé en Murcia tras terminar la carrera se centraba precisamente en el cómic, y es que creo que todavía hace falta reivindicarlo muchísimo más en los centros de estudio.

¿Quién no conoce a Quino? O al menos, ¿quién no conoce a Mafalda? Su personaje más entrañable y célebre, esa pequeña niña ingeniosa, que sueña con ser intérprete en la ONU para evitar conflictor internacionales y que no entiende las injsuticias de este mundo, se ha ganado por sí sola un lugar protagonista como personaje clave en la cultura popular. Anque no le guste la sopa.


Quino dejó a Mafalda seguir sola su camino hace ya muchos años, pero volver a sus viñetas no ha perdido en absoluto ninguna vigencia. Te sigues riendo con ella y sus amigos, pero las críticas y as reflexiones hacia la sociedad, la política y demás, siguen siendo perfectamente válidas hoy en día, desgraciadamente.

Yo descubrí a Quino siendo una niña gracias a los pequeños tomos de historietas que mi padre tiene en la casa del campo. Seguramente los miraba antes incluso de aprender a leer, y durante muchos años cada verano los releía. Ya de adolescente recibí el mega tomo de Todo Mafalda como regalo de Navidad, y siempre que puedo le dedico un rato a releer cualquier historia al azar.


Pero yo quería aprovechar que Quino va a recibir el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades para traer otro de sus trabajos, pues sus manos no sólo han soltado genialidad con Mafalda. Me refiero a La Aventura de Comer, publicado en España en 2008.

Se trata de un volumen de 108 páginas llenas de historietas, con viñetas únicas o varias tiras que conforman pequeñas historias, donde el tema central es la gastronomía. Camareros, glotones, carnicerías, cocineros, comidas variadas y comensales de todo tipo llenan estas páginas siempre con el humor típico del autor, sin olvidar nunca ese toque ácido e irónico que nos hace reír y reflexionar al mismo tiempo. Porque Quino es experto en arrancarnos sonrisas y carcajadas que sin embargo nos dejan a veces un regusto amargo, pues expone muchas veces dramas actuales.



Ya sea con sus historias más amables, con sus chistes más absurdos o con sus viñetas más críticas, seguro que cualquier aficionado a la cocina disfrutará con la lectura de La Aventura de Comer. Porque sí, comer puede ser toda una aventura, en el buen y en el mal sentido. Al menos pongamos un poco de humor, que falta nos hace.
10 abril, 2014

Viajando: Escapada a Toledo y El Greco

Hoy tengo mil millones de cosas que hacer ya que mañana cojo el primer tren camino de Murcia, pero no quería dejar pasar más días para compartir la pequeña crónica de nuestra escapada a Toledo. Que luego se me junta todo y ya sabemos lo que pasa -ayer me dí cuenta de que aún tengo pendientes algunos posts del pasado verano; sí, soy lo peor-.

Sólo pasamos una noche pero tampoco necesitábamos más para esta ocasión, ya que aprovechamos muy bien el tiempo y más que nada lo que pretendíamos era desconectar un poco. Además, tuvimos -tuve- la suerte de que el fin de semana anterior se había inaugurado la mega exposición-evento de El Greco, por lo que era perfecto para, al menos, ver la principal sala de exposiciones y algún que otro monumento.

Toledo


Curiosamente en esta ocasión no me lié a hacer mil fotos absurdas de cada cosa que veía. Al llegar el viernes por la tarde (antes del cambio de hora) nos oscureció pronto, así que guardé la cámara en cuanto nos quedamos sin luz y simplemente disfruté del paseo. La verdad es que Toledo es una ciudad que gana mucho de noche, el cambio de atmósfera que hay cuando se iluminan sus calles es casi mágico, especialmente por la zona judía y los callejones más estrechos y sinuosos.

Toledo


Lo "malo" que tiene Toledo es que está lleno de cuestas y que es un gran foco turístico, pero como ya me esperaba ambas cosas, no me importó especialmente. Al día siguiente nos cansamos más con tanto subir y bajar, pero me gustan las ciudades con entramados urbanos tan irregulares en su casco histórico.

Toledo
 

Pasamos de planos y guías y el día de llegada simplemente nos dedicamos a pasear siguiendo un poco el rumbo que cogían los pies, y curiosamente llegamos hasta las zonas más importantes, con la bulliciosa plaza Zocodover. En una calle cercana dimos de pura casualidad con la Cervecería El Trébol, que precisamente le había recomendado al elfo una compañera de trabajo. Teníamos hambre y el sitio parecía muy concurrido, así que aprovechamos para tomar algo y luego comer algo.

