Y a lo tonto, ya es junio; es un mes extraño. Me trae buenos recuerdos de cuando era pequeña ya que implicaba tener sólo clase por la mañana, tardes largas jugando en el parque, piscina, vacaciones a la vuelta de la esquina, helados y polos... ¡Pero ahora me agobia mucho! Y el calor no ayuda, desde luego. Salir a correr se vuelve una actividad de riesgo, pero también limpiar la casa, encender el horno o ponerse a planchar. Tocan madrugones para aprovechar el fresco mañanero.

Antes de que se me pase el tiempo volando de nuevo y el mes se acabe, participo con la primera receta de calabacín para el Hecho en mi cocina que acoge Ana, como ya comenté en la otra entrada. No quería que se me escapara la oportunidad de sumarme a la fiesta de esta fantástica verdura, como me está pasando con otros eventos de la blogosfera, así que ayer mismo aproveché para uno de mis experimentos.
Hacía tiempo que llevaba viendo por la red recetas de los llamados latkes, un plato al parecer típico judío realizado con patatas y matzo. Me recuerdan un poco al Rösti suizo, y al encontrarme variantes que añaden verduras a la masa me pareció una idea genial para que el elfo se las comiera sin rechistar. El pobre tiene un trauma infantil con el calabacín y yo trato de que aprenda a apreciarlo; estas tortitas le han gustado mucho, y son muy sencillas de hacer. Las cantidades van un poco a ojo, no tienen demasiado misterio :).

- 1 calabacín tamaño estándar
- 1 patata hermosa
- 2 cucharadas de queso rallado fino (tipo parmesano)
- 1 huevo batido
- pan rallado
- ajo granulado
- pimienta negra
- tomillo
- sal
- aceite de oliva
Lavar y pelar la patata y el calabacín. Desechar los extremos y rallar usando un rallador con ranuras gruesas. Poner en un colador y presionar bien para escurrir la máxima cantidad de líquido.
Disponer en un cuenco y añadir el resto de ingredientes al gusto (menos el aceite). Añadir el pan rallado poco a poco, mezclando, hasta conseguir una textura húmeda pero que permita compactar porciones con una cuchara.

Calentar aceite en una sartén antiadherente y cocinar porciones poco a poco, dejando que se doren bien por cada lado. No llenar demasiado la sartén, mejor trabajar en tandas. Retirarlas y dejarlas reposar sobre papel absorbente para evitar el exceso de aceite. Se pueden congelar una vez frías.


















