Toledo


Toledo


Cenamos bastante bien a base de picotear, aunque la carta que nos dieron contaba con menos opciones que lo que se muestra en la página web. Es un bar famoso por su "bomba", que el elfo por supuesto tuvo que probar: una generosa bola de patata rellena de carne, rebozada y frita, servida con alioli y salsa de tomate. Pues eso, una bomba :P. Pero por lo que dijo el catador oficial, no muy pesada.

Toledo


Toledo


La parrillada de verduras que casi me comí yo sola estaba espectacularmente buena. Mira que es un plato simple, pero qué mal se hace muchas veces... Verduras sabrosas, en piezas grandes, hechas en parrilla de verdad, en su punto, y con una salsa romescu de vicio total. La de pollo también nos sorprendió positivamente, sobre todo porque no esperábamos demasiado. El lugar se puso hasta arriba enseguida, se tanto en la terracita de fuera (donde estábamos nosotros) como dentro.

Toledo


¡Me encantan los desayunos de hotel!

Nuestro alojamiento estaba fuera de la ciudad, pero apenas a 15 minutos a pie, algo más en la vuelta ya que es cuesta arriba. Pasamos la noche en el Hotel Rural Los Cigarrales, muy acogedor y bien acondicionado, con un personal encantador. Las vistas desde el hotel a la ciudad son fantásticas, y a la mañana siguiente nos sorprendieron con todo un señor desayuno buffet. Aprovechamos para ponernos las botas, por supuesto, así podíamos exprimir el día sin tener que preocuparnos por parar a comer.

Toledo


Los espacios de El Greco 2014 son muchos y dispersos, así que prioricé limitando tres visitas para ese día y no terminar agotados: Museo de Santa Cruz, Catedral y la Iglesia de Santo Tomé.

Tengo que criticar el sistema de organización de todo esto. Para empezar, creo que es muy confuso el sistema de entradas, ya que hay muchos packs diferentes que permiten acceder a distintos espacios, pero se hace difícil dar con uno que te satisfaga, y encima algunos lugares requieren comprar la entrada aparte. Nosotros no teníamos ni idea de qué ibamos a visitar ni a qué horas, por lo que no miramos la compra anticipada online, así que nos tocó ir a la taquilla. La cola iba leeeeeeeeeeeenta, con una sola ventanilla y la información al cliente bastante penosa en general. Cuando por fin nos tocó, nos dieron hora para las 13.00. Bueno, pues aprovechamos para ver antes la Catedral, pensé.

El Transparente, de Narciso Tomé. En vivo y directo es sobrecogedor. Imagen de Catedral de Toledo

La entrada para la impresionante Catedral de Toledo se compra aparte e incluye audioguía, muy útil para conocer todos los rincones y joyas que ofrece. La verdad es que nos faltó tiempo para verlo todo, y eso que no subimos a la torre, pero tras casi dos horas allí dentro tuvimos que volver a coger sitio en la cola del Museo.
La Catedral es una maravilla. Iba a empezar a hablar de ella pero... es que no pararía nunca. Sólo os recomiendo encarecidamente su visita, y no os olvidéis de deteneros un buen rato ante el Transparente, visitar la Sacristía, la Sala Capitular y curiosear la sillería del coro.

Llegamos a la puerta del Museo Santa Cruz a las 12.30. Pues entramos casi a las 14.00. La cola que había era absurdamente larga, y encima de repente formaron otra cola ¿?, dividiendo a la gente, ocasionando gritos, empujones, reclamaciones, quejas e indignaciones. Yo me lo tomé con humor porque al final se crea una unión de camaradería entre todos los que estábamos allí de pie, pero fue indignante. Vendieron más entradas por turnos de los que podían pasar y se formó un caos de aúpa. Me parece algo penoso y sin justificación en un evento de tal magnitud.

El Entierro del Conde de Orgaz. Imagen de Marisol Román
En fin, menos mal que luego las maravillosas obras de El Greco, y ese mágico Entierro del Conde de Orgaz en Santo Tomé compensaron con creces la espera. Las pinturas de El Greco son de esas que sólo pueden apreciarse de verdad estando delante de ellas, el efecto que causan en vivo es totalmente distinto a verlas a través de una foto. O será que yo estoy hechizada por sus pinceladas...

Por la tarde paseamos y fuimos de compras antes de coger el coche no muy tarde para regresar a casa. Había sido un día intenso y el sofá casi nos devora cuando caímos en él.
Nos quedó mucho por visitar de Toledo, y no tengo ninguna duda de que volveré.
10 marzo, 2014

Receta de muffins de plátano y yogur con miel y una exposición muy recomendable

Todavía no sé muy bien cómo estamos de nuevo a lunes; la semana pasada ha volado. Cuando se me acumulan muchas cosas en pocos días las jornadas pasan sin que me dé cuenta, y creo que también tiene que ver el hecho de que haya ido medio zombie por arrastrar cierta falta de sueño. No lo comenté en la última entrada, pero el domingo pasado me quedé siguiendo en directo la gala de los Oscar, y aunque me lo pasé genial (gracias a twitter por ello) y se me pasé volando (una gala que terminó a las 6 am), me temo que luego lo fui pagando. Encima el cambio de borrasca (¡esos vendavales de hace una semana!) a anticiclón (ya he vuelto a pasar calor) me ha dejado KO, con un migrañón repentino que sigue coleando hoy.


Pero bueno, sienta bien por el momento el tiempo primaveral y además pasé una mañana genial el jueves pasado con una visita fugaz de mi padre. Vino por una reunión de trabajo y al llegar en el primer tren tuvimos unas horas para desyunar y dar un paseo por el centro hasta el lugar de la cita. Aprovechamos además para visitar la exposición del CaixaForum, que está al ladito de Atocha, y aunque ahora cobran entrada cuando antes era gratis, casi todas sus exposiciones merecen la pena.


Ahora mismo tienen en cartel Génesis, de Sebastião Salgado, una magnífica exposición de fotografías en blanco y negro en las que el experimentado fotógrafo recorre lugares remotos del planeta, con paisajes impresionantes, diversas tribus y pueblos alejados de la sociedad moderna, animales magníficos, rincones perdidos que parecen sacados de un sueño...




No sólo son fotografías de una belleza y una calidad técnica impecables, a mí lo que me fascina es poder adentrarme en esos mundos recónditos que también forman parte de nuestro mundo. Los contrastes entre unas regiones y otras, las costumbres de unas gentes totalmente ajenas a los problemas del "primer mundo", animales de enorme belleza en su medio natural, y la naturaleza en todo su esplendor; son obras para disfrutar por sí mismas, y también para reflexionar un poco.

Banana honey muffins

Hoy vuelvo al baúl de los recuerdos con una receta de muffins que se quedó colgada el año pasado en mi limbo particular. Ahora que ya llega el calorcito los plátanos se maduran antes, y por eso viene muy bien tener a mano una receta sencilla para darles salida. Estos muffins salieron tan ricos que la receta ha pasado a formar parte de mi repertorio habitual, y además admite muchas variaciones.
Seguramente podrá reducirse la cantidad de aceite para usar puré de manzana o más plátano, las especias se pueden variar y también admiten añadirles unos frutos secos, pasas o chips de chocolate. Ya sabéis, cuanto más maduros estén los plátanos, más jugosos, aromáticos y dulces serán los muffins.

Muffins de plátano y yogur con miel
Receta adaptada de Dan Lepard
Para 12 muffins

- 200 gr de plátano muy maduro (pesados sin piel)
- 170 gr de yogur natural griego
- 2 huevos L
- 140 gr de miel
- 60 ml de aceite de girasol
- 200 gr de harina de repostería
- 100 gr de harina integral de espelta
- 2 cucharaditas de levadura química (impulsor)
- 1 pizca de sal
- 1 cucharadita de canela molida
- 1 cucharadita de jengibre molido

Precalentar el horno a 180ºC y preparar una bandeja con 12 moldes para muffins, engrasándolos o colocando cápsulas de papel. Si la miel es muy densa, calentarla en un cazo hasta que se vuelva más líquida.

Trocear los plátanos en un cuenco grande y aplastarlos bien con un tenedor o un trasto de esos para hacer puré de patatas. Añadir el yogur natural griego, los dos huevos, la miel y el aceite de girasol. Batir todo junto con una batidora de varillas hasta que se forma una mezcla homogénea.

Tamizar encima la harina de repostería, la harina integral de espelta, la levadura química, la sal y las especias. Mezclar todo con una espátula o lengüeta, con movimientos suaves y envolventes, procurando no menear demasiado la masa. Cuando esté homogéneo y sin rastros secos, llenar de forma equitativa los moldes.

Coronar cada unidad con unas nueces picadas o azúcar moreno (opcional) y hornear durante unos 20-25 minutos, hasta que estén bien doraditos y al pinchar con un palillo salga limpio. Esperar un par de minutos fuera del horno, desmoldar y dejar enfriar completamente sobre una rejilla.

Banana honey muffins
18 marzo, 2012

La gastronomía a través del arte IX

Ya era hora de retomar esta sección en el blog, donde intento traeros algunas obras donde mis dos grandes pasiones, la gastronomía y la Historia del arte, se unen a través de la mano de diferentes artistas a lo largo de las diferentes épocas.
El último capítulo nos llevó a Antonio López, gracias a la retrospectiva que se pudo ver en el Museo Thyssen el año pasado, y esta vez aprovecho también la exposición temporal que nos ofrece este fantástico museo para acercarnos a la obra de Chagall.

Marc Chagall (1897- 1985) nació en la Vitebsk, actual Bielorrusia, en el seno de una importante comunidad judía cuyo apego a las tradiciones, con la fuerte presencia de ritos, costumbres y simbología característica, marcaría profundamente al artista, que nunca abandonó sus raíces a lo largo de su amplia trayectoria. Es a través del arte, que le atrajo desde muy joven, como consigue materializar sus inquietudes por la vida y la forma de entender la cotidianidad del pueblo ruso y de su propia familia. 

En París entró en contacto con la frenética actividad artística de principios de siglo XX y conoció todas las tendencias que estaban en plena efervescencia, pero si de algo se caracterizó Chagall fue de no ligarse a ningún grupo en particular, de no formar parte de ninguna tendencia en concreto. El pintor ruso se mantuvo fiel a su propia identidad, a su forma de concebir la vida y la muerte, con un lenguaje muy particular, lleno de colorido, simbología y formas caprichosas. Más o menos naturalista, en formato grande o en obras intimistas, a través del grabado o diseños de cerámica, Chagall nos deja pinceladas que nos recuerdan al Expresionismo, el Cubismo, el Surrealismo, el Fauvismo... pero siempre fiel a sí mismo, llevándonos a través de un mundo lleno ante todo de imaginación, magia, y ensoñaciones, sin perder la conexión con la realidad y sus sentimientos cotidianos.


La obra que me ha hecho traer a Chagall a mi humilde rincón se conoce como Fresas. Bella e Ida a la mesa, está fechada hacia 1915-16 y fue realizada en suelo ruso. Es una obra temprana y todavía algo primitiva en su estilo, aún muy apegado a las formas más tradicionales y con un uso naturalista del color, pero creo que capta muy bien la esencia de Chagall. Bella, su primera mujer y el amor de su vida, junto a su hija pequeña Ida, sentadas a la mesa de su hogar disfrutando de grandes fuentes llenas de frutos rojos; un momento cotidiano que nos adentra a la intimidad del hogar familiar.


Una fotografía de la familia, años más tarde, de nuevo compartiendo una mesa y disfrutando de la fruta fresca y una taza de té; eso es la felicidad hogareña :-).

Si podéis pasar por Madrid, os recomiendo dedicar una mañana o una tarde a la exposición, merece mucho la pena. Se expone en dos sedes, en el Museo Thyssen y en la Fundación Caja Madrid (cuya entrada es gratuita). De verdad, las obras de Chagall, te atrapan y cautivan al encontrarte cara a cara frente a ellas, su universo de colores y formas mágicas tiene algo que te seduce... si te dejas ;).

Supongo que no hace falta que le haga publicidad, pero no os perdáis la cita semanal que tiene Isabel en su encantador blog, Aliter Dulcia, donde su fantástica cocina se inspira directamente en el arte.
24 septiembre, 2011

La gastronomía a través del arte VIII

¡Llegó el otoño, al fin! Estuve nerviosa toda la mañana de ayer y mirando el reloj continuamente hasta que marcó la hora señalada, las 11.05. Bueno, no es que se notara un cambio instantáneo en el ambiente, pero sí que se va notando... Menos horas de luz, más fresco, empiezan a llegar lluvias... ¿tenéis los hornos y las cazuelas preparados? :)

Esta mañana temprano el elfo (en realidad no tan temprano, pero para él era tempranísimo) se ha ido al aeropuerto rumbo a Inglaterra, por lo que estaré sola hasta el lunes. Quiero aprovechar para terminar de organizarme los estudios y la rutina, poner un poco de orden y hacer algo de limpieza postverano, prepararme recetas para las próximas semanas, ver alguna que otra serie y película... Esta mañana mismo he horneado muffins y he salido a buscar harinas para hacer pan, que tenía la despensa en horas bajas. Y ya que tengo algo de tiempo y tranquilidad, he querido retomar la sección de La gastronomía a través de la Historia del arte, que ya volvía a tener demasiado olvidada. Para ello he elegido una obra de un autor del que sin duda habéis oído hablar mucho estos meses, Antonio López.

Nevera nueva, 1991-1994.Óleo sobre lienzo. 240 x 190 cm. Madrid, Colección Florentino Pérez.

La exposición de Antonio López que se ha podido disfrutar en el Museo Thyssen-Bornemisza durante el verano termina mañana, y ha sido un tremendo éxito de público. Si os habéis quedado con ganas de poder visitarla quizá os interesará saber que se va a llevar a Bilbao, donde se expondrá en el Museo de Bellas Artes desde el 10 de octubre hasta el 22 de enero.

Quizá sean más conocidas sus vistas urbanas, particularmente de Madrid, plasmadas con un detallismo extraordinario que dan una sensación de hiperrealismo, término realmente engañoso, como sus obras. El artista de Tomelloso juega en realidad con los recursos pictóricos para causar distintas impresiones que engañan al ojo, con ilusiones ópticas, pinceladas más sueltas, perspectivas contrapuestas... creando su propia realidad o su visión de ella, en la que el paso del tiempo juega un papel trascendental.

Nevera nueva se expone en esta muestra dentro de la sala denominada Ámbitos, donde se reúnen personajes, objetos y visiones que remiten al interior doméstico. La nevera es sin duda un elemento fundamental en las cocinas desde hace ya muchos años, imprescindible hoy en día, por lo que resulta totalmente comprensible que llamara la atención del pintor en más de una ocasión durante su trayectoria para captar sus formas en el lienzo, como un bodegón del siglo XX. Se denonima "nueva", contraponiéndola a la anterior Nevera de hielo (1966), aunque para mi tiene un aire retro que me recuerda lo rápido que se vuelven hoy en día anticuados los objetos. Seguro que podéis identificar más de uno de los productos que guarda en su interior, pero fijáos cómo algunos objetos están definidos con detalle mientras que otros apenas aparecen dibujados por unas pocas pinceladas.

La trayectoria de Antonio López, es sin duda muy interesante, especialmente si se observa la evolución de sus estilos a lo largo de su vida, y esta exposición que incluye una retrospectiva resulta un modo ideal tanto para un primer contacto como para ahondar en su obra o simplemente disfrutar de ella.

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En la pestaña correspondiente del menú superior podéis encontrar los enlaces a las anteriores entregas.
09 octubre, 2010

La gastronomía a través del arte VII

Mañana de sábado, inicio de puente para muchos. El cielo está gris y lleva lloviendo toda la noche. Como de costumbre, me he despertado antes de que comenzara a haber algo de luz solar, aunque está tan cubierto que Madrid sigue en penumbra.
Aprovecho estos momentos de tranquilidad que tengo apara mi misma antes de que comience la actividad diaria y vuelva a llenarse mi cabeza de preocupaciones, ideas y obligaciones varias, para retomar la sección de Arte del blog. 

Hoy traigo el trabajo de uno de los artistas tradicionales suizos más conocidos del país, Albert Ankel (1831-1910). Célebre por retratar la vida cotidiana de los suizos de la segunda mitad del siglo XIX, sus serenas y bellas imágenes se pueden encontrar decorando calendarios, postales, libros de texto, etc. A mi me trae muy bueno recuerdos porque mi padre guarda una colección de láminas de reproducciones de sus obras que ha usado para decorar el salón de la casa del campo, rotándolas periódicamente. En estos días en que estoy nostálgica, no sólo me acuerdo de mi vida en Murcia sino también de Suiza y la familia que tengo más lejos. 
Ya que el Museo de Arte de Berna ha dedicado una exposición especial al pintor de Ins con motivo del centenario de su muerte, aprovecho para dedicarle un rincón de mi blog a su obra.


Quizá debido a la sobrexploración de sus imágenes, la producción de Anker es hoy criticada y rechazada por ser demasiado folclórica, y especialmente por transmitir unos ideales de idílicos que no reponderían a la dura realidad de la difícil vida de la mayoría de la población del siglo XIX. Sin embargo, yo creo que si parecen idílicas, no es por reflejar una supuesta existencia ideal, sino por el transfondo de belleza serenidad que transmiten sus retratos, captando con detalle cada elemento y gesto de sus personajes, pero creando a la vez composiciones sencillas que no buscan la grandilocuencia. 




Kinderfrühstück, el desayuno de los niños.


Die kleine Kartoffelschälerin, la pequeña peladora de patatas.



The Crèche.
06 junio, 2010

La gastonomía a través del arte VI

Ha pasado demasiado tiempo desde la última entrada dedicada a la Historia del arte y su particular visión de la gastronomía y la cocina. Ya he comentado que estos días ando fatal de tiempo (pero acumulando recetas para publicar) y encima este fin de semana he estado más apartada de la red porque he tenido una visita que me ha dado fuerzas para afrontar el fin del curso : )
Espero subir algunas fotos mañana o poco después y publicar alguna receta nueva. Mientras tanto, os dejo con esta hermosa imagen de una escena por la que no puedo evitar suspirar ahora mismo. ¡Quién pudiera retirarse a un campo tan bonito, con unos amigos y buena comida, a disfrutar de un buen día sin calor ni frío y sin tener preocupaciones pendientes!

Se trata de Holiday (Vacaciones) o también conocida como The Picnic, obra del francés James Tissot (1836-1902) y fechada alrededor de 1876. Tissot, nacido en Nantes, estudió en la Ecole des Beaux-Arts de París, con artistas de la talla de Ingres o Flandrin. Soldado en la guerra Franco-Prusiana, se marchó a Londres tras la Caída de la Comuna de París, donde trabajaría realizando diversos encargos (caricaturas, retratos, cuadros de género...). Se casó con una joven irlandesa, pero tras su suicidio abandonó los pinceles un tiempo. Al retomar su carrera, sorprendió con una gran serie de obra religiosa narrando la vida de Cristo y el Antiguo Testamento. Volvió a París y visitó Palestina.

Clic sobre la imagen para ampliar (merece la pena)

Esta obra es un claro ejemplo del estilo de Tissot, del que podemos destacar el gran detallismo, tanto de su pincelada fina pero ligeramente suelta, como de la profusión exquisita de detalles que inundan sus obras. El realismo es evidente, dejándonos aquí un instante de vida de los personajes despreocupados que pueblan su pintura.

La escena se sitúa en el jardín de detrás de la casa londinense del propio artista, en el norte de la ciudad, St John's Wood. Bajo las hojas amarillas de lo que parecen castaños, en primera línea unos jóvenes de buena posición disfrutan ociosos de unos dulces, fruta y té sobre la hierba, frente a un estanque. Algunos de los hombres llevan la indumentaria de la I Zingari, un célebre club amateur de cricket.
21 marzo, 2010

La gastronomía a través del arte V

Ya iba siendo hora de retomar esta sección, que han pasado casi dos meses desde la última entrada. No tengo mucho tiempo para buscar con más detenimiento una pieza diferente que nos ofrezca otra visión distinta, así que disculpadme por traer tan pronto otro bodegón. Pero tengo otra excusa.

La Fundación Cajamurcia nos ha traído a Murcia la exposición El bodegón español en El Prado, que se puede visitar de forma gratuita hasta el día 9 de mayo en el Centro Cultural Las Claras. Se trata de una fantástica reunión de 61 piezas que recorren los tipos más frecuentes de bodegones o naturalezas muertas realizadas por pintores españoles entre los siglos XVII y XIX. La exposición ya ha recorrido otros lugares de España y terminará su andadura precisamente con nosotros.
Es una gran iniciativa promovida por el Museo de El Prado, que cuenta con unos fondos riquísimos de obras que por falta de espacio no se pueden exponer en sus salas. Al organizar estas exposiciones temáticas itinerantes, podemos conocer parte de esos tesoros.

La obra que he seleccionado es un bodegón realizado por Tomás Hiepes a mediados del siglo XVII, en pleno Siglo de Oro español. Aunque se suele pensar que los bodegones españoles de esa época son sobrios, humildes y algo sombríos, ejemplos como éste nos demuestran que también había lugar para ricos productos. Concretamente, se popularizó entre la clientela la temática de los dulces (posiblemente por influencia flamenca), a los que la sociedad era muy aficionada, especialmente los más adinerados, y podían acompañar como vimos al chocolate a la taza.



En Dulces y frutos secos sobre una mesa,el pintor valenciano nos presenta con detalle algunas de las delicias más populares del momento. Castañas y avellanas en una cesta, ondulados barquillos en la otra, panecillos, una rosquilla, turrón y torta de almendras, además de una botella seguramente de vino dulce. Destacan sobre todo esos barquillos y la presencia del turrón, que nos remiten a tierras valencianas (se ve el escudo de Valencia en los primeros), tierra del pintor, y donde además su hermana regentaba una confitería.
31 enero, 2010

La gastonomía a través del arte IV

En primer lugar, muchas gracias a todos por vuestros comentarios en el post anterior, por vuestras recomendaciones y consejos. Como me habéis dicho muchos, las cámaras compactas de hoy en día también permiten comprar baterías recargables extra para poder cambiarlas, como se hacía antes con las pilas, que es lo que yo buscaba. Así que mi Nikon reflex ya tiene una nueva hermana pequeña a la que espero poner a prueba pronto. Por cierto, uno de los programas automáticos que incluye es "Gastronomía"; parece que no somos pocos los "locos" que sacan la cámara de fotos cuadno van a un restaurante :D

Y ya que es domingo, vamos a retomar un poco la sección de arte para descansar un poco de la semana, y del mes. Espero que enero no se os haya hecho muy duro.

Damos un salto desde el Barroco hasta la transición del siglo XIX al siglo XX, para situarnos en pleno Art Nouveau, que tuvo su máxima expansión por Europa a partir de 1880.
Es un movimiento artístico marcado por las grandes transformaciones que sufre el mundo del arte en esos momentos, cuando muchos de sus pilares básicos se tambalean y surgen nuevas inquietudes, nuevas búsquedas de expresión y nuevos estilo. Se puede decir que es un movimiento común de reacción contra el eclecticismo en arquitectura y el auge de los "neos", es decir, la imitación de los estilos de épocas pasadas.
Las principales manifestaciones del art nouveau (con algunas diferencias según los países, y conocido con otros nombres, como modern style o liberty) se dan en la decoración de interiores y especialmente en las artes aplicadas, uniendo la utilidad de los objetos a la belleza, basada en todo tipo de recursos imaginativos, líneas curvas y motivos fitomórficos.

En las artes gráficas el art nouveau tuvo un gran campo de actuación, gracias al auge de los carteles publicitarios y decorativos para actos públicos, y uno de los más destacados artistas con una gran producción es sin duda Alfons Mucha, el artista que os traigo hoy.
Mucha (1860-1939) fue un artista checo ya atraído por el dibujo desde muy joven, por lo que fue a París en 1887 para completar su formación. Tras sus primeros trabajos en publicidad y revistas, pronto se ganó una gran fama por su cartel teatral de la actriz Sarah Bernhart, asentando un estilo por el que sería siempre demandado e imitado. Mucha diseñó numerosos carteles, pósteres, murales, litografías, anuncios... así como esculturas, joyas, empapelados o alfombras. Muchas de sus imágenes se han convertido en iconos que hasta hoy se pueden ver copiados en cualquier parte. Yo por ejemplo vi uno de sus trabajos convertido en el emblema de un bar en Madrid.

Yo me terminé de enamorar de su obra cuando visité el Museo Mucha en Praga (pequeñito pero muy recomendable), así que me vais a perdonar que hoy no traiga una obra, sino varias, aunque centrándome en trabajos relacionados con el mundo de la gastronomía. Realizó por ejemplo varios trabajos para la firma Lefèvre- Utile, más conocida hoy como LU, celebérrima marca de galletas. Ciertamente, parece que no hay nada mejor que un Mucha para decorar una caja metálica de dulces :-)


 

 

  

 


Podéis ver más imágenes en:
Mucha Museum
Mucha Foundation
Flores y Palabras
Olga's Gallery
10 enero, 2010

La gastronomía a través del arte III

Después del trabajo que dio el roscón, tengo unas ganas tremendas de volver a hornear algo dulce, pero me han prohibido acercarme al horno en casa hasta que no se gasten todas las cosas que la Navidad aún nos ha dejado. En fin, habrá que hacer el esfuerzo :P Y eso que aún quedan un par de bolsas de galletas de Suiza sin abrir...
Mi madre me había pedido que le preparara algún bizcocho para llevar al campo y compartirlo con los amigos de allí a la hora del café, pero con esta ola de frío han preferido quedarse en la ciudad este fin de semana. Ains, yo que me había hecho ilusiones y ya tenía puré de calabaza preparado...

Bueno, mientras las temperaturas se van equilibrando poco a poco y pasan los temporales de lluvias, vientos y nieve, vamos con un poquito de arte para pasar el rato.

Me he dado cuenta de que el Barroco es un período artístico que por lo general no atrae en absoluto a la gente en general. Incluso reconozco que cuando yo empecé a estudiar pensaba que sería una de las partes que menos me iban a gustar de la licenciatura. Pero es que hay tantos barrocos diferentes... sólo hay que comparar el arte religioso que se desarrolló a partir de la Contrarreforma con el arte de los nuevos países protestantes. Son concepciones muy distintas que responden a circunstancias diferentes. Estos días he estado haciendo un trabajo que me ha recordado lo mucho que adoro la pintura holandesa del siglo XVII, y me ha dado por repasar los apuntes de clase.




Hoy traigo una pintura de los primeros años del Barroco, obra de Annibale Carracci (1560-1609), el mejor de los hermanos Carracci que desarrolló su producción en la misma Italia que Caravaggio. Se trata de El comedor de habichuelas (1580), óleo que por cuyo tema se puede incribir en las llamas pinturas de género. Muchos autores en esa época se interesaron por estudiar y plasmar escenas de la vida, personajes anónimos captados en el lienzo como representaciones de esa vida cotidiana del momento, no como retratos. Aquí se presenta el que podría ser un campesino o jornalero en el momento de su comida, que nos podría parecer frugal pero que seguramente en su momento era un alimento más que completo para los trabajadores.
Un guiso de legumbres, un plato con trozos de algún tipo de pastel de verduras, un buen trozo de pan, cebolletas (se acostumbraban a servir con preparaciones de legumbres) y una jarra y copa de vino. Las legumbres aún se asocian como comida de pobres, ya que las clases más altas rara vez comían vegetales salidos directamente del suelo, pero no podía haber un alimento más adecuado para la vida del trabajador. Así que tomemos ejemplo del campesino y reivindiquemos hoy su consumo :-)

29 noviembre, 2009

La gastronomía a través del arte II

Mientras se me enfría lo que acabo de sacar del horno (futura entrada) vamos con otra obra, de nuevo una pintura pero retrocediendo unos cuantos años en el tiempo. Nos vamos a Flandes, siglo XVI, donde desarrolla su trabajo uno de los artistas más recordados por siempre, Pieter Brueghel el Viejo. Yo os traigo su célebre Banquete Nupcial, obra a la que tengo especial cariño pues de pequeña mis abuelos nos regalaron un puzzle de Astérix en el que los personajes recreaban esta pintura.



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Esta obra, fechada en 1568, es un ejemplo de las numerosas piezas que el maestro dedicó al campesinado y su vida cotidiana, y no era raro que en esas escenas la comida estuviera presente de un modo u otro. La pregunta es, ¿la primera intención de Brueghel era de prevenir sobre el pecado de la gula, se burla del campesino? En aquella época era rarísimo encontrar a personajes nobles o poderosos representados comiendo; aquí por el contrario muchos personajes están en plena acción sin ningún reparo. Pero una obra así no podía ser una mera sátira. En realidad a Brueghel le interesaba mucho precisamente ahondar en la naturaleza más terrena del hombre, que no es sino una criatura más, y como tal tiene necesidades fisiológicas como cualquier otro ser vivo.



Aunque no debe ser considerada esta obra como una instantánea que capturase un momento de una celebración concreta (es más una recreación con gran contenido simbólico), Brueghel nos muestra cómo sería una fiesta campesina de este tipo. Podemos ver a la novia en el centro, inmóvil, rodeada de todo tipo de personajes en animadas acciones, pero sin perder la compostura. Se sirve cerveza y vino claro en jarras (el agua no era bien valroada nutricionalmente), y en primer plano, sobre lo que parece una puerta a modo de bandeja improvisada, se reparten purés o sopas en platos hondos, que junto al pan, era la comida habitual de los campesinos.


Los cereales eran energía, y el resto de productos que podían consumirse se tenían como complementos. Destaca la sopa, que además ayudaba a reblandecer el duro pan. Normalmente consistía en un caldo preparado con raíces y verduras, y a veces algo de carne o alguna grasa. La variedad de las hortalizas empleadas podía variar en función de cada región y de la época, pero en general eran todas “de suelo", las consideradas más bajas tanto a nivel nutritivo como social.
21 noviembre, 2009

La gastronomía a través del arte I

Es sábado, hace ya fresquito, mi serie favorita me ha vuelto a dejar el alma tocada, tengo muchos trabajos pendientes, mi cabeza está a rebosar de ideas de recetas navideñas, aún me duele el pie de la pesa que se me cayó encima anoche... Me siento inquieta y supongo que es por toda una mezcla de cosas. No consigo concentrarme, así que más vale que me distraiga un rato con otra cosa. Y he tenido una idea...

Muchos ya sabéis que el curso pasado terminé Historia del arte; ya soy oficialmente licenciada y ahora mismo, mientras esclarezco mi futuro, estoy realizando un Posgrado aún en mi ciudad. Realmente la Historia del arte me asaltó por sorpresa, nunca me había atraído demasiado... pero ahora sé con certeza que me apasiona, me encanta, me fascina y me sigue atrayendo como el primer día de clase.
Me gustaría traer un pedacito de esta parte de mi al blog, así que he pensado que periódicamente publicaré una imagen de una obra, del tipo y período que sea, en la que la cocina, alimentos o cualquier otra cosa relacionada con la gastronomía aparezca reflejada. Así podré buscar obras nuevas desconocidas para mí, porque hay millones aún por descubrir.
Ojalá os resulte interesante; en caso contrario, ignorad esta entrada y las que vengan! Muy pronto habrá nueva receta :P

La gastronomía a través del arte I


Empezamos con un sencillo bodegón que me gusta especialmente. Aunque mi pintor favorito de naturalezas muertas sea Pieter Claesz, esta obra del español nacido en Nápoles Luis Egidio Meléndez me parece una pequeña joyita. Se trata de su Bodegón con servicio de chocolate, 1770. Aparece representado con detalle preciosista una típica chocolatera de cobre con el mango del molinillo, un pocillo de fina porcelana sobre un plato con un bollo y bizcochos, y en primera línea unos medallones de chocolate.

El chocolate se consumió durante mucho tiempo en taza antes de que se comercializaran las primeras tabletas. Comenzó consumiéndose por el alto clero y la nobleza como parte del desayuno y la merienda a media tarde de forma diaria, de tal modo que no tardó en convertirse en un símbolo del estatus social de la población; el chocolate no podía faltar en el menú diario, ni siquiera los días de ayuno, lo que derivó en una complicada controversia entre teólogos que discutieron si realmente el chocolate era un alimento que rompía el ayuno o no.

La obra se encuentra en  el Museo del Prado, pero no está en exposición.
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